¿Un mundo de confrontación de espectro completo?

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por Pepe Escobar – Introducción del editor de Tom Dispatch

En diciembre pasado, un súper-secreto RQ-170 Sentinel, parte de un extenso programa [internacional] de vigilancia de drones de la CIA sobre Irán, «descendió» (o fue «derribado», o secuestrado por ordenador y obligado a descender, ver video aquí) y recuperado intacto por los militares iraníes. Esta semana, un general iraní anunció orgullosamente que expertos de su país habían logrado acceder al ordenador del avión –ofreció información que lo prueba– y ahora estaban realizando «ingeniería inversa» del drone para crear uno propio.

La mayoría de, o todas sus afirmaciones, han sido ampliamente puestas en duda, ridiculizadas, o simplemente descartadas en nuestro mundo, y que yo sepa lo que hizo fue ciertamente pura fanfarria y bluf. Pero si fuera así, igual se las arregló para echar mano de un deseo ardiente que subyace desde hace un par de siglos de historia global: adaptar los aspectos más sofisticados de Occidente para resistir a Occidente. Ese deseo ha sido esencial para la forma en que se ha desarrollado nuestro planeta. Después de todo, gran parte de los dos últimos siglos podría llevar el título en términos tecnológicos, económicos, e incluso políticos, de «La historia de la ingeniería inversa».

Desde que en el Siglo XVIII en el Imperio Otomano, en China o en cualquier otra parte los barcos europeos con cañones parecían derribar puertas y conquistar países o someterlos a una voluntad ajena, el tema de la ingeniería inversa siempre estuvo al alcance de la mano. Durante interminables décadas, la cuestión preeminente, lo esencial a discutir, era precisamente lo que se podría adaptar del arsenal occidental de armas, política, tecnología, e ideas, y cómo podía fusionarse con la cultura local, cómo podría acceder a «características» otomanas, indias, chinas, japonesas y lograr que controlara o revirtiera el curso de los eventos. El ascenso de Japón en el Siglo XIX y el más reciente crecimiento espectacular de China son, sin duda alguna, casos de historia de ingeniería inversa.

Sean cuales sean los éxitos y fracasos de ese proceso, la pregunta actual –mientras EEUU decae, Europa se estanca, y los explosivos países del BRICS van de camino al centro del escenario– es probablemente la siguiente: ¿Puede realmente llevarnos más lejos la ingeniería inversa, o simplemente terminará por derribarnos? ¿No es hora de que haya algo nuevo en el universo de la ingeniería o tal vez para la llegada de la ingeniería inversa-inversa a este planeta nuestro de clima abominable y puesto a prueba?

¿Quién puede ofrecernos mejor una pequeña visión de ese planeta, de un extremo al otro, integral, en este momento de estrés global que el propio autor peripatético de Asia Times y TomDispatch, Pepe Escobar? Él lo ha visto todo. Ahora, también lo verán Ustedes.
Tom.

¿Un mundo de confrontación de espectro completo? [1]

Goldman Sachs –por medio del economista Jim O’Neill– inventó el concepto de un ascendiente nuevo bloque en el planeta: los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica).

Goldman espera ahora que los países del BRICS representen casi un 40% del producto interno bruto global (PIB) en el año 2050, y que incluyan a cuatro de las cinco principales economías del mundo.

Dentro de poco, de hecho, es posible que haya que expandir ese acrónimo para incluir a Turquía, Indonesia, Corea del Sur y, sí, Irán nuclear: ¿BRIIICTSS? A pesar de sus bien conocidos problemas como nación bajo bloqueo económico, Irán también avanza como parte de los N-11, otro concepto embriagador. (Simboliza las próximas 11 economías emergentes).

La pregunta multibillonaria global sigue siendo: ¿es la emergencia de los BRICS una señal de que hemos entrado verdaderamente a un nuevo mundo multipolar?

El sagaz historiador de Yale Paul Kennedy (famoso por la expresión «sobre-estrés imperial») está convencido de que estamos a punto de cruzar o de que ya hemos cruzado un «punto clave histórico» que nos lleva lejos, más allá del mundo unipolar post Guerra Fría de «la única superpotencia».
Existen, argumenta Kennedy, cuatro razones principales para eso: la lenta erosión del dólar de EEUU (antes representaba un 85% de las reservas globales, ahora menos de un 60%), la «parálisis del proyecto europeo», el ascenso de Asia (el fin de 500 años de hegemonía occidental) y la decrepitud de las Naciones Unidas.

El Grupo de Ocho (G-8) es cada vez más irrelevante. El G-20, que incluye a los BRICS, podría, sin embargo, ser lo que se necesita. Pero hay mucho que hacer para cruzar ese punto clave en lugar de ser simplemente arrastrado de grado o por fuerza: la reforma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y sobre todo la reforma del sistema de Bretton Woods, especialmente esas dos instituciones cruciales, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial.

Por otra parte, puede que este sea, de grado o por fuerza, el rumbo del mundo. Después de todo, como celebridades emergentes, los BRICS tienen una tonelada de problemas. Es verdad, en solo siete años Brasil ha agregado 40 millones de personas como consumidores de clase media; en 2016, habrá invertido otros 900,000 millones de dólares –más de un tercio de su PIB– en energía e infraestructura; y no está tan expuesto como algunos miembros del BRICS a los imponderables del comercio mundial, ya que sus exportaciones representan solo un 11% del PIB, incluso menos que EEUU.

A pesar de todo, el problema clave sigue siendo el mismo: falta de buena administración, para no mencionar un cenagal de corrupción. La descarada nueva clase adinerada resulta que no es menos corrupta que las antiguas, arrogantes, elites compradoras que solían dirigir el país.

En India, la alternativa parece estar entre un caos manejable y otro inmanejable. La corrupción de la elite política del país podría enorgullecer a Shiva. El abuso del poder estatal, el control nepotista de contratos relacionados con la infraestructura, el saqueo de recursos minerales, los escándalos con la propiedad de bienes raíces, lo tiene todo, incluso si India no es un Pakistán hindú. Todavía no, en todo caso.

Desde 1991, «reforma» en India ha significado solo una cosa: comercio desenfrenado y sacar al Estado de la economía. No es sorprendente, por lo tanto, que no se haga nada por reformar las instituciones públicas, que son un escándalo por sí solas. ¿Administración pública eficiente? Más vale olvidarlo. En resumen, India es una dinamo económica caótica y sin embargo, en cierto sentido, no es ni siquiera una potencia emergente, y ni hablar de una superpotencia.

Rusia, también, todavía sigue tratando de hallar la mezcla mágica, incluida una política estatal competente para explotar los abundantes recursos naturales del país, su extraordinario espacio e impresionante talento social. Tiene que modernizarse rápido ya que, fuera de Moscú y San Petersburgo, sigue prevaleciendo un relativo atraso social. Sus dirigentes siguen intranquilos ante la vecina China (conscientes de que cualquier alianza chino-rusa dejaría a Rusia como un evidente socio menor). No confían en Washington, están inquietos por la despoblación de sus territorios orientales, y preocupados por la alienación cultural y religiosa de su población musulmana.

Y luego «Putinator» vuelve como presidente con su fórmula mágica para la modernización: una cooperación estratégica alemana-rusa que beneficiará a la elite del poder y a la oligarquía empresarial, pero no necesariamente a la mayoría de los rusos.

Muerte de Bretton Woods

El sistema de Bretton Woods, posterior a la Segunda Guerra Mundial, está ahora legítimamente muerto, es totalmente ilegítimo, ¿pero que planean los BRICS al respecto?

En su cumbre en Nueva Delhi a fines de marzo, presionaron por la creación de un banco de desarrollo de los BRICS que pueda invertir en infraestructura y suministrarles crédito de respaldo para cualesquiera crisis financieras que se encuentren por el camino. Los BRICS saben perfectamente que Washington y la Unión Europea (UE) jamás renunciarán al control del FMI y del Banco Mundial. No obstante, el comercio entre esos países llegará a impresionantes 500,000 millones de dólares en 2015, sobre todo en sus propias monedas.

Sin embargo, la cohesión de los BRICS, en la medida en que exista, se concentra en frustraciones compartidas con la especulación financiera al estilo de los Amos del Universo que casi precipitó la economía global por un despeñadero en 2008. Es verdad, la gente de los BRICS también muestran una notable convergencia de política y opinión cuando se trata del acosado Irán, un Medio Oriente de la Primavera Árabe y el Norte de África. A pesar de todo, el problema que enfrentan por el momento es el siguiente: no tienen una alternativa ideológica o institucional al neoliberalismo y al dominio de la finanza global.

Como ha señalado Vijay Prashad, el Norte Global ha hecho todo lo posible por impedir toda discusión seria de cómo reformar el casino financiero global (Vea «The G-77 awakes», Asia Times Online , 17 de abril de 2012, texto en inglés). No es sorprendente que el jefe del grupo G-77 de naciones en desarrollo (ahora G-132 en los hechos), el embajador tailandés Pisnau Chanvitan, haya advertido contra la «conducta que indica el deseo de un nuevo amanecer de otro neocolonialismo».

Mientras tanto, las cosas se desarrollan en todo caso, desordenadamente. China, por ejemplo, sigue promoviendo informalmente el yuan como moneda globalizadora, si no global. Ya está comerciando en yuan con Rusia y Australia, para no mencionar toda Latinoamérica y Medio Oriente. Los BRICS apuestan cada vez más por el yuan como su alternativa monetaria a un desvalorizado dólar estadounidense.

Japón utiliza tanto el yen como el yuan en su comercio bilateral con su inmenso vecino asiático. En realidad ya se está formando una zona de libre comercio asiática no reconocida, en la que participan China, Japón y Corea del Sur.

Lo que nos espera, aún si incluye un futuro brillante de los BRICS, indudablemente será muy complicado. Casi todo es posible (rayando en probable), desde otra Gran Recesión en EEUU hasta un estancamiento europeo o incluso el colapso de la eurozona, a una ralentización en todos los BRICS, una tempestad en los mercados de divisas, el colapso de instituciones financieras, y un crash global.

Y hablando de complicado, quién podría olvidar lo que dijo Dick Cheney en el Instituto del Petróleo en Londres en 1999, cuando todavía era director ejecutivo de Halliburton: «Medio Oriente, con dos tercios del petróleo del mundo y el menor coste, es donde se encuentra en última instancia la recompensa». No es sorprendente que, cuando llegó al poder en 2001, su asunto de primer orden fuera «liberar» el petróleo de Iraq. Evidentemente, ¿quién no recuerda cómo terminó el asunto?

Ahora (otro gobierno pero la misma línea) tiene lugar un embargo del petróleo junto con una guerra económica contra Irán. Los dirigentes de Pekín ven todo el psicodrama iraní de Washington como un complot de cambio de régimen, lisa y llanamente, que no tiene nada que ver con armas nucleares.
Una vez más, el ganador hasta ahora en el embrollo iraní es China. Con el sistema bancario de Irán en crisis y el embargo de EEUU causando estragos en la economía de ese país, Pekín puede esencialmente dictar sus condiciones para la compra de petróleo iraní.

Los chinos están expandiendo la flota de buques tanque petroleros de Irán, un acuerdo por un valor de más de 1,000 millones de dólares, y ese otro gigante de los BRICS, India, compra ahora más petróleo iraní que China. Sin embargo, Washington no aplicará sus sanciones a los BRICS porque estos días, desde el punto de vista económico, EEUU los necesita más de lo que ellos necesitan a EEUU.

El mundo a través de ojos chinos

Lo que nos lleva al dragón en el asunto: China.

¿Cuál es la máxima obsesión china? Estabilidad, estabilidad, estabilidad.

La habitual autodescripción del sistema de ese país como «socialismo con características chinas» es, claro está, tan mítica como una Gorgona. En realidad, hay que pensar en un liberalismo de la línea dura con características chinas, dirigido por hombres que tienen la firme intención de salvar el capitalismo global.

Por el momento, China está de lleno en medio de un cambio tectónico, estructural, de un modelo de exportación/inversión a un modelo dirigido por los servicios y el consumo. En términos de su explosivo crecimiento económico, las últimas décadas han sido casi inimaginables para la mayoría de los chinos (y el resto del mundo), pero según el diario Financial Times , también han llevado al 1% más rico del país a controlar entre 40 y 60% de toda la riqueza. ¿Cómo encontrar un camino para superar un daño colateral tan impresionante? ¿Cómo hacer que un sistema con tan tremendos problemas internos funcione para 1,300 millones de personas?

Es la hora de la «manía de la estabilidad». En 2007, el primer ministro Wen Jiabao advirtió de que la economía china devendría «unstable, unbalanced, uncoordinated, and unsustainable (inestable, desequilibrada, descoordinada e insostenible)». Los famosos «cuatro uns».

En la actualidad los dirigentes, incluido el próximo primer ministro Li Leqiang, han dado un nervioso paso adelante, purgando «inestable» del léxico del Partido. Para todos los propósitos prácticos, ya ha llegado la próxima fase del desarrollo del país.

Será interesante observarlo en el futuro.

¿Cómo conducirán a China más allá de las «Cuatro Modernizaciones» los principitos, nominalmente «comunistas», los hijos e hijas de altos dirigentes del Partido revolucionario, todos inmensamente ricos gracias, en parte, a sus cómodos arreglos con corporaciones occidentales, más los sobornos, las alianzas con gángsteres, todas esas «concesiones» al mejor postor y toda la oligarquía de compinches ligada a Occidente? Especialmente con toda esa fabulosa riqueza que saquear.

El gobierno de Obama, expresando su propia ansiedad, ha reaccionado ante la evidente aparición de China como potencia con la que hay que contar a través de un «pivote estratégico», de sus desastrosas guerras en Gran Medio Oriente a Asia. Al Pentágono le gusta llamarlo «reajuste» (aunque las cosas están lejos de estar reajustadas o terminadas para EEUU en Medio Oriente).

Antes del 11-S, el gobierno de Bush se había concentrado en China como su futuro enemigo global número uno. Entonces el 11-S lo reorientó a lo que el Pentágono llamó «el arco de inestabilidad», las principales zonas petroleras del planeta desde Medio Oriente hasta Asia Central. En vista de la distracción de Washington, Pekín calculó que podría gozar de una ventaja de unas dos décadas en la cual la presión habría desaparecido en gran parte. En esos años podría concentrarse en una versión precipitada de desarrollo interior, mientras EEUU desperdiciaba montañas de dinero en su insensata «Guerra global contra el terror».

Diez años después, esa ventaja se borró de un golpe ya que desde India, Australia y las Filipinas hasta Corea del Sur y Japón, EEUU declara que ha vuelto al negocio de la hegemonía en Asia. Cualquier duda de que ese era el nuevo camino estadounidense fue disipada en noviembre de 2011 por el manifiesto de la Secretaria de Estado Hillary Clinton en la revista Foreign Policy, titulado de un modo no demasiado sutil «El siglo del Pacífico de EEUU» (¡Y hablaba de este siglo, no del pasado!)

El mantra estadounidense es siempre el mismo: «Seguridad de EEUU», cuya definición es: cualquier cosa que pase en el planeta. Sea en el Golfo Pérsico rico en petróleo donde Washington «ayuda» a sus aliados Israel y Arabia Saudí porque se sienten amenazados por Irán, o Asia, donde una ayuda semejante se ofrece a un grupo creciente de países de los que se dice que se sienten amenazados por China, siempre es en nombre de la seguridad de EEUU. En ambos casos, en casi cualquier caso, es lo que supera todo lo demás.

Como resultado, si hay una Muralla de Desconfianza de 33 años entre EEUU e Irán, hay una nueva, creciente, Gran Muralla de Desconfianza entre EEUU y China. Recientemente, Wang Jisi, decano de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Pekín y un importante analista estratégico chino, presentó la perspectiva de los dirigentes de Pekín sobre ese «Siglo del Pacífico» en un ensayo influyente del que fue coautor.

China, escribe con su coautor, espera ser tratada actualmente como potencia de primera clase. Después de todo «superó exitosamente… la crisis financiera global de 1997-98» causada, desde el punto de vista de Pekín, por «profundas deficiencias en la economía y política de EEUU China ha sobrepasado a Japón, la segunda economía del mundo, y también parece ser número dos en la política mundial… los dirigentes chinos no acreditan esos éxitos a EEUU o al orden mundial dirigido por EEUU.»

EEUU, agrega Wang, «es visto generalmente por China como una potencia decadente a largo plazo… Ahora es cuestión de cuántos años, más que cuántas décadas, tardará antes que China reemplace a EEUU como la mayor economía del mundo… parte de una nueva estructura emergente». (Pensad en: los BRICS.)

Resumiendo, como lo presentan Wang y su coautor, los chinos influyentes ven que el modelo de desarrollo de su país provee «una alternativa a la democracia occidental y experiencias para que aprendan de ellas otros países en desarrollo, mientras que muchos países en desarrollo que han introducido valores y sistemas políticos occidentales padecen desorden y caos».

En resumidas cuentas se tiene una visión china de un mundo en el cual un EEUU que pierde efectividad sigue sediento de hegemonía global y sigue siendo suficientemente poderoso para bloquear a potencias emergentes –China y los otros BRICS– de su destino en el Siglo XXI.

El sueño húmedo del Dr. Zbig

Ahora bien, ¿cómo ve el mundo la elite política de EEUU? Prácticamente nadie está mejor cualificado para tratar el tema que el ex consejero nacional de seguridad, promotor del oleoducto BTC, y brevemente consejero fantasma de Obama, Dr. Zbigniew («Zbig») Brzezinski. Y no duda en hacerlo en su último de libro: Strategic Vision: America and the Crisis of Global Power (Visión estratégica: EEUU y la crisis del poder global).

Si los chinos tienen sus ojos estratégicos fijos en los demás BRICS, Dr. Zbig sigue aferrado al Viejo Mundo, nuevamente configurado. Ahora argumenta que EEUU, para mantener alguna forma de hegemonía global, debe apostar a un «Occidente expandido». Eso significaría fortalecer a los europeos (especialmente en términos energéticos), mientras acoge a Turquía, que imagina como un modelo de nuevas democracias árabes, e involucra a Rusia, política y económicamente, de una «manera estratégicamente sobria y prudente».

Turquía, a propósito, no es un modelo semejante porque para el futuro previsible, a pesar de la Primavera Árabe, no existen nuevas democracias árabes. A pesar de todo, Zbig cree que Turquía puede ayudar a Europa, y por lo tanto a EEUU, de maneras mucho más prácticas, a resolver ciertos problemas energéticos globales facilitando su «acceso sin impedimentos al petróleo y el gas de Asia Central a través del Mar Caspio».

En las actuales circunstancias, sin embargo, esto también sigue siendo una especie de fantasía. Después de todo, Turquía solo puede convertirse en un país de tránsito crucial en el gran juego energético en el tablero de ajedrez eurasiático que he llamado «Oleoductistán» si los europeos actúan conjuntamente. Tendrían que convencer a la «república» autocrática de Turkmenistán, rica en energía, para que ignore a su poderoso vecino ruso y les venda todo el gas que necesitan. Y luego existe otro asunto energético que parece poco probable por el momento: Washington y Bruselas tendrían que abandonar sanciones y embargos contraproducentes contra Irán (y los juegos de guerra que los acompañan) y comenzar a trabajar seriamente con ese país.

Dr. Zbig propone, a pesar de todo, la noción de una Europa a dos velocidades como clave para el futuro poder estadounidense en el planeta. Hay que verlo como una versión optimista de un escenario en el cual la actual Eurozona semi-colapsa. Mantendría el papel dirigente de los ineptos peces gordos burocráticos en Bruselas que dirigen actualmente la Unión Europea, y apoyaría otra «Europa» (sobre todo los países meridionales del «Club Med») fuera del euro, con un movimiento nominalmente libre de personas y bienes entre las dos. Su apuesta –y esta refleja una línea clave de pensamiento en Washington– es que una Europa a dos velocidades, un Big Mac eurasiático, todavía estrechamente unida a EEUU podría ser un protagonista clave para el resto del Siglo XXI.

Y luego, claro está, Dr. Zbig muestra todos sus colores de la Guerra Fría, ensalzando una futura «estabilidad en Lejano Oriente» estadounidense inspirada por «el papel que Gran Bretaña jugó en el Siglo XIX como estabilizador y balanceador de Europa». Estamos hablando, en otras palabras, del diplomático de la cañonera número uno de este siglo. Concede gentilmente que una «exhaustiva cooperación global estadounidense-china» todavía podría ser posible, pero solo si Washington retiene una presencia geopolítica significativa en lo que sigue llamando «Lejano Oriente» – «con o sin la aprobación de China».

La respuesta será «no».

En cierto modo, todo esto es algo familiar, como es gran parte de la verdadera política actual de Washington. En su caso, es realmente un remix de su magnum opus de 1997

The Grand Chessboard (El gran tablero mundial) en el cual, vuelve una vez más a certificar que «el inmenso continente trans-eurasiático es la arena central de los asuntos mundiales». Solo que ahora la realidad le ha enseñado que Eurasia no se puede conquistar y que la mejor opción para EEUU es tratar de admitir a Turquía y Rusia en el grupo.

Robocop manda

Sin embargo, Brzezinski parece positivamente benigno si se comparan sus ideas con los recientes pronunciamientos de Hillary Clinton, como en su discurso en la Conferencia de Asuntos Mundiales del Consejo de la OTAN 2012. Allí, como hace regularmente el gobierno de Obama, destacó «la perdurable relación de la OTAN con Afganistán» y elogió las negociaciones entre EEUU y Kabul sobre «una cooperación estratégica a largo plazo entre nuestras dos naciones».

Traducción: a pesar de haber perdido durante años la partida frente a una insurgencia minoritaria pastuna, ni el Pentágono ni la OTAN tienen la menor intención de reajustarse para salir de sus posesiones en Gran Medio Oriente. Mientras ya negocia con el gobierno del presidente Hamid Karzai en Kabul los derechos de quedarse después de 2024, EEUU tiene toda la intención de conservar tres importantes bases estratégicas afganas: Bagram, Shindand (cerca de la frontera iraní) y Kandahar (cerca de la frontera con Pakistán). Solo los ingenuos terminales podrían creen que el Pentágono es capaz de abandonar voluntariamente semejantes puestos avanzados para el monitoreo de Asia Central y de los competidores estratégicos Rusia y China.

La OTAN, agregó ominosamente Clinton, «expandirá sus capacidades de defensa para el Siglo XXI», incluyendo el sistema de defensa de misiles que la Alianza aprobó en su última reunión en Lisboa en 2010.

Será fascinante ver lo que podría significar la posible elección del socialista François Hollande como presidente francés. Interesado en una cooperación estratégica más profunda con los BRICS, está comprometido con el fin del dólar como moneda de reserva del mundo. La pregunta es: ¿Estropeará su victoria los planes de la OTAN, después de estos años bajo el Gran Liberador de Libia, el neo-napoleónico creador de imagen, Nicolas Sarkozy, (para quien Francia no es más que mostaza en el steak tartar de Washington)?

No importa lo que piensen Dr. Zbig o Hillary, la mayoría de los países europeos, hartos de sus aventuras de agujero negro en Afganistán y Libia, y con el modo en que la OTAN sirve ahora los intereses globales de EEUU, apoya a Hollande al respecto. Pero, a pesar de todo, será una batalla difícil.
La destrucción y derrocamiento del régimen libio de Muamar Gadafi fue el clímax de la reciente agenda de cambio de régimen de la OTAN en MENA (Medio Oriente – Norte de África). Y la OTAN sigue siendo el plan B de Washington para el futuro, por si la red usual de think tanks, fondos de donación, fondos, fundaciones, ONG, e incluso la ONU, no logran provocar lo que podría ser descrito como «cambio de régimen YouTube».

En pocas palabras: después de ir a la guerra en tres continentes (en Yugoslavia, Afganistán y Libia), de convertir prácticamente el Mediterráneo en un lago de la OTAN, y de patrullar ininterrumpidamente el Mar Arábigo, la OTAN se basará, según Hillary, en «una apuesta al liderazgo y a la fuerza de EEUU, como hicimos en el Siglo XX, durante este siglo y más allá». Por lo tanto, 21 años después del fin de la Unión Soviética –la razón de ser original de la OTAN– podría ser la forma en que termina el mundo; no con un estruendo, sino con la OTAN, gimoteando, pero cumpliendo todavía su papel de perpetuo Robocop global.

Y volvamos al Dr. Zbig y la idea de EEUU como «promotor y garantía de la unidad» en Occidente, y como «equilibrio y conciliador» en Oriente (para lo cual necesita bases desde el Golfo Pérsico hasta Japón, incluyendo las afganas). Y no olvidemos que el Pentágono nunca ha renunciado a la idea de lograr la Full Spectrum Dominance (Dominación de Espectro Completo, ver significación abajo).

A pesar de toda esa fuerza militar, sin embargo, vale la pena recordar que estamos claramente ante un Nuevo Mundo (y tampoco será en Norteamérica). Contra los cañones y las cañoneras, los misiles y los drones, está la potencia económica. Ahora se libran guerras monetarias. Los BRICS, China y Rusia, tienen montañas de dinero. Suramérica se une rápidamente. «Putinator» ha ofrecido a Corea del Sur un oleoducto. Irán planifica vender todo su petróleo y gas en un canasto de monedas, ninguna de ellas dólares. China está pagando para expandir su Armada y su armamento de misiles contra barcos. Puede llegar el día en que Tokio llegue a comprender que mientras siga ocupado por Wall Street y el Pentágono, vivirá en eterna recesión. Incluso Australia puede llegar a negarse a ser forzada a una guerra comercial contraproducente con China.

Por lo tanto este nuestro Siglo XXI, se está conformando ahora mismo como una confrontación entre EEUU/OTAN y los BRICS, con todos los defectos de cada lado. El peligro: que en algún momento se convierta en una Confrontación de Espectro Completo. Porque no hay que equivocarse, a diferencia de Sadam Hussein o Muamar Gadafi, los BRICS serán realmente capaces de defenderse.

[1] Full Spectrum Dominance (frase que se puede traducir como Dominio de Espectro Completo) es un concepto militar estadounidense elaborado por el Pentágono por el cual una estructura militar conjunta logra el control sobre todos los elementos en una futura batalla, sean estos tanto el espacio terrestre, aéreo, marítimo y de los elementos situados en el espacio. Full Spectrum Dominanceincluye pues el campo de batalla físicamente, el aire, la superficie, el subsuelo, así como el espectro electromagnético [control de las ondas electromagnéticas] y el espacio de la información [propaganda]. Este control total implica que la libertad o capacidad de defensa del adversario queda totalmente restringida e inoperante.
Fuente: Red Voltaire

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