Claves estratégicas sobre política interna y externa de Rusia (II)

LEONID SAVIN

por Leonid Savin – Recurso desde Moscú, desde las alianzas con “think-tanks” de distintas partes del mundo con el objetivo de acercar al lector reflexión y análisis de la realidad global desde el prisma de reconocidos expertos y observadores de diferentes latitudes. Compartimos segunda  parte de artículo del analista Leonid Savin sobre los principales retos estratégicos internos y externos de Rusia. El Director de “GEOPOLITICA.RU” nos presenta la parte final de un ensayo muy preciso de ciertas claves geopolíticas en el concierto internacional de naciones que son de importancia por la correlación con las proyecciones e intereses de Rusia.  El acceso a estos datos de las diferentes líneas de influencias en el Kremlin; nos permite mejorar conocimientos para interpretar de las fricciones y disputas de poder interno. Saber cómo esto determina el papel de Rusia en la arena política mundial en estos tiempos de transformaciones hacia un perfil multipolar. Desde el enfoque que nos acerca Leonid Savin,  podemos tomar una consideración más acertada de estas cuestiones, desde las propias perspectivas tomadas en Moscú.

En cuanto a la política exterior de Rusia, de la cual mucho depende la construcción del mundo multipolar; en la actualidad hay varias orientaciones y por eso es inconsecuente y no posee una estrategia de largo plazo. En primer lugar, hay  una fuerte inercia de la época soviética y la correspondiente opinión respecto a los otros países que los divide en amigos y enemigos. En segundo lugar, existe un problema entre varias repúblicas que fueron soviéticas, donde Rusia pretendió durante largo tiempo hacer de intermediario. Hay varios países limítrofes de Rusia que exhiben reclamos mutuos: Armenia, Azerbaidzhan, Georgia en el Cáucaso, Pridnestrovie y Moldavia occidental; en Asia Central hay peligro de conflictos de base religiosa.

En tercer lugar, el lobby liberal insiste en la introducción de la política pro-americana, dando reconocimiento a la globalización y viendo a Rusia como objeto de realización  de los planes imperialistas americanos.  A la par de este lobby se encuentran liberales moderados que afirman la primacía de los derechos humanos y del derecho internacional sobre los intereses nacionales. Ninguno de estos grupos liberales está interesado en que crezca el papel de Rusia en la arena internacional. Existe también una línea conservadora, que somete al revisionismo el modelo soviético y se opone totalmente a la visión liberal en lo que respecta a las relaciones internacionales. Sin embargo, los intentos de este grupo por  ejercer cierta influencia sobre la situación son insignificantes en comparación con la totalidad de los grupos liberales.

Se debe señalar que, en política exterior, la dirigencia de Rusia parte con frecuencia de prioridades económicas y de intereses corporativos en lugar de políticos, lo que es erróneo y con frecuencia nefasto. La petropolítica y las reservas de recursos energéticos se convierten en un factor dominante, relacionado también con la política interna, hecho que con el tiempo puede conducir a la “maldición de los recursos”, término que se aplicaba en su momento a los países de África ricos en recursos y sometidos al colonialismo. Economistas y expertos hablan de la necesidad de liberarse de la dependencia del petróleo, de la necesidad de renovación del poder productivo y del desarrollo de tecnologías críticas. En parte esto se relaciona con la modernización que mencionaremos más adelante. Pero la supremacía de la economía sobre la política, en lo que hace a defender intereses, conduce siempre a pérdidas económicas, fenómeno que vemos en el ejemplo de Libia, donde había compañías rusas, y en la demorada crítica de la dirigencia de nuestro país en relación a la agresión de la OTAN. Es sabido que previamente Rusia apoyaba las sanciones del Consejo de Seguridad contra Libia e Irán sin recibir ninguna preferencia, hablando el lenguaje de los negocios.

Se puede mencionar como otro error es la entrada de Rusia en la OMC, porque que esto llevará en la práctica a la destrucción de varios sectores de la economía, desde el agropecuario hasta el de la industria liviana. Dado que los principales ingresos de Rusia que se derivan del comercio exterior provienen de la venta de hidrocarburos, que no tienen puesto ningún límite, nos parece que el ingreso de Rusia a la OMC es, por lo menos, prematura.

Los que analizan esto en forma crítica, encuentran la explicación a tales tendencias en la integración parcial de la elite política rusa dentro de la comunidad occidental y en su participación con activos, lo que explica que no pueda tomar resoluciones autónomas. Existe también la idea de que las políticas del Kremlin, con sus concesiones temporarias a Occidente, juegan con complicados proyectos geopolíticos, tales como la construcción de óleo-gasoductos alternativos y la penetración de capitales rusos en los países de Europa que están sufriendo problemas económicos. Por otro lado, también ha surgido la idea de que en el tándem de poder Putin-Medvédev el presidente es el más pro-occidental y responde a los intereses de las elites políticas de EE.UU. y Europa occidental; así, fuera de las claras señales de Washington y Bruselas en el sentido de verlo como presidente en un segundo mandato, tales iniciativas se llevan a cabo por medio de grupos de influencia en Rusia.

Uno de los grupos que ejercen significativa influencia en la toma de resoluciones de política interna y externa del Kremlin es el Instituto de Desarrollo Moderno, dirigido por Igor Jurgens. Se basa en el “Centro de Desarrollo de la Sociedad de la Información”, que obrara como experto consejero para la realización de los “proyectos nacionales” por los que respondía Dimitri Medvédev cuando era primer viceministro. En la intervención en el Instituto (febrero de 2010) llamada “Rusia en el siglo XXI: modelo de futuro deseado”, se proponían distintas variantes para la entrada de Rusia en la OTAN: en lo interno la reducción de las fuerzas armadas y la reforma de los órganos de aplicación de la ley. Tomando en cuenta que se están haciendo reformas en las fuerzas armadas, reformas que criticadas seriamente por especialistas, y que la milicia fue renombrada como policía —Medvédev se guiaba por la idea absurda de que la corrupción en el servicio desaparecería por el solo hecho de haber sido renombrado—, concluimos que las iniciativas del Instituto encuentran apoyo en el presidente.

En el proyecto de 2011 “Estrategia 2012”, la cual fuera propuesta a Medvédev en calidad de campaña electoral; se señalaba la necesidad de una real división de poderes, el reforzamiento del papel de las instituciones de la sociedad civil, la disminución del papel del estado en la economía, también la suavización las leyes respecto a los delitos económicos (aunque, según la lucha contra la corrupción declarada por Medvédev, deberían endurecerse). En tanto que la división de poderes y el rol de los instituciones de la sociedad civil son cosas indiscutidas, hay que tomar en cuenta que la sociedad civil de Rusia debe ser entendida en sentido amplio, no como copia de la occidental, y que la liberalización de la economía bajo la máscara de la modernización ya ha producido indignación en el pueblo.

Lo más importante es que los partidarios de la modernización olvidan que el propio término “modernización” se compone de dos partes. Una es la modernización técnica, cuyo objetivo son los instrumentos, los medios que simplifican la vida de las personas y mejoran la calidad de vida, la hacen más confortable y cómoda actuando en forma más rápida y efectiva.

La otra parte de la modernización, relacionada íntimamente con la primera, es la modernización moral, cultural y social. En este caso los objetivos son el pueblo, la sociedad, el estado, la moral, la cultura, y aquí la modernización tiene un sentido totalmente diferente. Por ejemplo, la modernización de los usos y costumbres es el rechazo de los valores tradicionales: primero viene el rechazo al matrimonio por iglesia, después al matrimonio —que se cumplimenta en alguna instancia civil—, luego se permitirá el matrimonio entre personas del mismo sexo, y al fin, lógicamente, la anulación completa de la institución del matrimonio y el establecimiento de la poligamia como norma social. La modernización moral conduce a la desintegración de las relaciones tradicionales entre las personas. Cada uno se ocupa de sí mismo y no reconoce ninguna norma social o comunitaria. De tal manera, la modernización en esas esferas significa el rechazo de todo aquello que constituye la identidad colectiva de la gente.

La idea de modernización de Medvédev —consistente en que es necesario incluirse en el sistema capitalista mundial para que esto arregle todo por su cuenta— es ingenua y no toma en cuenta la profundidad de la crisis mundial del sistema político y económico, considerándola como un obstáculo temporal en el camino al desarrollo sin alternativas del capitalismo. Esto es lo mismo, en la práctica, que las reformas que impulsaba Yeltsin y Gaidar, sólo que ahora la “ley de la jungla” y el reparto de la propiedad está camuflado por la necesidad de superación del atraso tecnológico y por el ingreso al conjunto de países desarrollados.

Por lo tanto, en este caso, la “modernización” será el perfeccionamiento de las reglas y normas de lucha por la riqueza, por los éxitos y los recursos; y será la transición de esta lucha a un nivel nuevo, más intensivo, más acabado y más tecnológico. En el foro económico de San Petersburgo, el 17 de junio 2011, Medvédev comunicó que el Estado se inmiscuirá menos en la economía y que parte de los fondos estatales serán subastados, lo que corresponde a la lógica del neoliberalismo. Si examinamos las acciones reales del poder, vemos que el sistema educativo se va reformando a la manera del sistema del acuerdo de Bologna, el cual enseña a cumplir en lugar de aprender. Junto a esto, en Rusia disminuye rápidamente la cantidad de especialistas altamente capacitados, sin los cuales no es posible el salto tecnológico en ninguna área ni el adecuado funcionamiento de la producción. De hecho todo lo que ahora vemos como producto de la industria rusa actual —desde el sector de defensa hasta las altas tecnologías— existe gracias a la herencia soviética y a la reserva histórica de resistencia; reserva que en breve se agotará.

Las bases del capital intelectual también están socavadas. El conocido director ruso Nikita Mijalkov ha propuesto llenar el vacío de ideas con el Manifiesto del conservadurismo iluminado, el cual ha sido ampliamente discutido y ha recibido una dura y masiva crítica en vistas de que la cosmovisión de su programa es una  alternativa a la “Estrategia 2012”.  No sobreestimaremos el significado del Manifiesto de Mijalkov, sin embargo es necesario que desenmascaremos y descartemos la fe ciega en el proceso de modernización. Aleksander Duguin, profesor de la Universidad Estatal de Moscú, también ha propuesto un modelo político para Rusia, el cual se basa en un balance conservador. Las consignas de ese programa son: el equilibrio, el balance, la ciclicidad, la estabilidad. Un segundo conjunto de ideas propuestas, en la misma línea; sobre la vida, la ecología, la energía, el etnos, la cultura. Un tercero: el espíritu, la fe, la religión, el rito, lo sagrado. El cuarto: la justicia, la humanidad, la solidaridad, la bondad, la moral, la verdad pero no el derecho.

Se puede decir que Rusia necesita su propia modernización, una revolución y una modernización rusas, una revolución conservadora. Ésta nos reforzará técnicamente, afirmará nuestra identidad y favorecerá la creación del mundo pluripolar.

En cuanto a Medvédev (y un grupo de liberales), no se debe esperar de él ninguna movilización seria. Sus ideas son destructivas y estúpidas, si se las llevara a la práctica conducirían a una catástrofe.  En gran medida, el que detiene la destrucción definitiva del país es el sabotaje popular al curso de la modernización; hay que tomar en cuenta que luego del acceso al poder por parte de Medvédev, la sociedad rusa comenzó a globalizarse más y más y la atomización de la autoconciencia, en el sentido de su modernización-occidentalización, comenzó a acelerarse. Más que eso, la victoria de Medvédev significará la victoria  del liberalismo, por lo cual él se verá en deuda y libre para actuar de esa manera. En nombre del modelo de futuro propuesto por el Instituto de desarrollo moderno, Medvédev podrá dar los pasos decisivos que hoy evidentemente no está en condiciones de dar. Significarán el debilitamiento del estado, la prosecución de la democratización de la sociedad, el acercamiento a los EE.UU. y el posible ingreso a la OTAN, el desmontaje del sistema nacional de defensa (por ausencia de enemigo), la inclusión de Rusia en los procesos globales, el rechazo a la conservación de la identidad nacional, la propagación de la cultura cosmopolita, la implantación de estándares educativos de modelo occidental, la crítica de la “idiosincrasia rusa” y del “conservadurismo”.

El anuncio la creación de la Unión Euroasiática, que Putin hizo en octubre de 2011 dio un nuevo vector de la política exterior de Rusia, que defendía los euroasiáticos (El grupo del profesor Alexander Dugin de Movimiento EURAZIA colaboró en este texto oficial) . Esto ha dotado de legitimidad a Putin en su perfil de líder mundial y contribuyó a su reelección para un nuevo mandato en marzo de 2012. El proyecto de la Unión de Eurasia fue criticado de inmediato por los liberales, los EE.UU. y la UE, cuando vieron una amenaza a su hegemonía (recuerda la tesis de Mackinder o Brzezinski de Heartland-Rusia).

La crisis en Siria también se ha interpretado como un intento de atacar a los intereses de Rusia, se evidencia con la posición de los países Occidentales, un intento de promoción del neoliberalismo agresivo en Eurasia. La posición desde el principio de Moscú, ha mostrado comprensión de los imperativos geopolíticos que se procuraban en torno al conflicto en Siria, una acertada lectura desde el Kremlin en no permitir que se repita el mismo formato que Occidente usó en Libia.

Así, el péndulo se ha movido en la dirección de los conservadores. En un contexto al que hay que sumar una serie de cambios de personal en el gobierno ruso, en especial por Vladislav Surkov, que durante mucho tiempo fue el cardenal gris de la política rusa y representó los intereses de los liberales transnacionales.
Sin embargo, todavía hay tiempo. Y aunque ahora no veamos alternativa en el horizonte, ésta puede aparecer de improviso.

La historia enseña que en los peores tiempos Rusia tuvo gente que se sacrificó para salvar la patria. Y nadie morirá para defender las ideas del liberalismo, o por dinero, ya que la voluntad de sacrificio se basa en valores más altos. Además de las fuerzas y deseos de muchos por construir el futuro de Rusia, en nosotros hay fe: la fe que contra la lógica y los cálculos racionales que siempre han ayudado a los rusos a salir vencedores de las circunstancias.  Pienso que a pesar de toda esa crítica occidental acerca de la irracionalidad rusa, esto es un signo positivo en vez de negativo. Lo ha dicho, de la  mejor manera, el poeta ruso Fedor Tiutchev: “No se puede entender a Rusia con la mente, no se la puede medir con el rasero común, lo único que hay es creer en Rusia”.

Leonid Savin – Moscú – Rusia – Experto del STRATEGIC-CULTURE.ORG Editor en EVRAZIA.RU – Editor Jefe en GEOPOLITICA.RU

Fuente: Equilibrium Global

Claves estratégicas sobre política interna y eterna de Rusia (I)

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