La Conferencia de Wannsee, verdad y mito

por Gilad Atzmon – La semana pasada, mientras los grupos de presión judíos continúan invirtiendo ingentes esfuerzos en dictar e imponer un discurso rígido e incuestionable respecto al Holocausto, el periódico israelí Haaretz publicó un informe breve, conciso y valiente que impugna la validez de la Conferencia de Wannsee como prueba de la “solución final” de los nazis.

Justo antes del Día de Recuerdo del Holocausto, el diario israelí informó de que el doctor Norbert Kampe, director del Memorial Centre de Berlín “Wannsee Conference”, desafió algunos de los más ampliamente aceptados “hechos” históricos asociados con la conferencia y su significado.

Los eruditos judíos del Holocausto siempre han insistido en que el plan maestro del judeicidio nazi se concibió en la Conferencia de Wannsee, pero se cita al doctor Kampe diciendo que la conferencia se refiere únicamente a “cuestiones operativas” y no una plataforma de cualquier forma de “toma de decisiones”. Para probar su información, Kampe señala el hecho de que Hitler y sus ministros no estaban presentes en la conferencia. También dice, “En ese momento, enero de 1942, no había un plan organizado de campos de exterminio”.

Entonces, Haaretz admite, “No se equivoquen. Kampe no es antisemita. Ciertamente tampoco niega el Holocausto. Al contrario. Como era de esperar de un historiador profesional, estudió innumerables textos, documentos y testimonios sobre el caso particular… Su conclusión es el resultado directo de un análisis cuidadoso de material escrito en su poder”. Con tanto valor, un periódico israelí alaba a Kampe y su “fascinante lección de historia” y reconoce también que el Ministerio de Educación israelí carece de la capacidad de participar en cualquier tipo de debate bien informado sobre el Holocausto. Haaretz admite claramente que: “hasta hoy nadie sabe con absoluta certeza y seguridad lo que sucedió exactamente el 20 de enero de 1942, en esta bonita villa en el lujoso barrio de Berlín”.

Solo existe una copia del protocolo de la Conferencia de Wansee, hallada en 1947, que sobrevivió a la guerra. Otras fueron destruidas deliberadamente por los nazis en un intento de ocultar las pruebas. Este protocolo es la única documentación auténtica de lo que sucedió en Wannsee y uno de los pocos que hizo uso explícito del término “solución final”. Sin embargo, Haaretz reconoce que, como cualquier documento histórico, el documento de Wannsee debe leerse cuidadosamente. Las palabras “muerte” o “asesinato” no aparecen en el protocolo de la conferencia. En su lugar, se refiere a “la disminución natural”, “tratamiento adecuado”, “otras para la solución” y “diferentes formas de soluciones”. De hecho, las únicas referencias explícitas en el documento hablan más de deportaciones que de exterminio. Incluso la famosa tabla adjunta al protocolo que hace un escrutinio de la población judía en cada país ocupado, no hace referencia a que esos judíos estén destinados al exterminio.

Solo unos días antes del Día del Recuerdo del Holocausto un periódico israelí encontró el coraje para admitir que “décadas de investigación sobre el Holocausto no pudieron encontrar una orden clara y explícita realizada por funcionarios nazis de alto nivel para involucrarse en el exterminio masivo y sistemático de los judíos”.

Según el periódico israelí, los nazis ocultaron sus verdaderas intenciones bajo algunas “órdenes ambiguas y códigos secretos”, que se supone que llevarían a los agentes a interpretar y reaccionar a lo que se cree que era la voluntad de Hitler.

La moraleja aquí es simple. Una vez más nos enteramos de que algunos israelíes están muy por delante de la prensa occidental y el mundo académico en su crítica de la ideología judía en general y la narrativa del Holocausto sionista en particular.

(Traducido para Rebelión por J. M. y revisado por Caty R.)

Fuente: http://www.gilad.co.uk/writings/gilad-atzmon-the-wannsee-conference-truth-and-myth.html#entry14803459

Extraído de: Rebelión.

7 comentarios to “La Conferencia de Wannsee, verdad y mito”

  1. Otra patraña negacionista: Frases sacadas de su contexto (Y que no dicen nada nuevo), dentro de un lúcido artículo de Norbert Kampe que desde el principio al final confirma la intencionalidad genocida de dicha conferencia.Por algo recibe tantas alabanzas de Haaretz, un importante periódico abiertamente judío, que por lo tanto no necesita ningún “coraje” para publicar un esclarecedor artículo sobre un hito fundamental del Holocausto .En cuanto a Atzmon, es saludable que exista gente como él, demostración palpable de la falsedad de las teorías racistas , según las cuales su genoma le obligaría a actuar como un leal judío.

  2. Hay que ser un “exterminacionista” de libro -a sueldo, por convicción o previo lavado de cerebro-, para ver en esa famosa conferencia lo que se dice que se dijo pero sin decirlo, y que realmente no se dijo. Lo saludable del caso de Atzmon en este tema concreto, y como otros muchos casos de judíos y no judíos, es que demuestra que cada vez son más los que ya no se tragan según qué diarreas mentales y chantajes diversos (históricos, económicos, políticos y emocionales).

  3. Una cosa es lo que “se dijo” y otra es lo que “se escribió” en dicha conferencia. Adolf Eichmann, organizador de la misma y secretario de actas, declaró que en ella se habló directamente de exterminio.Por lo demás el lenguaje eufemístico recogido en las actas era perfectamente conocido entre los funcionarios del Reich, ya que era ampliamente utilizado en los informes de los Einsatzgruppen.Una cosa es cierta: Es un error considerar a la conferencia de Wannsee como el hito fundacional del Holocausto, donde se tomaron drásticas decisiones (De paso, abriendo la opción de eximir a Hitler de resposabilidad en ellas).Norbert Kampe coincide con Laurence Rees en que en ella se discutieron e implementaron decisiones ya tomadas en niveles superiores de la jerarquía nazi.

  4. Sí, claro, “eufemismos”. Todo el mundo sabe que los alemanes son muy dados a referirse a los temas importantes con “eufemismos”, cuyo significado por otra parte todo el mundo conocía, pero nadie conocía.
    En líneas generales, sobre Wannsee, valga decir esto:
    La Conferencia de Wannsee fue la reunión de un grupo de representantes civiles, policiales y militares del gobierno de Alemania, que tuvo como tema central la “Solución Final del Problema Judío” (Endlösung der Judenfrage). Fue celebrada en Berlín el 20 de enero de 1942.
    Desarrollo y propósito

    Al principio de la Conferencia, Reinhard Heydrich recordó a todos que acababa de ser nombrado responsable encargado de la preparación de la Solución Final de la cuestión judía en Europa (Endlösung der europäischen Judenfrage). Será en adelante responsable del conjunto de medidas necesarias para la Solución Final de la cuestión judía sin tener en cuenta los limites geográficos.

    Heydrich resume a continuación la política antijudía llevada hasta entonces:

    La exclusión de los judíos fuera de las esferas vitales del pueblo alemán.
    La exclusión de los judíos fuera del espacio vital del pueblo alemán.

    De hecho tras el avance fulminante del ejército alemán en el Frente del Este (Unión Soviética) Heydrich actúa, pues, en función de esta nueva situación:

    Con la autorización previa del Führer, la emigración ha dado paso a otra posibilidad de solución: la evacuación de los judíos hacia el Este.

    No se podrían sin embargo considerar estas acciones más que como paliativos, pero las experiencias prácticas ya recogidas en este sentido son de una importancia significativa para la futura solución final de la cuestión judía.

    Esta solución definitiva sólo podía, en efecto, ser realizada tras la guerra y esta solución había sido siempre considerada de la misma forma: la expulsión de todos los judíos de Europa. Eso fue lo que dijo expresamente Hitler al Embajador en París, Abetz: el Führer le dijo que tenía la intención de evacuar a todos los judíos de Europa después de la guerra.
    El texto de Wannsee

    El Protocolo de Wannsee es el informe de la Conferencia que tuvo lugar el 20 de enero de 1942 y en la que participaron los Secretarios de Estado administrativamente interesados en la solución de la cuestión judía y los Jefes de Servicios encargados de su ejecución. Una lectura atenta del acta de la reunión, prueba que los alemanes consideraban una “solución final territorial (eine territoriale Endlösung) de la cuestión judía”, que desembocaría en un “resurgimiento judío” en un espacio geográfico a determinar. Se trata de un texto donde no se nombran ni las cámaras de gas ni el exterminio, sino únicamente el traslado de los judíos al Este de Europa. Los detalles de esta conferencia, son numerosos, pero el alma del proyecto se ve reflejada en lo que sigue:
    Entretanto, en vista de los peligros de la emigración durante la guerra y de las posibilidades en el Este, el Reichsführer SS y el jefe de la policía alemana habían prohibido la emigración de judíos.

    El programa de emigración ha sido ahora reemplazado por la evacuación de los judíos hacia el Este como una posible solución ulterior, de acuerdo con la previa autorización del Führer.

    Lógicamente esto sólo debe considerarse como un remedio temporal pero no obstante la solución momentánea del problema judío es de gran importancia.

    Bajo la dirección adecuada los judíos deben ser llevados al Este, del modo oportuno, para su empleo como mano de obra, durante el curso de la solución final. En grandes grupos de trabajadores, separados por sexos, los judíos útiles para el trabajo serán enviados a dichas zonas y empleados en la construcción de carreteras, durante lo cual, sin duda alguna una buena parte perecerá por causas naturales.[1]

    Los restantes que por último consigan sobrevivir y ya que esta es sin duda la parte que encontrará la mayor resistencia, deberán recibir el trato adecuado puesto que ellos, por ser fruto de la selección natural, habrán de ser considerados como el germen del futuro judío merecedor de obtener su libertad. (Ver lo que dice la historia).[2]

    En el programa para la realización práctica de la solución final, se peinará Europa desde el Este al Oeste. El territorio del Reich, incluyendo el Protectorado de Bohemia – Moravia, será el primero, únicamente por razones de problemas domésticos y otras necesidades sociopolíticas.

    Los judíos evacuados deben ser primero llevados grupo tras grupo a los denominados guetos de tránsito, para desde allí transportarlos más hacia el Este.

    Una importante precaución para la entera ejecución de las evacuaciones, tal y como más tarde explicó el general SS Heydrich, consiste en establecer exactamente la categoría de personas que deben incluirse.

    Se tiene intención de no evacuar a los judíos mayores de 65 años[3] sino enviarlos a un gueto adecuado a su edad (se cree que Theresienstadt).

    Junto con estas categorías de ancianos – de los quizá 280.000 judíos que el 31-10-1941 se hallaban en el viejo Reich y en Austria, puede que el 30% supere los 65 años – deberán ir a los guetos para ancianos aquellos judíos con importantes heridas de guerra y los que tengan condecoraciones (la Cruz de Hierro de 1ª Clase). Con esta solución apropiada las numerosas excepciones posibles serán suprimidas de un plumazo.

    En relación con el problema del efecto de la evacuación judía en la vida económica, el secretario de Estado Neumann dijo que los judíos empleados en industrias de guerra vitales no deben ser evacuados por ahora en tanto que no haya substitutos disponibles.

    El general SS Heydrich señaló que estos judíos, de acuerdo con las directivas aprobadas por él para la conducción de las evacuaciones actuales, no serían evacuados.
    El secretario de Estado Dr. Buehler dice que el Gobierno General aceptaría gustoso el comienzo de la solución final de este problema extraordinario y porque las obligadas previsiones de mano de obra no obstruirían el curso de esta acción… Además, de los dos millones y medio de judíos en cuestión, la mayoría no son útiles para el trabajo… sólo pide una cosa: que el problema judío de este territorio se solucione tan rápidamente como sea posible.
    Conferencia de Wannsee, NG-2586-G.

    Esta es la prueba documental concisa de que no existía un programa de exterminio; la política alemana consistía en evacuar a los judíos hacia el Este. Además, no era necesario capturar los documentos alemanes para conocer este hecho. Era bien sabido durante la guerra, y durante los inicios del programa de reasentamiento se dijo y se comentó incontables veces en la prensa aliada. En el caso de los judíos vieneses deportados a Polonia a comienzos de 1941, el New York Times dijo incluso que “encontraron sus nuevos hogares mucho más cómodos de lo que esperaban o nunca se atrevieron a esperar”. Posteriores noticias acerca del programa de reasentamientos no lo describen tan favorablemente, pero por lo menos la prensa decía aproximadamente lo que estaba ocurriendo.

    El único aspecto concreto del programa de evacuación hacia el Este que concuerda por lo general con las acusaciones exterminacionistas es que muchos judíos enviados a los campos de Polonia no regresaron, o por lo menos no a sus antiguos hogares. Aparentemente este ha sido el motivo de que mucha gente con información de más o menos primera mano sobre ciertas personas, hayan creído las acusaciones de exterminio. Sin embargo, la situación es básicamente simple. Estos campos servían obviamente como campos de tránsito en el programa de evacuación hacia el Este. Hemos visto que en Birkenau existía un anexo especial que servía como campo de paso para los judíos de Theresienstadt, y que muchos judíos provenientes de Holanda también pasaron por Auschwitz. El campo de prisioneros de Lublin también jugó en ocasiones este papel. Treblinka, que era un campo de trabajo pero que no parece haber sido administrado por la WVHA, sirvió claramente de campo de paso, en especial para los judíos de Varsovia. Lo mismo que con Auschwitz, el historiador Gerald Reitlinger se encuentra con que los supuestos hechos conocidos relativos a gaseamientos en Treblinka son difíciles de poner de acuerdo entre sí. Sobibor recibía la denominación explícita de campo de tránsito.

    Es llamativo el hecho de que estos documentos constituyen una prueba muy sólida de que no existió un programa de exterminio, sino de evacuación hacia el Este, y aún así, no son omitidos por los exponentes del exterminacionismo, sino que al contrario, son presentados constantemente como prueba de que el programa de exterminio existió en realidad. Pero para poder sostener esto, historiadores como Reitlinger y Raul Hilberg han forzado las interpretaciones para adecuarlas a sus conclusiones haciendo énfasis en que esta idea del exterminio va implícita en el conjunto de los documentos del tomo 13 del NMT. Así pues, dicen, sin aportar ninguna clase de pruebas, que “la evacuación hacia el Este es la expresión en clave para exterminio”.
    Conclusión

    La Conferencia de Wannsee, del 20 de enero de 1942, en la que se ha pretendido, durante más de medio siglo, que fue en ella donde se tomó la decisión de exterminar a los judíos europeos, desaparece, a partir de 1984, de la propia literatura de los más feroces enemigos de los revisionistas. En el Congreso de Stuttgart de mayo de 1984 esta interpretación fue explícitamente abandonada.[4] Y en 1992, Yehuda Bauer escribe en The Canadian Jewish News del 30 de enero que esta interpretación sobre Wannsee era “tonta” (silly).

    Los historiadores funcionalistas Ernst Nolte y Arno Mayer desmienten que la conferencia hubiera tratado sobre un exterminio encubierto. Finalmente el más reciente portavoz de los historiadores ortodoxos antirrevisionistas, el farmacéutico Jean-Claude Pressac, confirma esta nueva revisión de la ortodoxia:
    El 20 de enero, se celebró en Berlín la Conferencia de Wannsee. Si una acción de expulsión de los judíos hacia el Este fue considerada como la evocación de una eliminación natural por el trabajo, nadie habló entonces de liquidación industrial. En los días y las semanas que siguieron, la Bauleitung de Auschwitz no recibió ni una llamada, ni un telegrama, ni una carta solicitando el estudio de una instalación adaptada para tal fin.
    Jean-Claude Pressac, Les Crématoires d’Auschwitz[5]

    Incluso, en su Cronología recapitulativa, indica, en la fecha del 20 de enero de 1942: Conferencia de Wannsee sobre la expulsión de los judíos hacia el Este. El exterminio ha sido revisado: se trata tan sólo de expulsión.

    Es igualmente extraordinario que en todo este tema que tiene por objetivo probar la tesis del exterminio no se haga alusión al documento que, tras el de Wannsee, era, se decía, el más decisivo: la carta de Hermann Goering a Reinhard Heydrich del 30 de julio de 1941 en la que se afirmaba que la solución final significaba exterminio, y no traslado fuera de Europa.
    Referencias

    1 N. Los historiadores oficialistas, partiendo de sus conclusiones preconcebidas, toman este extracto como prueba de que la intención era matar a los judíos por cualquier medio posible como el del “agotamiento físico”. Lo que más bien se refleja aquí, es que los alemanes contemplaban las pérdidas de trabajadores, como cuando por las condiciones de la guerra se contemplan las bajas en un frente militar, a pesar de que dichas pérdidas serían el resultado de “causas naturales”, tales como la vejez.
    2 N. Con estas líneas se refuta de una vez por todas, esa idea del exterminio, dejando expresamente la intención de liberar a los prisioneros que sobrevivieran a las duras condiciones de los campos una vez terminada la guerra.
    3 N. Según la historia oficial, la palabra “evacuar” es una palabra en clave que significa “asesinar”, pero en este párrafo esa idea se ve contradicha pues también se ha afirmado que las personas de edad avanzada habrían sido las primeras en ser asesinadas por no ser “aptas para el trabajo”
    4 Eberhard Jaeckel y Jurgen Rohwer, Der ord an den Juden im Zweiten Weltkrieg (La muerte de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial) D. V. A. 1985 p. 67
    5 Jean-Claude Pressac, Les Crématoires d’Auschwitz, CNRS Ediciones, París, 1993. p. 35

  5. En cuanto a Eichmann, juzgado y secuestrado ilegalmente por los sionistas, bastaría decir que su testimonio no estaba precisamente libre de presiones… como ocurrió en otros célebres casos de confesiones mediante torturas salvajes de los “libertadores”. Incluso en el caso de que hablara libre de presiones, es fácil entender que dijera lo que se quería que dijese, no en vano sus -buenas- relaciones con los sionistas venían de antiguo. Como en el caso de Wannsee, valga lo expresado aquí en líneas generales:

    No ahondaremos en los detalles del operativo del que fuera víctima el ciudadano alemán radicado en Argentina, Adolf Eichmann pues los mismos resultan por todos conocidos y no hace mucho tiempo, al cumplirse cuarenta años de su ilegítimo secuestro, el Estado de Israel tuvo la deferencia de reconocer públicamente lo que todos sabíamos. Que el aludido fue secuestrado en territorio argentino por un comando israelí, -y no por unos ‘voluntarios judíos’, tal como dijera en un primer momento ofendiendo nuestra inteligencia- violando así la totalidad de nuestras leyes y siendo luego conducido, también ilegalmente y aprovechando ciertas circunstancias especiales, de las que hablaremos, hacia Israel en donde fue juzgado en un proceso semipúblico que durara dos años para ser después ejecutado.

    De este hecho queremos señalar tres cosas distintas sobre las cuales no se ha puesto el énfasis necesario y en algunos casos incluso se ha soslayado. Una relativa a la manera cómo se realizó el secuestro en sí, la segunda la referente a la actuación de nuestro gobierno una vez enterado del acontecimiento y la tercera, la más importante, las razones últimas por las que el mismo se efectuó.

    El secuestro

    Empecemos por lo primero. Se ha sabido, tras las confesiones del gobierno israelí, que el mismo estaba al tanto de la presencia de Eichmann en la Argentina desde al menos dos años antes y que secuestrarlo fue una cosa muy sencilla en tanto llevaba a cabo una vida rutinaria de simple operario en la empresa Mercedes Benz. ¿Cuáles fueron las razones por las que se esperó tanto tiempo para proceder a realizar el operativo? Pues bien, se buscó una fecha apropiada que permitiera la presencia en el país de un avión israelí que viniera especialmente en misión oficial. Y ello fue en el mes de mayo de 1960 pues en ese entonces se cumplían los 150 años de nuestra emancipación nacional. Eichmann que fue secuestrado un 11 de mayo viajó, luego de más de 20 días de ilegítima detención en nuestro propio territorio, en el avión de la delegación israelí camuflado entre su tripulación, tras habérselo anestesiado previamente (es lo que se dijo) y haciéndoselo pasar por enfermo. Esta circunstancia agrava enormemente la acción realizada, ya que de la misma participó la plana mayor del gobierno israelí, especialmente su ministro de Relaciones Exteriores que viajaba en ese avión en misión oficial y que indudablemente estaba al tanto del hecho y actuando así directamente como un vulgar secuestrador.
    Actuación del gobierno

    Pero ahora vayamos al segundo acontecimiento más risueño, el relativo a la actuación del ‘gobierno’ de ese entonces, el del desarrollista, también radical como Alfonsín y De la Rúa, Arturo Frondizi. Es de destacar que el mismo, debido a la importante influencia que en esa época tenían sea la Iglesia como las Fuerzas Armadas, contaba en su seno con un importante sector nacionalista católico que ocupaba justamente el área de la Relaciones internacionales. Así pues se encontraban allí en ese entonces figuras civiles significativas de tal corriente de pensamiento tales como De Pablo Pardo, Florit, quien era el ministro de Relaciones Exteriores y especialmente el importante ideólogo Mario Amadeo quien estaba a cargo de la delegación argentina en la ONU. Estas personas tenían fama de nazis o al menos habían sido todos ellos simpatizantes del Tercer Reich y por lo tanto se suponía que iban a bregar por exigirle a Israel la inmediata devolución del ciudadano secuestrado para después iniciar legalmente el proceso de extradición.

    Lo inverosímil del caso fue que todo no pasó de un simple pataleo diplomático no habiéndose llegado a la ruptura de relaciones con Israel una vez que se supiera que dicho país había utilizado su avión oficial engañándonos respecto de las razones de su viaje al país. Todo terminó con una promesa por parte de aquel gobierno de hacer ‘inversiones’ en la Argentina y de promover la presencia del capital judío, en especial del que operaba en las empresas petroleras norteamericanas que iban luego a firmar los famosos contratos expoliadores de nuestra vital riqueza y otorgadores a su vez de opíparas comisiones a sus intermediarios locales, todo ello como ‘recompensa’ por el daño sufrido en el honor nacional. Es decir se actuó como una verdadera republiqueta bananera para la cual el dinero -y en especial si es para engordar los bolsillos de nuestra clase política saqueadora- es más importante que la dignidad.

    Con respecto al accionar de aquellos exponentes del nacionalismo católico que siempre ha insistido en lo contrario habría que explicarlo en cambio por el lado de su tradicional sumisión a la Iglesia, la que, a pesar de que en ese entonces estaba dirigida por un cardenal conservador como Caggiano, [1] se encontraba en pleno período previo al Concilio Vaticano II y por lo tanto ya estaba realizando un sugestivo acercamiento hacia sus hermanos mayores por lo que tampoco efectuó presión alguna sobre el ‘gobierno’ de ese entonces para que modificara su postura. Esto que sucedió hace casi 50 años es una clara demostración del poder que ya en ese entonces manifestaba tener el sionismo.

    La diferencia con la época actual sería la siguiente. Si se hubiese descubierto la presencia de un nazi, tal como sucedió luego con otros casos, no hubiera sido necesario acudir al secuestro del mismo como en el caso Eichmann, sino que la justicia sionista argentina se habría esmerado por hacer méritos suficientes como para extraditarlo de manera fulminante. Es decir que para obtener tales ‘ayudas’ se podía acudir esta vez a la legalidad. Pero de eso ya hablaremos cuando encaremos los casos Priebke y Habel.
    El proceso
    Adolf Eichmann durante el juicio en Israel.

    El tercer tema es el relativo al famoso proceso acontecido en Israel. Es de destacar que el juicio Eichmann fue el primer caso en la historia judicial en donde se aplicó el famoso principio de la extraterritorialidad de la ley. A Eichmann se lo juzgó por hechos cometidos en Europa en un Estado de otro continente, pero lo curioso era que quien lo sometía a juicio, Israel, no existía en el momento en que se habrían cometido tales delitos, ni tampoco había razones suficientes para decir que tal institución representara a la totalidad de los judíos. Alemania, como era lógico suponer, dado que los hechos incriminados se desarrollaron principalmente en sus territorios y se trataba también de un ciudadano alemán el que los habría cometido, solicitó vanamente la extradición de Eichmann, la cual le fue negada tal como era de esperar.

    ¿Pero cuáles fueron las razones por las cuales Israel puso tanto énfasis en realizar este juicio poniendo en juego su prestigio como Estado ante otras naciones al acudir a procedimientos abiertamente ilegales? ¿Fue simplemente tal como se quiso hacernos creer por mucho tiempo por una razón de ‘justicia’? Podrá ser en todo caso de ‘justicia sionista’ pero no de verdadera justicia. En una reciente obra escrita por Abraham Burg,[2] un israelí sionista e hijo de uno de los jueces que lo juzgaran a Eichmann y que tuviera la peculiaridad de haber sido uno de los dos únicos que votara en contra de su condena a muerte, se nos da la clave de los hechos. La primera razón es la consabida. Israel buscaba, a través de este juicio, poner una vez más en el tapete el tema del Holocausto y hallar así justificativos para sus acciones de conquista en territorios árabes, tal como acontecerá pocos años más tarde con las anexiones obtenidas en las famosa guerra de los Seis Días a costa de Egipto, Siria y Jordania.
    Si Eichmann hubiese llegado a hablar

    Pero hay una razón mayor y que nos devela Burg por la que se explicaría además que Eichmann fue ejecutado y no dejado vivo para que siguiera confesando con amplitud todos sus ‘crímenes’. Burg nos recuerda que el aludido fue uno de los principales gestores de las reuniones secretas que importantes miembros del Tercer Reich y el movimiento sionista tuvieran en plena contienda bélica y antes aun de la misma. Sionismo y nazismo coincidían en algo fundamental desde puntos de vista diferentes. Que el judío debía irse del suelo europeo y fundar un nuevo Estado y eventualmente, si ello no pudiese llegar a constituirse todavía, la persecución que del mismo se hiciere habría sido un abono fundamental para el logro de tal objetivo. Y aquí hay que resaltar dos hechos concurrentes. La tranquilidad que Eichmann tuviera durante todas las sesiones del tribunal que lo juzgaba, lo que hizo elaborar la famosa teoría de Hannah Arendt respecto de la ‘banalidad del mal’, así como los relatos relativos a su secuestro que lo muestran hasta en diálogo franco y cordial con sus secuestradores y ¿por qué no? hasta su eventual colaboración en la salida de la Argentina pasando los controles del aeropuerto sin despertar sospecha alguna.

    Todo ello podría haberse debido a que consideraba que tenía a su favor un salvoconducto. Y quizás se le haya también prometido una prisión benévola en aras de los presuntos ‘favores’ brindados a la causa sionista. Pero su ejecución significó poner definitivo silencio y olvido a tales hechos esenciales que hubiesen desprestigiado al sionismo respecto del resto de su colectividad pues si Eichmann hubiese llegado a hablar (seguramente lo hubiese hecho de haber estado en Alemania) el sionismo habría sido elevado a la categoría de Juderat por parte de la propia colectividad. Y respecto del Estado de Israel muchos más judíos, además de los pertenecientes al movimiento Neturei Karta, habrían manifestado que se trata de una verdadera aberración.
    Referencias

    1 El Cardenal Antonio Caggiano, calificado por el sector modernista del clero como un conservador y reaccionario, manifestó en su momento que era injustificable lo realizado en tanto que Eichmann era un simple exiliado político. Tal como vemos, a pesar de ello, fue muy poca y nula su influencia al respecto para rectificar los hechos acontecidos.
    2 Ver Avraham Burg, “Derrotar a Hitler. Por un nuevo humanismo hebraico”, hay edición inglesa e italiana.

  6. Las fuentes:
    Wannsee: http://es.metapedia.org/wiki/Conferencia_de_Wannsee
    Eichmann: http://es.metapedia.org/wiki/Caso_Eichmann

    Se nos perdone la extensión de los textos. Nuestra intención no es tanto el debatir sobre el asunto, como poner a disposición de los interesados interpretaciones distintas a las del dogma (que son también variadas, a veces hasta contradictorias, pero todas ciertas al parecer, según convenga).

  7. También sobre Eichmann, en este mismo blog, estas interesantes reflexiones: https://paginatransversal.wordpress.com/2013/11/24/relaciones-entre-nazismo-y-sionismo-ana-arendt-en-jerusalen/

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