Medios y políticos estadounidenses incrementan sus ataques contra Rusia

YUSUF FERNANDEZ

por Yusuf Fernández – El pasado 5 de enero, Mitt Romney, antiguo candidato presidencial republicano estadounidense, acusó a Rusia, en una entrevista con el canal Fox News, de “socavar el espíritu de los Juegos Olímpicos” al alejarse de las reformas” y mantener una relación con países condenados por la “comunidad internacional” (es decir, EE. UU. y las potencias occidentales)”. Romney añadió que si hubiera sido su elección, él habría votado en contra de que Rusia celebrara los Juegos Olímpicos de invierno o de verano. “Pero no fue mi elección”, dijo Romney, citado por AP.

Él fue más allá y comparó los Juegos Olímpicos de Sochi con los Juegos de Berlín de 1936, que tuvieron lugar bajo el liderazgo de Adolfo Hitler. “La presencia de Hitler allí ciertamente socavó el mensaje de los Juegos,” dijo Romney. “Y a buen seguro esto puede ocurrir de nuevo en nuestro tiempo, teórica o específicamente”.Sus críticas contra Rusia no son nuevas. Durante su campaña presidencial de 2012, Romney llamó a Rusia “nuestro enemigo geopolítico Nº 1”. Él dijo que el presidente ruso no había “hecho bastante” para presionar a Irán para que “frene su programa nuclear” -un mantra sionista en los círculos políticos estadounidenses- o para expulsar al presidente sirio, Bashar al-Asad, del poder. Él también criticó a Rusia por dar asilo político a Edward Snowden, un antiguo agente de la Agencia Nacional de Seguridad de EE. UU. (NSA, por sus siglas en inglés) que filtró documentos que revelaban numerosos programas de espionaje contra los ciudadanos estadounidenses y extranjeros, incluyendo los líderes de países aliados de EE. UU.

Por su parte, el presidente del Comité de Asuntos Internacionales de la Duma rusa, Alexei Pushkov, criticó a Romney y dijo que él estaba siguiendo las fracasadas políticas extremistas de la Administración Bush. En una conferencia de prensa, Pushkov dijo que “Washington, en ese período, mostró una postura de dureza, intentando imponer sus condiciones a Moscú, que incluían un enfoque desequilibrado en el tema del despliegue del sistema de defensa antimisiles estadounidense de Europa Oriental, junto con lecciones sobre democracia y los derechos humanos. Sin embargo, él quedó empantanado en Irak y no logró ganar la guerra de Afganistán”. Él añadió que Romney “está ahora intentando utilizar la creciente frustración de parte de la opinión pública norteamericana por el hecho de que el centro del poder, principalmente económico, está cada vez más girando hacia China, y del mundo occidental a Asia”.

Los medios estadounidenses están en la actualidad exagerando las amenazas terroristas contra los Juegos de Sochi con el fin de humillar a Rusia y presentarla como un país que es incapaz de garantizar la seguridad del evento. Recientemente, un artículo aparecido en el diario estadounidense ‘Washington Post’ señaló: “Se supone que los Juegos Olímpicos no son para matar gente. Se supone que son para exaltarla. Pero es demasiado tarde para sacar a estos peligrosos Juegos de Invierno de las garras de la autocracia del régimen de Vladimir Putin.”

Estos comentarios son totalmente hipócritas. EE. UU. ha respaldado durante largo tiempo a grupos terroristas similares a Al-Qaeda en el estratégico Norte del Cáucaso como parte de su rivalidad con Moscú en la región y ha continuado esta política a pesar del último atentado del pasado año en la Maratón de Boston (EE. UU.), llevado a cabo por dos individuos que poseían relaciones con grupos extremistas del Cáucaso y cuyo tío, Ruslan Tsarni, mantuvo estrechos vínculos con la Inteligencia norteamericana. En realidad, EE. UU. y sus aliados saudíes tienen una responsabilidad básica por el riesgo de ataques terroristas en los Juegos de Sochi. Cabe recordar que terroristas de Chechenia están luchando en la actualidad en Siria junto con otros extremistas apoyados por EE. UU.

En un encuentro con el presidente de Rusia, Vladimir Putin, el pasado mes de agosto, el príncipe saudí Bandar el-Sultan -el jefe de la Inteligencia saudí, que apoya a los grupos terroristas en el Norte del Cáucaso, Siria, Irak y muchos otros países- advirtió al presidente ruso que el régimen saudí solo garantizaría la seguridad de los Juegos de Sochi, si Rusia cortaba su apoyo a Siria. Hay que señalar que Bandar ha estado cooperando con la Inteligencia de EE. UU. durante décadas.

La cruzada antirusa de McCain

Otro de los principales promotores del sentimiento antiruso es el senador John McCain, un duro crítico de Rusia y su presidente, Vladimir Putin. Tras la decisión de Rusia de conceder asilo a Snowden, McCain hizo un llamamiento para que EE. UU. “reconsidere nuestra relación con la Rusia de Putin”. Él añadió que al conceder asilo a Snowden, Putin había “puesto el dedo en el ojo de Obama”.

McCain también ha hecho un llamamiento en favor de expandir el Acta Magnitsky de 2012, que busca castigar a los rusos supuestamente implicados en “abusos contra los derechos humanos”. Él pidió, asimismo, a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que permita a Georgia y Ucrania entrar en la organización y abogó por la instalación del sistema de defensa antimisiles estadounidense en Europa del Este, que está dirigido contra los misiles rusos.

El senador estadounidense está también frustrado por la incapacidad de EE. UU. para derrocar al presidente de Siria, Bashar al-Asad, e instalar un régimen títere en el país. A este respecto, él se ha reunido con terroristas sirios, algunos de ellos implicados en secuestros y otros crímenes, dentro de Siria y les mostró su apoyo. Él lamentó públicamente la decisión del presidente de EE. UU., Barack Obama, de anular un ataque militar contra Siria el pasado mes de septiembre.

McCain expresó su frustración acusando a Putin de liderar un gobierno corrupto y represivo en un artículo de opinión publicado en el diario ruso ‘Pravda’, que pretendía ser una respuesta a otro artículo del presidente ruso en el periódico estadounidense ‘New York Times’, en el que Putin criticó las políticas agresivas de EE. UU. hacia Siria. Este último fue rechazado por McCain, que lo calificó de “orwelliano”. En su grosero artículo titulado “Rusia merece algo mejor que Putin”, McCain mostró su odio hacia Rusia y atacó al presidente ruso por “reprimir a la disidencia” y apoyar al presidente Al-Asad.

Más recientemente, McCain visitó Ucrania para apoyar a los manifestantes antigubernamentales allí y dijo, en un discurso pronunciado en la principal plaza de Kiev, que Washington debería “tomar acciones concretas” contra Ucrania, si su gobierno continúa “reprimiendo a los disidentes”. No es, pues, sorprendente que él olvidara mencionar las agresiones por parte de manifestantes violentos, algunos de los cuales están vinculados a organizaciones extremistas.

En una abierta injerencia en los asuntos internos ucranianos, él dijo a la cadena estadounidense ‘NBC News’ que las sanciones contra Ucrania “merecerían una seria consideración” por parte del Congreso de EE. UU. si ese país entra en una unión aduanera y comercial con Rusia en lugar de firmar un tratado con la Unión Europea (UE).

Al mismo tiempo, McCain culpó a Rusia por los disturbios en Ucrania. “En los meses recientes, el presidente Putin se ha saltado todos los límites para coaccionar, intimidar y amenazar a Ucrania con el fin de que se aleje de Europa”, dijo McCain en unas declaraciones al Consejo Atlántico de Washington. “Este tipo de comportamiento equivale a un intento ruso de lograr un dominio casi imperial sobre sus vecinos mediante un nuevo enfoque asertivo, que ha crecido debido al vacío dejado por la ausencia de liderazgo de la administración (estadounidense) en otras partes del mundo, especialmente en Siria”.

La presencia de McCain ha puesto de manifiesto el apoyo estadounidense a las protestas en Ucrania. Los medios occidentales han intentado presentar las manifestaciones en ese país como una “lucha por la democracia”. En realidad, ellas son parte de un conflicto geoestratégico. Las potencias occidentales esperan que la incorporación de Ucrania a la UE aísle a Rusia en Europa del Este e intentan reducir la influencia rusa en esta región sometiendo a Ucrania a la dominación occidental.

Hace diez años, la así llamada “revolución naranja” en Ucrania estuvo organizada desde el extranjero gracias al apoyo político y financiero masivo del gobierno y ONGs de EE. UU. Estas fuerzas y sus aliados ucranianos lograron anular las elecciones presidenciales y aseguraron que el dúo proestadounidense y pro-UE, Víktor Yushchenko y Yulia Timoshenko, tomaran el poder como presidente y primera ministra, respectivamente, en lugar de Víktor Yanukóvich, considerado proruso. Sin embargo, ambos políticos rápidamente se enfrentaron entre sí y Yanukóvich se convirtió en presidente en 2010.

En otros temas, el poder de veto de Rusia ha bloqueado muchos intentos norteamericanos de aprobar resoluciones para castigar a los países independientes, que no están dispuestos a someterse al imperialismo estadounidense. Rusia y China han vetado varias resoluciones, promovidas por EE. UU., para la aprobación de nuevas sanciones contra Irán. En septiembre de 2013, ambos países impidieron a EE. UU. utilizar el Consejo de Seguridad para obtener una “luz verde” para atacar Siria.

El rechazo ruso a las políticas estadounidenses ha provocado una campaña antirusa en muchos círculos políticos y mediáticos estadounidenses, que presentan a Rusia como un estado enemigo que da asilo a “traidores estadounidenses” y “protege a los enemigos de EE. UU.”. El presidente Putin es descrito como “un antiguo matón del KGB” o “un autócrata similar a un zar” y comparado con Stalin, Hitler o Sadam Husein. Él es “un hombre que pretende la restauración del Imperio ruso” y que “busca una alianza con China con el fin de socavar el poder y la influencia de EE. UU. en el mundo”.

Un reciente editorial del ‘New York Times’ reveló un creciente consenso dentro del establishment de política exterior estadounidense en que Rusia se ha convertido en un serio obstáculo para los objetivos políticos norteamericanos en todo el mundo. Estos círculos abogan por una postura de mayor confrontación hacia Moscú, señaló el ‘Times’. Al mismo tiempo, EE. UU. está llevando a cabo maniobras militares en todo el mundo y rodeando a Rusia y a China con bases y alianzas militares.

Numerosos expertos creen, sin embargo, que las políticas antirusas dañarán a Washington más que a Moscú, dado que EE. UU. necesita del apoyo de Rusia en muchos asuntos. Pese a ello, los círculos extremistas de derecha en el Congreso estadounidense, que buscan nuevas guerras en Oriente Medio, Asia y otras regiones, tratan de presentar a Rusia como un peligroso “enemigo geopolítico”.

Fuente: HispanTV

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