Progresismo contra socialismo

JOSE ALSINA CALVES

por José Alsina Calvés – TdE – La enorme contestación social que se está produciendo en Francia contra la ley que autoriza el matrimonio homosexual y la adopción por parte de parejas del mismo sexo es un tema que mueve a la reflexión.

La primera constatación es que la sociedad francesa es una sociedad más sana que la española, y que no ha perdido su capacidad de reacción. Ante cualquier agresión a la justicia social o a certezas antropológicas básicas, como el caso que nos ocupa, los franceses no se resignan, y son capaces de salir a la calle y a revolverse contra el poder. Seguramente el amplio consenso de los franceses en torno a valores patrióticos y republicanos tiene que ver con esta vertebración de la sociedad francesa, que contrasta con la atomización, la división y la desorientación de nuestra pobre España.

¿Por qué tantos franceses se oponen al matrimonio homosexual? No es por motivaciones religiosas: Francia es una sociedad laica (aunque el catolicismo francés es más potente que el español); tampoco es por mojigatería, los franceses siempre han sido tolerantes en cuestiones sexuales. No tiene nada que ver con la libertad sexual de las personas ni con la no discriminación de los homosexuales.

Seguramente muchos franceses se dan cuenta de una cuestión antropológica básica: bajo las muchas formas que la familia y el matrimonio toman en distintas sociedades, siempre están ligados a la reproducción y a la cría y cuidado de los hijos. Por más que se empeñen la pareja homosexual no puede reproducirse (¿será que la naturaleza es fascista?), y por tanto es una aberración llamarle a “eso” matrimonio. Lo cual no significa que no pueda legalizarse, pero no equipararse al matrimonio. Recordemos que discriminación es tratar diferente lo que es igual, pero también tratar igual lo que es diferente.

Viene la segunda cuestión, la adopción de niños. La aberrante mentalidad “gai” (que conste que muchos homosexuales no son gais) pretende así conseguir una patética caricatura de familia. Olvidan un pequeño detalle: los derechos de los niños. Un niño adoptado tiene derecho a tener padre y madre, figuras masculina y femenina, y no tiene por qué renunciar a ello para curar los complejos a nadie.

Y ahora la tercera cuestión ¿por qué el gobierno socialdemócrata de Hollande tiene tanto empeño en esta tirar adelante esta ley? Ante su incapacidad, ante su impotencia y sumisión a las fuerzas económicas, a los bancos, al FMI y a los dictados del Banco Central Europeo, tiene una desesperada necesidad de algo que le “diferencie” de la derecha. Todas las políticas socialdemócratas acaban igual: como no pueden hacer política socialista, optan por el “progresismo”. Igual que Zapatero en España. La ventaja es que las políticas “progresistas” (aborto, matrimonio homosexual) no molestan a los poderes económicos ni ponen en peligro al capitalismo, más bien al contrario.

El auténtico socialismo es defender a los trabajadores y a las clases medias frente al mundialismo y a la globalización neoliberal, no contentar a minorías ruidosas y extravagantes.

El “progresismo” es un sucedáneo. El “progresismo” va en contra del auténtico socialismo.

Fuente: Tribuna de Europa

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