Chipre o el mayor golpe de Estado

EDUARDO ARROYO

La “troika” ha impuesto a Chipre condiciones radicales para seguir en el euro. Antes de Chipre fueron Portugal, Italia y España. De hecho, en nuestro país la política económica que sacude a millones de hogares no es dictada en absoluto por el gobierno de Madrid, como pretenden los estúpidos nacionalistas periféricos.

Madrid a lo sumo puede capear algo el temporal y marcar -solo en parte- los tiempos, pero el recorte del déficit autonómico, por ejemplo, viene impuesto desde Bruselas. Creer, como hace Artur Mas o la lamentable Mintegui, que les iba a ir mejor en Europa como Estado “independiente” es no entender absolutamente nada o bien dejarse guiar por la ceguera del odio a lo español. Pero a efectos del debate de ideas estos personajillos ni siquiera cuentan.

Lo que importa es que toda una receta económica se impone a todos los pueblos que forman la llamada “Unión Europea”. Erróneamente -y también estúpidamente-, se atribuye a Alemania la imposición de “recortes” y otras condiciones económicas, lo cual la izquierda aprovecha para imputar a la liberal Angela Merkel el origen de las desgracias que padece la clase trabajadora. Esto constituye una falsedad de calado porque como han demostrado los “economistas aterrados” -izquierdistas confesos- en su “España intervenida”, la propia Alemania está ya padeciendo los efectos de la “austeridad” y del “Pacto de Estabilidad y Crecimiento”. Entonces, cabe preguntarse, ¿qué demonios está sucediendo? Para comprenderlo hay que dejar claro algunas ideas.

Primero, no existe aquí la imposición de unas políticas nacionales sobre otras. Se trata en realidad de ideas cosmopolitas que se imponen a pesar de los países. En realidad, lo único que estamos presenciando es la puesta en escena de una política global, pensada por élites financieras, que afecta a los países de diferente modo a corto plazo pero del mismo modo a medio y largo plazo.

En el mejor de los casos, no es “Alemania” sino los conglomerados de poder financiero que se hallan en aquél país.

En segundo lugar, las medidas adoptadas por la “troika” -“austeridad” a sangre y fuego, recorte del déficit por encima de todo, “reformas estructurales”, etc- se venden como si fueran medidas incontestables de la “ciencia económica”, frente a las cuales cualquier alternativa solo puede significar desconocimiento. Esto es otra falsedad. La economía es una mera técnica de funcionamiento de las cosas y, naturalmente, puede plantear alternativas. No es una “ciencia” mediante la cual se descubren leyes del mundo externas a nosotros. La pomposa “ciencia económica” no existe.

De este supuesto se deriva que las medias teóricamente inevitables no son en realidad más que imposiciones ideológicas. Así, es ideológico el “Pacto de Estabilidad”, es ideológico el funcionamiento del Banco Central Europeo y, lo que es más importante, es ideológica la creencia de que solo cabe financiarse en los mercados los cuales, dicho sea de paso, funcionan mejor cuanto menos regulados estén. El colmo de la estafa es pretender que la mera crítica a este conjunto de ideas dogmáticas es sospechoso de querer restringir las libertades.

Este segundo punto enlaza con el tercero: se está produciendo una progresiva pérdida de libertad en forma de pérdida de soberanía nacional. Cada euro que la “troika” se compromete a aportar para salvar situaciones de crisis tiene la contraprestación de recortar más y más la libertad nacional y, especialmente, la pérdida de derechos sociales de los ciudadanos.

Al final las medidas se imponen a modo de chantaje con la complicidad de una clase política débil y corrompida. Se aduce que es precisamente esta soberanía económica nacional quién ha conducido a los países a la actual situación en la que ni siquiera son capaces de financiarse, pero las medidas adoptadas no demuestran ser mejores. En el caso español, mayor austeridad y mayores recortes no han producido menos déficit y más creación de empleo sino más déficit y más paro.

El ajuste es la enfermedad, no la medicina. Pero las preguntas surgen por doquier: ¿cómo se ha decidido que es la “troika”, y no los gobiernos nacionales, quienes verdaderamente mandan? ¿por qué merece la pena mantenerse a sangre y fuego dentro del euro? Al fin y al cabo dentro del euro no parece irnos nada bien y, según el informe del Banco de España, 2013 dejará España con un 27% de paro pese a todos los sacrificios. ¿Podemos empeorar?

Otros ejemplos abundan en la misma línea argumental: Portugal, país servil donde los haya para con todas las iniciativas salidas de Bruselas, Frankfurt o del FMI, etc, sigue exactamente donde estaba o incluso peor: los portugueses abandonan a millares su país convencidos de que no hay futuro y los suicidios se disparan. Italia hace sus “sacrificios” y la prima de riesgo vuelve a encarecer su financiación cada vez que las agencias lanzan por sus teletipos cualquier noticia medianamente inquietante o cuando una “Agencia de Calificación”, por no se sabe qué medios, decide bajar un solo peldaño su “rating”. Encima, cuando la crisis chipriota parece estar encauzada -naturalmente, no para los chipriotas- Eslovenia amenaza con ser el próximo en la “fiesta”.

Muchos nos preguntamos: ¿es que tantos países cometieron los mismos errores a la vez? Entonces, ¿por qué las mismas recetas no dan en todas partes el resultado apetecido?

Es hora de dejarse de cuentos. Las recetas liberales solo han servido para que el mercado sin restricciones proporcionara beneficios fabulosos a personas que ya eran inmensamente ricas. Pero esto no es lo peor porque al normalizar la idea de que todo capital es potencialmente capital financiero -es decir, al hacer que todo capital, hasta una pensión de viudedad, deba estar invertido en fondos de alto riesgo o similares- todos nos hemos convertido en accionistas de este nuevo sistema que nos arruina. Véase si no el caso de las “preferentes” en España.

Por todo ello, el sistema económico en vigor debe ser radicalmente sustituido y repensado de manera que se prime la economía real, que produce bienes y servicios concretos, frente a la economía financiera. Es esta idea la que nos hace vivir al albur de los mercados y en nombre de la cual se priva al BCE de su responsabilidad como entidad financiadora del crecimiento de toda la Unión. Esto no es una idea más sino un cambio radical de filosofía económica sin la cual no tienen sentido las medidas concretas que quieran tomarse. El miedo a afrontar este cambio debe contrapesarse con el sombrío panorama que nos aguarda si persistimos en la misma línea que hasta ahora.

Por lo pronto, es necesario dejar claro que la filosofía imperante, la que nos está crucificando en nombre de la libertad, ha llegado para quedarse y ha llegado subrepticiamente, impuesta al margen del debate político, ideológico y mediático. A causa de su alcance constituye quizás el mayor golpe de Estado que vieran las siglos porque gobierna a millones de personas desde Canadá hasta Australia.

Fuente: El Semanal Digital

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