La jugada de Occidente para acaparar la revolución contra Al Assad y manejar la «transición» siria: la herramienta de «Al Qaeda».

Otra vez la «Alianza Atlántica» y «Al Qaeda» en el mismo fregado:

Cualquier persona, espectador u oyente medianamente «enterado» de la re­belión o guerra civil desatada en Siria conoce que el Consejo Nacional Sirio no es el úni­co grupo opositor que combate a Basher Al Assad. Pues, para em­pezar, mientras los medios occidentales de difusión de masas, en la práctica, sólo citan a los por­tavoces del Consejo Nacional Sirio (CNS) como represen­tan­tes de los enemigos del régimen de Al Assad (o al Observatorio Sirio de Derechos Humanos para emitir no­ticias desfavorables al régimen), al mismo tiempo la administración Obama y los pro­pios medios vienen «ad­virtiendo» de la presencia de «grupos relacionados con Al Qaeda» entre las filas de los opositores al régimen.

Es cierto que en Siria, en medio del levantamiento contra Al Assad, han venido registrándose atentados contra templos cristianos y santuarios islá­micos (estig­matizados por los puritanos neosalafistas como chiítas -aunque también sirvan como referencia para muchos sunníes), ataques que han ser­vido al régimen para criminalizar como «sectaria» y «terrorista de Al Qaeda» a toda la oposición ar­mada que lo combate. La propaganda del po­der impe­rante en Siria utiliza el mismo pseudosilogismo globalizador que utilizaba Ben Alí, Mubaraq o Gadafi para condenar al conjunto de la oposición: «Al Qaeda está contra mí: luego todos los que están con­tra mí son socios de Al Qaeda».

Es decir, el mismo pseudosilogismo que ha venido lanzando la OTAN cada vez que ha estimado conveniente.

Pero si la propaganda atlantista no ha dejado nunca de emplear esta mis­ma cri­mi­nalización por «asociación enemiga simple»… ¿Acaso estas «adver­ten­cias» de la ad­ministración Obama y los medios de difusión occidentales supo­nen un súbito -y asombro­so- reconocimiento por parte de los propios gobier­nos de EEUU, Gran Bre­taña, Francia y España? ¿Acaso están admi­tiendo que, en esta guerra civil, vuelve la OTAN a ser aliada de Al Qaeda como lo fue en el pasado?

Claro que no.

Ya que, en primer lugar, esto nos lo lanzan como un «aviso» y no llega al nivel de alar­ma histérica empleada otras veces (la última, sin ir más lejos, para justi­ficar el apoyo a la invasión prevista de Mali del Norte: el «Nuevo Afganis­tán» según lo lla­ma el ministro García Margallo).

En segundo lugar, porque, en todo momento, los medios occidentales se re­fieren al Consejo Nacional Sirio y a las acciones del Ejército Libre Sirio como entes muy distintos de los elementos de Al Qae­da. Cuando se avisa de acti­vistas (reales o supuestos) de Al Qaeda, se les representa, poco me­nos, que como «infiltra­dos ex­traños» en las filas de la oposición, a la que -esta vez sí, y a diferencia de otras oca­siones- los gobiernos y «mass media» del «Primer Mundo» conceden generosa­mente el dere­cho a ser plural y la consideración de no ser condenada en bloque por culpa de las acciones y propósitos decla­rados de una de sus partes.

Y en tercer lugar porque la propaganda, cuando se dirige con cierto pre­do­minio hacia un sector, puede utilizar un rasero y el contrario según con­ven­ga, aprove­chando la incoherencia, la desmemoria, los prejuicios o el in­terés de sus recepto­res. Lo hemos visto con las de­nuncias de corrupción o despil­farro: lo que ayer, o allá, servía para atacar al adver­sario (por ejemplo, cons­truir un aeropuerto inútil en Ciudad Real) exactamente lo mismo, hoy, o aquí, no sirve para atacar a los suyos (construir otro aeropuerto igual o aún más inútil, pero en Castellón).

Es lo que tiene el famoso «doble rasero», mucho más escandaloso en la es­fera in­ternacional. Lo que ayer servía a la OTAN (cri­minalizar a las resis­ten­cias de Pales­tina, Afganistán, Iraq o Somalia por el sim­ple hecho de haber­se sumado Al Qaeda al bando anti-ocupante), hoy, justamente la mis­ma situa­ción no sirve para cri­minalizar a la OTAN, condenar la rebelión siria (o ayer la libia) apo­yada por EEUU, Gran Breta­ña, Fran­cia, Arabia Sau­dita o Qatar, o señalar al grupo de «Amigos de Siria» como «pa­tro­cina­dores de terro­ristas».

Qué posición tomar:

Ahora bien, desde el M-20 preguntamos a todos los anti-imperialistas, an­tisionis­tas y anti-sectarios de España o del extranjero:

¿Denunciar el doble rasero de Occidente con respecto a Siria y rechazar un pro­bable ataque otánico sobre su territorio (que es la «segunda posición», la que pide el Consejo Nacional Sirio y quiere Hilary Clinton) es sufi­ciente para considerar al régimen de Al As­sad como paladín de la soberanía y dig­nidad nacional, e incluso pre­sentar­lo como una referencia anti-imperia­lista?

¿Comprobar que, en efecto, Al Qaeda u otros elementos neosalafistas ac­túan en el mismo bando contrario al régimen que la oposición apoyada por la OTAN y las monarquías del Golfo, es motivo para alinearnos con Al Assad?

¿Hacernos eco de la comisión de ataques sectarios en Siria en medio del levanta­miento contra el régimen, admite que pongamos tales atentados en el mismo «sa­co» que las acciones armadas contra las instituciones del ré­gimen?

Porque si así hiciéramos (tomar la «primera posición»: apoyar al régi­men de Al As­sad) caeríamos en la misma dialéctica tramposa utilizada profusa­men­te por sionistas, im­perialistas y otros despotismos árabes para con­denar la re­sistencia palestina, la insurgencia iraquí o las oposiciones inter­nas: como Al Qaeda clama contra los sionistas… «Hamás e Hizbul’lah se alinean junto a Al Qaeda»; como Al Qaeda tam­bién operaba contra los yanquis en Iraq… «la in­surgencia iraquí y Al Qaeda forman el mismo ban­do»; como Al Qaeda se posi­cionaba contra las tiranías árabes… «An Nahda en Túnez, los Hermanos Mu­sulmanes en Egipto o la oposición a Saleh en Yemen son cómplices de Al Qae­da». La misma amalgama estigmatizadora -otra vez sin ir más lejos- que utiliza parte de la clase política española o los medios más afectos al régi­men alum­brado en la «Transi­ción» (y, cómo no, elementos de la extrema de­recha) para estig­mati­zar y con­vertir en extremistas y delincuen­tes a los espa­ñoles que vienen clamando desde el 15 de mayo del 2011 su indignación o su re­chazo al régimen que nos ha lleva­do al pre­cipicio para mayor benefi­cio de la cleptocracia imperante.

A poco que nos fijemos, no es difícil ver la jugada de las potencias occiden­tales en la re­volución protagonizada genuinamente por miles de sirios. Los occi­dentales nos pin­tan un pa­norama donde sólo existen dos grupos de oposi­ción: los «buenos» (el Consejo Nacional Sirio y el Ejército Libre) y los «ma­los» (Al Qaeda).

Con esta premisa, cualquier grupo que combata al régimen de Al Assad pero al mismo tiempo no se pliegue a las pautas marcadas por los imperia­listas occiden­tales, será puesto bajo sospecha y descalificado como «relacionado con Al Qaeda» o -una variante de lo mis­mo- «perseguidor de cristianos».

Por lo tanto, consideramos que la insistencia de no pocos antisionistas y anti-im­perialistas que -con la mejor intención del mundo, podemos supo­ner- han tomado partido adverso ha­cia la rebelión que trata de derribar a Al As­sad, y tienden a acusar, en bloque, a los re­bel­des sirios de neosalafistas o de persecución religiosa (sobre los cristianos, principal­mente, pues perseguir chiítas o ala­witas es mucho más tolerable para las masas occiden­tales), la insisten­cia -decimos- en denunciar la presencia de elementos de Al Qae­da, «islamistas» -no importa de qué clase e ideario- y enemigos de la Fe que ma­tan cristia­nos y des­truyen igle­sias… de ninguna forma -decimos- perjudica las posiciones de im­perialistas o sio­nistas, ni desa­credi­ta, en lo más mínimo, a EEUU o al Ente sionista, sino todo lo contrario.

La «primera vía» de los pro-Al Assad y la verdadera «segunda vía» de Occidente

Parece claro, pues, que Occidente patrocina a sus propios «opositores»: a los portavoces del CNS que citan sus medios, y que éstos (los «opositores ami­gos» o «demócratas») son muy diferentes a los matarifes de Al Qae­da (los «opo­sito­res radicales» o «locos»), que hacen «su propia guerra» y «aprove­chan la revuelta» para imponer sus siniestros planes de odio a la Libertad, a la Iglesia y al Capital (todo junto y revuelto, como gusta a Intereconomía).

Es decir, a diferencia de la propaganda occidental sobre Afganistán o Iraq, en la que cual­quier grupo de insurgencia era, mecánica­mente, liga­do con Al Qaeda u otros grupos secta­rios (sun­níes o chiitas), de forma que combatir la insur­gencia afgana o la de Iraq era sinó­nimo de «lucha contra los terroristas» o de «freno al sectarismo», en esta ocasión, pa­ra go­biernos y me­dios occiden­tales, la presencia de Al Qaeda u otros sectarios en las filas de la insurgencia siria no sería sinónimo de lo mismo, ya que su propaganda nos pinta ahora, enfrentados al mismo enemigo, a dos frentes con propósitos muy dis­tintos aunque aliados coyuntural­mente en una guerra.

Podemos comprender la «primera vía», postura generalizada en varios go­biernos his­pa­no­americanos y en no pocos antisio­nistas y anti-im­pe­ria­listas: la de apoyar a Al Assad como reacción mecánica no sólo ante la hostili­dad ma­nifiesta de los belicistas occidentales (hos­tilidad que incluye, cómo no, patrañas y ocultaciones propagandísticas) sino debido asi­mismo a otros dos motivos nada despreciables: en primer lugar, porque el régimen cuenta tam­bién como enemigos a los terroristas y sectarios que Occidente, pre­tendida­mente, ha venido comba­tiendo y por los cuales ha justificado agresiones, in­vasiones y ocupaciones; y en segundo lugar, porque el régi­men sirio ha sido un aliado de la República de Irán y ha cana­lizado a través suyo la ayuda ne­cesaria para mantener las resistencias libanesa (Hiz­bul’lah) y palestina (Ha­mas) ante el ocupante sionista. Pero precisamente porque la com­prende­mos no podemos aceptarla por reduccionista, por injusta, por miope y, sobre todo, por contra­producente.

Rechazamos la «primera vía» no sólo porque nos mete en un callejón sin sa­li­da, porque nos atrapa en un abrazo imbécil con un régimen opresor de su pro­pio pue­blo, intrínsecamente criminal y corrupto, contra el que se ha le­van­tado legítima­mente buena parte de la nación siria, sino porque es clara­mente in­coherente para quienes apostamos por la soberanía, li­bertad, justi­cia y dig­nidad de los pueblos.

Pero no sólo por eso: es que, además, el discurso preferido lan­zado por quie­nes pre­tenden «atacar» o «minar» la postura de las potencias atlan­tis­tas -ha­blar sólo de los ataques secta­rios y quedarse simplemente en que «los impe­rialistas occidentales son alia­dos de Al Qaeda por atacar al mismo ene­migo»- no sólo no lastima sino que, in­cluso, favorece la agenda in­terven­cionista de Occidente: preci­sa­mente pa­ra impedir que la revolución siria caiga en manos de los «radicales», sectarios o terroristas de Al Qaeda, habrá que aumentar la inter­vención y controlar abierta­mente, desde Wa­shing­ton, Londres y París, la revolución siria.

En resumen: entre más se insista, sin discriminar, en que tenemos grupos y figu­ras rebel­des que persiguen a los cristianos sirios o que están relacio­nados con Al Qaeda, más se es­tará fa­vo­reciendo la jugada de los imperialistas en im­poner su agenda de control de la revo­lución siria, y que el público vea a sus agen­tes del Consejo Nacional Si­rio como los únicos capaces de impedir que la Siria posterior a Basher Al Assad «caiga en manos de los radica­les». Ni si­quiera la acusación de la presencia de los «locos» de Al Qaeda en la rebelión siria supone el más mínimo alivio para la causa de Al Assad, más bien al con­trario: porque la misma resistencia de Al Assad a caer se percibe en Occi­den­te como una prolongación de una situación de «río revuel­to» donde los «pesca­dores» de Al Qaeda saquen ganancias.

Dónde quedan las necesidades estratégicas de la resistencia

Entendemos que Hizbul’lah y la República de Irán no puedan darle la es­pal­da a un aliado. La política internacional exige mantener unos compro­misos adquiridos y cuidar acuerdos es­tratégicos. Hizbul’lah e Irán son agentes se­rios y leales, y era lógico y natural haber apli­cado con los Al Assad la vieja ley del «enemigo de tu ene­migo es tu ami­go» -cuando se tiene al­go de con­sistencia, claro-. Nos ha­lla­mos en una partida a vida o muerte (millones de es­pañoles han empe­zado a comprobarlo en su vida diaria) y no pocas veces en cualquier lu­cha, por muy honesta que sea, se ha de bailar con la más fea. Pero ¿Acaso tenemos los di­sidentes españoles algún compro­miso con Al As­sad?

El derrumbe de este régimen abre las puertas a varias posibilidades. No nos vale la con­signa cobarde y necia de «más vale malo conocido que bueno por conocer», que sólo nos lle­va al descrédito y al derrotismo instalado en unos y otros. En Siria se ha abierto el cam­po, donde -es cierto- se espera que segui­rán actuando fuerzas nefastas como las pro-occi­­den­tales o las sectarias neo­sa­lafistas (de nuevo en «el mismo bando»), pero también muchos re­vo­lucio­na­rios sirios orgullosos por haber derribado un régimen opresor, y éstos son el mejor aval, pues no estarán dispuestos a permitir que su nación caiga en ma­nos secta­rias o pro-occidentales. Las resistencias libanesa y palestina en­con­trarán a sirios más afines en las filas de la revolución que en la represión. El apoyo presta­do por el régimen sirio no era más que una inercia diplomática estratégica, sin ánimo ni convicción, y con fe­cha de caducidad.

Contra el apoyo a la represión o a la intervención occidental: tercera vía
Frente a la tenaza de la «iraquización» o la sumisión a Occidente: tercera vía.

Entendemos que Occidente vuelve a utilizar la presencia de Al Qaeda y los aten­tados sec­tarios para justificar su intervencionismo. Aunque en el caso sirio la he­rramienta de Al Qaeda está siendo utilizada al revés de lo hecho anterior­mente en Afganis­tán o Iraq: si la propaganda atlantista ha ligado las insurgencias afgana e ira­quí con Al Qaeda para justificar su guerra contra tales insurgencias, ahora «advier­te» (y los apologistas de Al Assad le hacen la tarea gratis) de la presencia de sec­tarios y te­rroristas neosalafistas en la opo­sición para así «ayudar» a la propia in­surgencia a im­pedir que los «malos» ganen más terreno y tomen el mando.

No son pocas las personas convencidas de las maniobras de los servicios nortea­mericanos y sionistas para atizar las guerras interétnicas (curdo-árabe) y sectarias (sunní-chiíta) en Iraq para poder mantener la ocupación de este país. Con ello no só­lo lograban justificar la ocupación -«estos iraquíes se ma­tan en­tre ellos y no pode­mos dejarles solos»- sino consi­guieron romper la de­seada unidad de la resistencia frente al ocupante (la insurgencia se nu­tría por muchos sun­níes y asi­mismo por muchos chiítas -como tampoco fue­ron pocos los curdos-). De esta forma la nación ira­quí se vio atrapada en la tena­za del terrorismo sectario o la sumi­sión a Occi­dente (la última semana de julio ha sido escenario de la ola más san­grienta de atentados en dos años: más de cien víctimas mortales). No dudamos que Al Qae­da contribu­ye, de nuevo, como hizo en Iraq, a dividir y desviar las ener­gías de la rebe­lión. Pe­ro si muchos anti-imperialistas pudieron superar la falsa ecuación pro­pagandís­tica de Occi­dente -«Insurgencia = Al Qaeda»- contrarrestándola con la idea de que Al Qaeda, en ver­dad, estaba perjudicando la unidad de la resis­tencia y favoreciendo así a los EEUU ¿Por qué no superar también ahora la misma amalgama? ¿Por qué no insistir en la misma idea de que la actividad de Al Qae­da sólo sirve para justificar un mayor control de Occidente, ahora no contra la rebelión, sino junto a la rebelión?

Nuestra posición es la tercera: con los sirios oprimidos que luchan contra sus opre­so­res internos, al tiempo que denunciamos la «segunda vía» de Occi­dente y las monar­quías del Golfo: intervenir en Siria para controlar la revolu­ción en curso, y para eso requieren la exis­tencia de los «radicales», con obje­to de chantajear a los sirios que no acepten tutelas exte­riores y justificar una imposi­ción de sus «moderados» en una Siria que rompa con Irán, con la resistencia libanesa y palestina, y pase a alinearse con Occi­dente y las mo­narquías del Golfo.

No insistiremos más en los ataques de los grupos sectarios. Otros ya lo ha­cen, y, por lo general, no suelen hacerse eco de las maniobras propia­mente occidentales, como si lo úni­co que encontrasen achacable a los go­biernos y medios de difusión de Occidente fueran sus alianzas coyunturales con los puritanos neosalafistas. Algo similar a aquellas propagandas para­lelas de las fuerzas anticomunistas y antifas­cis­tas del siglo XX que, supuesta­mente, se re­clamaban también como «anticapita­listas» o «antiimperialistas», pero don­de, en definitiva, lo único que encontraban repro­chable en las po­tencias capi­ta­listas burguesas eran sus con­nivencias o entendi­mientos -reales o su­pues­tos- con países o figuras comu­nis­tas o fascistas. Nosotros tenemos claro quién es el mayor enemigo.

Destacamos a continuación la plantilla de agentes políticos sirios más im­portan­tes desti­nados a «promover la democracia» (la que le interesa a Occi­dente, por supuesto, ya que es la «única democracia real») y evitar que sa­quen provecho en Siria los «islamistas» o Al Qae­da (pues en Occidente se si­gue sin distinguir no ya churras de merinas, sino hipopótamos de coco­drilos por el simple hecho de bañarse en el río: todos los islamismos vienen a ser lo mismo, como para la mentali­dad de la derecha más antisocialista todo lo que no sea capi­talismo y estafa financiera es, más o menos, comunismo).

Éste es el papel que nos corresponde a quienes no queremos una Siria en manos de las po­tencias atlantistas: en primer lugar, no contribuir a una «ca­za de radica­les» o de «islamis­tas» de cualquier signo, que lo único que con­si­gue es desacredi­tar, poner bajo sospe­cha o criminalizar a todos los gru­pos de oposición siria no cipayos de Occiden­te; y en se­gundo lugar, de­nun­ciar a la «oposición moderada» patrocinada por Washington, Londres o París.

– Bassma Codmani

La más importante portavoz del CNS, una siriofrancesa (aunque a veces ha aparecido ni como siria ni como francesa) residente en París. Codmani es miembro del comité ejecutivo y jefa de asuntos exteriores del Consejo Nacional Sirio. «Ningún diálogo con el régimen gobernante es posible. Solo podemos discutir cómo proceder hacia un sistema político diferente», ha declarado. Es la que viene solicitando una intervención internacional, es decir, de la OTAN y la Liga Árabe.

En 2005, Codmani trabajaba para la Fundación Ford. En septiembre de ese año, Codmani fue nombrada directora ejecutiva de la Iniciativa de Reforma Árabe (IRA), un programa del famoso «lobby» estadounidense «Consejo de Relaciones Exteriores». Esta «Iniciativa» ha sido financiada también por el Centro por la Reforma Europea (CER), y ha sido supervisada por Lord Kerr, presidente adjunto de Royal Dutch Shell y ex jefe del servicio diplomático y consejero «senior» del Chatham House (laboratorio de ideas que incluye los más destacados cerebros del «establishment» diplomático británico). A cargo de la dirección cotidiana del CER ha estado otro británico, Charles Grant, ex editor de defensa del Economist, y actualmente miembro del «Consejo Europeo de Relaciones Exteriores», un laboratorio de ideas europeo -indisimuladamente homólogo del usaco Consejo de Relaciones Exteriores»- repleto de diplomáticos, industriales, profesores, ex primeros ministros y ex-ministros. En su lista de miembros se encuentra el nombre de: «Bassma Codmani (Francia/Siria) – Directora Ejecutiva. Iniciativa de Reforma Árabe». Así pues, la jefa de asuntos exteriores del Consejo Nacional Sirio ha sido seleccionada por un importante brazo del «establishment» occidental de la banca y los servicios de «inteligencia» para dirigir un proyecto sobre Medio Oriente.

Pero no sólo tiene una relación estrecha (como que la señora depende de ellos) de británicos y norteamericanos. Codmani tiene la posición de directora de investigación en la Académie Diplomatique Internationale. La Académie es dirigida por Jean-Claude Cousseran, ex jefe del DGSE – el servicio de inteligencia exterior de Francia. Los franceses no podían faltar en el reparto del control de su antigua colonia.

– Radwan Ziadeh

Otro representante frecuentemente citado es el «segundo jefe» de asuntos exteriores del Consejo Nacional Sirio. Este señor es asociado «senior» del USIP (Instituto de Paz de Estados Unidos), un laboratorio de ideas de Washington financiado por el gobierno federal. El Consejo de Directores del USIP está repleto de ex miembros del departamento de defensa y del Consejo Nacional de Seguridad (su presidente es Richard Solomon, ex consejero de Kissinger en el Consejo Nacional de Seguridad).

En febrero de este año, Ziadeh se sumó a un grupo de halcones de Washington para firmar una carta que llama a Obama a intervenir en Siria; los otros firmantes incluyen a James Woolsey (ex jefe de la CIA), Karl Rove (operador de Bush hijo), Clifford May («Comité sobre el Peligro Actual») y Elizabeth Cheney, ex jefa del Grupo de Operaciones Irán-Siria del Pentágono.

Las conexiones de Ziadeh llegan a Londres. En 2009 fue un asociado visitante en Chatham House y en junio del año pasado apareció en el panel de uno de sus eventos –“Visualizando el futuro político de Siria”– compartiendo una plataforma con otros dos miembros del Consejo Nacional Sirio que señalamos a continuación (Osama Monayed y Nayib Gadbian). En 2008 Ziadeh participó en una reunión de personalidades de la oposición siria en un edificio gubernamental de Washington: una conferencia llamada “Siria en transición”. La reunión fue co-auspiciada por dos organizaciones: una norteamericana (llamada Consejo Democracia) y otra radicada en Gran Bretaña (Movimiento por la Justicia y el Desarrollo -MJD-). Fue un gran día para el MJD: su presidente, Anas Al Abdeh, había viajado a Washington desde Gran Bretaña para el evento, junto con su director de relaciones públicas. Lo que sigue es de la web del MJD: «La conferencia presenció una participación excepcional ya que la sala asignada estaba repleta de invitados del Congreso y del Senado, representantes de centros de estudios, periodistas y expatriados sirios en EE.UU.». Ese evento comenzó con un discurso de James Prince, jefe del Consejo Democracia. Ziadeh estuvo en un panel presidido por Joshua Muravchik (el autor del artículo de opinión «Bombardead Irán»). Sentado junto a Ziadeh en el panel estaba el director de relaciones públicas del MJD: un hombre que ahora se ha convertido en otro portavoz del Consejo Nacional Sirio:

– Osama Monayed

Junto a Codmani y Ziadeh, Osama Monayed es uno de los portavoces más importantes del CNS. Hay otros, por supuesto – el CNS es un animal enorme e incluye a la Hermandad Musulmana. La oposición a Al Asad es amplia, pero estas son algunas de las principales voces-. Hay otros voceros oficiales con prolongadas carreras políticas, como George Sabra del Partido Democrático Sirio (Sabra fue detenido y sufrió un prolongado encarcelamiento durante su lucha contra el régimen en Siria). Y existen otras voces opositoras fuera del CNS, como el escritor Michel Kilo, que habla elocuentemente de la violencia que desgarra su país: «Siria está siendo destruida – calle tras calle, ciudad tras ciudad, aldea tras aldea. ¿Qué clase de solución es esta? Todo el país está siendo destruido para que un pequeño grupo se mantenga en el poder».

Pero no cabe duda que el principal cuerpo opositor para Occidente es el CNS, y Codmani, Ziadeh y Monayed lo representan frecuentemente. Monayed aparece a menudo como comentador en canales de noticias de la televisión. Lo vemos en la BBC, hablando desde su buró en Washington. Monayed no dora la píldora en su mensaje: «Vemos cada día en los televisores cómo asesinan civiles y que se mata y asesina a niños, y se viola a mujeres».

Monayed apareció, hace solo algunos días, como bloguero en Huffington Post UK, y explicó largamente: «Por qué el mundo debe intervenir en Siria», pidiendo «ayuda militar directa» y «ayuda militar extranjera». Monayed es consejero del presidente del CNS y, según su biografía en el CNS, «fundador y director de Barada Television», un canal de TV por satélite radicado en Londres. En 2008 unos meses después de asistir a la Conferencia Siria en Transición, Monayed volvió a Washington, invitado a almorzar con George W. Bush, junto con un puñado de otros disidentes favorecidos.

En esos días, en 2008, el departamento de Estado de EE.UU. conocía a Monayed como director de relaciones públicas del Movimiento por Justicia y Desarrollo (MJD) que dirige la lucha por un cambio pacífico y democrático en Siria”.

Miremos más de cerca al MJD. En 2011, el Washington Post publicó unos papeles de WikiLeaks. Esos cables parecen mostrar un considerable flujo de dinero del Departamento de Estado de EE.UU. al MJD. Según el Washington Post: «Barada TV está estrechamente vinculada al Movimiento por Justicia y Desarrollo, una red de exiliados sirios basada en Londres. Cables estadounidenses clasificados muestran que el Departamento de Estado ha enviado hasta seis millones de dólares al grupo desde 2006 para que opere el canal y financiar otras actividades dentro de Siria».

Cuando se le preguntó por el dinero del Departamento de Estado, el propio Monayed dijo que «no podía confirmar» la entrega financiera del Departamento de Estado para Barada TV, pero dijo: «yo no recibí un centavo personalmente». Maliq Al Abdeh, hasta hace muy poco jefe de redacción de Barada TV, insistió: «no tuvimos ningún trato directo con el Departamento de Estado de EE.UU». Pero Maliq Al Abdeh es uno de los fundadores del MJD (el receptor de los 6 millones de dólares del Departamento de Estado, según el cable filtrado). Y es hermano del presidente, Anas Al-Abdeh. Lo que sí admite Maliq al Abdeh es que Barada TV recibe una buena parte de su financiamiento del estadounidense Consejo Democracia, uno de los co-patrocinadores (con el MJD) de la mini conferencia Siria en Transición.

El Consejo Democracia es una típica organización yanqui que distribuye subvenciones en EE.UU., entre ellas dinero del Departamento de Estado. Funciona como sigue: el Consejo Democracia sirve de intermediario administrador de subvenciones entre la «Iniciativa de Cooperación Oriente Medio» del Departamento de Estado y «socios locales» (como Barada TV). Como informa el Washington Post: «Varios cables diplomáticos estadounidenses desde la embajada en Damasco revelan que exiliados sirios recibieron dinero de un programa del Departamento de Estado llamado Iniciativa de Cooperación Medio Oriente. Según los cables, el Departamento de Estado canalizó dinero al grupo exiliado a través del Consejo Democracia».

El mismo informe destaca un cable de 2009 de la embajada de EE.UU. en Siria que dice que el Consejo Democracia recibió 6,3 millones de dólares del Departamento de Estado para un programa relacionado con Siria: la «Iniciativa de Fortalecimiento de la Sociedad Civil». El cable lo describe como «un esfuerzo discreto de colaboración entre el Consejo Democracia y socios locales» orientado a producir, entre otras cosas, «diversos conceptos de emisión». Según el Washington Post: «Otros cables dejan claro que uno de esos conceptos era Barada TV».

– Nayib Gadbian.

Gadbian es miembro del secretariado general del Consejo Nacional Sirio y fue identificado por el Wall Street Journal como un viejo intermediario entre el gobierno de EE.UU. y la oposición siria en el exilio: “Un contacto inicial entre la Casa Blanca y el Frente de Salvación Nacional fue forjado por Nayib Gadbian, un politólogo de la Universidad de Arkansas”. Fue en 2005, el año decisivo.

Gadbian formaba parte del consejo consultivo del Centro Sirio de Estudios Políticos y Estratégicos, una organización radicada en Washington y fundada con Ziadeh.

Fuente: Proyecto M20

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