Rebeldes sirios confiesan a una periodista de Associated Press que ellos lanzaron el ataque con armas químicas tras haber sido manipulados

SIRIA GOTHA ATAQUE QUIMICO

Insurgentes sirios han confirmado en una entrevista con un corresponsal de AP, que realizó su propia investigación, su responsabilidad en el ataque con armas químicas a las afueras de Damasco el pasado 21 de agosto, que tachan de “accidente”.

Rebeldes sirios de Guta, en los suburbio de Damasco, han declarado a la periodista de Associated Press, Dale Gavlak, que ellos fueron los responsables por el accidente con armas químicas de 21 de agosto que los países occidentales atribuyen al Gobierno de Bashar Al-Assad. Los rebeldes le dijeron que el accidente con armas químicas se produjo por el mal manejo de las armas químicas que les proporciona Arabia Saudita.

“En numerosas entrevistas con los médicos, residentes de Guta, los rebeldes y sus familias […] muchos creen que ciertos rebeldes recibieron armas químicas del jefe de la Inteligencia saudí, el príncipe Bandar bin Sultan, y que fueron los rebeldes los responsables de llevar a cabo el ataque con gas [mortal]”, escribe Gavlak.

Los rebeldes dijeron a Gavlak que no estaban propiamente entrenados sobre cómo manejar las armas químicas o incluso que no les habían dicho que las armas eran químicas. Según el testimonio de los rebeldes, las armas iban destinadas al Frente Al Nursa, grupo afilado a Al Qaeda.

Al mismo tiempo, decenas de rebeldes confirmaron Gavlak que los financia el Gobierno saudí.

La informacion obtenida por Dale Gavlak contradice completamete a los pretextos que airea EE.UU , que el viernes se refirió a la “alta confiaza” que le merecen las pruebas que dice tener en su poder y que -afirma- implican a Al Assad en el ataque con armas químicas.

Dale Gavlak ha sido corresponsal en Oriente Medio para la Associated Press durante dos décadas. También ha trabajado para la Radio Pública Nacional (NPR) y ha escrito artículos para la BBC.

Las “pruebas” de Washington contra Siria se fabricaron en Israel 

El secretario estadounidense de Defensa Chuck Hagel, el secretario de Estado John Kerry, la consejera de Seguridad Nacional Susan Rice y el director nacional de Inteligencia James Clapper se reunieron a puertas cerradas con varios líderes del Congreso el jueves 29 de agosto de 2013.

Según el representante Elliot Engel, quien preside la minoría demócrata en la Comisión de Relaciones Exteriores, la Administración Obama confirmó la intercepción de una comunicación interna entre un responsable del Ministerio de Defensa sirio y una unidad militar siria, que probaría la responsabilidad de ésta en los ataques químicos del 21 de agosto, como había revelado la revista Foreign Policy.

Elliot Engel es un militante sionista. Miembro del US Committee for a Free Lebanon, que organizó la “Revolución del Cedro” en Líbano en 2005, Engel redactó en 2002 la Syria Accountability and Lebanese Sovereignty Restoration Act (En español, Ley sobre la Responsabilidad de Siria y el Restablecimiento de la Soberanía Libanesa) que autoriza al presidente de EEUU a entrar en guerra con Siria sin tener que acudir al Congreso. Ese texto, adoptado por el Congreso estadounidense y firmado por el entonces presidente George W. Bush, aún se mantiene en vigor.

Esa información, ampliamente divulgada por la prensa atlantista, pretende alimentar la aparente convicción de los occidentales sobre la culpabilidad de Siria. Sin embargo, la fuente de esa maniobra de intoxicación o desinformacion no es estadounidense. Las mencionadas “intercepciones” son en realidad de origen israelí.

El 27 de agosto, o sea al día siguiente de la difusión de la información sobre la supuesta comunicación interna siria, el canal de televisión Jewish News One anunció que la intercepción había sido realizada en realidad por Tsahal, o sea por las fuerzas armadas de Israel (IDF, según sus siglas en inglés).

Antes del ataque químico, una fuente militar siria ya había alertado sobre la presencia de oficiales israelíes en Duma, la zona controlada por la Brigada del Islam de donde fueron lanzados los dos misiles que contenían sustancias químicas, que no necesariamente fueron gases de combate. Las pruebas sobre el lanzamiento de estos misiles químicos fueron presentadas por Rusia a los miembros del Consejo de Seguridad e incluían fotos de satélites.

La posterior agitación y aspavientos de los occidentales fue obra de varios personajes estrechamente vinculados a Israel, azuzados además por el ministro francés de Relaciones Exteriores, el sionista Laurent Fabius.

Siria: Sobre los videos de la masacre del 21 de agosto

Ha estallado una polémica debido a las dudas de la diplomacia rusa sobre la fecha de los videos que supuestamente ilustran el ataque con armas químicas del 21 de agosto de 2013 en Damasco. Desde esta publicación electrónica, nosotros habíamos señalado que los videos divulgados en YouTube a través de la cuenta Majles Rif habían sido publicados en ese sitio el 20 de agosto.

En un intento por «aclarar», el propietario de esa cuenta afirmó que había publicado los videos a las 05:00 horas UTC, o sea a las 7 de la mañana, hora de Damasco y que al haber 9 horas de diferencia entre la capital siria y California, para el sistema de YouTube todavía era el 20 de agosto.

Sin embargo, las sombras que pueden apreciarse en las imágenes del cuarto video, captadas al aire libre, muestran que el sol estaba prácticamente en su punto culminante, así que las imágenes no pueden por lo tanto haber sido captadas en las primeras horas de la mañana. Mantenemos, por consiguiente, que los mencionados videos fueron rodados antes de la masacre que supuestamente ilustran.

Pero no es esa la única interrogante que plantea el análisis de esos videos. Están también el hecho que el personal que presta auxilio a las personas afectadas no porta ningún tipo de protección, el hecho que los síntomas de las personas afectadas no tienen nada que ver con los efectos del gas sarín, y muchos más.

La versión rusa

La delegación rusa presentó a las misiones occidentales, durante la reunión extraordinaria [del Consejo de Seguridad] de la ONU, una versión del ataque químico ocurrido el 21 de agosto en la periferia este de Damasco.

Esa versión, que no se ha hecho pública, fue respaldada con documentos e imágenes captadas por satélites de los lugares del incidente y de la región de la Ghouta.

Según fuentes informadas, los estadounidenses no presentaron ningún documento que contradijera la tesis rusa porque las imágenes captadas por los satélites estadounidenses arrojan un solo resultado: quien perpetró el ataque químico fue la oposición.

Fue una brigada de la oposición siria bautizada como «Liwaa al-Islam» y dirigida por Zahran Allouche la que disparó desde la región de Douma, el 21 de agosto a la 01:35 horas, 2 cohetes de fabricación artesanal que contenían productos químicos. Esa brigada es una de las más importantes bandas armadas [que operan] en la Ghouta, donde unos 25 000 combatientes están desplegados en las localidades de Arbin, Zamalka, Saqba, Kafarnabt, Ein Tarme y Maazamiyeh. Uno de los proyectiles cayó en la región de Jobar mientras que el segundo cayó en una zona situada entre Arbin y Zamalka. El lanzamiento de ambos cohetes fue una respuesta a la operación de gran envergadura bautizada «Escudo de la capital», iniciada por el Ejército Árabe Sirio en los accesos de Damasco.

El miércoles, la artillería de las fuerzas gubernamentales había comenzado a cañonear los bastiones de los grupos armados a la 1 de la mañana y los tanques y las fuerzas de infantería habían avanzado a las 6 de la mañana hacia Jobar para atacar las posiciones de los grupos rebeldes. Trece brigadas de extremistas se pusieron a la disposición del Frente al-Nusra para combatir al ejército en esa zona.

Según fuentes concordantes, los hombres del «Frente de Conquista de la Capital» se retiraron de Jobar a las 01 horas, unos minutos antes del lanzamiento del misil que cayó en el lugar. Ello explica el hallazgo de sólo unos cuantos cadáveres de combatientes entre las víctimas en comparación con la gran cantidad de civiles muertos.

El papel de Arabia Saudita

Fuentes cercanas al Hezbollah están convencidas de que el desarrollo de los acontecimientos en Siria, Irak y Líbano prueba una sola cosa: la existencia de una decisión saudita, inspirada por Estados Unidos, para hacer estallar la región desde Bagdad hasta Beirut.

¿Por qué habría tomado Arabia Saudita esta nueva decisión?

Las mismas fuentes explican que a lo largo de los últimos 28 meses se ha recurrido a todos los medios regionales e internacionales para tratar –inútilmente– de derrocar el régimen sirio. Los rebeldes han recibido incluso grandes cantidades de armas antitanques y antiaéreas eficaces y modernas. Decir lo contrario sería mentira. Arabia [Saudita] sabe que la supervivencia del régimen [sirio] y de los aliados de este se traducirá, en los próximos años, en derrotas que pueden desestabilizar el reino. Así que no queda más remedio que hacer algo.
El nuevo paisaje político de Egipto no constituye una victoria concreta para Arabia Saudita sino un éxito moral que en cualquier momento puede convertirse en derrota si cambian las realidades egipcias. Así que, para compensar la resistencia del régimen sirio, la única opción que queda es la de incendiar la escena interna libanesa.

Eso quiere decir que Arabia [Saudita], y tras ella Estados Unidos, ya no están interesados en la estabilidad del Líbano, según creen saber las fuentes anteriormente citadas. Al principio, el país fue mantenido al abrigo de las consecuencias serias de la crisis sirias y los acontecimientos en materia de seguridad respondían a una serie de líneas rojas. Pero estas últimas se han terminado para Riad.

Incendiar el Líbano se ha convertido en una necesidad para el eje Riad-Washington como medio de dispersar las capacidades del Hezbollah, que participa en los combates de Siria, y para sembrar la confusión en la base popular del partido haciéndole pagar un importante tributo. Eso, según esperan Riad y Washington, obligará el Hezbollah a limitar su implicación en los frentes [sirios] de Homs y la provincia de Damasco y desviará su atención hacia la escena interna libanesa.

La escalada iniciada por el jefe de los servicios secretos sauditas, el príncipe Bandar ben Sultan, no se limita a la seguridad, afirman las mismas fuentes. Los círculos de decisión del reino han ejercido enormes presiones sobre el presidente [libanés] Michel Sleiman y el primer ministro designado Tammam Salam para que se forme en Líbano un gobierno de facto. O para liquidar al menos el actual gobierno dimitente mediante la formación de un gabinete que no obtendría el voto de confianza del Parlamento pero que se convertirá de hecho en un gobierno encargado de ocuparse de las cuestiones diarios, aislando así al Hezbollah.

Pero los señores Sleiman y Salam saben que es difícil formar un gobierno de ese tipo sin el respaldo del diputado Walid Joumblatt, así que las presiones disminuyeron después del atentado de Roueiss y de las declaraciones de sayyed Hassan Nasrallah expresando su enérgica negativa a aceptar un gobierno de facto.

La CIA “fabricó” el ataque con armas químicas para justificar el bombardeo a Siria

(MANUEL FREYTAS) El enviado especial de la ONU en Siria, Lakhdar Brahimi fue contundente: EEUU y el Reino Unido todavía no han presentado a la ONU pruebas del uso de armas químicas por parte del Gobierno sirio.

Por su parte, las autoridades rusas han expresado que es inoportuno hablar sobre la reacción del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la situación en Siria hasta que los inspectores no presenten su informe. De esta manera, se cae el argumento central que utilizan Washington y las potencias imperiales para justificar un bombardeo y un intervención militar en Siria.

Y para los expertos fuera de la estrategia y la propaganda del eje EEUU-UE-Israel, el ataque químico que dejó más de 500 muertos y 3000 heridos, fue planificado por los operativos de la CIA y la inteligencia británica e israelí , y ejecutado por los comandos mercenarios “rebeldes” que operan en el terreno.

La maniobra, fue preparada minuciosamente por una campaña mediática a nivel internacional, ejecutada sistemáticamente durante dos años, con denuncias constantes (avalada por funcionarios de las potencias y representantes de los “rebeldes”) que acusaban al gobierno de Bashar al Assad de acumular armas químicas en sus arsenales con el objetivo de utilizarlas masivamente contra la población siria.

El ataque perpetrado el 21 de agosto, actuó como detonante justificatorio a nivel internacional de una intervención militar de EEUU y la OTAN para destruir la capacidad operativa del ejército, sobre todo su potencial aéreo, y destrabar el avance de los mercenarios internacionales que buscan controlar Siria dentro de un plan diseñado por EEUU y sus aliados.

La agresión con armas químicas se realizó en un momento que el ejército venía propinando severas derrotas a las fuerzas mercenarias financiadas y entrenadas por EEUU, las potencias europeas y los países del Golfo con Arabia Saudita y Qatar a la cabeza.

La premura de EEUU, Gran Bretaña y Francia por lanzar el ataque aéreo y naval contra Siria, obedece al objetivo de aprovechar el consenso internacional antes de que las investigaciones de los inspectores de la ONU avancen y se compruebe con certeza la falta de responsabilidad del gobierno sirio en el ataque.

Para expertos rusos citados por la agencia Ria Novosti, la imputación contra Al Assad carece de significado, dado que quiebra la lógica que sostiene que quién va ganando la guerra por medios convencionales jamás ejecuta acciones de crímenes colectivos que le quite sustento de apoyo entre la población civil.

De esta manera, sostienen los expertos, en la lógica del “beneficiario” de ese ataque masivo con armas químicas no se inscribe el gobierno sirio, sino sus enemigos que lo utilizaron para desacreditarlo ante la sociedad siria, y justificar la intervención armada de EEUU y la OTAN para terminar de destruir la capacidad ofensiva militar y la infraestructura del gobierno sirio.

EEUU siempre fabricó atentados para justificar ataques militares

La historia mundial ya conoce casos en los que EEUU ha declarado la guerra apoyándose en pretextos dudosos o en provocaciones. A continuación les recordamos los casos más destacados.

La explosión del acorazado Maine

El 25 de enero de 1898 el acorazado estadounidense de segunda clase Maine entró en el puerto de La Habana sin haber avisado previamente de su llegada, lo que era contrario a las prácticas diplomáticas y fue calificado de maniobra intimidatoria y de provocación hacia España, que se mantenía firme en su rechazo a la propuesta de compra realizada por EEUU sobre Cuba y Puerto Rico.

El 15 de febrero el Maine saltó por los aires. De los 355 tripulantes, murieron 256. El resto sobrevivió, ya que a la hora de la explosión gozaba de un baile en la ciudad dado en su honor por las autoridades españolas. Desde el primer momento EEUU sostuvo que la explosión había sido provocada por un artefacto externo y desataron una amplia campaña mediática. Investigadores españoles, por su parte, argumentaron que no podía tratarse de una mina, pues esta habría hecho al barco saltar literalmente del agua y habría dejado peces muertos en el puerto, algo que no había sucedido. Apelaron, además, al propio carácter de los daños que había sufrido la nave.

Estudios actuales concluyen que se trató de un estallido interno. Algunos apuntan a una explosión accidental provocada por el calentamiento de los mamparos que la separaban de la carbonera contigua, que en esos momentos estaba ardiendo. En 1975, el Almirante de los Estados Unidos Hyman G. Rickover, llevó a cabo una extensa investigación que concluyó que “una fuente interna fue la causa de la explosión del Maine”. El caso sirvió de pretexto oficial para la guerra hispano-estadounidense, que llevó a la futura independencia formal de Cuba e hizo a España ceder Filipinas, Puerto Rico y Guam a EEUU.

El incidente del golfo de Tonkín

El 31 de julio de 1964 se inició la primera etapa de una patrulla de rutina en el golfo de Tonkín. El 2 de agosto, el crucero estadounidense Maddox fue interceptado por tres lanchas patrulleras de Vietnam del Norte. Según una de las versiones, la nave estadounidense había penetrado en las aguas territoriales vietnamitas. Cuando las lanchas se acercaron, Maddox les disparó tres salvas de advertencia, los barcos respondieron con torpedos y se produjo un intercambio de fuego con la participación de cuatro aviones de EEUU. Los norvietnamitas se retiraron, cuatro de ellos murieron, mientras que ningún estadounidense resultó herido.

El 4 de agosto Maddox acompañado por un destructor realizaba otra patrulla, cuando radar, sonar y radio empezaron a dar informes electrónicos y visuales sobre otro ataque de la Marina de Vietnam del Norte. Durante dos horas los barcos dispararon contra objetivos de radar maniobrando con fuerza. Por la madrugada el capitán de Maddox envió un cable a Washington diciendo que por lo visto no había embarcaciones vietnamitas en la zona y atribuyó las señales electrónicas a la mar gruesa. Posteriormente, numerosos testimonios apoyaron la versión de que el ataque del 4 de agosto no existió. Sin embargo, en respuesta a las supuestas ‘agresiones’, el presidente Lyndon B. Johnson convocó el 7 de agosto al Congreso y recibió su autorización para emprender la Guerra de Vietnam, que arruinará la economía de EEUU y dejará un saldo de 47.378 estadounidenses caídos en combate, 10.799 fallecidos a causa de heridas, unos 150.000 veteranos que se suicidaron posteriormente y más de dos millones de vietnamitas civiles muertos.

Las operaciones Fuerza Deliberada y Fuerza Aliada

El 28 de agosto de 1995, durante la guerra de Bosnia (1992-1995), cinco proyectiles de mortero dejaron un saldo de 37 muertos y 90 heridos en el mercado de Markale de Sarajevo. A pesar de que las respectivas investigaciones mostraron unos resultados muy diferentes sobre qué parte del conflicto había podido lanzar los proyectiles, EEUU y los demás miembros de la OTAN no vacilaron en atribuir el ataque al Ejército serbobosnio y entre finales de agosto y mediados de septiembre de 1995 emprendieron la operación Fuerza Deliberada, la primera gran operación de combate de la OTAN desde su creación en 1949, que consistió en una serie de bombardeos sobre la República Srpska.

El 15 de enero de 1999 las fuerzas serbias de seguridad quitaron la vida a 45 residentes de nacionalidad albanesa del pueblo kosovar de Racak, argumentando que se trataba de paramilitares armados. La Agencia de Información de EEUU publicó un informe de expertos europeos que aseguraba que las víctimas eran civiles fusilados. Sin embargo, un grupo de expertos bielorrusos y finlandeses testimonió que los muertos tenían huellas de pólvora en las manos y que los cuerpos tenían balazos, pero no su ropa, lo que les hizo concluir que a los cadáveres les cambiaron de ropa para simular que eran civiles. El público general nunca tuvo acceso a esta información.

La masacre de Račak sirvió de pretexto para que Washington y sus aliados lanzaran un bombardeo de 78 días —entre marzo y junio de 1999— contra la entonces Yugoslavia. La llamada ‘Operación Fuerza Aliada’ se cobró la vida de 528 civiles, 88 niños entre ellos, y dejó el país semidestruido y contaminado con la radiación proveniente de armamento con uranio empobrecido usado por la OTAN.

Una entrevista y un modelo de ántrax falsificados

En 1990, durante la guerra del golfo Pérsico, una chica llamada Nariyah contó que en un hospital kuwaití soldados iraquíes agarraron las incubadoras y dejaron a los niños muriendo en el suelo frío. Sus palabras fueron transmitidas por las principales cadenas de EEUU y vistas por al menos 35 millones de estadounidenses.

Siete senadores la citaron para apoyar el uso de la fuerza contra Irak. El entonces presidente George Bush mencionó esta historia al menos 10 veces durante las siguientes semanas. La niña era la hija del embajador kuwaití en EEUU.

La primera Guerra del Golfo dejó 2.278 bajas civiles en Irak y provocó una catástrofe ecológica sin precedentes: el Golfo resultó contaminado por unos 8 millones de barriles de petróleo, mientras que el desierto se quedó con unos 320 lagos de petróleo que tardaron una década en ‘secarse’.

En la reunión del 5 de febrero de 2003 del Consejo de Seguridad de la ONU, el secretario de Estado de EEUU, Colin Powell, se presentó con un bote de polvo blanco, asegurando que era ántrax con el que Saddam Hussein estaba amenazando a la seguridad del mundo, y mostró otras pruebas de que Irak producía armas de la destrucción masiva.

En 2004 admitió que una gran parte de las pruebas que justificaron la injerencia militar occidental en Irak no eran precisas. Ninguno de los informes de la inteligencia estadounidense que aseguraba que Hussein no disponía de armas de destrucción masiva se hizo público. La guerra de Irak dejó, según las fuentes, entre cientos de miles y 1,1 millones de bajas civiles.

Fuente: El Espía Digital

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