You are currently browsing the tag archive for the ‘Modernidad’ tag.
por Carlos Caballero Jurado
En el paupérrimo panorama político-ideológico español no abundan los debates de altura. La política ha echado por la borda toda preocupación ideológica. Habiendo quedado reducido el debate político al cruce de acusaciones de corrupción, tan sólo queda un tema que dé pie a alguna reflexión teórica: el nacionalismo. Se habla del tema debido al creciente peso de los nacionalismos periféricos en la arena política. Pero un análisis del nacionalismo debe trascender la problemática concreta española de hoy en día.
Y creo que ha llegado la hora de realizar una crítica seria sobre el nacionalismo, tratando de establecer hasta qué punto esa ideología puede ser la base sobre la que construir un nuevo paradigma. No se me escapa el que, desde hace tiempo, criticar el nacionalismo se ha convertido en una auténtica moda intelectual. Presentado como un fenómeno absolutamente anti-progresista, tachado de fascista, se le echa la culpa de casi todo, desde los asesinatos de ETA —única amenaza que le resta a nuestra democracia, según parece— hasta las presentes guerras balcánicas, con su secuela de horrores. Por tanto, la critica puede parecer una capitulación ante las modas intelectuales, aún más, una capitulación ante el avance del mundialismo. En este caso, un artículo como el que sigue sería incoherente en las páginas de Hespérides, que apuestan claramente por el derecho a la diversidad cultural y luchan contra el avance del “pensamiento único”. Espero que la lectura de las líneas que siguen convenzan a mis críticos (que ojalá sean muchos) de que no me he sumado a las modas impuestas en los cenáculos intelectuales.
EL SIGLO DEL NACIONALISMO
El nacionalismo ha sido, desde mediados del siglo XIX, una de las ideologías claves, y sin conocerla es imposible entender los fenómenos históricos contemporáneos. Desde las Revoluciones de 1830 y 1848 (“la primavera de los pueblos”), pasando por las dos guerras mundiales, por el imperialismo y la descolonización, hasta el reciente derrumbe del “imperio soviético”, pocos hechos históricos modernos son explicables sin tener en cuenta el gran fenómeno ideológico que es el nacionalismo. El nacionalismo y el socialismo serán, sin duda, fenómenos de masas mucho más importantes que el liberalismo. Y el socialismo marxista ha sobrevivido más de lo que hubiera sido lógico esperar gracias a que se ha enfundado el traje del nacionalismo [1].
El nacionalismo no debe ser confundido jamás con la existencia de una “conciencia nacional”. La Historia nos enseña que, ya en la Edad Media, era habitual la existencia de esa “conciencia nacional”, sobre todo en aquellas circunstancias en las que coincidían en el mismo espacio o momento personas de diversas nacionalidades. Aunque en ese período histórico la mayor parte de las personas morían sin haber salido jamás de su aldea, había casos en que personas de diversos orígenes debían convivir; por ejemplo, los caballeros de las Ordenes Militares o los estudiantes de las Universidades; en estos casos era normal que se agruparan por “naciones”. Así, en las Universidades medievales, aunque los estudiantes recibían las clases conjuntamente, en una lengua transnacional como era el latín, después era frecuente que residieran en Colegios Mayores con carácter nacional. Pero el criterio de “nacionalidad” no era en absoluto determinante. A nadie le sorprendía la presencia de estudiantes irlandeses en Salamanca ni la de castellanos en Bolonia, y caballeros ingleses o húngaros eran aceptados sin ningún problema en la Orden Teutónica, pese a que el mismo nombre de ésta subrayara un carácter alemán. Los reyes podían y solían tener vasallos de varias nacionalidades; las universidades o los monasterios, es decir, los centros culturales de la época, eran “internacionales” y nada de extraño había en la presencia de un monje castellano en un monasterio en Italia, ya que las Ordenes Religiosas (grupos sociales de la mayor importancia entonces) eran absolutamente transnacionales. Los límites de las distintas monarquías no coincidían con fronteras étnicas, por otra parte bastante confusas. Los derechos dinásticos y/o de conquista eran los que delimitaban la extensión de los Estados, y dentro de ellos, las relaciones de vasallaje no se establecían sobre una base de identidad nacional entre señores y vasallos.
Sólo con la aparición de las monarquías autoritarias en Europa occidental, se empieza a pretender, vagamente, dar a los Estados una base nacional más o menos uniforme. La monarquía española de los Reyes Católicos fue quizás uno de los mejores ejemplos de esta evolución, aunque una afirmación de este tipo debería ser muy matizada [2]. Sin embargo, vale la pena recordar que el sucesor de esos Reyes, el emperador Carlos V, fue soberano simultáneamente no ya de castellanos y catalanes, sino también de italianos y de alemanes, de flamencos y de indios americanos, y jamás pretendió acabar con las diferencias nacionales entre sus súbditos. En sus Ejércitos, entre sus funcionarios, entre sus cortesanos, los había de las más dispares nacionalidades. Y a pesar de que Carlos V peleó toda su vida contra Francia, entre sus más destacados generales no faltó algún francés, como el Condestable de Borbón. Dicho de otra manera, bien entrada la Edad Moderna vemos que los Estados siguen sin pretender legitimarse sobre una base nacional: la legitimación teocrática y dinástica seguía siendo la base del ordenamiento político.
La llegada del despotismo ilustrado tampoco supuso un cambio definitivo. Repasemos por ejemplo la historia de algunos monarcas ilustrados. El célebre Federico III de Prusia jamás escribió ni una sola línea en alemán, sólo usaba el francés. Y Pedro el Grande germanizó hasta tal punto su Corte que para su capital eligió un nombre alemán, San Petersburgo, en vez de un nombre ruso. Sin embargo, el despotismo ilustrado, con su afán de centralismo y uniformización, mantuvo actitudes protonacionalistas significativas. Centrándonos en el caso de España cabe recordar, por ejemplo, que Felipe II vetó el proyecto de evangelizar a los indios americanos sólo en castellano, defendiendo el que se usaran sus lenguas; o que Felipe IV tradujo al castellano la “Historia de Italia” de Guiccardini para mostrar a sus súbditos italianos el amor por esa lengua; en el prólogo a su traducción el monarca decía entender las lenguas de la mayor parte de sus súbditos y se lamentaba expresamente de no haber sido capaz de aprender el vascuence ni las lenguas de sus súbditos americanos. En cambio, el ilustrado Carlos III dió órdenes expresas de que en adelante la evangelización de los indios americanos sólo se realizara en castellano, mientras que su padre Felipe V ya había abolido el catalán como lengua administrativa en el Principado…
Por tanto, ¿de la mano de que fenómenos históricos se produjo el triunfo del nacionalismo tal y como hoy lo conocemos?
Natella Speranskaja ha entrevistado al director de “Eurasia. Revista de Estudios Geopolíticos”, Claudio Mutti, sobre el tema: “Teoría de un mundo multipolar”, a la cual está dedicada la conferencia internacional que el Movimiento Eurasiatico ha organizado en la Universidad Estatal de Moscú los días el 25-26 de abril de 2012. Reproducimos a continuación las preguntas y respuestas.
P.- ¿Cuál es su punto de vista acerca del actual orden mundial y el sistema internacional? ¿Cree “justo” el presente orden mundial? Sí es si, ¿Por qué? Sí es no, ¿Cómo piensa que pudiera ser cambiado? ¿Ya está cambiando?
R.- Sí, reconociéndonos herederos de los griegos, aceptamos la concepción aristotélica según la cual el Orden es aquella disposición armónica (táxis) que, junto con el mundo, tiene su principio en el Intelecto Universal (noûs), entonces estamos obligados a constatar que el actual sistema internacional no es un orden, y tanto menos justo. No es un Orden, porque no se fundamenta sobre el noûs, sino en la epithymía, sobre aquel deseo desmedido que se ha manifestado históricamente en la plutocracia usurocrática y en el imperialismo, y que hoy es representada en sumo grado por los Estados Unidos de América. No es justo, porque Justicia significa dar a cada uno lo suyo, suum cuique tribuere, mientras en el actual sistema internacional no sólo no se entrega a los pueblos lo que les corresponde, sino que hasta se les despoja de su tierra y agua, como ocurre, por ejemplo, en Palestina ocupada por los sionistas. El sistema unipolar se configura por lo tanto como una forma de tiranía mundial. Pero esta tiranía está empezando a vacilar, porque el delinearse de otras potencias continentales preanuncia el paso del mundo a un ordenamiento menos injusto que el actual.
P.- ¿Cuál es su opinión acerca de la teoría de la hegemonía estadounidense, es decir, del unipolarismo? ¿Cómo la globalización se vincula a esto? ¿Es bueno o malo para la población del planeta? ¿Cuál es, según Usted, el aspecto principal de este dominio hegemónico? ¿El militar? ¿El cultural? ¿El económico? ¿Algún otro factor o alguna otra combinación de factores?
R.- Es evidente que el proyecto estadounidense de hegemonía unipolar se rige sobre una combinación de factores de variada naturaleza. Ciertamente, hay el factor militar, que consiste en el control global ejercido por medio de una red de bases militar desplazadas en puntos estratégicos. Existe el factor económico, por el cual el trabajo y las riquezas de los pueblos son expropiadas a través de los mecanismos usurocráticos instalados en los EE.UU. Existe el factor cultural: una auténtica colonización del imaginario, del pensamiento y de la vida cotidiana que no se expresa solamente sobre el plano de los símbolos, del arte, de la música, del espectáculo, de la gastronomía, de las diversiones sino, sobre todo, en la heideggeriana “casa del Ser”, o bien sobre el plano lingüístico, tanto es verdad que, aun cuando no estamos obligados a comunicarnos en inglés, introducimos en nuestro discurso préstamos y calcos de origen inglés. Pero también hay un potente factor de tipo “religioso”: un mesianismo secularizado fundado sobre una presunta investidura divina de tipo veterotestamentaria, una verdadera y propia inversión paródica, en la que mis amigos rusos sin dificultad detectarán la marca característica del Anticristo.
P.- ¿Cuáles países, grupos de países o fuerzas sociales y políticas podrían estar en capacidad de desafiar la hegemonía norteamericana? ¿Y cómo?
R.- La hegemonía estadounidense puede ser desafiada solamente de una potencia o de un bloque de potencias en posesión de aquellos mismos requisitos que han permitido a los EE.UU. escalar al poder mundial: dimensiones continentales, fuerza demográfica, desarrollo tecnológico e industrial, armamento atómico, prestigio cultural, sistema político fuerte, voluntad de potencia. Por tanto sólo la unión Eurasiatica y China pueden constituir el punto de apoyo de un bloque continental capaz de expulsar a los Estados Unidos de nuestro hemisferio.
P.- ¿Qué piensa de la idea de globalismo y gobierno global? ¿Es posible? ¿Es deseable?
R.- Hace siglo y medio, Ernst Jünger planteó el advenimiento del Weltstaat (Estado Mundial) como coronamiento final de la globalización, como inevitable resultado político de la acción ejercida por fuerzas de alcance mundial, como la técnica y la economía. Pero Jünger, por cuanto reconoce que la especificidad humana consiste en la libertad del querer, considera al hombre como “hijo de la tierra” y por lo tanto lo ve implicado en un proceso cósmico determinado por fuerzas contraventoras del espacio de la libertad humana. A esto se podría objetar fácilmente recurriendo a los términos de la doctrina taoísta, según el cual el ”Hombre Verdadero” es por excelencia “Hijo del Cielo y de la Tierra”, así que su voluntad, cooperando conscientemente con el Cielo, puede hacer de contrapeso al destino terrestre y neutralizarlo.
P.- ¿Es posible un orden mundial multipolar? ¿En la época actual, a qué podría parecerse? ¿Un orden mundial multipolar sería preferible a un orden mundial unipolar o bipolar? ¿Por qué?
R.- Sin ninguna duda el orden multipolar es preferible al monopolarismo y al bipolarismo, porque garantiza mayor equidad en la distribución de la potencia geopolítica. ¿A qué podría parecerse? Incluso siendo consciente del hecho que omnis comparatio claudicat (toda comparación falla), todavía pienso al multipolarismo como una proyección sobre la escala eurasiática tal como el diseño del Zar Alejandro I: un tipo de Santa Alianza que reemplace a los viejos imperios europeos por los polos emergentes en el Continente. La unidad continental indiolatina completaría el panorama del mundo multipolar, en el que Estados Unidos de América, en la hipótesis más favorable para ellos, volvería a ser exclusivamente una entidad política norteamericana.
P.- ¿Qué cosa define un “polo” en la teoría de las relaciones internacionales? ¿Como pone Usted en correlación el concepto de “polo” con otros conceptos estructurales del análisis de las relaciones internacionales, tales como: “Estado soberano”, “Imperio”, “Civilización”? ¿La soberanía, en cuanto concepto, es puesta en tela de juicio por la globalización y la posibilidad de gobierno mundial? ¿Es válida la “teoría de la civilización” como instrumento conceptual en el estudio de las relaciones internacionales?
R.- Geopoliticamente entendido, un “polo” es un Estado soberano del cual parten líneas de fuerza capaces de atraer y de agregar los territorios contiguos. En otras palabras, un “polo” es un centro catalizador que realiza la integración de un área geopolítica en la cual prevalecen comunes elementos de civilización. En cuanto al concepto de “Imperio”, éste es actualmente malentendido completamente, tanto es verdad, que muchos, confundiendo la realidad con su siniestra caricatura, hablan hasta de ¡”impero americano”! Para hablar específicamente y correctamente de Imperio, es necesario, como mínimo, que sea una construcción política de grandes dimensiones territoriales, cuyo principio constitutivo no sea nacional y dentro de la cual convivan muchos pueblos, naciones y comunidades religiosas. A tal propósito se puede prometer la fórmula romana: fecisti patriam diversis gentibus unam (con pueblos distintos hiciste una sola patria).
P.- ¿Cómo percibe el papel de su país en un posible sistema multipolar?
R.- Siendo ocupada militarmente por los EE.UU. y por tanto obligada a desarrollar el papel de portaaviones americano en el Mar Mediterráneo, Italia hoy no es libre para desarrollar aquella función natural que su misma posición geográfica le determina, en dirección del Norte de Africa y del área balcánico-danubiana. Por tanto sólo la desarticulación del sistema occidental y el consiguiente pasaje del mundo a un ordenamiento multipolar podrá permitir a Italia, integrada en una Europa unida y soberana, valorizar su propio potencial geopolítico.
P.- ¿Cuáles tendencias del desarrollo del mundo moderno cree positivas y cuáles negativas? ¿Según Usted, qué se podría hacer para mejorar las negativas y reforzar las positivas?
R.- Las más graves enfermedades del espíritu contemporáneo son aquéllas representadas, en sumo grado, por la civilización occidental: individualismo, racionalismo, materialismo, hedonismo. Todas estas tendencias son atribuibles a una única raíz: la negación del Principio metafísico y por lo tanto de una finalidad última que oriente el curso de la vida. Las medicinas aptas para la cura de estas enfermedades “occidentales” pueden ser provistas por las doctrinas espirituales, que son patrimonio tradicional del continente eurasiático.
P.- ¿Existe, concretamente, la amenaza de una Tercera Guerra Mundial?
R.- Ciertamente existe. La guerra contra Irán ya empezó con el ataque terrorista a Siria, se integra al proyecto estratégico estadounidense de recuperar el control del “territorio costero”, control fundamental para encerrar a Rusia e impedir que la “Tierra central” se convierta en el centro del poder mundial. Desearía equivocarme, pero me inclino a pensar que la crisis económica induzca a los EE.UU. a recurrir a la fuerza militar, acelerando los tiempos del choque.
(Traducción: Francisco de la Torre)
Extraído de: Eurasia. Rivista di studi geopolitici
Jorge Fuentes
Ante todo hay que aclarar qué se entiende por pensamiento tradicional: es aquel que utilizando la dialéctica racional originada en Occidente, expone la metafísica pura y sus aplicaciones, a los distintos grados del Ser, y a los distintos tiempos y lugares.
Es mérito de René Guénon (1886-1951) el haber expuesto a través de sus libros -a partir de 1921-, por primera vez en Occidente, el pensamiento tradicional. Si Guénon fue el primero en exponer “filosóficamente” la Tradición, Mircea Eliade (1907-1986) tal vez sea el primero que abordó “científicamente” la Tradición sin deformarla. Pero en este trabajo no nos ocuparemos de la “ciencia”, sino de la “filosofía” [1] de la Tradición.
Escuela guénoniana
Comencemos, pues, con Guénon que influyó decisivamente no sólo en su escuela, sino también en la escuela evoliana y en la schuoniana. Guénon nació y vivió en Francia (1886-1930) y luego se trasladó y murió en Egipto (1930-1951) como devoto musulmán y sufí. El corazón de su obra está compuesto por sus libros estrictamente metafísicos: El hombre y su devenir según el Vedanta (1925); El simbolismo de la cruz (1931); Los estados múltiples del ser (1932); y La metafísica oriental (1939). No sería exagerado decir que su lectura y meditación es esencial para cualquiera que se interese por el mundo tradicional en cualquiera de sus facetas.
Pero si en lo anterior hay unanimidad en el mundo tradicional, hay otras obras de Guénon que causan polémica, por ejemplo: Apreciaciones sobre la iniciación (1946); y Sobre el esoterismo cristiano (1954). En el primer trabajo señala que la única organización iniciática auténtica de origen occidental que sobrevive en Occidente, corresponde a la Francmasonería. En el segundo trabajo señaló que el cristianismo fue una organización iniciática auténtica pero perdió ese carácter al descender exotéricamente en el siglo IV d.C. Por eso Guénon estimuló a los occidentales a ser exotéricamente cristianos (y católicos) y esotéricamente masones.
Guénon nunca dirigió una organización esotérica ni dio consejos técnicos de orden metódico, su función era de carácter eminentemente teórica. Entre sus seguidores más destacados podemos señalar: a musulmanes sufíes como Michel Valsân, Jean Reyor, Roger Maridort y Giovanni Ponte; a masones como Jean Tourniac, Denys Roman y Federico González; e hindúes como Ananda Coomaraswamy.
Pero la obra de Guénon influyó, como ya dijimos, no sólo en la escuela estrictamente guénoniana sino también en dos formidables estudiosos de la Tradición y cabezas de escuela: Julius Evola y Frithjof Schuon.
Escuela evoliana
Julius Evola (1898-1974) vivió toda su vida en Italia y se abocó en su obra, de carácter puramente tradicional a partir de 1931, a destacar el aspecto activo de la tradición, a diferencia de Guénon que le daba primacía a la contemplación.
Evola no se preocupó de la metafísica pura, sino de su encarnación en la historia, una expresión magistral de esto es su obra Rebelión contra el mundo moderno (1934), y centrándose más en la actualidad política, su libro Los hombres y las ruinas (1953). Pero para aquellos que no tenían una vocación política definida y que creían que no se podía ya, a estas alturas del kali-yuga, remontar la corriente de la decadencia, escribió varias obras entre las que destacan: Metafísica del sexo (1958) y Cabalgar el tigre (1961).
En ésta última que se podría calificar como su obra maestra, Evola entró en polémica con los tradicionalistas guénonianos y schuonianos ya que señala que para el hombre occidental la opción de una iniciación auténtica está prácticamente cerrada. La decadencia irreversible tanto del cristianismo como de la masonería, y la ocultación de los centros iniciáticos orientales dejan al hombre occidental con una sola opción: cabalgar el tigre.
Esto significa adherirse a los principios tradicionales sin vincularse a ninguna tradición formalmente establecida, y el individuo, sin ninguna ayuda exterior, bebe los peligrosos venenos del mundo moderno, (sexo; drogas; música; etc.) y los convierte en remedios para realizarse espiritualmente y así poder abatir al peligroso tigre del mundo moderno. Evola fue consecuente con este camino y se podría decir que él cabalgó durante toda su vida al tigre, y es preciso reconocer que nunca cayó [2].
Entre sus seguidores más destacados están: Gianfranco de Turris, Renato del Ponte, Ernesto Milá y Marcos Ghío.
Escuela schuoniana
Frithjof Schuon (1907-1998) nació en Suiza y vivió además en Francia y los Estados Unidos, donde falleció. En 1932 fue iniciado por el más grande maestro espiritual sufí del siglo XX, el sheik Alawi. En 1948 ocurrieron dos hechos muy importantes en su vida: asumió el cargo de sheik (maestro espiritual) con el nombre de Issa (Jesús) y escribió un artículo, “Misterios crísticos”, para la revista tradicional francesa Etudes Traditionelles que produjo su rompimiento definitivo con Guénon.
En ese artículo Schuon afirmaba que los sacramentos católicos no han perdido su naturaleza iniciática por lo que los católicos no necesitan recurrir a la masonería para ser iniciados, esto dividió al movimiento tradicionalista.
Otro aspecto que separó a ambos es que según Schuon la moral y la belleza tienen una dimensión esotérica, en cambio Guénon las consideraba como propias de la dimensión exotérica de la Tradición.
Pese a las diferencias hay que reconocer que lo que une a Guénon y Schuon es muchísimo más que lo que los separa.
De su dilatada obra se pueden destacar De la unidad trascendente de las religiones (1948) y Perspectivas espirituales y hechos humanos (1953).
Entre sus seguidores se pueden destacar: musulmanes sufíes como Titus Burckhardt, Seyyed Hossein Nasr y Martin Lings; cristianos como Rama Coomaraswamy, Huston Smith y Jean Hani; y budistas como Marcos Pallis.
Escuela corbiniana
Esta escuela de pensamiento no le debe nada a la obra de Guénon aunque llegue a conclusiones semejantes. Su fundador fue Henri Corbin (1903-1978) que vivió en Francia. Fue un estudioso del mundo iraní, tanto islámico como preislámico. Su gran aporte fue demostrar la importancia que tenía para el mundo iraní el aspecto personal de lo divino: cada hombre tiene un ángel que es su doble celestial con el cual se reunirá si le ha sido fiel en esta vida. También destacó la importancia del mundo imaginal: mundo intermedio en el que convergen el mundo divino con el mundo terrestre.
Su obra maestra es En islam iranien: aspects spirituels et philosophiques, 4 vol. (1971-1973).
Entre sus seguidores se destacan Gilbert Durand, Marie Madeleine Davy, Antoine Faivre y Christian Jambet.
* * *
Concluiremos señalando que tal vez el lector que lea este artículo se sienta desalentado y confuso al ver tantas divergencias, pero a nuestro juicio éstas son precisamente las que demuestran una vitalidad que nos hacen mirar con optimismo el futuro de la Tradición en el mundo. Sin lugar a dudas ésta perdurará hasta el final de nuestro actual ciclo cósmico.
Notas
<[1] Filosofía en la forma pero no en el fondo, ya que el pensamiento tradicional no parte de una duda que intenta resolver, como lo hace la filosofía actual, sino de una certeza que intenta comunicar desde distintas perspectivas.
[2] En 1945 recibió una prueba muy fuerte: durante un bombardeo ruso a Viena cayó gravemente herido y quedó inválido por el resto de su vida.
Publicado el 3 de febrero de 2000 en “Bajo los Hielos”
Gilad Atzmon
Palestine Think Thank
Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos
“La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón del mundo sin corazón y el alma de la condición desalmada. Es el opio del pueblo”, Karl Marx, 1843
Antes de emprender el análisis del tratamiento engañoso de las religiones por parte de liberales e izquierdistas, me gustaría compartir con ustedes un chiste malo. Cuidado, porque puede que ustedes no quieran compartir esta pequeña historia con sus amigas feministas.
Una activista estadounidense que visitó Afganistán a finales de los noventa estaba asolada al comprobar que mujeres caminaban a quince pies detrás de sus maridos. Pronto supo gracias a su traductor afgano que se debía a cierta pauta religiosa que ordenaba [así es como lo mostramos] respeto al “cabeza de familia”. Cuando volvió a Estados Unidos la asolada activista lanzó campaña tras campaña por los derechos de las mujeres en Afganistán. Resulta que la misma ferviente activista visitó Kabul el mes pasado. Esta vez le sorprendió encontrar una realidad completamente diferente. Ahora las mujeres caminaban 30 pies por delante de sus maridos. La activista informó rápidamente a su cuartel general en Estados Unidos: “La revolución por los derechos de la mujer es un gran éxito aquí en Afganistán. Mientras que en el pasado los hombres caminaban delante, ahora son las mujeres las que van en cabeza”. Su traductor afgano, que oyó hablar del informe, llamó a la mujer aparte y le informó de que la interpretación era completamente errónea: “Las mujeres”, dijo, camina delante debido a las minas.…”.
Por trágico que pueda parecerles a algunos, no somos tan libres como creemos ser. No somos exactamente los autores de la mayoría de nuestros pensamientos y de lo que comprendemos. Se nos imponen nuestras condiciones humanas; somos producto de nuestra cultura, de nuestra lengua, de nuestro adoctrinamiento ideológico y, en muchos casos, víctimas de nuestra pereza intelectual. Igual que la activista estadounidense de semi-ficción de antes, en la mayoría de los casos estamos atrapados dentro de nuestras ideas preconcebidas y esto nos impide ver las cosas como son realmente. En consecuencia, tendemos a interpretar y, en la mayoría de los casos, a malinterpretar culturas remotas que emplean nuestro mismo sistema de valores y código moral.
Esta tendencia tiene unas consecuencias graves. Por alguna razón “nosotros” (los occidentales) tendemos a creer que “nuestra” superioridad tecnológica junto con nuestra querida “ilustración” nos proveen de un “sistema antropocéntrico laico racional absolutamente ético ” de la más alta calidad moral.
La izquierda liberal
Podemos detectar en Occidente dos componentes ideológicos que compiten por nuestras mentes y nuestras almas; ambos afirman saber lo que está “bien” y lo que está “mal”. Los liberales insistirían en alabar la libertad individual y la igualdad civil; los izquierdistas tenderían a creer que poseen una herramienta “científica social” que les ayuda a identificar quién es “progresista” y quién es “reaccionario”.
Así las cosas, son estos dos preceptos laicos modernistas los que actúan como guardianes de nuestra ética occidental. Pero, de hecho, han logrado lo contrario. A su propia manera, cada ideología nos ha llevado a un estado de ceguera moral. Son estos dos llamamientos denominados “humanistas” los que o bien preparan conscientemente el terreno para las criminales guerras coloniales intervencionistas (los liberales), o bien no logran oponerse a ellas al tiempo que emplean ideologías erróneas y argumentos falsos (la izquierda).
Tanto los liberales como la izquierda, en sus aparentemente banales formas occidentales sugieren que el laicismo es la respuesta a los males del mundo. Sin lugar a dudas, el laicismo occidental puede ser un remedio para algún malestar social occidental. Sin embargo, en la mayoría de los casos las ideologías liberales y de izquierda no logran comprender que el laicismo es en sí mismo un resultado natural de la cultura cristiana, esto es, un producto directo de la tradición y de la apertura cristianas hacia una existencia cívica independiente. En Occidente la esfera espiritual y la civil están profundamente separadas [1]. Es precisamente esta división lo que permite el surgimiento del laicismo y el discurso de la racionalidad. Es precisamente esta división lo que ha llevado también al nacimiento de un sistema laico de valores éticos en el espíritu de la ilustración y de la modernidad.
Pero precisamente esta división es lo que ha llevado también al surgimiento de algunas formas rotundas de laicismo-fundamentalista que maduraron en crudas visiones del mundo antirreligiosas que no son diferentes del fanatismo. En realidad, es precisamente este muy engañoso laicismo fundamentalista lo que llevó a Occidente a un rechazo total de mil millones de seres humanos que están fuera de él simplemente porque llevan el velo equivocado o da la casualidad de que creen en algo que no logramos comprender.
Progresista frente a retrógrado
A diferencia del Cristianismo, el Islam y el Judaísmo son sistemas de creencia con una orientación tribal. De hecho, el interés principal de ambos sistemas de creencia es la supervivencia de la familia extensa en vez del “individualismo ilustrado”. Los talibán, a los que la mayoría de los occidentales consideran el más oscuro marco político posible, simplemente no se ocupan en absoluto de cuestiones que tienen que ver con las libertades personal o los derechos personales. Es la seguridad de la tribu junto con el mantenimiento de los valores de la familia a la luz de El Corán lo que constituye su núcleo fundamental. El Judaísmo rabínico no es en absoluto diferente. Básicamente está ahí para preservar la tribu judía manteniendo el Judaísmo como una “forma de vida”.
Tanto en el Islam como en el Judaísmo apenas existe separación entre lo espiritual y lo civil. Ambas religiones son sistemas que aportan respuestas exhaustivas en términos de cuestiones espirituales, civiles, culturales y cotidianas. La ilustración judía (Haskalah) fue en gran medida un proceso de asimilación judía a través del laicismo y la emancipación, y la generación de diferentes formas modernas de identidades judías, incluyendo el sionismo. Sin embargo, los valores ilustrados del universalismo nunca han sido incorporados al corpus de la ortodoxia judía. Como en el caso del Judaísmo rabínico, que es totalmente ajeno al espíritu de la ilustración, el Islam está en gran parte alejado de los valores de la modernidad y racionalidad eurocéntrica. En todo caso, debido a la interpretación de las Escrituras (hermenéutica) tanto el Islam como el Judaísmo están, en realidad, más cerca de la post-modernidad [2].
Ni la ideología de izquierda ni el liberalismo se relacionan intelectual o políticamente con estas dos religiones. El hecho es desastroso porque la mayor amenaza para la paz mundial la plantea el conflicto árabe-israelí; un conflicto que se está convirtiendo rápidamente en una guerra entre el Estado expansionista judío y la resistencia islámica. Y, sin embargo, tanto la ideología liberal como la de izquierda carecen de los medios teóricos necesarios para comprender las complejidades del Islam y del Judaísmo.
El liberal rechazaría el Islam por siniestro debido a su postura ante los derechos humanos y de las mujeres en particular. La izquierda caería en la trampa de denunciar la religión en general como “reaccionaria”. Quizá sin darse cuenta, tanto uno como otro caen aquí en un claro argumento supremacista. Dado que tanto el Islam como el Judaísmo son más que meras religiones, transmiten una “forma de vida” y suponen un todo por medio de respuestas a preguntas que tienen que ver con el estar en el mundo, los liberales e izquierdistas occidentales corren peligro de rechazar completamente a una gran parte de la humanidad [3].
Hace poco acusé a un verdadero izquierdista y buen activista de ser islamófobo por culpar a Hamás de ser “reaccionario”. El activista, que evidentemente apoya verdaderamente a la resistencia palestina, se defendió rápidamente afirmando que lo que a él no le gustaba no era sólo el “Islamismo”, que en realidad él odiaba por igual tanto al Cristianismo como al Judaísmo. Por alguna razón, él estaba seguro de que odiar por igual a cada religión era una cualificación humanista adecuada. En consecuencia, el hecho de que un islamófobo sea también judeófobo y cristianófobo no es necesariamente un signo de compromiso humanista. Seguí cuestionando a este hombre bueno; entonces él argumentó que lo que en realidad a él no le parecía bien era el Islamismo (esto es, el Islam político). Volví a cuestionarlo y llamé su atención sobre el hecho de que en el Islam no existe una separación real entre lo espiritual y lo político. La noción de Islam político (Islamismo) bien podría ser una lectura errónea del Islam. Señalé que el Islam político, e incluso la rara implementación de la “jihad armada”, no son sino Islam en la práctica. Tristemente éste fue más o menos el final de la discusión. Al activista de la solidaridad con Palestina le resultó demasiado difícil hacer frente a la unidad islámica de cuerpo y alma. La izquierda en general está condenada a fracasar aquí a menos que profundice más escuchando el vínculo orgánico islámico entre lo “material” y el llamado “opio del pueblo”. A una persona de izquierda hacer esto le supone nada menos que fundamental cambio intelectual.
Este cambio lo sugirió hace poco Hisham Bustani [4], un marxista independiente jordano, al afirmar: “La izquierda europea debe hacer una seria autocrítica de esta actitud de “nosotros sabemos más” y de su tendencia a considerar ideológica y políticamente inferiores a las fuerzas populares del sur”.
Palestina
La solidaridad con Palestina es una buena oportunidad para revisar la gravedad de la situación. Da la casualidad de que, a pesar del trato asesino que Israel inflige a los palestinos, la solidaridad con Palestina no se ha convertido todavía en un movimiento de masas. Puede que nunca llegue a ser tal movimiento. Dado el fracaso de Occidente de mantener los derechos de los oprimidos, los palestinos parecen haber aprendido la lección: eligieron democráticamente a un partido que les prometía resistencia. Curiosamente, muy pocas personas de izquierda estuvieron ahí para apoyar a los palestinos y su elección democrática.
Con la plantilla actual de solidaridad política condicionada, vamos perdiendo compañeros a cada recodo de este camino plagado de baches. Las razones son las siguientes:
- El movimiento de liberación palestino es básicamente un movimiento de liberación nacional. En este reconocimiento es donde perdemos a todos los cosmopolitas de izquierda, aquellos que se oponen al nacionalismo.
- Debido al ascenso político de Hamás ahora la resistencia palestina es considerada resistencia islámica. Ahí es donde estamosperdiendo a los laicos y los ateos furibundos que se oponen a la religión, lo que los catapulta a ser PEP (progresistas excepto acerca de Palestina) [5].
De hecho, los PEP se dividen en dos grupos:
PEP1: aquellos que se oponen a Hamás por ser “reaccionario”, sin embargo, aprueban a Hamás por su éxito operativo como movimiento de resistencia. Estos activistas están esperando básicamente a que los palestinos cambien de idea y vuelvan a ser un sociedad laica. Pero están dispuestos a apoyar con condiciones a los palestinos como pueblo oprimido.
PEP2: aquellos que se oponen a Hamás por ser una fuerza reaccionaria y rechazan su éxito operativo. Estos están esperando a la revolución mundial. Prefieren dejar a los palestinos en espera por el momento, como si Gaza fuera un centro de vacaciones al lado del mar.
Con estas fuerzas de solidaridad que se evaporan rápidamente, nos quedamos con un movimiento de solidaridad con Palestina en miniatura con un poder intelectual (occidental) lamentablemente limitado y una capacidad aún menor incluso de cualquier eficacia a nivel de base. Hace poco Nadine Rosa-Rosso [6], una marxista independiente que trabaja en Bruselas, reveló esta trágica situación al afirmar: “La vasta mayoría de la izquierda, incluyendo a los comunistas, está de acuerdo en apoyar al pueblo de Gaza contra la agresión israelí, pero se niega a apoyar su expresión política, como son Hamás en Palestina e Hizbola en Líbano”. Esto lleva a Rossa-Rosso a preguntarse “¿por qué la izquierda y extrema izquierda moviliza a tan poca gente? Es más, para ser claros, ¿son todavía capaces la izquierda y la extrema izquierda de movilizar en relación a estas cuestiones?”.
¿A dónde ahora?
“Si el apoyo de la izquierda a los derechos humanos en Palestina está condicionado y depende de que los palestinos denuncien su religión y sus creencias religiosas, su herencia cultural y sus tradiciones sociales, y adopten un nuevo conjunto de creencias, valores y comportamientos sociales ajenos que encaje con lo que la cultura de la izquierda considera aceptable, esto significa que el mundo está negando a los palestinos el derecho humano más básico, el derecho a pensar y a vivir dentro de un código ético”, Nahida Izzat [7].
El actual discurso de solidaridad de la izquierda es inútil. Él mismo se aleja de su sujeto, logra muy poco y no parece ir a ninguna parte. Si queremos ayudar a los palestinos, a los iraquíes y a los demás millones de víctimas del imperialismo occidental, realmente debemos pararnos un segundo, respirar profundamente y volver a empezar desde cero.
Debemos aprender a escuchar. En vez de imponer nuestras creencias a los demás, haríamos mejor en aprender a escuchar aquello en lo que creen los demás.
¿Podemos seguir las sugerencias de Bustani y Rossa-Rosso, y revisar toda nuestra noción del Islam, de sus raíces espirituales, de su estructura, de su equilibro unificado entre lo civil y el espíritu, de su visión de sí mismo como un “modo de vida”. Si podemos hacerlo o no es una buena pregunta.
Otra opción es reexaminar nuestra ceguera y abordar las cuestiones humanistas desde una perspectiva humanista (por oposición a política). En vez de amarnos a nosotros mismo a través del sufrimiento de los demás, que es la forma última de egoísmo, haríamos mejor en ejercer por primera vez la noción de verdadera empatía. Nos ponemos a nosotros mismos en el lugar del otro aceptando que puede que nunca comprendamos completamente a este mismo otro.
En vez de amarnos a nosotros mismos a través de los palestinos y a sus expensas, tenemos que aceptar a los palestinos por lo que son y apoyarlos por quienes son con independencia de nuestro punto de vista sobre las cosas. Ésta es la única forma verdadera de solidaridad. Su objetivo es una conformidad ética más que ideológica. Sitúa la humanidad en el centro mismo. Refleja la profunda comprensión que tenía Marx de la religión como el “suspiro de los oprimidos”. Si pretendemos tener compasión por la gente, haríamos mejor en aprender a amarlos por lo que son en vez de por lo que esperamos que sean.
Notas:
[1] Tiene algo que ver con una herencia del Bajo Imperio Romano y del desarrollo temprano del Cristianismo como un concepto expansionista que tenía el objetivo de difundirse a culturas y civilizaciones remotas.
[2] Se puede argumentar que la agenda principal tras los intentos post-modernos es desestabilizar las bases del conocimiento y la ética modernos desafiando la posibilidad de una aplicabilidad universal moderna. Como lo expresó elocuentemente Muqtedar Khan (http://www.ijtihad.org/discourse.htm) , el post-modernista trata de privilegiar el “aquí y ahora” por encima de lo global. Tanto la filosofía post-modernista como la teología religiosa, afirma Khan, “rechazan la afirmación modernista de la infalibilidad de la razón”. Como el post-modernista, el Islam y el Judaísmo son escépticos respecto a la soberanía de la razón y de los discursos de racionalidad.
[3] La extraña y muy común sugerencia marxista de que “muchas personas, aparte de nosotros” son, de hecho, “reaccionarios” por ser religiosos implica la asunción necesaria de que el propio marxismo está cómodamente instalado en una superioridad moral absoluta. Esta asunción es bastante errónea por dos razones obvias:
- Afirmar saber más que los demás basándose en la afiliación ideológica o política es nada menos que supremacía llevada a la práctica;
- La afirmación de poseer la superioridad moral X no se puede verificar científicamente a menos que esté validada por otra superioridad moral más elevada X’. Para poder sostener su “superioridad moral” un marxista debería ir más adelante y afirmar que detenta la superioridad moral aún más alta X’. Para verificar esta postura X’ tendrá que avanzar a otra X’ superior, y así sucesivamente. Nos enfrentamos aquí a una búsqueda sin fin de la validación del significado ético. Este modelo de pensamiento puede ayudarnos a entender por qué el marxismo occidental ha logrado separarse de la realidad ética y del pensamiento ético, y no abordar apenas cuestiones relacionadas con una verdadera igualdad.
El problema obvio con la implementación marxista de la dicotomía “progresista frente a reaccionario” es que el marxismo afirma, como corresponde, estar entre los progresistas y afirma convenientemente que el “adversario” se encuentra entre los reaccionarios. Obviamente, esto es ligeramente sospechoso o, cuando menos, discutible.
[4] http://palestinethinktank.com/2009/06/26/hisham-bustani-thoughts-out-of-season-critiquing-the-european-left/ (Traducción al castellano, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=83413).
[5] Phil Weiss en su blog de valor inestimable MondoWeiss blog acuñó hace poco el útil término político de PEP: progresistas excepto acerca de Palestina.
Una versión de este artículo, sin notas, se publicó en: http://palestinechronicle.com/view_article_details.php?id=15280
Gilad Atzmon es músico de jazz, compositor, productor y escritor.
Enlace con el original: http://palestinethinktank.com/2009/07/14/gilad-atzmon-thinking-out-of-the-secular-box-the-left-and-islam/

