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por Tiberio Graziani *

Una vez archivada por la historia la coyuntura unipolar, el sistema occidental liderado por los estadounidenses parece haber entrado en una crisis irreversible. El crac económico-financiero y la pérdida de un seguro pilar del edificio geopolítico occidental, el ofrecido por Turquía, corroboran el fin del impulso propulsor estadounidense. Los EE.UU se hallan actualmente ante una decisión histórica: arrinconar el proyecto de supremacía mundial y, por consiguiente, compartir con los demás actores globales las opciones existentes en la política y en la economía internacional, o bien insistir en el proyecto hegemónico y arriesgar su propia supervivencia como nación.

La elección entre una y otra opción vendrá impuesta por las relaciones que se instaurarán, en el corto y medio plazo, entre los grupos de presión que condicionan la política exterior americana y la evolución del proceso multipolar.

La grieta turca

La consolidación del actual contexto multipolar y la constante ampliación de las esferas de influencia económica y geopolítica de algunos países eurasiáticos y suramericanos, imponen opciones decisivas para la actual administración norteamericana. Esto ocurre en un momento en el cual Washington parece no estar en condiciones de orientar la crisis económica y financiera que ha embestido al sistema occidental, del que constituye el centro geopolítico, ni las relaciones con los mayores países eurasiáticos (Rusia, India, y China). Estos últimos – con un creciente sentido de la responsabilidad- dictan la agenda de los principales asuntos internacionales. Además, a este cuadro hay que añadir las dificultades que el Pentágono encuentra diariamente para coordinar con eficacia el mastodóntico y costoso despliegue militar puesto sobre el terreno a partir de la primera guerra del Golfo. La debilidad norteamericana se refleja, en particular, en el torpe intento de Obama y de la Clinton en paliar algunas situaciones críticas, como las del Cercano y Medio Oriente. En este ámbito de importancia fundamental para la estrategia expansionista de los EE.UU en la masa eurasiática, el precioso aliado turco, baluarte al mismo tiempo tanto de los intereses occidentales como de aquellos específicos de Tel Aviv, ha adoptado ahora posiciones heterodoxas con respecto a las indicaciones provenientes de Washington. Esto ha introducido un elemento de desestabilización dentro de la arquitectura geopolítica proyectada por los EE.UU.

La grieta turca recuerda a los estrategas estadounidenses otro duro golpe, el sufrido a finales de los años 70 con la pérdida de Irán como peón en el “gran juego” que en esos momentos sus predecesores dirigían contra la Unión Soviética. Ahora, en un contexto global distinto, marcadamente multipolar, la grieta turca podría revelarse desastrosa para el sistema americano-céntrico por lo menos en cinco ámbitos.

El primer ámbito es el relativo al dispositivo militar occidental por excelencia, es decir, la estructura de la OTAN. ¿Por cuánto tiempo aún el actual aparato dirigido por Rasmussen podrá tolerar la excentricidad de uno de sus miembros, abiertamente alineado en posiciones anti-israelíes y, por consiguiente, antiamericanas? ¿Se halla la OTAN en condiciones de equilibrar las expectativas turcas de desempeñar un papel regional de primer orden, sin irritar al aliado israelí? Estas son sólo dos de las preguntas que podrá responder una nueva y adecuada reformulación de la finalidad de la ya tambaleante institución transatlántica, más allá del «punto de inflexión histórico» de la reciente cumbre de Lisboa (noviembre de 2010).

El segundo ámbito se refiere a las relaciones entre Ankara y Bruselas. La nueva Turquía de Erdogan está lista para entrar en la Unión Europea, pero Downing Street (el aliado estratégico de los EE.UU) y el Elíseo obstaculizan el proceso de inclusión con el insignificante pretexto de los derechos humanos, arsenal ideológico puesto a punto por los think tank americanos y adoptado por el Viejo Continente, en particular por Sarkozy. Si Turquía es rechazada nuevamente, ésta fortalecerá ulteriormente las relaciones con los otros mercados (Rusia, Irán, China), consolidando directamente el área económico-productiva de la masa eurasiática.

El tercer ámbito, que en parte guarda relación con el segundo, tiene que ver con el Mediterráneo. Turquía, considerada como la cuarta península europea, parece atraer cada vez más los intereses económicos de los países ribereños, sean los de Europa meridional, sean los norteafricanos. A favor del reforzamiento de los intereses económicos existentes entre Turquía y los países del Mediterráneo está jugando un papel particular el proyecto South Stream, ideado por Moscú.

El cuarto ámbito concierne a las relaciones que existen entre Turquía y las repúblicas de Asia central. Turquía constituye una vía de circulación hacia Asia central, es decir, hacia ese espacio cuya hegemonía ambiciona Washington desde el desmoronamiento de la URSS. Mientras que Turquía seguía con diligencia las indicaciones de los EE.UU., Washington facilitaba sus presiones pan-turcas (por otra parte oportunamente activadas en el contexto de la desestructuración de la confederación yugoslava) hacia las repúblicas de Asia central (los «Balcanes eurasiáticos», según la definición programática de Brzezinski), con el fin de aumentar las tensiones endógenas, principalmente en función antirusa y, en perspectiva, con una manifiesta función antieurasiática. Ahora que Ankara parece dispuesta a aumentar sus propios niveles de autonomía, las relaciones que ha establecido con las repúblicas de Asia central, por otro lado convenientemente equilibradas con las establecidas con Moscú, no son bien vistas por Washington. De ahí la reciente demonización de Turquía realizada por los medios de comunicación occidentales.

Por último, por lo que respecta al quinto ámbito, vale la pena señalar que las buenas relaciones que Ankara mantiene con Moscú, Pequín, Teherán y los mayores países de Suramérica preludian un cambio de ruta geopolítica por parte de Turquía. Este cambio va inequívocamente en la dirección de un fortalecimiento del nuevo escenario policéntrico.

Érase una vez Occidente

En el cuadro de lo anteriormente esbozado, el sistema occidental conducido por los EE.UU corre el riesgo de implosionar. Su expansión hacia Oriente está prácticamente deteniéndose, en virtud del recobrado protagonismo de Moscú en la escena internacional y, sobre todo, debido a las desastrosas campañas afganas e iraquíes que el Pentágono y Washington no logran controlar. En África, la competencia con China plantea problemas cruciales para todo el Occidente. Puesto que ni Washington, ni Wall Street, ni el Pentágono/OTAN – a pesar de la puesta en escena del Africacom- logran asegurar una contraposición eficaz a la marcha de los chinos por el continente negro, es razonablemente previsible (y deseable para toda Europa) que algunos países europeos, conscientes de sus propios intereses, intenten buscar en el futuro próximo una adaptación al transformado escenario internacional, activando nuevas relaciones con China y con los países africanos, caracterizadas por la cooperación bilateral.

En Japón, a pesar del fracaso del gobierno Hatoyama, veladamente antiestadounidense, la reflexión crítica relativa a las ventajas que Tokyo obtendría aún en el contexto de las relaciones nipo-americanas instauradas después de 1945, continúa alimentando el clima de recelo hacia Washington, desgastando día a día la hegemonía americana en lo que respecta a las elecciones de fondo de los japoneses.

La América indiolatina ya no representa el «territorio de caza» de los EE.UU. útil para sus incursiones imperialistas, como en el siglo pasado. Brasilia, Caracas, La Paz y, en parte, Buenos Aires, aumentan sensiblemente sus niveles de autonomía política. Los acuerdos establecidos entre estos países, en sinergia con los que empiezan a poner en marcha con Irán y Turquía, prefiguran un nuevo e inédito frente «antiimperialista» que, todavía en fase de articulación, podría catalizar las exigencias antiliberales presentes en muchos países del globo. La atención al estado social de los gobiernos de Caracas, Brasilia y Buenos Aires, el recuperado control por parte del estado ruso del sector de las empresas estratégicas, la aplicación de políticas sociales atentas a las libertades colectivas que llevan a cabo Teherán y Ankara, respetando la peculiar concepción islámica de la sociedad y de las relaciones económicas, además de indicar el fracaso del modelo liberal, introducen límites objetivos al proceso de globalización, geopolíticamente entendido como expansionismo de la potencia norteamericana a nivel planetario.

Las naciones europeas, habiendo sufrido en estos últimos años el desmantelamiento de sus respectivos estados sociales, debido al deseo manifestado por las oligarquías relacionadas con los intereses americanos y por los diktat del FMI, han perdido irreversiblemente aquel tipo de estabilidad que les había permitido crecer económicamente. Los efectos de esta pérdida de peso específico en la economía global debilitan, en la actual fase coyuntural, la periferia del sistema occidental favoreciendo el centro, radicado en los EE.UU. De ahí la disgregación de la construcción geopolítica americana surgida después de 1945. En un futuro próximo, si no hay medidas correctoras dirigidas a «mantener» a Europa en el sistema occidental, algunas naciones europeas podrían optar por la elección multipolar.

El tiempo de las decisiones

El impulso propulsor de los EE.UU. parece, por consiguiente, haber terminado. Desde una perspectiva geopolítica, Washington se haya ante una encrucijada: arrinconar, al menos por un cierto período de tiempo, el bicentenario proyecto de dominación global, o bien insistir sobre el mismo, adoptando nuevos criterios y metodologías.

En el primer caso, los EE.UU. se verían obligados a reexaminar su propio sistema social y militar y, sobre todo, a negociar su propia posición a nivel mundial con los ex aliados y con los nuevos actores globales. La aceptación del sistema policéntrico pondría, sin embargo, en crisis todo el complejo industrial y militar que constituye la base del poder político y económico de los EE.UU. El equilibrio dinámico entre los grupos de presión que determinan las opciones estratégicas del aparato político y militar estadounidense sufriría, en efecto, una perturbación fatal. La consecuencia directa de un desequilibrio en los vértices del establishment causaría, inmediatamente, la disgregación de la gigantesca esfera de influencia que los EE.UU. han conquistado con mucho esfuerzo en los últimos sesenta y cinco años. La reorganización de los EE.UU. inauguraría un nuevo ciclo geopolítico, cuya estabilidad no se basará en el modelo del libre mercado, sino sobre las exigencias geopolíticas reales de los nuevos polos de agregación.

En el segundo caso, los EE.UU., optando por la opción de perseguir su supremacía mundial, se verán obligados a tener que sustentar una enorme economía de «guerra permanente». En el marco de aquella funesta invocación que Edward N. Luttwack lanzó en 1999, en el curso de la desmembración de la Federación yugoslava : «Give a chance», deberán aplicar las lógicas del constructive caos de los neocons, con el riesgo de desatar reacciones geopolíticas asimétricas en Asia, África y en la América indiolatina.

Cualquiera que sea la opción elegida, la relación entre la «nación necesaria» y el resto del mundo no será ya nunca la misma.

*Director de Eurasia – Rivista di studi geopolitici (www.eurasia-rivista.org) y de la colección Quaderni di geopolitica (Edizioni all’insegna del Veltro), Parma, Italia. Cofundador del Istituto Enrico Mattei di Alti Studi per il Vicino e Medio Oriente. Ha dictado cursos y seminarios de geopolítica en universidades y centros de investigación y análisis. Docente del Istituto per il Commercio Estero (Ministerio de Asuntos Exteriores italiano), dictando cursos en distintos países, como Uzbekistán, Argentina, India, China, Libia.

E-mail: direzione@eurasia-rivista.org

(Traducido por V. Paglione y Página Transversal)

Este martes 8 de junio, Centrales sindicales, Partidos políticos, Movimientos sociales, Asociaciones ciudadanas, Organizaciones estudiantiles, Colectivos profesiones y diversas Entidades de todo género han convocado una jornada de Huelga General en las administraciones públicas y en el mundo de la enseñanza.

Es esta la primera respuesta general de masas frente al tristemente célebre “recortazo” del gobierno de Rodríguez Zapatero, y que ha sido calificado con toda razón como el mayor recorte social y económico perpetrado durante los últimos treinta años: aproximadamente los mismos años de existencia del actual Régimen político juancarlista.

La primera respuesta. No la última: porque precisamente el mismo gobierno, que se ha llenado la boca durante la presente legislatura jurando y perjurando que los derechos sociales de los trabajadores y de las capas más desfavorecidas de la sociedad no se tocarían jamás, prepara otra “vuelta de tuerca” en su inopinado ajuste económico: la Reforma del Mercado Laboral.

En efecto, el presidente de turno de la Unión Europea ya ha advertido que su” Gobierno aprobará la reforma laboral el 16 de junio”, firmen o no los agentes sociales los contenidos de esta reforma.

“Puedo anunciar que el Gobierno aprobará la reforma laboral el próximo día 16 miércoles en Consejo de Ministros, se produzca un acuerdo o no se produzca un acuerdo“, dijo José Luis Rodríguez Zapatero hace pocos días en rueda de prensa.

No hace falta ser un lince, ni aguardar a las consabidas filtraciones de prensa, para adivinar los contenidos esenciales del Decreto para la reforma laboral; a saber, mayor “flexibilidad” laboral, más precariedad, menos derechos sociales, liberalización económica ilimitada,, contratos basura, privatización de lo público, etc. Y finalmente, parafraseando a las abortistas, el viejo sueño neoliberal: despido “libre y gratuito”.

Un horizonte nada lejano, especialmente cuando se cuenta ya con un millonario “ejército” de reemplazo compuesto por mano de obra desempleada y no cualificada: histórica herramienta de combate del capitalismo salvaje. Un “ejército” que en España rebasa ya el 20 % de la población activa. El mayor de Europa.

Nada nuevo. Las habituales recetas de los Organismos crediticios internacionales y sus Fondos monetarios, de los Centros privados de poder económico, de los mercados financieros y de sus gurús neoliberales en nómina.

Las mismas recetas de la Derecha económica y de sus sucursales políticas. “Derechas” que para estos casos empiezan muy a la “izquierda”.

En efecto. Ha bastado una llamada del Faraón estadounidense Barack Obama a Zapatero por delegación de Merkel y Sarkozy, es decir de la Unión capitalista europea y su BundesBank, para que el hombre que no se levantó al paso de la bandera de las Barras y Estrellas de Bush, se haya cuadrado a la voz de mando del Imperio colocándonos en lo económico a los pies de los mismos caballos que en lo militar nos puso su antecesor Aznar.

Zapatero y con él su partido ha perdido a golpe de teléfono no la credibilidad, que nunca tuvo en realidad, sino a la vez la poca vergüenza y la escasa memoria (por muy histórica que les parezca) que aún le quedaba.

Sí; resulta un hiriente sarcasmo que sea el Partido de la oposición el que afirme que “somos ya un protectorado” cuando lleva meses exigiendo que se apliquen aquí a todos los niveles las políticas precisamente de “la Merkel” y “el Sarkozy”.

Irónico resulta también que el propio Partido Popular haya levantado ahora la bandera de la defensa de los más desfavorecidos, de los pensionistas y jubilados,  “nuestros mayores”, de los funcionarios públicos y de las rentas más bajas, llegando incluso al demagógico llamamiento de la número 2 del PP de hoy mismo presentado a su partido –que es, históricamente, junto a CiU el Partido de la Patronal- casi como una especie de “vanguardia obrera” afirmando que ’Si los sindicatos no defienden a los trabajadores, aquí está el PP’ (¡sic!)

Con declaraciones como ésta se confirma que el esperpento existe y está ahí. Y que cuenta además con el acompañamiento musical de un potentísimo aparato de propaganda neoliberal y ultraconservador -cínico e implacable- que no busca otra cosa que volver a apoderarse de la manija política de la Nación poniéndola  al servicio de la especulación financiera, el tráfico de influencias, la corrupción urbanística, el blanqueo de capitales, la mafia del ladrillo, la estafa empresarial, la explotación impune, el capital extranjero y el imperialismo de guerra, tal y como hicieron durante la “década prodigiosa” del “milagro económico español” en cuyos lodos chapoteamos hoy gracias tanto a la errática política económica del PSOE como a la labor de zapa del capital monopolista tanto propio como foráneo.

Pero si los eufemismos “buenrollistas” de ZP ya no engañan a nadie, la retórica alucinada y alucinante de la señora Cospedal menos aún:  pues en el fondo despotricar contra los sindicatos, coincidiendo así con lo que desea el núcleo duro del Sistema, y hacerlo  no por corruptos o ineficaces, sino por el mero hecho de existir es la tarea que la derecha política siempre al leal servicio de la oligarquía dominante y del statu quo estatal ha mantenido siempre agenda.

Y aún concediendo que los sindicatos mayoritarios -“generosamente subvencionados” como no para rebuznar la derecha mediática- no hayan estado nunca a la altura de las circunstancias podría decirse lo mismo de las Organizaciones empresariales, las Fundaciones políticas, las Oenegés,  y más que nadie de los Partidos y de las Instituciones –muy especialmente la Corona- del Régimen estatal cuya espléndida  financiación hemos pagado y seguimos pagando todos los españoles, y que ha sido mucho más que generosa sobrepasando la legalidad vigente e instalándose en el fraude y el latrocinio permanentes.

Eso sin olvidar que éste fue el precio pagado por el Régimen juancarlista por mantener todo conflicto social controlado y enmascarado en la periferia del sistema desde los célebres “Pactos de La Moncloa”  hasta el día de hoy; y que lo han pagado todos empezando por los que ahora critican las dimensiones del “descubierto” del cual ellos han sido en calidad y en cantidad los primeros y principales responsables.

Sin embargo, no es tiempo de reproches sino de acción.

En consecuencia, los abajo firmantes, conscientes de la amplitud social e histórica del envite que se disputa actualmente, y –más aun-  responsables moral y políticamente ante la Comunidad nacional de todo el Pueblo de aportar a la realidad militante de este País un esfuerzo consciente y revolucionario, nos solidarizamos con esta convocatoria de paro general, con sus justas reivindicaciones y apoyamos decididamente la movilización total frente al Régimen estatal y al Sistema liberal-capitalista.

No en defensa de los intereses particulares, sectoriales, corporativos o de clase sino por los intereses generales de la Nación, por el bien común y posible, por la defensa del Estado Social que es nuestro futuro y que es nuestro Pueblo.

EN DEFENSA DEL ESTADO SOCIAL: ¡TODOS A LA HUELGA!

¡NO A LOS RECORTES SOCIALES!

¡TODOS CONTRA EL RÉGIMEN: NADA CON EL RÉGIMEN!

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Red Tercera Vía

Línea Antagonista

Círculo Orientaciones

Página Transversal

Disidencias nº 10 ¿Una gran guerra para salir de la crisis?

“Ya está disponible el número 10 de DisidenciaS que esperamos sea del
agrado de todos.

Resaltar en esta edición un trabajo fundamental de J. Farrerons sobre
“Heidegger y la singularidad de Auschwitz”, en el que con todo rigor
se hace un análisis ideológico-cultural sobre la cuestión del
Holocausto huyendo de las típicas y tópicas posiciones
exterminacionistas y negacionistas. Igualmente, reseñar un texto del
coronel Camacho clarificador sobre los puntos más oscuros del
Régimen nacido en España en 1978 (del 23-F al caso Faisán), y otro
de J. A. Aguilar sobre la oculta instrumentalización de las redes
sociales, especialmente, la más extendida, Facebook.

Por último, las hipótesis sobre qué camino se seguirá para superar
la crisis sistémica del capitalismo global son numerosas, pero hay
una que, atendiendo a la experiencia histórica, resulta alarmante: la
posibilidad de que los poderes capitalistas busquen una fractura
geopolítica para provocar una guerra de grandes dimensiones y crear
artificialmente una demanda que permita remontar la tendencia
decreciente de la tasa de ganancia del capital. Una hipótesis
aterradora.

DisidenciaS Nº 10
DOSSIER: ¿Una gran guerra para salir de la crisis?

240 páginas, 21 x 15 cm.
Cubierta con solapas, impresa a todo color y plastificada brillo
P.V.P.: 12 € + gastos de envío.
ISSN: 1888-8151

SUMARIO DISIDENCIAS Nº 10

EDITORIAL:
El final de la cuenta atrás

IDEAS
Heidegger y la singularidad de Auschwitz (Respuesta a Farías, Faye y Quesada, II). Jaume Farrerons
Los agujeros negros del Régimen: ¿Es la seguridad nacional un factor de estabilidad en España?. Diego Camacho López-Escobar

ALTERNATIVAS
El plan B. Jorge Verstrynge
¿Se le agotan las pilas a la megamáquina?. AEREN

DENUNCIA
Facebook, el Gran Hermano y el Sistema. Juan A. Aguilar

DOSSIER: ¿Una gran guerra para salir de la crisis?
Crisis sistémica en la economía: la desarticulación geopolítica global. GEAB
¿Por qué el capitalismo nos lleva a la guerra?. Manuel Freytas
La guerra para salir de la crisis se va concretando ¿Morir por Beluchistán?. Ernesto Milá
Rusia, clave de bóveda del sistema multipolar. Tiberio Graziani

ORIENTACIONES
LIBROS. PROTECCIONISMO y economías de gran espacio. Redacción
LIBROS. «Traficantes de Salud» y «La Salud que viene», de Miguel Jara. Pepe López
LIBROS. Ritmos negros, scooters y chicos con trajes. Antonio Brea
CINE. La batalla de Hadiza. Redacción

Artículo de Diego Guerrero CENSURADO en El País. Diego Guerrero
MANIFIESTO Por la reforma del Estado de las Autonomías.”

COMUNICADO CONJUNTO

20 DE MAYO DE 2010

La humanidad sufre una “nueva crisis” capitalista pero, a diferencia de las anteriores, no parece tener armas para combatirla. En realidad, el sistema capitalista no está ni en crisis ni en quiebra, ya que se trata de un modelo de explotación que se reestructura en ciclos recesivos y depresivos, afectando principalmente a los trabajadores de todo el mundo mientras las grandes fortunas continúan obteniendo grandes beneficios.

La banca, las altas finanzas y las grandes corporaciones han provocado esta situación crítica con alevosía y precisión. Los movimientos especulativos de los últimos años tenían como objetivo desestabilizar las economías nacionales con el fin de endeudar a los estados y reducir, aún más, su soberanía económica. Señalamos al Fondo Monetario Internacional, al Banco Central Europeo y al resto de instituciones económicas internacionales como instrumentos al servicio del capital privado, principal enemigo de los pueblos soberanos.

Paralelamente a esta guerra especulativo-financiera, la casta política nacional e internacional, subvencionada y financiada por los capitalistas, ha anunciado recortes en los, ya de por sí, penosos derechos laborales actuales. La crisis es la coartada perfecta para la imposición de un modelo laboral que perpetúa la explotación y miseria de los trabajadores y pensionistas, agravando su paupérrima situación. Denunciamos a las élites políticas por emprender una nueva guerra social en connivencia con el capitalismo.

Los medios de comunicación de masas, empresas de difusión al servicio de los poderes político-financieros, controlan el debate sobre la crisis con el único fin de atacar las pocas organizaciones comunitarias existentes, justificando la paulatina disolución de los estados y criminalizando la verdadera labor sindical y de oposición política, ya desactivada. Advertimos que las críticas de los grandes canales mediáticos al gasto social, a las instituciones públicas y a la soberanía económica nacional forman parte de la estrategia global de disolución y aislamiento de los individuos, etapa imprescindible para la dictadura global del capital y los mercados.

Manifestamos nuestro compromiso con los pueblos y sus trabajadores, únicos bastiones de resistencia frente al nuevo orden mundial basado en el expolio, la invasión, la explotación y el engaño.

LIBERTAD – DIGNIDAD – INDEPENDENCIA

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por Santiago Niño Becerra

El Señor Pedro Solbes (¿por qué, bastantes, ahora le echan de menos?) dijo en una ocasión que las previsiones, a la que se hacen públicas, ya son viejas, lo que es muy cierto: la realidad siempre está en movimiento. Pero las previsiones suponen un algo fundamental: son la consecuencia de una tendencia en función de lo que se está considerando y suponiendo. A continuación las últimas que he elaborado referentes al reino: a 30 de Septiembre (si quieren comparar, las anteriores las publiqué en lacartadelabolsa el 15 de Marzo). De entrada, una aclaración (pienso que tal y como están las cosas es necesaria): estoy suponiendo que no va a producirse ningún cambio en el sistema de cálculo ni de registro de los macroagregados comúnmente utilizados, tampoco ninguna modificación en su composición; lo digo porque las intenciones de cambiar y de alterar cosas van a ser crecientes.

Previsiones S. Niño Becerra

Bien, ¿qué es lo nuevo en relación a seis meses atrás?. Tres cosas. Una: los efectos animadores del Plan E y similares; otra: el descenso del euribor que, como ese anuncio de la tele, ha metido un poco de dinero en el bolsillo de bastantes españolas y de bastantes españoles y que ha generado, en estas y estos, la ilusión de `tener más’; otra más: el deseo de la población de que las cosas se arreglen es, si cabe, más fuerte que en Marzo, lo que hace que, aunque la calle esté cada vez menos limpia, la esperanza en EL milagro que todo lo arreglará siga siendo casi tan fuerte como en Marzo.

Y a partir de ahora, ¿qué?

El problema de los impulsos (de cualquier impulso) es que llega un momento en que se agota; además, los impulsos (todos los impulsos) pueden tener dos consecuencias nefastas: 1) generar una falsa sensación de euforia (efecto anfetamina), y 2) crear acostumbramiento: expectativas de que nuevos estímulos serán arbitrados cuando los actuales pierdan consistencia (efecto supervivencia asistida). Ambos, pienso, se han dado y, de momento se continúan dando (en todo el planeta), pero una situación como esa tiene fecha de caducidad: viene dada por su insostenibilidad física: llega un momento en que el montaje, cualquiera que este sea, no da más de si.

En España, y desde la oferta, las fuentes generadoras de PIB, y debido a lo anterior, acelerarán su caída: construcción, turismo automóvil, manufacturas; desde la demanda, progresivo hundimiento del consumo privado y de la inversión, así como del consumo de un Estado crecientemente deficitario. El comercio exterior en retroceso: exportaciones: ¿a dónde exportar en un escenario que se cierra sobre si mismo para defender `lo suyo’?, importar: ¿qué, si no puede pagarse y/o no es necesario aquello que se desea?. El símil de esta situación podría ser una reacción nuclear.

Agotado el impulso y agotada la posibilidad de crear nuevos impulsos, la actividad va retrocediendo, y un Estado, crecientemente empobrecido, poco puede hacer por revertir la situación. La actividad se va enlenteciendo, la generación de PIB va retrocediendo y el desempleo del factor trabajo aumentando (en España más debido a su reducida productividad y a la composición de su PIB) de forma acelerada: como si la economía estuviese impulsada por un desmultiplicador que va realimentando el proceso.

La tendencia a lo largo de todo el 2010 será, entiendo, claramente a la baja: decididamente desde Enero (cada vez peor, pero llegaremos a Navidad como sea) y aceleradamente desde mediados de año: cuando la insostenibilidad física referida se pondrá, pienso, totalmente de manifiesto (momento en el que, pienso, mayoritariamente, se dejará de esperar EL milagro, lo que aumentará la degradación del proceso). ¿La inflación?; suavemente negativa como balance final del año en curso, y decididamente negativa en el siguiente, fundamentalmente porque quienes consumen (lo que sea) irán experimentando un paulatino retroceso en su capacidad de ¿compra?.

A partir de mediados del 2010, el derrumbe. Privada de cualquier capacidad compensadora porque ya estará agotada (Estado, crédito, confianza), la situación va entrando en una desaceleración continuada que se manifiesta con toda su virulencia durante el 2011 (en España más debido a su nivel demográfico y a su modelo productivo). En un escenario como ese pueden imaginarse de que tipo serán las expectativas.

Como consecuencia de esta situación, es previsible que se produzca una expansión de la economía sumergida: la única posibilidad, y una generalización de las situaciones de subempleo y de desempleo encubierto del factor trabajo. El consumo (de todo) es asumible que caerá, por lo que gran número de bienes y servicios dejarán de producirse y de prestarse, lo que abocará a caídas de precios y a que los índices de precios pasen a ser muy poco significativos (como la mayoría de los datos económicos y sociales que sean publicados).

Un panorama de crisis sistémica, en definitiva.

Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

Extraído de: La Carta de la Bolsa

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