Supremacismo sionista Vs. Supremacismo neo-mesiánico: de las guerras hacia afianzar la Supremacía, a las guerras hacia La Guerra de Hiper-destrucción (II)

TAMER SARKIS FERNANDEZ

Serie: Neo-mesianismo presbiteriano y judeo-supremacista tras el asesino puñal “Israel” (II Parte).

por Tamer Sarkis Fernández – Supremacismo sionista Vs. Supremacismo neo-mesiánico: de las guerras hacia afianzar la Supremacía, a las guerras hacia La Guerra de Hiper-destrucción

Desde por lo menos finales de los ochenta, el sionismo “clásico” profano ha venido siendo parcialmente desplazado en Israel por esto que podríamos calificar (parafraseando la tipología del gran sociólogo y geopolítico Norberto Ceresole) un neo-mesianismo agarrado fuertemente al Libro de los Profetas dentro del Pentateuco. Por supuesto, el sionismo hubo ejercido de Idea-fuerza nuclear en lo que se refirió a la creación del Estado de Israel, siendo a la vez “Código de lectura” tanto para la auto-interpretación israelí como para proyectar con éxito su auto-representación hacia el imaginario sociológico mundial.
Sin embargo, este “secularismo” sionista ha ido cediendo espacios políticos a un “nuevo” marco netamente religioso (un “revival”) cuyo epicentro alude a la necesidad de mantener comportamientos legislativos, diplomáticos, decisorios y militares concordes a un Plan Divino de señas apocalípticas y revelado a través de Profecías.
Mientras el sionismo toma la cuestión del Eretz Israel (“promesa geográfica” del Nilo al Éufrates) en términos de “Derecho del Pueblo Elegido a la Supremacía territorial, nacional y política” -”Derecho” que va a dirimirse desde el Mundo y va a resolverse en el Mundo actual-, en cambio el neo-mesianismo apocalíptico toma -o maneja- el ideal de Eretz Israel a modo de corolario post-mundano (Paraíso Terrenal judaico) cuyo afianzamiento definitivo es, en última instancia, trans-mundano: Voluntad yahvítica afirmada tras una insorteable sucesión de episodios intermedios devastadores.

Se comprenderá el hondo viraje que el neo-mesianismo implica en cuanto a la comprensión de la naturaleza del objetivo supremacista:
Para un sionista, este objetivo posee en cualquier caso naturaleza política, y no necesariamente alberga elementos religiosos entremezclados (piénsese por ejemplo en el sionismo socialdemócrata ateo). Israel revive su Mítica y fabulada “epopeya nacional” antigua y hegemoniza el Oriente Árabe al tiempo que se apodera de “su Espacio Vital”, independientemente de la tardanza de juicios finales por llegar y de trompetas por sonar (si es que el sionista en cuestión cree en ello…). Así pues, en esta narrativa la historia es hecha en lo esencial por “el grupo humano”, quien materializa su objetivo Supremacista de la mano de sus propias ofensivas, de sus “jugadas” y de sus tácticas adecuadas a la finalidad de hegemonía.
Por contra, desde el prisma del neo-mesianismo la historia es ejecutada por “el grupo humano”, quien la lleva “hacia su puerto” en la medida en que “el Pueblo de Dios” se pliegue a protagonizar la consumación de una serie de Mandatos, directrices y sucesos necesarios, accesibles al kabalista o legibles como “profecías”; el cuerpo social es aquí agente de la “divina fatalidad”.

Debe verse, pues, el sentido de esta transición de paradigmas: del concepto sionista laico del “Gran Israel” como “conquista nacional” intra-mundana que ha de servir de notable punto de anclaje al sometimiento de la especie humana por los “Hijos de Sión”, va transitándose hacia una consideración también intra-mundana pero tan sólo a lo que se refiere estrictamente a cumplir activamente con la producción de los pasos históricos que invocan la resolución ultra-mundana de “la Historia”.

Por tanto, así es como deben leerse los rumbos bélicos dados y las políticas emprendidas por el neo-mesianismo supremacista: como la conjunción, paso a paso, en el caldero, de los elementos indispensables a un Rito de invocación. El sionismo clásico atacaba o no atacaba guiado por su propia Racionalidad calculística de labrar el Eretz Israel a base de operativos fructuosos en términos político-militares. El neo-mesianismo es, por el contrario, radicalmente irracional tomado desde la Racionalidad calculística: su belicismo se proyecta en aras de portar el Apocalipsis; Tiempo que precede en las escrituras a la confirmación ad infinitum de su Nuevo Orden terráqueo por la voluntad de su dios Jehová.
¿Ganar o perder la guerra de devastación que arrastre consigo a las Potencias y al Mundo?: esta dicotomía se disuelve en un sinsentido al calor de la ideología neo-mesiánica, pues como pregunta es incorrecta en sí misma. Para el neo-mesiánico, la única derrota sería que no llegase la guerra. El neo-mesiánico está convencido de cuanto “anuncian” sus escrituras: “las grandes guerras del Armaghedon”, en última instancia, no las gana nadie mundanamente. Pero, en medio de esa atroz pulverización colectiva, Israel emerge ganador cuando Jehová resucita a los muertos y, convertido en Juez, da a cada revivido un Destino terrestre distinto y jerarquizado en función de su condición de Elegido o goim (Gentil):
A la ingente mayoría de goim (no judíos) les espera el eterno olvido, mientras un escaso número -los precisos- es resucitado a fin de que sirvan al “Pueblo de Dios” en su “Recompensa Final” por haberle honrado, guerreado por él, haberle sido fiel y haber obedecido su Ley (“Amarás a tu Pueblo como a ti mismo” rezan las Tablas mosaicas; y no “a tu Prójimo”, al que emplearás en pro de rendir culto y cultivo a ese mandamiento de amor conciso al propio Pueblo).

Conducción pautada de los “corderos de Dios” hacia el Sacrificio a manos de los pastores neo-mesiánicos

Es desde este prisma que hay que comprender la aparente y reprochada “irreflexividad” o “aventurerismo” por parte de la camarilla neo-mesiánica gubernamental israelí y de sus sucesivos líderes: ellos, y quienes están detrás de ellos, obran consagrados a la Fe de que todos pierden, y así debe ser; no hay más victorioso que Yahvé (y, con él, sus electi).
Sin ir más lejos, el mesianismo judaico antiguo ya recalca que la mismísima tierra de Canaan (hoy ocupada por el Estado de Israel) debe ser destruida en tránsito hacia el “desenlace judicial” (por así llamarlo). Lo cierto es que el sionismo ha ido concentrando en la tierra de Palestina, que fuera Canaan tiempo ha, a una vasta porción de los judíos del Mundo. ¿Importa esta contradicción a la perspectiva neo-mesiánica?: ¡al contrario, pues su perspectiva es justamente la del hilo de continuidad que en dicha Profecía enlaza el sacrificio colectivo con la resurrección postrera!. Por decirlo escuetamente, a ojos de la meta-ideología neo-mesiánica judaica:

(1º) el Pueblo Elegido debe ser congregado en aquello que llaman “Tierra Santa” (el mítico reino de Israel bíblico compuesto de Palestina y de un pedazo del Líbano meridional con Sidón, Biblos, Tiro…) y residir en ella rigiéndola, mandato que el sionismo histórico ya ha ido culminando;

(2º) ese “Pueblo Elegido” debe ser su único habitante en lo fundamental, mandato que va ejecutándose a base de expulsiones, robo de terrenos y viviendas, carnicerías y todo lo que rodea al ininterrumpido “Éxodo palestino”;

(3º) el “Pueblo Elegido” debe lograr la hegemonía política, no necesariamente directa, sobre la Tierra de promisión abrahámica según Libro del Génesis en la Torah (Eretz Israel con el Nilo a poniente, el Éufrates a oriente, lindando al norte con el país de Hatti y extendiéndose al sur rebasando el Neguev y hasta bien entrar en territorio saudí). Este mandato pre-Apocalíptico y en pro del Apocalipsis va siendo implementado en lo ancho de tal perímetro, a base de ingeniería social (Egipto, Yemen…), ingeniería política (Arabia Saudí, Qatar, Jordania…) e invasiones militares o para-militares cuando es preciso (Líbano, Irak, Siria…).

(4º) Según se dejó escrito, en el curso de esta proyección impositiva (punto 3º), las contradicciones regionales se agudizan hasta el extremo de desatar tremendas respuestas que involucran la destrucción de Israel (y, por ejemplo, de Damasco ya al fin de la primera guerra). Esta aniquilación de muchos de los propios judíos es vista a la luz del delirio neo-mesiánico, como un colosal Holocausto con que el curso histórico sella el Pacto de la Alianza y le rinde pleitesía.
En este sentido, recuérdese que la voz “Holocausto” (literalmente “quemarlo todo” o “cremación total”) es la voz helénica con que los griegos -y luego los judíos helenizados estudiosos del pasado hebreo- habían dado en designar una remota práctica tribal hebrea de dilapidación, quizás de raíz o inspiración cananea (Moloch). Incinerando en sacrificio (sacer facere: “producir lo sagrado”) a numerosas cabezas de ganado y hasta rebaños completos, esos hebreos se re-afirmaban en lo Sagrado y se conciliaban con lo Sagrado. En sus inicios, esta ceremonia había consistido también en sacrificio de miembros tribales, pero se duda de su mantenimiento en el tiempo.

A tenor de todo lo expuesto, se comprenderá, en fin, por qué Norberto Ceresole da en adjetivar el neo-mesianismo judeo-testamentario como “hiperdestructor”.

De nuevo sionismo profano Vs. Neo-mesianismo: algo más sobre “el affaire Rabin”

Tenemos, de un lado, el sionismo secular, donde el “sustento” a la ocupación de Palestina se circunscribe a un conjunto de ideologías modernas: darwinismo social, lucha por el territorio de asentamiento, adaptacionismo, Formalismo Económico alusivo a la contradicción entre “recursos relativamente escasos y limitados” para una demografía global superior con necesidades ilimitadas, “etnocentrismo” occidentalista típicamente colonial clásico, superioridad de judío caucásico “blanco” sobre el “salvaje árabe”, evolucionismo y tránsito hacia las “sociedades estatales o complejas”, nacionalismo y todo el hegelianismo referente a la “auto-objetivación estatal” de “lo nacional” como Estadio supremo de la Historia (“sociedad civil”), etc.

Por contra, a ojos del neo-mesianismo es Dios-Pastor quien promete una tierra a su rebaño, e, igual que hubo conducido a Abraham hacia la tierra de que le había hablado y ordenado llegar (Génesis) -o a los judíos desde la “evasión” de Egipto a Canaan por medio de Moisés y sus “milagrosos poderes”-, ese Pastor supremo conduce a los judíos a través de la historia hasta la recepción final de su Regalo, siempre y cuando estos le profesen rectitud de respeto a la Alianza.

O sea: para el neo-mesianismo teológico, la consecución definitiva y estable de la tierra es un don, que sólo a Jehová corresponde, y que se revelará “cuando toque”, pero con objeto de llegar a ese punto Israel tiene que ir incorporando tendencialmente a sí “la totalidad de Tierra Santa”, para ir a su vez poblándola y judaizándola como requisito previo a La Concesión. Y ningún gobernante ni político de Israel tiene el derecho a devolver tierras, ceder ni prescindir de tierras que ya han sido previamente ganadas en el curso de este itinerario, puesto que la judaización geográfica y política, si se ha ampliado, es por voluntad de Dios.

Solamente desde esta clave diferenciadora puede comprenderse aquello que la prensa servil al sionismo no dudó en llamar pomposamente “el Magnicio de Rabin”; es decir, el atentado mortal que a finales de 1995 sufrió ese viejo cerdo carnicero, ordenador de romper los huesos de las manos a los niños de la intifada palestina. Y es que el sionista Isaac Rabin llevaba años adentrado en negociaciones con “la autoridad” palestina por la remodelación y retirada de varios asentamientos judíos en Cisjordania, así como por modificar tanto el status como la gestión de los llamados “territorios ocupados”.
Desde la óptica del sionismo no hay prohibición a procesos como ése, ya que las negociaciones son, en definitiva, tácticas en coherencia con una estrategia de mayor rango. Pueden significar dar pasos atrás para coger fuelle que propulse a dar más largos y firmes pasos hacia delante. El sionismo trata de realizar sus objetivos en atención a los principios tácticos básicos de retirada, oportunidad, redoble ofensivo, acuerdo, etc., en tanto que se trata de una ideología moderna racional-pragmática: el camino más corto puede ser peor, e incluso desviar desastrosamente al artífice.
Sin embargo, para el neo-mesianismo creciente en mitad de aquella coyuntura -nacido de una alianza entre rabinos supremacistas y políticos conservadores seculares en consonancia con el mosaico parlamentario de la llamada “derecha religiosa”-, los “gestos” de Rabin a la OLP eran inadmisibles, pues comprometían parte de lo previamente adquirido y por ende irretornable.
Los ángeles de la muerte de Rabin recurrieron a un joven fanático probablemente formateado por años de infancia y juventud en una de las numerosas escuelas talmúdicas que en Israel intoxican “desde la base”. Pusieron en su mano la pistola, mientras el supremacismo rabínico sermoneaba a viva voz y por escrito sobre el pasaje torahico en que los israelitas habían pedido a Yahvé-Pastor un Rey equiparable al de las naciones políticas existentes, y su dios les había respondido que lo tendrían siempre y cuando el Rey mismo se sometiera a la “Ley de Dios”, habiendo de ser, cualquier falta, sancionada con castigo colectivo a todas las ovejas de Jehová.

Pero no se piense que los mayores “autores políticos” del que fuera llorado “Magnicidio” por tantos plañideros periodísticos sionistas, eran autores sitos precisamente en Israel; residían y residen, más bien, al otro lado del mar, y algunos entre ellos ni siquiera son judíos, sino que pertenecen al mesianismo sionista dentro de la complejidad que compone al presbiterianismo calvinista. Estos están aliados con los neo-mesiánicos judaicos hegemonistas de dentro y fuera de Israel. Hablo, en lo que ahora sigue, de estos paladines WASP de la “New America” poniendo así fin a este artículo.

Fuente: Diario Octubre

Parte I: «Neo-mesianismo supremacista en Israel y en USA: apuntando a fabricar las Profecías testamentarias de Apocalipsis y Juicio»

Parte III: «Posfacio: Un poco en torno al salvacionismo puritano USA y a su “Nueva Alianza”»

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