Europa se está cocinando en su propia salsa

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por Marcelo Gullo* – Durante años el FMI, los Estados Unidos y, los países miembros de la Unión Europea, aconsejaron y exigieron a la Argentina que realizara una política de “apertura total” de su economía y que efectuara todo tipo de ajustes económicos para que pudiera cumplir con el pago de los intereses que generaba su abultada deuda externa. Hoy, los estados miembro de la Unión Europea pero, en particular, Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España (los denominados despectivamente por la prensa anglosajona como “PIIGS”), están aplicando la misma política de ajuste que, en su momento, “sugirieron” a la Argentina y que llevaron a ésta, a la crisis más terrible de su historia.

¿Cómo se explica que la elite política de Europa aplique a sus propios pueblos recetas económicas que otrora, sugiriese a la Argentina como parte de una política de subordinación cultural y de saqueo, con el solo fin de que ésta cumpliera con los pagos que generaba su enorme deuda externa y favoreciera, en materia económica, los intereses de Europa y obviamente la de los Estados Unidos?

Creemos que estamos en condiciones de plantear como hipótesis explicativas de la crisis que vive la Unión Europea en general y Grecia, Portugal, Italia, España e Irlanda en particular, que:

1.) Todos los Estados de la Unión Europea están, en mayor o menor medida, subordinados al capital financiero-especulativo internacional que ha logrado, incluso, imponer a sus “empleados” como jefes de gobierno en Grecia, Italia y España.

2.) Tanto Portugal como Irlanda, Italia, Grecia y España, sufren una “doble subordinación” porque, además de estar subordinados al capital financiero-especulativo internacional, están subordinados a la potencia hegemónica de Europa, es decir, a Alemania. Ésta, es una realidad que la mayoría de los políticos, periodistas e intelectuales de Europa, no quiere reconocer.

Finalizada la II Guerra Mundial, la necesidad de la reconstrucción, el temor a una posible revolución socialista y, la presencia siempre amenazante de la Unión Soviética -que ejercía una influencia enorme en el movimiento obrero europeo- llevó, en casi todos los países de Europa occidental, a la constitución de una alianza entre las elites política, las burguesías industriales nacionales y el mundo del trabajo. Esta alianza – entre la elite política, las burguesías industriales nacionales y el mundo del trabajo – dio origen a los 30 años gloriosos de Europa y a que, la clase trabajadora, lograra imponer conquistas sociales jamás alcanzadas por los trabajadores en ninguna parte del mundo. Sin embargo, ese paraíso comenzó a diluirse, paulatinamente, en la Europa continental, luego de la caída del Muro de Berlín y del comienzo del proceso de “deslocalización”, es decir, del traslado de las firmas europeas, a los países asiáticos.

Por un lado, con la disolución de la Unión Soviética, desapareció el temor a la revolución socialista y, por el otro, la posibilidad de poder producir en Asia con salarios insignificantes comenzó a convertir a la inmensa mayoría de los trabajadores industriales – salvo los ligados a la producción relacionada con la tecnología de punta – en personajes casi innecesarios. Todo este proceso trajo, como lógica consecuencia, la pérdida de poder político de la clase trabajadora y de sus organizaciones representativas. El acelerado proceso de deslocalización y la consecuente pérdida de poder político de la clase trabajadora, fue rápidamente percibido por la elite política que se dispuso, rápidamente, al cambio de alianza.

En esos momentos, la mayoría de la clase política europea, adoptando disimulada o desembozadamente, como ideología política, el neoliberalismo, comenzó a romper su alianza tradicional con las burguesías industriales – que no habían podido o querido “deslocalizar” su producción – y con el mundo del trabajo para, progresivamente, comenzar a aliarse con las empresas transnacionales y el capital financiero-especulativo internacional, hasta convertirse, en nuestros días, prácticamente, en la expresión del mismo.

La fragua definitiva de esta nueva “alianza” es la que terminó consagrando al capital financiero-especulativo internacional como el predominante dentro poder del estado, al punto tal que éste, estuvo, primero en condiciones de cooptar a la clase política para ponerla a su servicio y, luego, directamente, en condiciones de imponer a sus propios empleados, en el comando de los estados de la Unión Europea, como ya aconteció, en Grecia e Italia.

Hemos afirmado como hipótesis que, la Unión Europea en general y Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España, en particular, sufren una crisis específica que no puede considerarse ni explicarse solamente como una simple consecuencia de la crisis que se originó en los Estados Unidos. Esta crisis específica -realidad que la mayoría de los europeos no quiere reconocer- tiene que ver con el fracaso relativo del proyecto del Euro y con la circunstancia de que la inmensa mayoría de los miembros de la Unión Europea, están en proceso de transformarse, de hecho, en estados completamente subordinados al estado alemán.

Alemania, a partir de su reunificación, consiguió, a través de una política de ajuste salarial, acompañada de enormes avances en la productividad, transformase en la gran potencia exportadora de Europa. Luego, la creación del Euro, convirtió a las economías de los otros miembros de la Unión Europea, en mercados prácticamente cautivos para la economía alemana reforzando de esa forma a Alemania en su rol de la gran potencia exportadora de Europa. Así, durante los últimos 10 años, al exportar Alemania mucho más de lo que importaba de sus socios se fue creando en el seno de la Unión Europea un gran desequilibrio. Países como Grecia, España e Irlanda, mantuvieron en el transcurso de la última década un déficit comercial “crónico” con Alemania una de cuyas consecuencias fue que comenzaran a endeudarse con la misma Alemania. Se produjo, entonces, una crisis causada por la propia pujanza alemana. Ante esa circunstancia Alemania – sostiene Claudio Katz- “en vez de impulsar al resto de de las economías del euro, lo que hace es imponer un pacto fiscal que implica un ajuste deflacionario de proporciones gigantescas para sostener el euro sobre el sudor, las lágrimas y la vida de los griegos, los irlandeses y de todo los otros pueblos que conforman la periferia europea”.

*Marcelo Gullo ( marcelogullo2003@yahoo.com.ar), nació en la ciudad de Rosario, Argentina, en 1963. Es Doctor en Ciencia Política por la Universidad del Salvador. Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Nacional de Rosario, Graduado en Estudios Internacionales por la Escuela Diplomática de Madrid y obtuvo el Diploma de Estudios Superiores (Maestría) en Relaciones Internacionales, especialización en Historia y Política Internacional, por el Institut Universitaire de Hautes Etudes Internationales, de Ginebra. Ha publicado numerosos artículos y libros entre ellos “Argentina Brasil: La gran oportunidad” (Buenos Aires, Ed. Biblos, 2005). Analista Principal de Política Internacional en Radio del Plata FM Rosario. Actualmente es profesor de la Universidad de Lanús, Buenos Aires, Argentina.

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