¿Por qué no apoyo a Dieudonné?

JEAN BRICMONT

por Jean Bricmont* – 31 de diciembre 2013 – Los amigos se inquietan por mi “apoyo” a Dieudonné. Yo no apoyo a Dieudonné, al menos no directamente o principalmente. Lo que yo apoyo es mucho más fundamental, y es la misma base del derecho – que la justicia sea igual para todos.

Por mí, se pueden prohibir sus shows; soy contrario a las leyes “contra el odio” que permitirían posiblemente hacerlo, pero ellas existen. Pero si debemos prohibir los espectáculos de Dieudonné, que lo hagan dentro de las reglas, con juicio público y comparación entre su humor y el de otros (Desproges, Carlos Leeb, Coluche…). Por supuesto, este enfoque (incluso con tales leyes) no tiene ninguna posibilidad de éxito.

Lo que no acepto es que prohíban sus shows por orden del ministro de policía. Esto es el reinado de la arbitrariedad y es más profundamente “inaceptable” que todo lo que Dieudonné pueda decir o hacer.

Me pidieron por lo menos condenar o criticar sus “derivas”. No hay duda. Jamás diré nada en contra de un individuo que tiene para él sólo su palabra y que tiene en contra a todos los “faux-culs” [hipócritas, lameculos. N.T.], todo el pensamiento-correcto, todo el poder del Estado y los medios de comunicación. Diré tal vez lo que pienso de Dieudonné el día que cesen todos los ataques legales contra él.

¡Me responden a veces que el problema no es la libertad de expresión -banda de “faux-culs”! Por supuesto que lo es. Las leyes contra el racismo (o las más surrealistas aún que condenan la “negación de la historia”), han permitido a las asociaciones del mismo nombre perseguir a cantidad de personas ante los tribunales, tanto a la “izquierda” (Sine, Mermet, Morin, las llamadas a boicotear a Israel) como a la “derecha” (Le Pen, Gollnisch, Faurisson) y muchos otros. Ponemos en la lista negra, a solicitud de la LICRA, libros. Un diputado “centrista” propone prohibir por ley el gesto de la “quenelle“. ¿Y no hay ningún problema con la libertad de expresión?

Cuando Dieudonné llegó a Bruselas, la policía evacuó la sala en medio del espectáculo. Nadie protestó, salvo el heroico periodista independiente Olivo Mukuna (en un sitio marginal, el de Igualdad). Sin embargo, era evidente, sin ser jurista, que esto violaba todas nuestras leyes y hasta nuestra Constitución.

Cuando hablaba de eso a mis amigos, me respondían que, por supuesto, era terrible, pero que no era el “verdadero problema”: el verdadero problema, es la lucha de clases, el impuesto a los ricos, etc . Mucho me temo que los que razonan así jamás llegarán a nada si se es incapaz, sea por oportunismo o impotencia, de defender los derechos más fundamentales de sus propios concuidadanos (hablo de los espectadores de Dieudonné, no del artista mismo), ni vamos tampoco a cambiar las cosas en el orden socioeconómico. Quien puede lo más, puede lo menos.

Otro error, muy curioso, pero muy generalizado en la izquierda, es creer que los problemas de identidad o simbólicos son meras ilusiones, a disipar lo más deprisa posible para que los “trabajadores” se interesen finalmente por sus “verdaderos problemas”, es decir, por su bistec. Creer esto es nada que entender la naturaleza humana, y la izquierda conduce a callejones sin salida en varias ocasiones.

Otro error, muy curioso pero muy derramado a la izquierda, es creer que los problemas identitarios o simbólicos son de ilusiones puras, a disipar lo más de prisa posible para que los “trabajadores” se interesen por fin por sus ” verdaderos problemas “, es decir por su bistec. Creer esto, es no comprender nada de la naturaleza humana, y lleva a la izquierda a callejones sin salida de modo recurrente.

En este caso, el hecho de que gran parte de la juventud “negra y árabe” se reconozca en un humorista al que todas las asociaciones “antirracistas” (supuestamente defensoras de los llamados “negros y árabes”) procuran silenciar es un fenómeno “simbólico” importante. Esto debería llevar, al menos, a la gente de buena fe a cuestionarse acerca de la verdadera naturaleza de la “lucha contra el racismo”, en la que la mayor parte del pensamiento de la izquierda pensó que haber encontrado un sustituto a las luchas sociales y económicas (y por tanto, de hecho, se transfirió la lucha sobre el plano simbólico, afirmando a menudo hacer lo contrario). Pero no podemos volver a estas luchas más que a condición de resolver la cuestión simbólica y, para comenzar, admitir la igualdad ante la ley de todas las formas de discurso.

Las personas que creen que van a hacer la revolución, pero que aceptan que una secta fanática y ultra minoritaria determine lo que se puede ver en el teatro esta noche se hace, en mi opinión, ilusiones graves. La defensa del lado progresista de las constituciones democráticas viene antes que la revolución. Y hay cosas que vienen antes que todo compromiso político, como la defensa de la verdad, de la justicia y de la dignidad humana.

Fuente: Femmes de Chambre

*Jean Bricmont es físico teórico, profesor de la Universidad Católica de Lovaina y ensayista belga. Entre el público no académico es conocido sobre todo por ser co-autor de Imposturas intelectuales, escrito en colaboración con el también físico Alan Sokal, una obra que se ocupa de rebatir el relativismo epistémico y de denunciar los abusos que algunos filósofos posmodernos realizan de la ciencia. De ideología libertaria, en 2001 se implicó en la defensa de Chomsky frente a aquellos que acusaban al lingüista de apoyo a las tesis negacionistas en el escándalo Faurisson.

(Traducción de la Página Transversal)

2 comentarios to “¿Por qué no apoyo a Dieudonné?”

  1. Aquí habría que prohibir el humor de nuestro casposo Arévalo, siempre burlándose de la minoría gay y de los tartamudos… raro que el frenesí igualador de nuestros progres no haya reclamado nunca un juicio público contra él…

  2. Eso no puede hacerse, porque entonces esas minorías y esos progres no podrían marcar sus sofisticadas distancias con el resto del populacho, esa España casposa y paleta de la que abjuran en pos del bien diseñado cosmopolitismo del globalismo genocida de culturas y pueblos. Bricmont señala que en Francia cierta izquierda sigue empeñada en la lucha de clases (aunque olvidando otras dimensiones si cabe más importantes), en España ni eso. Aquí, además de las cualidades que adornan a la izquierda en otras latitudes (sus antifascismounsiglodespués, pro-inmigracionismo, pro-homosexualismo, pro-abortismo, etc.) lo que más destaca es que son todos valerosamente antifranquistas, anticlericales, mayoritariamente anti-taurinos y, no sabemos si como respuesta refleja de lo anterior, en buena medida virulentamente pro-separatistas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: