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por James Petras.
“Traducido del inglés para Rebelión por Christine Lewis Carroll y revisado por Caty R.
Introducción
La amenaza creciente de un ataque militar de Estados Unidos e Israel contra Irán se basa en varios factores que incluyen: (1) la reciente historia militar de los dos países en la región, (2) las declaraciones públicas de los dirigentes políticos estadounidenses e israelíes, (3) los ataques recientes y en curso contra Líbano y Siria, aliados destacados de Irán, (4) los asesinatos de científicos y funcionarios de seguridad iraníes por parte de grupos terroristas y/o comisionados, bajo el control de Estados Unidos o el Mossad, (5) el fracaso de las sanciones económicas y la coacción diplomática, (6) la intensificación de la histeria y las demandas extremas para que Irán ponga fin al enriquecimiento de uranio destinado al uso civil, (7) los ‘ejercicios’ militares de provocación en las fronteras de Irán y los juegos de guerra destinados a intimidar y hacer un ensayo general de un ataque preventivo, (8) los poderosos grupos de presión belicistas tanto en Washington como en Tel Aviv, lo que incluye los principales partidos políticos israelíes y el poderoso AIPAC [ Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel], y por último (9) la 2012 National Defense Authorization Act (el decreto de emergencia de Obama, propio de Orwell, del 16 de marzo).
La guerra propagandística de Estados Unidos opera por dos vías: (1) el mensaje primordial es la proximidad de la guerra y la voluntad de Estados Unidos de utilizar la fuerza y la violencia. Este mensaje se dirige a Irán y coincide con las declaraciones israelíes sobre los preparativos bélicos, (2) la segunda vía tiene como objetivo el ‘público liberal’, lo que incluye a un puñado de ‘académicos sabios’ (o los ‘progresistas’ del Departamento del Estado) que subestima la amenaza de guerra y argumenta que los diseñadores de políticas ‘sensatos’ en Tel Aviv y Washington saben que Irán no posee armas nucleares ni capacidad de fabricarlas ahora ni en el futuro cercano. El propósito de este ‘cambio de opinión liberal’ es confundir y menospreciar la opinión pública mayoritaria, contraria a más preparativos bélicos, y hacer que descarrile el floreciente movimiento antibelicista.
Huelga decir que los militaristas ‘racionales’ utilizan un ‘doble discurso’ al despachar con ligereza todas las pruebas empíricas e históricas que demuestran lo contrario. Cuando Estados Unidos e Israel hablan de guerra, la preparan y la provocan, es porque quieren la guerra, igual que en 2003 contra Irak. Bajo las actuales condiciones políticas y militares internacionales, un ataque contra Irán, en principio por parte de Israel con el apoyo de Estados Unidos, es altamente probable, incluso aunque las condiciones económicas mundiales aconsejen lo contrario y las consecuencias estratégicas negativas repercutan en todo el mundo durante décadas.
Los cálculos militares de Estados Unidos e Israel sobre el potencial de Irán
Los diseñadores de las políticas estratégicas estadounidenses e israelíes no se ponen de acuerdo sobre las consecuencias de un contraataque por parte de Irán. Los dirigentes israelíes minimizan la capacidad militar de Irán para atacar e infligir daños al Estado judío, que es su única preocupación. Confían en la distancia, en su escudo antimisiles y en la protección de las fuerzas aéreas y navales estadounidenses situadas en el Golfo que cubrirían su ataque furtivo. Y por parte de Estados Unidos los estrategas militares saben que los iraníes son capaces de infligir bajas considerables a los buques de guerra estadounidenses, que tendrían que atacar las instalaciones costeras iraníes con el fin de apoyar o proteger a los israelíes.
La inteligencia israelí es famosa por su capacidad de organizar el asesinato de personas por todo el mundo: el Mossad ha organizado con éxito actos terroristas en el extranjero contra dirigentes palestinos, sirios y libaneses. Por otra parte la inteligencia israelí tiene un historial muy pobre en cuanto a sus cálculos sobre las grandes empresas militares y políticas. Infravaloraron gravemente el apoyo popular, la fuerza militar y la capacidad de organización de Hizbulá durante la guerra de 2006 en Líbano. Asimismo la inteligencia de Israel no entendió la fuerza y capacidad del movimiento democrático popular egipcio cuando se sublevó y derrocó el aliado regional estratégico de Tel Aviv, es decir la dictadura de Mubarak. Mientras los dirigentes israelíes ‘fingen paranoia’ -al lanzar tópicos sobre las ‘amenazas existenciales’- les ciegan su arrogancia y racismo narcisistas y subestiman repetidamente la pericia técnica y la sofisticación política de sus adversarios islámicos regionales y árabes. La prueba irrefutable de esto es cómo menosprecian la capacidad de Irán para responder a un ataque aéreo planificado por parte de Israel.
El gobierno de Estados Unidos ya se ha comprometido abiertamente con Israel a apoyar un ataque contra Irán cuando suceda. Washington afirma específicamente que defenderá a Israel ‘incondicionalmente’ si le atacan. ¿Cómo pretende Israel evitar un ataque si sus aviones bombardean y disparan misiles sobre las instalaciones, las defensas militares y los sistemas de apoyo de Irán, sin mencionar las ciudades, los puertos y la infraestructura estratégica iraníes? Por otra parte, teniendo en cuenta la colaboración del Pentágono y los sistemas de inteligencia coordinados con las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), su papel en la identificación de objetivos, rutas y la trayectoria de misiles, el suministro de armas y las cadenas de abastecimiento serán críticos en caso de un ataque de las FDI. No hay ninguna posibilidad de que los Estados Unidos se disocien de la guerra del Estado judío contra Irán una vez que el ataque haya empezado.
Los mitos de la ‘guerra limitada’: la geografía
Washington y Tel Aviv alegan y parecen creer que su ataque planificado contra Irán será una ‘guerra limitada’ con objetivos limitados, que durará pocos días o semanas y no tendrá graves consecuencias.
Nos dicen que los generales eminentes de Israel han identificado todas las instalaciones de investigación nuclear críticas que sus ataques aéreos ‘quirúrgicos’ eliminarán sin los horrorosos daños colaterales para la población de los alrededores. Cuando el supuesto programa de ‘armas nucleares’ esté destruido, todos los israelíes podrán seguir con sus vidas con la seguridad de que se ha eliminado otra amenaza ‘existencial’. La noción israelí de una guerra limitada en el ‘tiempo y en el espacio’ es absurda y peligrosa y subraya la arrogancia, la estupidez y el racismo de sus autores.
Para acercarse a las instalaciones nucleares de Irán las fuerzas estadounidenses e israelíes se enfrentarán a bases bien equipadas y defendidas, instalaciones de misiles, defensas marítimas y fortificaciones a gran escala dirigidas por los Guardias Revolucionarios y las Fuerzas Armadas Iraníes. Además los sistemas de defensa que protegen las instalaciones nucleares están conectados por carreteras, aeródromos y puertos civiles dentro de una infraestructura tanto civil como militar que incluye refinerías de petróleo y una gran red de oficinas administrativas. La ‘eliminación’ de los supuestos emplazamientos nucleares requerirá la extensión del alcance geográfico de la guerra. La capacidad científica-tecnológica del programa nuclear civil de Irán implica un gran abanico de instalaciones de investigación, lo que incluye universidades, laboratorios, emplazamientos fabriles y centros de diseño. La destrucción del programa nuclear civil de Irán requeriría que Israel (y por tanto Estados Unidos) atacase mucho más que las instalaciones de investigación o los laboratorios escondidos debajo de una montaña remota. Requeriría ataques generalizados y múltiples contra objetivos por todo el país, es decir una guerra generalizada.
El líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, ha declarado que Irán responderá con una ‘guerra equivalente’. Irán igualará la amplitud y el alcance de cualquier ataque. “Les atacaremos al mismo nivel que nos ataquen a nosotros”. Eso significa que Irán no limitará su respuesta al derribo de los bombarderos estadounidenses e israelíes que entren su espacio aéreo o al lanzamiento de misiles contra los buques de guerra estadounidenses que se encuentren en sus aguas, sino que extenderá la guerra a objetivos equivalentes en Israel y los países ocupados por Estados Unidos en las proximidades del Golfo. La ‘guerra limitada’ de Israel se convertirá en una guerra generalizada y se extenderá más allá de Oriente Próximo.
El actual fetiche ilusorio de Israel acerca de su minucioso sistema defensivo antimisiles se desenmascarará cuando se lancen cientos de misiles de gran potencia desde Teherán, el sur de Líbano y los Altos de Golán.
Los mitos de la ‘guerra limitada’: los tiempos
Los ‘expertos’ militares israelíes prevén acabar con los objetivos iraníes en pocos días -algunos piensan en un solo fin de semana- y quizá sin la pérdida de un solo piloto. Anticipan que el Estado judío celebrará su brillante victoria en las calles de Tel Aviv y Washington. Su propio sentido de superioridad les engaña. Irán no luchó en una guerra brutal que duró una década contra los invasores iraquíes apoyados por Estados Unidos y los asesores militares occidentales e israelíes para someterse ahora a unos cuantos ataques aéreos y de misiles por parte de Israel. Irán es una sociedad joven, educada y movilizada, que puede recurrir a millones de reservistas dentro de un espectro político, étnico, de género y religioso impulsado a actuar a favor de su nación bajo ataque. En una guerra para defender la patria todas las diferencias internas desaparecerían con el fin de hacer frente al ataque no provocado de Israel y Estados Unidos que amenazaría toda su civilización y la cultura y tradiciones de 5.000 años, además de los modernos avances y organizaciones científicos conseguidos. La primera ola de ataques por parte de Estados Unidos e Israel conducirá a unas represalias feroces que no se limitarán a las zonas originales del conflicto ni terminarán con los ataques israelíes, incluso en el caso de que se destruyan las instalaciones de investigación nuclear de Irán o maten a algunos de sus científicos, técnicos y trabajadores cualificados. La guerra continuará en el tiempo y se extenderá geográficamente.
Múltiples puntos de conflicto
De la misma manera que un ataque por parte de Estados Unidos e Israel contra Irán involucraría muchos objetivos, los militares iraníes también tendrían una plétora de objetivos estratégicos de fácil acceso. Aunque sea difícil predecir exactamente dónde y cómo respondería Irán, una cosa es segura: responderá al ataque inicial de Estados Unidos e Israel.
Dada la supremacía de Israel y Estados Unidos en fuerza marítima y aérea de medio y largo alcance, Irán se concentrará seguramente en objetivos de corto alcance. Éstos incluirían instalaciones militares estadounidenses y las rutas de suministro en tierras de Irak, Kuwait y Afganistán y objetivos israelíes con misiles lanzados desde el sur de Líbano y posiblemente desde Siria. En el caso de que algunos misiles iraníes de largo alcance esquiven el ‘escudo antimisiles’ tan alardeado del Estado israelí, los pueblos y ciudades israelíes podrían pagar cara la imprudencia y arrogancia de sus dirigentes.
El contraataque iraní llevará a un recrudecimiento [bélico] por parte de las fuerzas estadounidenses e israelíes mediante la expansión e intensificación de la guerra aérea y marítima a todo el sistema iraní de seguridad nacional, lo que incluye bases militares, puertos, sistemas de comunicación, puestos de mando y centros gubernamentales de administración, muchos de los cuales se ubican en ciudades densamente pobladas. Irán contraatacará mediante el lanzamiento de su mayor activo estratégico: un ataque coordinado por tierra por parte de la Guardia Revolucionaria junto con sus aliados de las tropas chiíes iraquíes que luchan contra las fuerzas estadounidenses en Irak. Irán coordinará los ataques a las instalaciones estadounidenses en Afganistán y Pakistán junto con la creciente resistencia armada nacionalista islámica.
El conflicto inicial, centrado en los llamados objetivos militares (instalaciones de investigación científica), se extenderá rápidamente a objetivos económicos, lo que llaman los estrategas militares estadounidenses e israelíes los objetivos ambivalentes civiles y militares. Esto incluiría campos de petróleo, carreteras, fábricas, redes de comunicación, emisoras de televisión, instalaciones de tratamiento de agua, embalses, centrales eléctricas y oficinas administrativas, como el Ministerio de Defensa y el cuartel general de la Guardia Republicana. Irán, ante la destrucción inminente de su economía e infraestructura (lo que ocurrió en el vecino Irak con ocasión de la invasión no provocada por parte de Estados Unidos en 2003), respondería con el bloqueo del Estrecho de Ormuz y el envío de misiles de corto alcance a los principales campos y refinerías de petróleo de los Estados del golfo, como Kuwait y Arabia Saudí, a una distancia de sólo diez minutos, lo que inhabilitaría el flujo de petróleo hacia Europa, Asia y Estados Unidos y hundiría la economía mundial en una depresión profunda .
No se debe olvidar que los iraníes son probablemente los más conscientes dentro de la región de la desolación total de la que han sido víctimas los iraquíes después de la invasión de Estados Unidos, que hundió la nación en un caos total y devastó su infraestructura avanzada y el sistema administrativo civil, sin mencionar la aniquilación sistemática de su altamente cualificada elite científica y técnica. Las olas de asesinatos patrocinados por el Mossad de científicos, académicos e ingenieros iraníes sólo son un anticipo de lo que tienen en mente los israelíes para los científicos e intelectuales destacados y los trabajadores altamente cualificados de Irán. Los iraníes no deben tener ninguna duda de la pretensión de los estadounidenses e israelíes de enterrarlos brutalmente en la edad oscura de Afganistán e Irak. No tendrán ningún papel en el Irán desolado, de la misma manera que no lo tuvieron los iraquíes en el Irak posterior a Sadam.
De acuerdo con el General estadounidense Mathis que está a cargo de las fuerzas estadounidenses en el Oriente Próximo, el Golfo Pérsico y Asia occidental, ‘el primer ataque israelí probablemente tendrá espantosas consecuencias en toda la región y para [los destacamentos de] Estados Unidos allí’ (New York Times, 19/3/2012). El cálculo ‘espantoso’ del General Mathis sólo tiene en cuenta las bajas militares estadounidenses, es decir varios centenares de marines en los buques de guerra dentro del alcance de los misiles de los artilleros iraníes.
Sin embargo la valoración más ilusoria e interesada respecto al resultado y las consecuencias de un ataque aéreo israelí contra Irán procede de los principales dirigentes, académicos y expertos en inteligencia israelíes, que reivindican para sí mismos una inteligencia superior, unas defensas superiores y una comprensión superior (si no racista) de la ‘mente iraní’. El Ministro de Defensa israelí Barak se jacta de que cualquier respuesta iraní infligiría, como mucho, bajas mínimas en la población israelí.
La visión israelí interesada de reordenar el equilibrio del poder en la zona, predominante en los principales círculos belicistas israelíes, pasa por alto la probabilidad de que ni los ataques aéreos ni las defensas antimisiles israelíes sean determinantes en la guerra. Los misiles de Irán no se podrán contener, sobre todo si llegan al ritmo de varios centenares por minuto desde tres direcciones: Irán, Líbano, Siria y posiblemente desde submarinos iraníes. En segundo lugar, el colapso de las importaciones de petróleo asolará la economía energética israelí, altamente dependiente. En tercer lugar, los principales aliados de Israel, especialmente Estados Unidos y la Unión Europea, sufrirán una tensión severa a medida que se les arrastra a participar en la guerra de Israel y se encuentran defendiendo el Estrecho de Ormuz, las guarniciones del ejército en Irak y Afganistán y los campos de petróleo y las bases militares en el Golfo. Un conflicto de este tipo movilizaría a las mayorías chiíes en Bahréin y en las provincias estratégicas ricas en petróleo de Arabia Saudí. La guerra generalizada tendrá un efecto devastador en el precio del petróleo y en la economía mundial. Provocará la furia de consumidores y trabajadores en todas partes causada por el cierre de fábricas, y la conmoción que ocasionaría en el frágil sistema financiero tendría como consecuencia una depresión mundial.
El ‘complejo de superioridad’ patológico de Israel da como resultado que sus dirigentes racistas sobrevaloran sistemáticamente sus propias capacidades militares, técnicas e intelectuales, mientras infravaloran el conocimiento, la capacidad y la valentía de sus adversarios (en este caso iraníes) islámicos regionales. Hacen caso omiso de la capacidad probada de Irán para mantener una guerra defensiva, compleja, prolongada y de múltiples frentes, para recuperarse de un ataque inicial y desarrollar las armas modernas apropiadas para infligir graves daños a sus atacantes. Irán contará con el apoyo activo e incondicional de la población musulmana mundial y quizá con el apoyo diplomático de Rusia y China, que obviamente considerarán un ataque contra Irán como otro ensayo general para contener su creciente poder.
Conclusión
Una guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán está vinculada indisolublemente a la asimétrica relación estadounidense-israelí, que margina y censura cualquier análisis crítico de políticos y militares estadounidenses. Dado que la actual configuración del poder sionista en Estados Unidos puede aprovechar el poder militar estadounidense en apoyo del impulso israelí de dominio regional, los dirigentes israelíes y la mayoría de sus militares se sienten libres para emprender las más atroces aventuras militares destructivas, y saben muy bien que pueden confiar en Estados Unidos para apoyarlos con sangre y dinero estadounidenses. Pero después de toda esta servidumbre grotesca a un país aislado y racista, ¿quién rescatará a los Estados Unidos? ¿Quién impedirá el hundimiento de sus buques en el Golfo y la muerte y mutilación de centenares de marines y miles de soldados? ¿Y dónde estarán los israelíes y los sionistas estadounidenses cuando las tropas de elite iraníes y sus aliados chiíes invadan Irak y tenga lugar un levantamiento generalizado en Afganistán?
Los egoístas diseñadores israelíes de la política pasan por alto el colapso probable del suministro mundial de petróleo debido a su guerra planificada contra Irán. ¿Se dan cuenta los agentes sionistas en Estados Unidos de que a consecuencia de arrastrar a Estados Unidos a participar en la guerra de Israel, la nación iraní se verá obligada a incendiar los campos de petróleo del Golfo Pérsico?
¿Tan barato ha llegado a ser ‘comprar una guerra’ en Estados Unidos? Por unos pocos millones de dólares en contribuciones a las campañas de políticos corruptos, mediante la infiltración deliberada de agentes que defienden que ‘Israel es lo primero’, académicos y políticos en la maquinaria belicista del gobierno estadounidense y gracias a la cobardía moral y la autocensura de los principales críticos, escritores y periodistas que se niegan a señalar que Israel y sus agentes deciden la política de nuestro país en Oriente Próximo, nos encaminamos directamente a una guerra mucho más allá de cualquier conflagración militar regional, al colapso de la economía mundial y al empobrecimiento brutal de centenares de millones de personas en todo el mundo: norte, sur, este y oeste.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.”
Extraído de: Irán Contra Info
“Ya está disponible el número 10 de DisidenciaS que esperamos sea del
agrado de todos.
Resaltar en esta edición un trabajo fundamental de J. Farrerons sobre
“Heidegger y la singularidad de Auschwitz”, en el que con todo rigor
se hace un análisis ideológico-cultural sobre la cuestión del
Holocausto huyendo de las típicas y tópicas posiciones
exterminacionistas y negacionistas. Igualmente, reseñar un texto del
coronel Camacho clarificador sobre los puntos más oscuros del
Régimen nacido en España en 1978 (del 23-F al caso Faisán), y otro
de J. A. Aguilar sobre la oculta instrumentalización de las redes
sociales, especialmente, la más extendida, Facebook.
Por último, las hipótesis sobre qué camino se seguirá para superar
la crisis sistémica del capitalismo global son numerosas, pero hay
una que, atendiendo a la experiencia histórica, resulta alarmante: la
posibilidad de que los poderes capitalistas busquen una fractura
geopolítica para provocar una guerra de grandes dimensiones y crear
artificialmente una demanda que permita remontar la tendencia
decreciente de la tasa de ganancia del capital. Una hipótesis
aterradora.
DisidenciaS Nº 10
DOSSIER: ¿Una gran guerra para salir de la crisis?
240 páginas, 21 x 15 cm.
Cubierta con solapas, impresa a todo color y plastificada brillo
P.V.P.: 12 € + gastos de envío.
ISSN: 1888-8151
SUMARIO DISIDENCIAS Nº 10
EDITORIAL:
El final de la cuenta atrás
IDEAS
Heidegger y la singularidad de Auschwitz (Respuesta a Farías, Faye y Quesada, II). Jaume Farrerons
Los agujeros negros del Régimen: ¿Es la seguridad nacional un factor de estabilidad en España?. Diego Camacho López-Escobar
ALTERNATIVAS
El plan B. Jorge Verstrynge
¿Se le agotan las pilas a la megamáquina?. AEREN
DENUNCIA
Facebook, el Gran Hermano y el Sistema. Juan A. Aguilar
DOSSIER: ¿Una gran guerra para salir de la crisis?
Crisis sistémica en la economía: la desarticulación geopolítica global. GEAB
¿Por qué el capitalismo nos lleva a la guerra?. Manuel Freytas
La guerra para salir de la crisis se va concretando ¿Morir por Beluchistán?. Ernesto Milá
Rusia, clave de bóveda del sistema multipolar. Tiberio Graziani
ORIENTACIONES
LIBROS. PROTECCIONISMO y economías de gran espacio. Redacción
LIBROS. «Traficantes de Salud» y «La Salud que viene», de Miguel Jara. Pepe López
LIBROS. Ritmos negros, scooters y chicos con trajes. Antonio Brea
CINE. La batalla de Hadiza. Redacción
Artículo de Diego Guerrero CENSURADO en El País. Diego Guerrero
MANIFIESTO Por la reforma del Estado de las Autonomías.”

Arno J. Mayer
Estados Unidos puede emerger sano y salvo del fiasco de Irak. Si bien momentáneamente desconcertado, el imperio americano continuará su camino, bajo dirección bipartidista, presionado por las mega-corporaciones y con las bendiciones evangélicas. Una característica que define a los estados imperiales maduros es que pueden permitirse errores burdos y caros que no pagan las élites, sino las clases bajas. Las predicciones sobre el inminente declive del imperio americano son exageradas: sin un rival militar real, continuará siendo por algún tiempo el único hiperpoder mundial.
Pero aunque aguanten, los imperios demasiado extensos sufren daños en su poder y prestigio. En tales momentos, tienden a golpear violentamente para evitar que se los tome por tigres de papel. Dada la situación de Washington en Irak, ¿aumentarán los Estados Unidos su intervención en Irán, Siria, Líbano, Afganistán, Pakistán, Sudán, Somalia o Venezuela? Los EEUU tienen el ejército más fuerte que el mundo haya jamás conocido. Preponderantes en el mar, en el aire y en el espacio -incluido el ciberespacio-, los EEUU tienen una capacidad impresionante para proyectar con rapidez su poder a través de enormes distancias, con un sheriff autodesignado para ir a controlar o explotar crisis reales o figuradas en cualquier parte del planeta.
En palabras del anterior Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld: “Ningún rincón del mundo es lo suficientemente remoto, ningún monte lo suficientemente alto, ninguna cueva o bunker lo suficientemente profundos, ningún todoterreno lo suficientemente rápido, para dejar a nuestros enemigos fuera de nuestro alcance”. Los EEUU gastan más del 20% de su presupuesto anual en defensa, casi la mitad del gasto del resto del mundo en su conjunto. Lo cual es bueno para las grandes corporaciones fabricantes de armas y para sus exportaciones. Los estados del Golfo, liderados por Arabia Saudita, les compran miles de millones de dólares del más moderno armamento.
En lugar de las clásicas colonias territoriales, los EEUU aseguran su hegemonía a través de unas 700 bases militares, navales y aéreas distribuidas en más de 110 países, las últimas en Bulgaria, la República Checa, Polonia, Rumania, Turkmenistán, Kirjikistán, Tajikistán, Etiopía y Kenya. Por lo menos 16 agencias de inteligencia con estaciones en todo el mundo proporcionan oídos y ojos a este imperio sin fronteras.
Los EEUU tienen 12 portaaviones. Salvo tres, todos están provistos de energía nuclear, diseñados para transportar 80 aviones y helicópteros, así como soldados, marineros y pilotos. Un equipo basado en un súpertransportador comprende buques, cazatorpederos y submarinos, muchos de ellos provistos de energía atómica y equipados con misiles teledirigidos, ofensivos y defensivos. Apostada en bases globales y patrullando constantemente vías marítimas vitales, la armada estadounidense constituye la espina dorsal y el sistema arterial del nuevo modelo de imperio. Los barcos están sustituyendo a los aviones como principales suministradores tácticos y estratégicos de tropas y equipos. La armada tiene actualmente preponderancia sobre los ejércitos de tierra y aire en el Pentágono y en Washington.
La presencia militar en el Mediterráneo oriental, Mar Rojo, Golfo Pérsico y Océano Indico desde 2006 a 2008 demuestra que Estados Unidos puede imponer su poder más allá de medio globo (y ofrecer ayuda humanitaria a punta de pistola para obtener ventajas políticas). Al menos dos grupos de combate aeronavales con equipo de aterrizaje, vehículos anfibios y miles de soldados y marinos, junto con equipos de Operaciones Especiales, operan en las costas de Bahrain, Qatar y Djibouti. Constituyen el testimonio de que, según declaró en Kabul en enero de 2207 el actual Secretario de Defensa, Robert Gates, los EEUU seguirán teniendo “una fuerte presencia en el Golfo durante mucho tiempo”.
Una semana más tarde, el Subsecretario de Estado para asuntos políticos, Nicholas Burns, dijo en Dubai: “El Oriente Medio no es una región que deba ser dominada por Irán. El Golfo no es una zona marítima que deba ser controlada por Irán. Esta es la razón por la que hemos previsto el estacionamiento de dos grupos de combate aeronaval norteamericanos en la región”. No es nada nuevo. En su discurso de despedida en Enero de 1980, semanas después del inicio de la crisis de los rehenes en Teherán y de la invasión soviética de Afganistán, el Presidente Jimmy Carter dejó “absolutamente claro” que cualquier intento de apoderarse del Golfo Pérsico por parte de una fuerza exterior sería interpretado como un ataque a los EEUU, y que dicho ataque sería repelido por todos los medios, incluida la fuerza militar. Dijo que las tropas rusas en Afganistán no sólo amenazaban a una región que “contiene más de dos tercios del petróleo mundial exportable”, sino que estaban listas para la acción “a 300 millas del Océano Indico y cerca del estrecho de Ormuz, una vía marítima a través de la cual debe transitar la mayor parte del petróleo mundial”.
Un cuarto de siglo más tarde, el antiguo Secretario de Estado Henry Kissinger puso al día la Doctrina Carter desplazando la amenaza de Moscú a Teherán: si Irán “insiste en combinar la tradición imperial persa con el actual fervor islámico, sencillamente no se le puede permitir que realice su sueño imperialista en una región tan importante para el resto del mundo”.
Las fuerzas armadas y los armamentos ultramodernos y convencionales no se adaptan bien a las guerras contemporáneas asimétricas contra actores no-estatales que utilizan tácticas y armas no convencionales. Pero los súpertransportadores, los aparatos aéreos supersónicos, misiles anti-misil, satélite militares, robots de control y los vehículos y barcos no pilotados no van a quedarse desfasados. La intervención, directa e indirecta, abierta y encubierta, militar y civil, en los asuntos internos de otros estados ha sido una política exterior paradigmática de los EEUU desde 1945. Los EEUU no han dudado en intervenir, casi siempre unilateralmente, en Afganistán, Pakistán, Irak, Líbano, Palestina, Irán, Siria, Somalia, Sudán, Ucrania, Georgia, Kazakjstán, Bolivia y Colombia, persiguiendo sus intereses imperiales.
Tomando como modelo la USAID (United States Agency for International Development), el Programa Fulbright y el Congreso para la Libertad Cultural de la guerra fría, los adeptos de la nueva guerra global contra el terror han creado sus equivalentes con el Desafío del Milenio y la Iniciativa de Partenariado del Oriente Medio, del Departamento de Estado. El Departamento de Defensa recluta universitarios a través del Proyecto Minerva para colaborar en el nuevo modelo de lucha contrainsurgente y en operaciones no convencionales de construcción de un estado militar.
La economía estadounidense, la cultura sincrética y la “Big Science” no tienen igual. A pesar de los enormes déficits fiscal y comercial y del embrollo de las compañías de seguros y los bancos de Wall Street, que han desestabilizado su sistema financiero y repercutido en toda la economía global, en conjunto, la economía de los EEUU continua robusta y competitiva en destrucción creativa. No importan los costes sociales internos y externos. Pero sus sectores industrial y manufacturero en retroceso pueden ser su punto débil.
Los EEUU todavía detentan un liderazgo substancial en investigación, desarrollo y patentes en materia de cibernética, biología molecular y neurociencia. Ello es debido a la investigación, financiada por el sector público, por particulares y corporaciones, de universidades y laboratorios que establecen bases en el extranjero y atraen al interior cerebros de todo el mundo.
Continúan siendo el modelo para el resto del mundo, así como lo son sus museos globalizadores, el lenguaje arquitectónico de sus empresas corporativas y sus estrategias de marketing (políticas y comerciales). No es sorprendente que los EEUU tengan una cosecha desproporcionada de Premios Nobel, no solo en economía sino también en ciencias naturales; o que el inglés americano se haya convertido en una lengua global. Ello es a la vez causa y efecto de la inmensa influencia de las transnacionales estadounidenses. Las culturas popular y consumista de los EEUU penetran en los más remotos lugares del planeta. Al lado de la periferia móvil, Washington y K Street (la calle de Washington conocida por sus lobbies) juntan fuerzas con las élites y los regímenes colaboradores.
Este imperio americano tiene semejanzas familiares significativas con imperios pasados por lo que respecta a su acaparamiento de recursos naturales críticos, mercados de masa y bases exteriores. Los americanos saben que tienen intereses considerables en la permanencia de su imperio. Algunos estratos sociales se benefician más que otros de sus estropicios. Sin embargo, es provechoso desde un punto de vista social, cultural y psicológico, especialmente para sus intelectuales, profesiones liberales y medios de comunicación.
El imperio tiene reservas extraordinarias de poder duro y suave para persistir en su intervencionismo. Los EEUU tienen la capacidad y la voluntad para intentar salvar la cara en Irak. Hay un déficit de tropas de combate para amplias operaciones de terreno convencionales y una incoherencia estratégica frente a una guerra irregular contra la guerrilla insurgente y las fuerzas terroristas. Pero se pondrá remedio al déficit de soldados. Los constructores privados reclutarán mercenarios armados y civiles, preferiblemente procedentes de sus dependencias del tercer mundo, con salarios de saldo.
Washington disimula sus intereses egoístas con declaraciones sobre la promoción de los derechos civiles, bienestar social, feminismo, el estado de derecho y la democracia.
Sin embargo, para las élites en el poder en los EEUU, de cualquier partido que sean, hay una necesidad y una prioridad absolutas: hasta la implosión de la Unión Soviética era agitar el espectro del comunismo; desde el 11 de septiembre, pasa por agitar el espectro de la serpiente del islamismo radical.
El informe del Grupo de Estudios sobre Irak de 6 de diciembre de 2006, preparado por la comisión bipartidista Baker-Hamilton, mostraba menos preocupación por los disturbios en el Tigris que por su impacto en el imperio estadounidense: “Irak es vital para la estabilidad regional e incluso global y es crítico para los intereses de los EEUU. Se sitúa a lo largo de las líneas de separación del Islam chiita y sunita y de las poblaciones kurdas y árabes. Tiene las segundas mayores reservas de petróleo mundiales conocidas. Actualmente es una base operativa del terrorismo internacional, incluida Al-Qaeda. Irak es una pieza central de la pol
ítica exterior norteamericana, que influye en la percepción de la región y en el resto del mundo respecto a Estados Unidos”.
Irak es importante porque si “continúa despeñándose por el caos”, corre el riesgo de perjudicar “la posición global de Estado Unidos”. James Baker (Republicano) y Lee Hamilton (Demócrata) dan por sentado que Washington continuará dictando la ley en el Gran Oriente Medio, tal como ha venido haciendo desde 1945. El informe lo deja claro: “Incluso después de que Estados Unidos haya retirado todas sus tropas de combate de Irak, deberíamos continuar manteniendo una presencia militar considerable en la región, con unas fuerzas todavía significativas en Irak y con fuertes despliegues aéreo, terrestre y naval en Kuwait, Bahrain y Qatar, así como una mayor presencia en Afganistán.”
Baker-Hamilton pidieron la colaboración de las mejores y más brillantes organizaciones no-o-bipartidistas y a los think tanks que proliferaron después de la guerra de Vietnam. Algunas de esas instituciones, cuyo personal preparó cuestiones, opiniones y borradores parciales para el informe sobre Irak, no ocultan sus tendencias.
El Center for Strategic and International Studies (CSIS), “bipartidista”, financiado en parte por la fundación Bill&Melinda Gates, fue uno de los principales participantes en la Comisión. Sus consejeros y patronos pro
ceden “tanto del mundo de la política pública como del sector privado”, y su objetivo es “garantizar la seguridad global y la prosperidad en una era de transformación económica y política, ofreciendo puntos de vista y soluciones prácticas a quienes toman decisiones”.
El International Republican Institute, “no-partidista”, está profundamente implicado en Irak y está presidido por John McCain; su objetivo es “garantizar la libertad y la democracia en el mundo desarrollando los partidos políticos, instituciones cívicas, elecciones abiertas, la buena gobernanza y el estado de derecho”. El National Democratic Institute for International Affairs, organización sin ánimo de lucro presidida por la Antigua Secretaria de Estado Madeleine Albright, trabaja para “reforzar y extender la democracia en el mundo”. El
Washington Institute for Near East Policy, que se autodeclara bipartidista, aunque sea de extrema derecha, dice “garantizar una comprensión equilibrada y realista de los intereses americanos en Oriente Medio [a
sí como] promover un compromiso americano en Oriente Medio.”
La comisión Baker-Hamilton también pidió consejo a exfuncionarios y a celebridades de institutos homologados de investigación y política pública, tales como el Council on Foreign Relations, la Brookings Institution, la Rand Corporation y el American Enterprise Institute. Cualesquiera que fueren sus tendencias políti
cas, lo cierto es que muy pocos de los colaboradores, asociados y patronos de estos centros de política cuestionaron de forma rigurosa los costes y beneficios sociales, políticos o económicos del imperio para los EEUU y para el mundo. Sus desacuerdos y debates versan sobre el mejor modo de afianzar, sacar provecho y proteger al imperio.
Subrayando que el papel de los EEUU es único en un mundo en el que pocos problemas pueden resolverse sin ellos, la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, afirma que “nosotros los americanos nos comprometemos en política exterior porque debemos, no porque queramos, hacerlo, y es una sana disposición: la de una república, no la de un imperio”. El Secretario de Defensa Gates dice que los EEUU deben mantener su “libertad de acción en los asuntos globales comunes y su acceso estratégico a importante
s regiones del mundo para mantener nuestras necesidades de seguridad nacional”, lo que supone mantener un contingente económico global preparado para el acceso a las fuentes de energía.
Ni siquiera las censuras centristas ponen en entredicho el apoyo incondicional de Washington a Israel. Lo mismo que los neocons, rechazan sin pestañear cualquier relación entre el marasmo iraquí y el impasse israelí-palestino. Ambos se oponen a la sugerencia del informe Baker-Hamilton de que los US “no pueden conseguir sus objetivos en Oriente Medio a menos que se ocupen directamente del conflicto árabe-israelí y de la inestabilidad regional”. Demócratas y republicanos están igualmente determinados a incrementar operaciones encubiertas en Irán, respaldadas con la amenaza de un bloqueo económico total o una acción militar.
Ninguno de los candidatos a la presidencia propone una alternativa a la responsabilidad imperial, como no sea, acaso, la suavización de la retórica moralizante y mesiánica en los contenciosos con Irán, China, India y la Rusia resurgente, cuatro naciones con formas de capitalismo no experimentadas y nacionalmente condic
ionadas. Ninguno de los dos candidatos se ha privado realizar estancias en capitales extranjeras para dejar testimonio de la genuinidad de su determinación imperial.
Arno J. Mayer es un prestigioso historiador norteamericano, profesor emérito en la Universidad de Princeton.
Traducción para www.sinpermiso.info: Anna Garriga Tarrés


