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Tras el esperado anuncio de la marcha definitiva de Hosni Mubaraq el viernes 11 de Febrero de 2011, hasta Jose María Aznar ha celebrado las Intifadas de Túnez y de Egipto, considerándolas inspiradoras y ejemplos para el mundo.
Batallones de cargos políticos, portavoces de «laboratorios de ideas» (como actualmente es Aznar al frente de FAES) y «líderes de opinión» occidentales que, hasta ayer mismo, habían venido apoyando las políticas de Zinel Abidín Ben Alí en Túnez y de Hosni Mubaraq en Egipto, han empezado a celebrar, de repente, y sin que se les caiga la cara de vergüenza, que Ben Alí se viera forzado a marcharse del palacio de Cartago el viernes 15 de enero a consecuencia de la revuelta regional que, a partir del 28 de diciembre, se extendió al resto de Túnez y se transformó en insurrección, y que el «Rais» Mubaraq abandonara igualmente su palacio de Heliópolis el 11 de febrero, forzado por la insurrección urbana que se inició el 25 de enero y no paró hasta conseguir su marcha.
Como ocurrió en España hace un tercio de siglo, cuando Franco estaba vivo, los españoles que habían expresado su «adhesión inquebrantable al régimen hasta la muerte» habían sumado legiones. Años después de la muerte de Franco, la mayoría de esas legiones de adheridos inquebrantables a la dictadura del Generalísimo se habían descubierto como «demócratas de toda la vida». Sin embargo, prácticamente nadie se atrevió a pasar de franquista «inquebrantable» a antifranquista furibundo en sólo un par días, pues esa milagrosa reconversión (en muy raros casos explicada por sus autores) requirió de varios años. Desde luego, con respecto a Franco, se necesitó muchísimo más tiempo que ahora, cuando, en cuestión de días (en algunos casos de horas) los grandes apoyos políticos, mediáticos e intelectuales europeos de las tiranías de Ben Alí en Túnez y de Mubaraq en Egipto, empezaron a celebrar, al menos de cara a la galería, que los tiranos (sus protegidos tiranos) habían sido tumbados.
Pero la postura mayoritaria adoptada por representantes políticos, «laboratorios de ideas», «expertos» y medios de difusión de masas occidentales es la reflejada, por ejemplo, en la línea editorial del diario «El Mundo»: autoproclamarse «Guardianes de la Revoluciones» para evitar que sean «secuestradas por los extremistas islámicos». Todos estos «guardianes occidentales de la Revolución Árabe» surgidos de repente, reclaman un papel de «aleccionadores» para que tunecinos, egipcios y cualquier otro pueblo que consiga sacudirse a su tirano, hasta ahora obediente a los dictados de Occidente, «aprendan» de las ejemplares enseñanzas occidentales y no se desvíen de la «Transición hacia la Libertad y la Paz».
Estas «Intifadas» que los nuevos «Guardianes de la Revolución» no sólo no han inspirado, sino, incluso, han venido condenando «preventivamente» durande décadas… estas revoluciones en la que, ellos, no sólo no han participado ni han sacrificado nada, sino, por el contrario, han tratado a toda costa de impedir que surgieran (e incluso trataron de apagar una vez que se habían puesto en marcha, agitando los prejuicios y miedos del público medio occidental) se han convertido, de golpe, en fenómenos políticos que exigen la protección y una especial tutela por parte de los poderes políticos, mediáticos y, por supuesto, de los servicios secretos de Occidente.
No es sólo que se hayan sumado, en cuestión de días, al proceso, como «revolucionarios encantados de conocerse», sino que se han arrogado de inmediato el papel de tutores, de vigilantes del proceso. Es decir, en Occidente tenemos a una multitud que, de la noche a la mañana, han pasado de ser «Amigos, Aliados y Apoyos» de las tiranías de Ben Alí y Mubaraq, a ser en estos momentos «Guardianes de la Revolución… de toda la vida».
Cualquiera que tenga un mínimo sentido de la decencia reconoce, y nosotros lo afirmamos bien claro, que hoy, nadie, puede dar lecciones a los insurrectos tunecinos ni egipcios. Nadie, y menos aún la infame derecha política y la no menos infame progresía de Europa, que hasta que las insurrecciones se desataron imparables, respaldaban a los regímenes matones, uno por encargo directo de Francia y de Italia (el de Ben Alí) y el otro de EEUU y el Ente Sionista (el de Mubaraq). Ambos tenían licencia para machacar a sus pueblos y eran oportunamente alabados por cancillerías y medios de difusión de masas atlánticos. Aún la mayoría de ellos, cuando todavía no era seguro si Ben Alí o Mubaraq se marchaban o no, siguieron callados como momias, evaluando si los insurrectos se mantenían firmes o sucumbían ante las amenazas y la represión.
Por todo ello demandamos que se callen:
Que se callen los cínicos que se creen «superhombres» y más listos que nadie desde la comodidad de sus sillones. Tunecinos y egipcios nos han dado a todos una lección de coraje, de entrega, de sacrificio, de lucha y de perseverancia en común que deja en evidencia las miserables posturas egocéntricas que desgraciadamente se consolidan en nuestro entorno.
Que se callen los escépticos de siempre que piensan que todo se encuentra siempre previsto y preparado con antelación por alguna mano oculta en las sombras. Conspiraciones y conjuras, haberlas haylas, y han existido siempre, pero son demasiados los que se empeñan siempre en explicar todo lo que sucede en el mundo a través de conjuras extrañas, cayendo en el extremo opuesto de aquellos que creen que todo es como parece o se muestra en la televisión.
Demandamos también que se callen los expertos que nada previeron, y, por supuesto, cómo no, reclamamos que se callen los turistas que sólo querían disfrutar de las playas y ver monumentos en paz, esos que se quejan de la interrupción de sus vacaciones porque sólo les importa su disfrute particular desentendiéndose de todo lo que se encuentra fuera de su ombligo. Éstos forman parte de la clase más repugnante e infame que produce el Capitalismo avanzado: la clase «de los usuarios».
Que se callen porque todos ellos han sido desbordados por las Intifadas tunecina y egipcia, que han barrido a las figuras principales de sus regímenes «amigos» y «aliados».
En Tunez y Egipto el poder, todavía, continúa en la calle. El primer ministro Ganuchi ha tenido que formar, en menos de un mes, varios gobiernos de «transición» gracias a la presión de los insurrectos, que le han obligado a disolver la RCD. En estos momentos, los funcionarios del Ministerio tunecino de Asuntos Exteriores han conseguido forzar la dimisión del segundo ministro del ramo de la «transición», por seguir mostrando el servilismo de antes ante su homóloga francesa, la misma que, hasta horas antes de la marcha de Ben Alí, preparaba el envío de material antidisturbios y especialistas policiacos desde París para ayudar a sofocar la insurrección. Los egipcios, que también han luchado y sufrido para conquistar su autoestima, personal y nacional (ambas van juntas), rompiendo el miserable individualismo que promueve el capitalismo, y las divisiones y miedos impuestos en el seno del pueblo por el Sistema para neutralizar las movilizaciones nacionales, han conseguido que el consejo supremo de las Fuerzas Armadas decrete la disolución de las cámaras parlamentarias e invalide la Constitución de Mubaraq.
Las de Túnez y Egipto han sido intifadas que han desbordado a las baronesas Ashton, a las trilaterales Jiménez y al resto de representantes políticos occidentales, cuyas declaraciones suenan exactametne como lo que son: huecas y oportunistas, como las de Ben Alí el 14 de enero diciendo en televisión que gracias a los insurrectos había descubierto estar rodeado de malos consejeros y ministros, o como las de Mubaraq y Soleimán alabando a los mártires que sus esbirros habían matado. Sus rostros han mostrado la misma careta que la Esfinge de Guiza: rostros de algo muy viejo.
Que se callen también los aguafiestas, que sólo saben hablar de pérdidas económicas de las revoluciones o de «Que viene el Lobo».
Que se callen, asimismo, los sempiternos vendedores de la resignación que tratan de convencernos que, al final, «no compensa» luchar por nada, y desean que venga la resaca cuanto antes.
Es hora de celebrar… y hora de prepararse:
Desde luego es hora de celebrar la victoria en estas primeras batallas. Porque es la hora de saborear, sobre todo, lo más importante: la autoestima ganada, el amor propio que tunecinos y egipcios han conquistado en estos días. Esa autoestima, personal y nacional (que para nosotros, insistimos, van necesariamente juntas) es el mayor valor de una revolución popular. Y el mayor antídoto para rechazar a todos los impresentables «Guardianes de la Revolución… de toda la vida» que han surgido desde Occidente.
Pues recobrando la autoestima y el orgullo nacional como tunecinos y egipcios, esos pueblos están preparados, no para irse a casita diciendo eso de ¡«Misión cumplida»! sino para seguir con la guerra, para continuar el enfrentamieto contra sus opresores (pues como dicen en Túnez: «se ha ido Ben Alí pero quedan los cuarenta ladrones») para recobrar su Patria, para conquistar libertades reales y para luchar por la Justicia no sólo en sus naciones sino de los demás pueblos que sufren las embestidas del imperialismo, del sionismo y, en definitiva, de los secuaces de las Altas Burguesías atlánticas.
Al sur del Mediterráneo se han roto unas poderosas cadenas. Pero más poderosa ha sido la voluntad de romperlas. Imperialistas, sionistas y secuaces del Capital han pasado de la condena y la alarma por las Intifadas, a dar lecciones y querer tutelar las «transiciones». Es la nueva fase del «juego» a vida o muerte que libran los pueblos oprimidos movilizados contra sus opresores: que son, en última instancia, los mismos opresores que tenemos los españoles.
Por eso podemos decir que tunecinos y egipcios han destrozado unos eslabones que forman parte de las mismas cadenas que nos aprisionan a todos.
por Thierry Meyssan (*)
Los grandes medios de difusión se apasionan por las manifestaciones egipcias y predicen la llegada de la democracia occidental a todo el Medio Oriente. Thierry Meyssan desmiente esa interpretación, señala la existencia de fuerzas opuestas en pleno movimiento y precisa que el resultado va en sentido contrario del orden estadounidense en la región.
Ayer por ejemplo, alrededor de dos millones de personas marcharon por la calles de El Cairo, la capital del país, para exigir la salida inmediata del presidente, de su recientemente nombrado vice-presidente, el general Suleiman y de todos aquellos que representan el viejo orden estatal al servicio del neocolonialismo occidental.
Hace una semana que los medios de prensa occidentales vienen haciéndose eco de las manifestaciones y de la represión en marcha en las grandes ciudades egipcias. Esos medios establecen un paralelismo entre estos hechos y los que desembocaron en la caída de Zine el-Abidine Ben Ali, en Túnez, y hablan de un aire de rebelión que recorre el mundo árabe. También según esos medios, este movimiento puede extenderse a Libia y a Siria y debe beneficiar a los demócratas laicos, no a los islamistas, según dicen, porque la administración Bush sobreestimó la influencia de los religiosos y el «régimen de los ayatolas» que reina en Irán no es bien visto. Se cumpliría así el deseo expresado por el presidente estadounidense Barack Obama en la universidad del Cairo: la democracia reinará en el Medio Oriente.
Este análisis es falso en todos sus aspectos.
En primer lugar, las manifestaciones de Egipto comenzaron hace meses. Los medios de prensa occidentales no les prestaban atención porque pensaban que no llegarían a nada. Los tunecinos no contagiaron a los egipcios sino que les abrieron los ojos a los occidentales sobre lo que está sucediente en la región.
En segundo lugar, los tunecinos se rebelaron contra un gobierno y una administración corruptos que poco a poco comenzaron a expoliar a toda la sociedad, privando así de toda esperanza a un número cada vez mayor de categorías sociales. La rebelión egipcia no está dirigida contra ese modo de explotación sino contra un gobierno y una administración que están tan ocupados en servir a los intereses extranjeros que no les queda energía para responder a las necesidades básicas de su propia población.
Numerosos motines se han producido en Egipto durante los últimos años, ya sea contra la colaboración con el sionismo o provocados por el hambre. Estos dos temas están íntimamente vinculados. Los manifestantes se refieren simultáneamente a los acuerdos de Camp David, el bloqueo contra Gaza, los derechos de Egipto sobre las aguas del Nilo, la división de Sudán, la crisis de la vivienda, el desempleo, la injusticia y la pobreza.
Además, Túnez era administrado por una dictadura policial, mientras que Egipto es administrado por un régimen militar. Digo «administrado», y no «gobernado», porque en ambos casos se trata de Estados que se encuentran una bajo tutela postcolonial, privados de política exterior y de defensa independiente. Como consecuencia, en Túnez, el ejército logró interponerse entre el pueblo y la policía del dictador, mientras que en Egipto la cuestión tendrá que resolverse a golpe de fusil automático entre militares.
En tercer lugar, si lo que está sucediendo en Túnez y en Egipto constituye un estímulo para los pueblos oprimidos, la realidad es que esos pueblos no son los que los medios occidentales se imaginan. Para los periodistas de esos medios, los “malos” son los gobiernos que se oponen –o que parecen oponerse– a la política occidental. Sin embargo, para los pueblos, los tiranos son quienes los explotan y los humillan. Es por eso que no creo que veamos revueltas similares en Damasco.
El gobierno de Bachar el-Assad es el orgullo de los sirios. Se ha puesto del lado de la resistencia y ha sabido preservar sus intereses nacionales sin ceder nunca ante las presiones. Lo más importante es que ha sabido proteger a su país del destino que Washington le reservaba: el caos, como en Irak, o el despotismo religioso, como en Arabia Saudita. Aunque ciertos aspectos de su administración son muy criticados, está desarrollando una burguesía y los procesos de decisión democrática que la acompañan. Por el contrario, Estados como Jordania y Yemen son inestables, en lo que concierne al mundo árabe, y el contagio puede extenderse también al África negra, por ejemplo, a Senegal.
En cuarto lugar, los medios de difusión occidentales están descubriendo tardíamente que el peligro islamista no es más que un espantapájaros. También deberían admitir que quienes lo activaron fueron los Estados Unidos de Clinton y la Francia de Mitterrand, durante los años 1990 en Argelia, y que la administración Bush lo infló después de los atentados del 11 de septiembre, mientras que los gobiernos neoconservadores europeos de Blair, Merkel y Sarkozy se dedicaban a alimentarlo.
Tendrían que reconocer además que nada tienen en común el wahabismo saudita y la Revolución islámica del ayatola Khomeiny. Calificar a ambas tendencias de «islamistas» no sólo es simplemente absurdo, sino que equivale a prohibirse a sí mismo la comprensión de lo que está pasando.
La familia Saud ha financiado, en colaboración con Estados Unidos, a grupos sectarios musulmanes que predican un regreso a la imagen que ellos tienen de la sociedad del siglo VII, la época del profeta Mahoma. Pero su impacto en el mundo árabe es similar al de los amish, con sus carretas de caballos, en Estados Unidos.
La Revolución de Khomeiny no tiene como objetivo la instauración de una sociedad religiosa perfecta, sino el derrocamiento del sistema de dominación mundial. Afirma que la acción política es para el hombre un medio de sacrificarse y de superarse a sí mismo y que es por lo tanto posible encontrar en el Islam la energía que se necesita para lograr el cambio.
Los pueblos del Medio Oriente no aspiran a reemplazar las dictaduras policiales o militares que los oprimen por dictaduras religiosas. No existe un peligro islamista. Simultáneamente, el ideal revolucionario islámico, que ya dio lugar al nacimiento del Hezbollah en el seno de la comunidad chiíta libanesa, está influenciando ahora al Hamas en la comunidad sunnita palestina. También puede ser capaz de desempeñar un papel en los movimientos que ya se encuentran en marcha, y ya lo está haciendo en Egipto.
En quinto lugar, aunque no sea del agrado de ciertos observadores, y aunque estamos asistiendo a un regreso de la cuestión social, no se puede reducir este movimiento a una simple lucha de clases. Por supuesto, las clases dominantes tienen miedo de las revoluciones populares, pero las cosas son mucho más complicadas. Así que no tiene nada de sorprendente que el rey Abdullah de Arabia Saudita haya telefoneado al presidente Obama para pedirle que pare el desorden en Egipto y que proteja a los gobiernos ya establecidos en la región, sobre todo el suyo. Pero ese mismo rey Abdullah acaba de favorecer un cambio de régimen en el Líbano a través de la vía democrática. Abandonó al millonario líbano-saudita Saad Hariri y ayudó a la coalición del 8 de Marzo, incluyendo al Hezbollah, a poner en su lugar como primer ministro a otro millonario líbano-saudita, Najib Mikati. Los diputados que habían elegido a Hariri representaban al 45% del electorado libanés, mientras que Mikati acaba de ser electo por parlamentarios que representan al 70% del electorado.
Hariri respondía a los intereses de París y de Washington, mientras que Mikati anuncia una política de apoyo a la resistencia nacional. La cuestión de la lucha contra el proyecto sionista es en la actualidad extraordinariamente determinante en relación con los intereses de clase. Además, más que la repartición de la riqueza, los manifestantes protestan contra el sistema capitalista seudoliberal impuesto por los sionistas.
En sexto lugar, y volviendo al caso de Egipto, los medios occidentales se precipitaron a aupar a Mohamed El Baradei, nombrándolo como líder de la oposición. Esto da risa. El señor El Baradei es una personalidad que goza de una agradable reputación en Europa por haber resistido por algún tiempo a las presiones de la administración [Bush], sin oponerse a ella completamente. Representa por lo tanto la buena conciencia que pretende tener ante Irak la Europa que, después de oponerse a la guerra, acabó apoyando la ocupación. Sin embargo, objetivamente, El Baradei es el hombre de los paños tibios al que le dieron el premio Nóbel de la Paz para no dárselo a Hans Blix. Se trata, sobre todo, de una personalidad sin influencia en su propio país. Existe políticamente porque los Hermanos Musulmanes lo convirtieron en su vocero ante los medios occidentales.
Estados Unidos ha fabricado opositores más representativos, como Ayman Nur, que Washington seguramente no tardará en sacar del sombrero, aunque sus posiciones a favor del seudoliberalismo económico lo descalifican ante la crisis social que está atravesando el país.
Como quiera que sea, en realidad sólo existen dos organizaciones de masas, implantadas en la población, que se oponen desde hace mucho a la política actual: los Hermanos Musulmanes por un lado y la iglesia cristiana de los coptos por el otro (aunque S. B. Chenudda III ve una diferencia entre la política sionista de Mubarak, a la que él se opone, y el rais, al que él se adapta). A los medios occidentales se les escapa ese detalle porque les han hecho creer al público que eran los musulmanes quienes perseguían a los coptos, cuando en realidad es la dictadura de Mubarak quien lo hace.
No resulta inútil hacer un paréntesis en este punto. Hosni Mubarak acaba de nombrar vicepresidente a Omar Suleiman, un gesto que busca evidentemente hacer más difícil su posible eliminación física por parte de Estados Unidos.
Mubarak se convirtió en presidente porque había sido designado vicepresidente y Estados Unidos eliminó al presidente Annuar el-Sadat a través del grupo de Ayman al-Zawahiri. Así que Mubarak se negó siempre a designar un vicepresidente por temor a ser asesinado a su vez. Al designar al general Suleiman, Mubarak escoge ahora a uno de sus cómplices, el mismo con quien él se manchó las manos en la sangre de el-Sadat. En lo adelante, para tomar el poder, no bastará con matar al presidente sino que habrá que ejecutar también a su vicepresidente. Pero Omar Suleiman es el principal artífice de la colaboración con Israel, así que Washington y Londres van a protegerlo como la niña de sus ojos.
Además, Suleiman puede apoyarse en el ejército israelí frente a la Casa Blanca. Y ya trajo francotiradores y equipamiento israelíes que se encuentran listos para abatir a los elementos más activos (líderes o cabecillas) durante las manifestaciones callejeras.
En séptimo lugar, la situación revela las contradicciones de la administración estadounidense. En su discurso de la universidad del Cairo, Barack Obama tendió la mano a los musulmanes y exhortó a la democracia. Pero ahora hará lo que sea para impedir elecciones democráticas en Egipto. Él puede tolerar un gobierno legítimo en Túnez, pero no en Egipto. Unas elecciones beneficiarían a los Hermanos Musulmanes y a los coptos. De ellas saldría un gobierno que abriría la frontera con Gaza y que liberaría al millón de personas allí encerradas.
Los palestinos, con el apoyo de sus vecinos, el Líbano, Siria y Egipto, romperían el yugo sionista.
Hay que señalar aquí que durante los dos últimos años, estrategas israelíes han analizado la posibilidad de orquestar una maniobra. Considerando que Egipto es una bomba social, que la revolución es allí inevitable, han estudiado la posibilidad de favorecer un golpe de Estado militar a favor de un oficial ambicioso e incompetente.
Este último emprendería entonces una guerra contra Israel y fracasaría en ella. Tel Aviv recuperaría así su antiguo prestigio militar y recuperaría también el monte Sinaí y sus riquezas naturales. Se sabe que Washington se opone resueltamente a ese escenario, demasiado difícil de controlar.
En definitiva, el Imperio anglosajón sigue anclado a los principios que él mismo fijó en 1945: es favorable a las democracias que toman «la decisión correcta» (la del servilismo) y se opone a los pueblos que toman «la mala» (la de la independencia).
Por consiguiente, si les parece necesario, Washington y Londres no tendrán reparos en apoyar un baño de sangre en Egipto, con tal de que el militar que salga ganador sobre los demás se comprometa a mantener el statu quo internacional
(*) Analista político francés. Fundador y presidente de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).
Extraído de: Red Voltaire
por Agustín Velloso
Rebelión
1. Un problema importante en España: la vestimenta de las mujeres en países musulmanes
La prensa nacional sigue ofreciendo a menudo artículos de opinión y cartas al director acerca del velo. Parece que esta prenda se ha convertido en un problema para la sociedad occidental, en la que apenas se nota su empleo, aunque curiosamente no lo parece en aquellas donde su uso es mayoritario.
Lo cierto es que esta prenda tan insignificante, además de cubrir la cabeza de las mujeres musulmanas, sirve para ocultar la situación de las mujeres españolas.
¿Tienen todos aquellos editorialistas y escritores menos de cincuenta años? Porque si no es así no les costará nada reconocer a sus madres y a sus tías en esta fotografía:
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Ayer noche, durante el programa “+ se perdió en Cuba”, de la cadena Intereconomía, su presentador, el señor Horcajo, denunció la supuesta horrible costumbre que tienen a bien practicar en la franja de Gaza los despiadados milicianos de Hamás: casarse con niñas.
La diatriba prosionista del inefable periodista (o periolisto) era ilustrada con fotografías en las que jóvenes nínfulas, vestidas de novia, bailaban alegremente o acompañaban de la mano a serios hombres trajeados (hombres que, suponemos, para el señor Horcajo serán todos terroristas además de pederastas) de camino al altar de los sacrificios nupciales musulmanes.
Sin embargo, la empanada mental del señor Horcajo y acompañantes (entre los que se hallaba, cómo no, el “especialista” en el mundo muslmán y diputado pepero señor Arístegui) les impidió caer en la cuenta de que su odio etnocéntrico y supremacista (occidentalista y liberaloide, se entiende) les llevaba, una vez más, a cubrirse de gloria con la mierda que propagan sin rubor en cada ocasión que se les presenta.
En un nuevo ejercicio de aullido “perrodista” (son y serán la voz de sus amos), perseveraban en la mentira, la manipulación, la difamación, la provocación y el odio.
Observen si no qué es aquello que estos indignos personajillos de nuestro “esperpento” nacional querían hacer pasar por “bodas con niñas”.
“Una boda para cien viudas de Hamás”

Niñas bailan ante los novios en una boda masiva en Gaza
Es muy habitual que niños, los hijos de los milicianos muertos, asistan a estas bodas, como en este caso, cuando otras 100 viudas se casaron en un campo de refugiados en Gaza el 24 de julio de 2008.REUTERS
* En Palestina, toda mujer debe tener un hombre que cuide de ella
* Los hombres son responsables de las viudase hijos de sus hermanos muertos en combate
* Por ley, un palestino puede tener hasta cuatro esposas como “responsabilidad social”

Una mujer palestina llora y muestra la fotografía de la boda con su marido ya fallecido
En la sociedad palestina se considera que una mujer viuda debe casarse con otro hombre que cuide de ella.
(03.12.2000)REUTERS
EFE Gaza 10.07.2009
Vestidas con un largo traje negro, guantes en las manos y velos cubriéndoles el rostro, cien viudas de Gaza han contraído matrimonio este viernes en una ceremonia multitudinaria convocada por el movimiento islamista Hamás.
Este segundo matrimonio, para estas cien viudas, forma parte de la acción social sobre la que se funda el movimiento islamista desde sus albores en la década de los ochenta, y que trata de dar respuesta a los problemas sociales en la castigada franja, controlada por Hamás desde junio de 2007.
De hecho, las cien mujeres, muchas de ellas con niños, perdieron a sus maridos en la última ofensiva militar israelí de finales de diciembre a mediados de enero, en la que murieron unos 1.400 palestinos, la mayoría civiles según distintos grupos de derechos humanos.
Todos seguidores de Hamás y menores de 25 años, novios y novias han contraído matrimonio en presencia de familiares e hijos de las viudas, las niñas de blanco y los niños de estricto traje negro.
Ahmed al-Fayoomi, de 22 años, es uno de los novios que ha decidido sacrificarse y contraer hoy matrimonio con una viuda, que no es sino su propia cuñada.
“Alá, mi hermano, murió en la guerra de los israelíes contra Gaza y dejó siete hijos”, dice Fayoomi antes de la boda con Sabrin, dos años mayor que él.
La responsabilidad de cuidar de la familia
Según la ley islámica, y la de otros pueblos de origen semita, el hermano de un hombre muerto debe cuidar de la familia que deja, y Fayoomi no ha eludido su compromiso a pesar de que ello significa mantener a siete vástagos.
“Yo soy el que debe cuidar de la esposa de mi hermano y de sus hijos”, subraya con orgullo. El de este joven no es el único caso. De hecho, la inmensa mayoría de los cien novios eran hasta ahora cuñados de las novias.
Para alentar a los hombres a no dejar a estas mujeres abandonadas de por vida, el movimiento islamista ha pagado a cada uno de ellos el equivalente a 2.800 dólares (unos 2.000 euros), lo que se traduce en que algunos de los novios sean también hombres casados, muchos con hijos, que deciden tener una segunda mujer.
La ley islámica permite desde sus inicios que cada hombre puede tener hasta cuatro mujeres.
“Hoy me caso con el hermano de mi marido y estoy segura que él se sentirá feliz en su lugar de reposo porque ahora sabe que su hermano cuidará de mi y de mis hijos”, declara una de las novias que pide no ser identificada.
Cubierta de pies a cabeza, según el rito islámico más estricto, sólo los ojos verdes destacan sobre el solemne traje negro que viste. Pero para ella, hoy, todo es felicidad.
“Estoy muy contenta por este matrimonio”, asegura consciente de que deja una condición que no es común en la conservadora sociedad palestina: la de no tener un hombre que cuide de la mujer.
La mayoría de las viudas, informaron fuentes del movimiento islamista, estaban casadas con milicianos de Hamás por lo que al morir en la ofensiva israelí están considerados por la sociedad palestina como “mártires”.
“Lo que hacemos es un acto de beneficencia, una obligación divina, independientemente del dinero que te dan las organizaciones de Hamás”, coinciden en señalar varios de los novios.
Mohamed Taha, de 23 años, se casa también con su cuñada, un año mayor que él, porque “amaba tanto a mi hermano que habiéndose convertido en mártir he decidido cuidar de su mujer y de su hijo”.
Un caso más extraño entre los matrimonios arreglados este viernes por la llamada Corporación Popular para el Cuidado de la Familia, afiliada a Hamás, es el de Jibril al-Naooq, de 20 años, que se casaba con la mujer de su tío, Asmaa, cinco años mayor que él y madre de dos hijos.”
FUENTE: RTVE
Esta noticia, fechada en el mes de Julio del presente año, tuvo el mismo tratamiento infame y tergiversado durante el mes de agosto, por parte de otros selectos miembros de la carroña periodística española:
“Lunes 24 de agosto de 2009
Patinazo de Periodista Digital con las bodas de Hamás
Periodista Digital, el digital de Alfonso Rojo, es conocido por copiar descaradamente las informaciones de otros medios y ponerles titulares sensacionalistas. Cuando quieren publicar una información medio original, lo único que consiguen es caer en el más burdo periodismo basura.
Hoy han publicado una noticia sobre unas bodas patrocinadas por Hamás en Gaza, pero han confundido a las hijas de las viudas que se casaban, con las contrayentes. Todo adornado con el titular: ¿Patrocina Hamás la pedofilia en Gaza?

La noticia original: las verdaderas bodas de Hamás según RTVE
Minuto Digital, no iba a ser menos, también pica:

PD: como no hay dos sin tres, el inefable Diario Ya, especialista en picar en todos los bulos que circulan por la red, también lo hace con este…”
Fuente: Blog La caja debajo de la cama
Todas las noticias falseadas han sido retiradas ya de las páginas señaladas
(“Periodista Digital”: http://blogs.periodistadigital.com/tizas.php/2009/08/24/hamas-boda-nina-infantil-pubertad-gaza-7878
“Minuto Digital”: http://www.minutodigital.com/actualidad2/2009/08/24/casamiento-musulman-masivo-450-novios-se-casan-con-ninas-menores-de-diez-anos-en-gaza/
“Religión Digital”: http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=4866)
Todas, excepto el Diario Ya, que persiste en sus trolas: http://www.diarioya.es/content/casi-500-musulmanes-se-casan-con-ni%C3%B1-menores-de-diez-a%C3%B1os-en-gaza
No tenemos confianza alguna en que los indignos rectifiquen. Sí tenemos claro sin embargo quiénes son nuestros enemigos: la bazofia humana que día sí, día también, pretende engañarnos con sus mentiras.
Gilad Atzmon
Palestine Think Thank
Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos
“La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón del mundo sin corazón y el alma de la condición desalmada. Es el opio del pueblo”, Karl Marx, 1843
Antes de emprender el análisis del tratamiento engañoso de las religiones por parte de liberales e izquierdistas, me gustaría compartir con ustedes un chiste malo. Cuidado, porque puede que ustedes no quieran compartir esta pequeña historia con sus amigas feministas.
Una activista estadounidense que visitó Afganistán a finales de los noventa estaba asolada al comprobar que mujeres caminaban a quince pies detrás de sus maridos. Pronto supo gracias a su traductor afgano que se debía a cierta pauta religiosa que ordenaba [así es como lo mostramos] respeto al “cabeza de familia”. Cuando volvió a Estados Unidos la asolada activista lanzó campaña tras campaña por los derechos de las mujeres en Afganistán. Resulta que la misma ferviente activista visitó Kabul el mes pasado. Esta vez le sorprendió encontrar una realidad completamente diferente. Ahora las mujeres caminaban 30 pies por delante de sus maridos. La activista informó rápidamente a su cuartel general en Estados Unidos: “La revolución por los derechos de la mujer es un gran éxito aquí en Afganistán. Mientras que en el pasado los hombres caminaban delante, ahora son las mujeres las que van en cabeza”. Su traductor afgano, que oyó hablar del informe, llamó a la mujer aparte y le informó de que la interpretación era completamente errónea: “Las mujeres”, dijo, camina delante debido a las minas.…”.
Por trágico que pueda parecerles a algunos, no somos tan libres como creemos ser. No somos exactamente los autores de la mayoría de nuestros pensamientos y de lo que comprendemos. Se nos imponen nuestras condiciones humanas; somos producto de nuestra cultura, de nuestra lengua, de nuestro adoctrinamiento ideológico y, en muchos casos, víctimas de nuestra pereza intelectual. Igual que la activista estadounidense de semi-ficción de antes, en la mayoría de los casos estamos atrapados dentro de nuestras ideas preconcebidas y esto nos impide ver las cosas como son realmente. En consecuencia, tendemos a interpretar y, en la mayoría de los casos, a malinterpretar culturas remotas que emplean nuestro mismo sistema de valores y código moral.
Esta tendencia tiene unas consecuencias graves. Por alguna razón “nosotros” (los occidentales) tendemos a creer que “nuestra” superioridad tecnológica junto con nuestra querida “ilustración” nos proveen de un “sistema antropocéntrico laico racional absolutamente ético ” de la más alta calidad moral.
La izquierda liberal
Podemos detectar en Occidente dos componentes ideológicos que compiten por nuestras mentes y nuestras almas; ambos afirman saber lo que está “bien” y lo que está “mal”. Los liberales insistirían en alabar la libertad individual y la igualdad civil; los izquierdistas tenderían a creer que poseen una herramienta “científica social” que les ayuda a identificar quién es “progresista” y quién es “reaccionario”.
Así las cosas, son estos dos preceptos laicos modernistas los que actúan como guardianes de nuestra ética occidental. Pero, de hecho, han logrado lo contrario. A su propia manera, cada ideología nos ha llevado a un estado de ceguera moral. Son estos dos llamamientos denominados “humanistas” los que o bien preparan conscientemente el terreno para las criminales guerras coloniales intervencionistas (los liberales), o bien no logran oponerse a ellas al tiempo que emplean ideologías erróneas y argumentos falsos (la izquierda).
Tanto los liberales como la izquierda, en sus aparentemente banales formas occidentales sugieren que el laicismo es la respuesta a los males del mundo. Sin lugar a dudas, el laicismo occidental puede ser un remedio para algún malestar social occidental. Sin embargo, en la mayoría de los casos las ideologías liberales y de izquierda no logran comprender que el laicismo es en sí mismo un resultado natural de la cultura cristiana, esto es, un producto directo de la tradición y de la apertura cristianas hacia una existencia cívica independiente. En Occidente la esfera espiritual y la civil están profundamente separadas [1]. Es precisamente esta división lo que permite el surgimiento del laicismo y el discurso de la racionalidad. Es precisamente esta división lo que ha llevado también al nacimiento de un sistema laico de valores éticos en el espíritu de la ilustración y de la modernidad.
Pero precisamente esta división es lo que ha llevado también al surgimiento de algunas formas rotundas de laicismo-fundamentalista que maduraron en crudas visiones del mundo antirreligiosas que no son diferentes del fanatismo. En realidad, es precisamente este muy engañoso laicismo fundamentalista lo que llevó a Occidente a un rechazo total de mil millones de seres humanos que están fuera de él simplemente porque llevan el velo equivocado o da la casualidad de que creen en algo que no logramos comprender.
Progresista frente a retrógrado
A diferencia del Cristianismo, el Islam y el Judaísmo son sistemas de creencia con una orientación tribal. De hecho, el interés principal de ambos sistemas de creencia es la supervivencia de la familia extensa en vez del “individualismo ilustrado”. Los talibán, a los que la mayoría de los occidentales consideran el más oscuro marco político posible, simplemente no se ocupan en absoluto de cuestiones que tienen que ver con las libertades personal o los derechos personales. Es la seguridad de la tribu junto con el mantenimiento de los valores de la familia a la luz de El Corán lo que constituye su núcleo fundamental. El Judaísmo rabínico no es en absoluto diferente. Básicamente está ahí para preservar la tribu judía manteniendo el Judaísmo como una “forma de vida”.
Tanto en el Islam como en el Judaísmo apenas existe separación entre lo espiritual y lo civil. Ambas religiones son sistemas que aportan respuestas exhaustivas en términos de cuestiones espirituales, civiles, culturales y cotidianas. La ilustración judía (Haskalah) fue en gran medida un proceso de asimilación judía a través del laicismo y la emancipación, y la generación de diferentes formas modernas de identidades judías, incluyendo el sionismo. Sin embargo, los valores ilustrados del universalismo nunca han sido incorporados al corpus de la ortodoxia judía. Como en el caso del Judaísmo rabínico, que es totalmente ajeno al espíritu de la ilustración, el Islam está en gran parte alejado de los valores de la modernidad y racionalidad eurocéntrica. En todo caso, debido a la interpretación de las Escrituras (hermenéutica) tanto el Islam como el Judaísmo están, en realidad, más cerca de la post-modernidad [2].
Ni la ideología de izquierda ni el liberalismo se relacionan intelectual o políticamente con estas dos religiones. El hecho es desastroso porque la mayor amenaza para la paz mundial la plantea el conflicto árabe-israelí; un conflicto que se está convirtiendo rápidamente en una guerra entre el Estado expansionista judío y la resistencia islámica. Y, sin embargo, tanto la ideología liberal como la de izquierda carecen de los medios teóricos necesarios para comprender las complejidades del Islam y del Judaísmo.
El liberal rechazaría el Islam por siniestro debido a su postura ante los derechos humanos y de las mujeres en particular. La izquierda caería en la trampa de denunciar la religión en general como “reaccionaria”. Quizá sin darse cuenta, tanto uno como otro caen aquí en un claro argumento supremacista. Dado que tanto el Islam como el Judaísmo son más que meras religiones, transmiten una “forma de vida” y suponen un todo por medio de respuestas a preguntas que tienen que ver con el estar en el mundo, los liberales e izquierdistas occidentales corren peligro de rechazar completamente a una gran parte de la humanidad [3].
Hace poco acusé a un verdadero izquierdista y buen activista de ser islamófobo por culpar a Hamás de ser “reaccionario”. El activista, que evidentemente apoya verdaderamente a la resistencia palestina, se defendió rápidamente afirmando que lo que a él no le gustaba no era sólo el “Islamismo”, que en realidad él odiaba por igual tanto al Cristianismo como al Judaísmo. Por alguna razón, él estaba seguro de que odiar por igual a cada religión era una cualificación humanista adecuada. En consecuencia, el hecho de que un islamófobo sea también judeófobo y cristianófobo no es necesariamente un signo de compromiso humanista. Seguí cuestionando a este hombre bueno; entonces él argumentó que lo que en realidad a él no le parecía bien era el Islamismo (esto es, el Islam político). Volví a cuestionarlo y llamé su atención sobre el hecho de que en el Islam no existe una separación real entre lo espiritual y lo político. La noción de Islam político (Islamismo) bien podría ser una lectura errónea del Islam. Señalé que el Islam político, e incluso la rara implementación de la “jihad armada”, no son sino Islam en la práctica. Tristemente éste fue más o menos el final de la discusión. Al activista de la solidaridad con Palestina le resultó demasiado difícil hacer frente a la unidad islámica de cuerpo y alma. La izquierda en general está condenada a fracasar aquí a menos que profundice más escuchando el vínculo orgánico islámico entre lo “material” y el llamado “opio del pueblo”. A una persona de izquierda hacer esto le supone nada menos que fundamental cambio intelectual.
Este cambio lo sugirió hace poco Hisham Bustani [4], un marxista independiente jordano, al afirmar: “La izquierda europea debe hacer una seria autocrítica de esta actitud de “nosotros sabemos más” y de su tendencia a considerar ideológica y políticamente inferiores a las fuerzas populares del sur”.
Palestina
La solidaridad con Palestina es una buena oportunidad para revisar la gravedad de la situación. Da la casualidad de que, a pesar del trato asesino que Israel inflige a los palestinos, la solidaridad con Palestina no se ha convertido todavía en un movimiento de masas. Puede que nunca llegue a ser tal movimiento. Dado el fracaso de Occidente de mantener los derechos de los oprimidos, los palestinos parecen haber aprendido la lección: eligieron democráticamente a un partido que les prometía resistencia. Curiosamente, muy pocas personas de izquierda estuvieron ahí para apoyar a los palestinos y su elección democrática.
Con la plantilla actual de solidaridad política condicionada, vamos perdiendo compañeros a cada recodo de este camino plagado de baches. Las razones son las siguientes:
- El movimiento de liberación palestino es básicamente un movimiento de liberación nacional. En este reconocimiento es donde perdemos a todos los cosmopolitas de izquierda, aquellos que se oponen al nacionalismo.
- Debido al ascenso político de Hamás ahora la resistencia palestina es considerada resistencia islámica. Ahí es donde estamosperdiendo a los laicos y los ateos furibundos que se oponen a la religión, lo que los catapulta a ser PEP (progresistas excepto acerca de Palestina) [5].
De hecho, los PEP se dividen en dos grupos:
PEP1: aquellos que se oponen a Hamás por ser “reaccionario”, sin embargo, aprueban a Hamás por su éxito operativo como movimiento de resistencia. Estos activistas están esperando básicamente a que los palestinos cambien de idea y vuelvan a ser un sociedad laica. Pero están dispuestos a apoyar con condiciones a los palestinos como pueblo oprimido.
PEP2: aquellos que se oponen a Hamás por ser una fuerza reaccionaria y rechazan su éxito operativo. Estos están esperando a la revolución mundial. Prefieren dejar a los palestinos en espera por el momento, como si Gaza fuera un centro de vacaciones al lado del mar.
Con estas fuerzas de solidaridad que se evaporan rápidamente, nos quedamos con un movimiento de solidaridad con Palestina en miniatura con un poder intelectual (occidental) lamentablemente limitado y una capacidad aún menor incluso de cualquier eficacia a nivel de base. Hace poco Nadine Rosa-Rosso [6], una marxista independiente que trabaja en Bruselas, reveló esta trágica situación al afirmar: “La vasta mayoría de la izquierda, incluyendo a los comunistas, está de acuerdo en apoyar al pueblo de Gaza contra la agresión israelí, pero se niega a apoyar su expresión política, como son Hamás en Palestina e Hizbola en Líbano”. Esto lleva a Rossa-Rosso a preguntarse “¿por qué la izquierda y extrema izquierda moviliza a tan poca gente? Es más, para ser claros, ¿son todavía capaces la izquierda y la extrema izquierda de movilizar en relación a estas cuestiones?”.
¿A dónde ahora?
“Si el apoyo de la izquierda a los derechos humanos en Palestina está condicionado y depende de que los palestinos denuncien su religión y sus creencias religiosas, su herencia cultural y sus tradiciones sociales, y adopten un nuevo conjunto de creencias, valores y comportamientos sociales ajenos que encaje con lo que la cultura de la izquierda considera aceptable, esto significa que el mundo está negando a los palestinos el derecho humano más básico, el derecho a pensar y a vivir dentro de un código ético”, Nahida Izzat [7].
El actual discurso de solidaridad de la izquierda es inútil. Él mismo se aleja de su sujeto, logra muy poco y no parece ir a ninguna parte. Si queremos ayudar a los palestinos, a los iraquíes y a los demás millones de víctimas del imperialismo occidental, realmente debemos pararnos un segundo, respirar profundamente y volver a empezar desde cero.
Debemos aprender a escuchar. En vez de imponer nuestras creencias a los demás, haríamos mejor en aprender a escuchar aquello en lo que creen los demás.
¿Podemos seguir las sugerencias de Bustani y Rossa-Rosso, y revisar toda nuestra noción del Islam, de sus raíces espirituales, de su estructura, de su equilibro unificado entre lo civil y el espíritu, de su visión de sí mismo como un “modo de vida”. Si podemos hacerlo o no es una buena pregunta.
Otra opción es reexaminar nuestra ceguera y abordar las cuestiones humanistas desde una perspectiva humanista (por oposición a política). En vez de amarnos a nosotros mismo a través del sufrimiento de los demás, que es la forma última de egoísmo, haríamos mejor en ejercer por primera vez la noción de verdadera empatía. Nos ponemos a nosotros mismos en el lugar del otro aceptando que puede que nunca comprendamos completamente a este mismo otro.
En vez de amarnos a nosotros mismos a través de los palestinos y a sus expensas, tenemos que aceptar a los palestinos por lo que son y apoyarlos por quienes son con independencia de nuestro punto de vista sobre las cosas. Ésta es la única forma verdadera de solidaridad. Su objetivo es una conformidad ética más que ideológica. Sitúa la humanidad en el centro mismo. Refleja la profunda comprensión que tenía Marx de la religión como el “suspiro de los oprimidos”. Si pretendemos tener compasión por la gente, haríamos mejor en aprender a amarlos por lo que son en vez de por lo que esperamos que sean.
Notas:
[1] Tiene algo que ver con una herencia del Bajo Imperio Romano y del desarrollo temprano del Cristianismo como un concepto expansionista que tenía el objetivo de difundirse a culturas y civilizaciones remotas.
[2] Se puede argumentar que la agenda principal tras los intentos post-modernos es desestabilizar las bases del conocimiento y la ética modernos desafiando la posibilidad de una aplicabilidad universal moderna. Como lo expresó elocuentemente Muqtedar Khan (http://www.ijtihad.org/discourse.htm) , el post-modernista trata de privilegiar el “aquí y ahora” por encima de lo global. Tanto la filosofía post-modernista como la teología religiosa, afirma Khan, “rechazan la afirmación modernista de la infalibilidad de la razón”. Como el post-modernista, el Islam y el Judaísmo son escépticos respecto a la soberanía de la razón y de los discursos de racionalidad.
[3] La extraña y muy común sugerencia marxista de que “muchas personas, aparte de nosotros” son, de hecho, “reaccionarios” por ser religiosos implica la asunción necesaria de que el propio marxismo está cómodamente instalado en una superioridad moral absoluta. Esta asunción es bastante errónea por dos razones obvias:
- Afirmar saber más que los demás basándose en la afiliación ideológica o política es nada menos que supremacía llevada a la práctica;
- La afirmación de poseer la superioridad moral X no se puede verificar científicamente a menos que esté validada por otra superioridad moral más elevada X’. Para poder sostener su “superioridad moral” un marxista debería ir más adelante y afirmar que detenta la superioridad moral aún más alta X’. Para verificar esta postura X’ tendrá que avanzar a otra X’ superior, y así sucesivamente. Nos enfrentamos aquí a una búsqueda sin fin de la validación del significado ético. Este modelo de pensamiento puede ayudarnos a entender por qué el marxismo occidental ha logrado separarse de la realidad ética y del pensamiento ético, y no abordar apenas cuestiones relacionadas con una verdadera igualdad.
El problema obvio con la implementación marxista de la dicotomía “progresista frente a reaccionario” es que el marxismo afirma, como corresponde, estar entre los progresistas y afirma convenientemente que el “adversario” se encuentra entre los reaccionarios. Obviamente, esto es ligeramente sospechoso o, cuando menos, discutible.
[4] http://palestinethinktank.com/2009/06/26/hisham-bustani-thoughts-out-of-season-critiquing-the-european-left/ (Traducción al castellano, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=83413).
[5] Phil Weiss en su blog de valor inestimable MondoWeiss blog acuñó hace poco el útil término político de PEP: progresistas excepto acerca de Palestina.
Una versión de este artículo, sin notas, se publicó en: http://palestinechronicle.com/view_article_details.php?id=15280
Gilad Atzmon es músico de jazz, compositor, productor y escritor.
Enlace con el original: http://palestinethinktank.com/2009/07/14/gilad-atzmon-thinking-out-of-the-secular-box-the-left-and-islam/


