Evola en el tercer milenio

por Carlo Terracciano (Escrito en el verano de 2005, con motivo del 60 aniversario de la victoria aliada de 1945)

“Hacer bien visibles los valores de la verdad, de la realidad y de la Tradición a quien, hoy, no quiere “esto” y confusamente busca “lo otro” significa contribuir a que no en todos prevalezca la gran tentación, allí donde la materia parece ser ya más fuerte que el espíritu”.

“En todo caso sólo podría salvar a occidente un retorno al espíritu tradicional, en una nueva consciencia unitaria europea…Esta es la verdadera cuestión”.

Julius Evola, Rebelión  contra el mundo moderno.

 

Tiempo de aniversarios, tiempo de conmemoraciones.

Pero entonces también tiempo de consultas y de propósitos para este tercer milenio d.C. ya comenzado con la guerra y con la sangre, entre invasiones, torturas y atentados que anuncian choques epocales de pueblos y continentes.

El 11 de Junio de 1974 Julius Evola, presagiando el fin inminente, hizo que le llevaran de la cama a su escritorio; aquel escritorio que durante años se había convertido en su trinchera, la línea del frente, desde que quedara paralizado en Viena en 1945, resurgiendo de los escombros de los bombardeos aliados.

30 años han pasado y los invasores de entonces están todavía en acción: en Afganistán, en Irak, en Oriente Medio, en toda Eurasia y por todo el planeta.

En este Junio tiene lugar también el aniversario del desembarco de Normandía, el sesenta aniversario, así como el de la ocupación de Roma por parte de los angloamericanos, fechas celebradas por los vencedores y por los gobiernos colaboracionistas.

Entonces fue toda Europa la que perdió, también esos franceses e ingleses que hoy “festejan la liberación”. La guerra civil europea además de millones y millones de muertos, de  la destrucción material, de la pérdida de los imperios coloniales y de la centralidad de Europa en la política mundial, ha determinado la ocupación permanente del continente, ¡que se perpetúa desde hace más de medio siglo!

Y con el derrumbamiento de la URSS y la victoria estadounidense en la Tercera Guerra Mundial, la llamada “guerra fría”, hoy es la misma Rusia la que se ve amenazada en sus fronteras y en su misma integridad territorial, después de haber perdido el imperio.

Los “liberadores” se han quedado, ya no se han ido, han implantado sus bases militares en los países europeos, los partidos colaboracionistas del ocupante en los parlamentos nacionales y en el de la Unión Europea.

Más bien, pese al fin de la división europea de Yalta y la disolución del Pacto de Varsovia, la OTAN no sólo no se ha disuelto a su vez, sino que ha extendido su presencia al este y hasta las repúblicas bálticas de la ex-URSS.

11 de Junio-11 de Septiembre.

Dentro de tres meses, otra repetición, otras celebraciones.

El ataque a los símbolos económicos y  militares del imperialismo americano, con independencia de cómo se hayan llevado a cabo verdaderamente los hechos y de lo que haya sucedido entre bastidores, ha representado para la administración Bush el pretexto para atacar impunemente países inermes, con la sustancial indiferencia del mundo entero, cuando no incluso haciendo fila ante el vencedor en el papel de mercenarios serviles y sobre la base de cálculos tan cínicos como errados. El caso italiano es emblemático al respecto.

Pero en este 2004 también tiene lugar una ulterior repetición, ligada esta a la figura del gran pensador de la Tradición.

Han pasado 70 años exactos desde la publicación de su obra fundamental, la suma de su pensamiento sobre el  “mundo de la Tradición” y el “mundo moderno”: precisamente “REBELIÓN CONTRA EL MUNDO MODERNO”.

Un texto que ha tenido numerosas reediciones y muchas vidas: en el sentido de que varias generaciones de lectores lo han descubierto y redescubierto, en los años treinta, en los años cincuenta y después del tristemente célebre  68.

Y todavía hoy, en los albores del nuevo milenio, ante los trágicos acontecimientos de nuestros días redescubrimos en él por enésima vez toda su validez y actualidad a la hora de dar un sentido a los acontecimientos, una respuesta y una guía también política ante el aparente triunfo del Mundialismo, de la globalización, del capitalismo, del imperialismo americano, del sionismo.

Y no sólo.

Porque “Rebelión…” no es un libro de ayer o de hoy, sino de siempre, al menos en los aspectos tradicionales y sapienciales, en su morfología de la historia, en el análisis de las Civilizaciones, en la visión metafísica de conjunto.

En este sentido la visión tradicional en la interpretación de Evola representa un “Mito capacitante”, es decir, una Realidad superior “capaz” de indicar a cada uno (al menos a quienes ya tienen dentro de sí mismos las cualidades requeridas) las vías de realización tanto personal como política.

Para algunos este libro representó algo mucho más profundo y duradero que una ocasional lectura, aun siendo erudita y veraz.

Fue para muchos, hablando al respecto, un momento catártico, un cambio total de perspectivas, un acontecimiento destinado a marcar las elecciones de toda una vida.

Mientras uno lo leía se abrían horizontes inexplorados, iluminados por la luz de un mediodía inmóvil y sin tiempo. Un auténtico “fulgor”.

Y te decías a ti mismo: “He aquí: esto es lo que siempre he sentido, lo que ya estaba dentro de mí, aunque hasta ahora no tenía una percepción de ello tan clara, neta, esencial. Yo SOY esto, pertenezco a esta Visión, en ella me reconozco y me conozco nuevamente”.

El destino queda marcado.

Quien ha recibido a fondo la lección que Evola expresa en “Rebelión…” y en todos los demás escritos del Maestro de la Tradición, aplicará intuitivamente sus enseñanzas a la realidad en que se encuentra viviendo y actuando. El pensamiento evoliano es como una brújula que permite mantener la ruta en la tempestad más furiosa como también  en los momentos de calma.

Ciertamente desde los tiempos en que apareció Rebelión contra el mundo moderno, los escenarios han cambiado completamente. El “mundo moderno” de hoy parece que esté no a 70 años de distancia sino a 70 siglos de aquel en el que vivió y operó Evola; un hombre, no hay que olvidarlo nunca, que además de la actividad intelectual supo proceder de modo práctico tanto a niveles superiores de Conocimiento como en la política de su propio tiempo.

Y sin embargo, su análisis sigue siendo verdaderamente actual: más que nunca.

Porque Evola, intérprete de una visión cíclica de la historia que caracteriza a todas las civilizaciones tradicionales, de todo tiempo y lugar, conocía las líneas de tendencia general involutiva de esta última fase del ciclo occidental.

Si, por ejemplo, las páginas dedicadas al comunismo marxista, a la URSS, al internacionalismo proletario, han sido superadas por los acontecimientos del final del siglo XX, las mismas, por el contrario, se pueden adaptar perfectamente a la globalización contemporánea, al proyecto mundialista en los campos más dispares; y, sobre todo, a América, al american way of life, al cual Evola ya había reservado palabras de fuego.

Se trata por tanto solamente (por decirlo de algún modo…) de “actualizar”, de reestablecer en estos, nuestros años tumultuosos, lo que Evola nos ha enseñado desde hace 70 o 30 años más o menos.

Es todo lo que hemos intentado hacer, por ejemplo, en las páginas de Rebelión contra el mundialismo moderno, que ya en el título quiere expresar no sólo un homenaje al “Barón mágico” , sino que tiene la finalidad consciente y voluntaria de seguir sus enseñanzas políticas como única respuesta posible a los desafíos de este nuevo siglo y milenio.

Con mayor razón, ahora que tenemos ante nuestros ojos una nueva prueba de lo proféticas que fueron aquellas páginas sobre el mundo moderno y sus últimos destellos.

Ciertamente cada uno tiene su propia opción personal. Sus propios intereses y su propia idiosincrasia.

Cuántos evolianos o “evolamaníacos” han justificado su falta de compromiso, el retirarse del mundo, en nombre de un fatalismo involutivo de fin de ciclo, que es exactamente lo contrario del compromiso impersonal y activo propio de los espíritus guerreros.

Mejor ir a escalar montañas que vivir como… alpinistas de la cotidianeidad.

Otros, por el contrario, han creído que “cabalgaban el tigre” del mundo moderno desatando libremente una instintividad anteriormente  reprimida  que ha acabado por devorarles, precisamente lo que el propio Evola había previsto para la amplísima mayoría de aquellos jóvenes que decían que se reconocían en su pensamiento y que actuaban en su nombre.

Tal y como están las cosas, se puede decir que, desde el punto de vista político, la situación hoy se ha simplificado y ha quedado netamente clara. Los frentes están perfectamente delineados, las fuerzas en el campo están tomando posición. En toda la masa continental euroasiática y africana, pero también en América Latina, hombres, pueblos, gobiernos concretos, instituciones religiosas y sociales, han tomado conciencia de la crisis irrefrenable del mundo moderno, de la caída crecientemente acelerada de todo el planeta hacia la catástrofe final.

Y no sólo por la guerra en curso, primeras escaramuzas de la guerra global que se avecina.

El equilibrio ecológico, la explosión demográfica, la pauperización creciente del Sur del mundo, cuyos efectos están implicando a las masas trabajadoras también del Norte más rico pero con un “crecimiento 0”, un mercado mundial ya sin frenos, la deuda mundial… la lista sin fin de los problemas de una Tierra globalizada son las tantas sirenas de alarma de aquella crisis prevista y descrita por Evola y por otros pensadores con, por lo menos, un siglo de anticipación.

Pero lo que Evola nos ha ofrecido además, con respecto a los otros vates desventurados, es precisamente la REVUELTA contra la crisis del mundo moderno.

La posibilidad, por tanto, de vivir y de actuar EN el devastado mundo contemporáneo, permaneciendo en pie mientras todo se derrumba y se convierte en polvo.

La única “REVUELTA” posible hoy, la verdadera “revolución” no puede ser otra que la que se encuentra en la etimología misma del término: re-volver, un RETORNO A LOS ORÍGINES, vincularse nuevamente a las raíces tradicionales de Eurasia.

Pero en una concepción cíclica como la que Evola ha explicitado, esto es posible únicamente yendo adelante, mirando al futuro y no al pasado, aceptando la realidad, sin escapatorias (por otra parte, imposibles) hacia lo privado, cuando no incluso hacia un vacuo espiritualismo pseudoesotérico o, en la lógica del “cuanto peor, mejor…pues así llegará el final del Ciclo..”

Se encuentra implícita en el pensamiento evoliano, ayer como hoy, la superación de falsas dicotomías  como las de “derecha/izquierda”, fruto envenenado del ideologismo de dos siglos exactos, desde la Revolución Francesa de 1789 al derrumbamiento de la Unión Soviética, 1989-91.

Las ideologías del siglo veinte están muertas y enterradas.

El nostalgismo, tanto el negro como el rojo, NO representa su continuación sino su negación, si no en las formas exteriores ciertamente sí en los contenidos.

Y precisamente por cuanto nostalgismo, es decir, sentimentalismo impotente y castrante: este sí absolutamente incapacitante y utilizado ya como forma de acaparamiento de consensos electorales de un espacio residual y marginal de votantes.

“Antifascismo” y “anticomunismo” con el reciente añadido del “anti-islamismo” son sólo palabras vacías, términos propagandísticos usados todo lo más por los vencedores imperialistas para dominar también mentalmente a los pueblos sometidos de ayer y de hoy.

El campo de acción antimundialista, en cambio, es el del redescubrimiento de los Valores tradicionales, de las grandes Ideas que han movido siempre los destinos de los pueblos, sobre directivas, también geográficas, indicadas por la Geopolítica.

La respuesta a la globalización económico-política del siglo XXI de la Era Vulgar no se encuentra en una contraglobalización que, mientras denuncia justamente sus desmanes, sus errores y sus horrores, se refiere ideológica e idealmente a esos mismos presupuestos dogmáticos.

Debemos apuntar a una visón política e histórica que sea exactamente lo contrario de la Globalización y no una Globalización de signo contrario.

La solución, como en los imperios del pasado creadores de Civilización, reside en una política de alcance continental, en el redescubrimiento de las grandes unidades geopolíticamente homogéneas, autárquicas y armadas; que a nivel local se traduce en un reencontrado solidarismo comunitario y a nivel continental en un retorno a formas imperiales (por tanto, anti-imperialistas) anagógicamente proyectadas hacia una dimensión superior, “Mítica” en el sentido evoliano: de Mito como realidad más auténtica respecto a la manifestación histórica.

Mito fundante y, por tanto, capacitante, para la movilización en la LUCHA DE LIBERACIÓN: nacional, social, cultural.

Si la Tradición ES Revolucionaria, y no puede no serlo, la Revolución ES Tradicional y no puede sino ser tal.

La Tradición debe “transmitir” valores eternos en el discurrir temporal, a no ser que pretenda transformarse en un conservadurismo anti-histórico y anti-tradicional, que apunte solamente a prolongar en el tiempo fórmulas vacías e instituidas sólo de fachada, pero abandonadas por todo espíritu vital.

Esta falsa “tradición/conservación” es la de los cementerios, la de las “tumbas emblanquecidas”, que ocultan carnes putrefactas, huesos calcificados y polvo.

La Revolución debe “retornar al… futuro”, completar el ciclo; nada que conservar sino todo por destruir de lo que son las formas residuales y vacías del pasado, a menos que se busque llegar a una vacía rebeldía subversiva destinada a su vez a calcificarse en nuevas formas político-sociales “modernistas” y por tanto conservadoras del status quo, útiles sólo para dilatar, para retrasar todavía un poco el ineluctable hundimiento del materialismo moderno bajo el peso mismo de su hipertrofia, de su gigantismo.

Después de la fase “atlántica”, americanocéntrica del siglo pasado, el teatro de choque se ha desplazado nuevamente más acá del Atlántico.

Sobre la masa continental euroasiática se jugará la partida final entre el viejo sistema mundial materialista, mercantilista, marítimo y el porvenir bajo el signo del Suelo, la Sangre y el Espíritu.

Geopolítica y Geografía sacra, uniéndose a la lucha de Liberación continental forman un arma potente, invencible dirigida contra el agonizante imperialismo talasocrático.

El cual será derrotado no tanto por las armas materiales como, sobre todo, por su propia incapacidad intrínseca de ser creador de Civilización, después de haber sido destructor de pueblos y países.

Un ciclo se cierra, el del materialismo, el de la cantidad, el del número, el del cientificismo, el del progresismo, el de la concepción lineal-evolucionista de la historia, el del igualitarismo formal que se traduce en la esclavitud sustancial de hombres y pueblos a las órdenes de una élite invertida de poquísimos banqueros y politicastros mundialistas.

Un ciclo nuevo se abre, el del Espíritu, introducido por una “raza primordial”, simiente de una nueva generación. El ciclo bajo el signo de la cualidad, de la jerarquía, del carácter cíclico de la historia, de la armonía entre hombres y tierra, de la equidad social y de la liberación continental.

No hay tradición religiosa y sagrada que no prevea en sus propios textos canónicos el cumplimiento del ciclo con el retorno visible de una Presencia que al final se re-manifiesta activamente en la Historia, para sellarla, cerrar un tiempo y abrir uno Nuevo.

Y no podemos concluir más que con las palabras que Julius Evola puso como sello de su Rebelión contra el mundo moderno, inspirándose en la tradición arya del  Vishnu-purâna:

“Cuando los ritos enseñados por los textos tradicionales y las instituciones de la ley vayan a cesar y el término de la edad oscura se encuentre cerca, una parte del ser divino existente por su propia naturaleza espiritual según el carácter de Brama, que es el principio y el Fin… descenderá sobre la tierra… Sobre la tierra, restablecerá la justicia: y las mentes de aquellos que estén vivos al final de la edad oscura serán despertadas y lograrán una transparencia cristalina.”

Los hombres así  transmutados en virtud de tal época especial constituirán casi una simiente de seres humanos (nuevos) y darán nacimiento a una raza que seguirá las leyes de la edad primordial (krta-yuga).

En el nombre de Evola y con el signo de la Tradición comienza la redención de Eurasia, la lucha de Liberación del continente, de la Tierra de los Ancestros, de todos los pueblos en todo el planeta.

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