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“Ciclo de conferencias. Los retos del s.XXI: otro mundo es necesario. III Edición

Decrecimiento: ¿cómo y por qué?

Ponente: Serge Latouche (nacido en Vannes, 1940) es Economista y filósofo francés.
Profesor emérito de la Facultad de Derecho, Economía y Gestión de Jean Monnet (Sceaux) de la Universidad París-XI,.
Se define opositor al crecimiento y Presidente de la Asocuación de los Amigos de Entropia (Revista de Estudio teórico y político del decrecimiento). También ha hecho “colaboraciones históricas” en La Revista de MAUSS (Movimiento Antiutilitarista en las Ciencias Sociales).
Breve resumen de la Conferencia

El decrecimiento es un término que se utiliza para resumir la necesidad de poner en tela de juicio el crecimiento. La finalidad es, sobre todo, resaltar el abandono del descabellado objetivo del crecimiento por el crecimiento, objetivo cuyo motor no es otro que el de la búsqueda desenfrenada del beneficio de aquellos que poseen el capital. El decrecimiento no significa un crecimiento negativo. La simple ralentización del crecimiento sume a nuestras sociedades en el desarraigo causado por el desempleo y el abandono de los programas sociales, culturales y medioambientales que garantizan un mínimo de calidad de vida.
No se trata ni de volver al desarrollo (sostenible o no), ni de entrar en subdesarrollo, sino simplemente de salir del desarrollo; es decir, del imperialismo de la economía. Es necesaria esta propuesta para reabrir el espacio de la invención y de la creatividad de la imaginación bloqueada por el totalitarismo economicista, desarrollista o adepto al progreso. Todos los elementos cuyo objetivo sea relocalizar la vida, la adaptación y la autonomía contribuyen a la construcción de un futuro sostenible.

* Moderador: Carlos Taibo, profesor Titular de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Autónoma de Madrid.
* 09.12.09 / 19.30 h.
* Lugar: Auditorio.
* Coordina: IC iniciativas.”

Fuente: La Casa Encendida

por Jorge Verstrynge

I. El Motín

Decíamos hace ya unos años en éstas mismas páginas, dando cuenta de los grandes movimientos huelguísticos de 1995 que cuando a la gente se la trata como a perros responde con “votos que muerden”. Dicha fórmula fue también aplicable a la hora de explicar, al menos parcialmente, el pase a la segunda vuelta de Lepen en las últimas elecciones presidenciales galas; e incluso el 55% de “Noes” en el referéndum europeo Hoy, como el motín, el crujido, han sido más fuertes, la fórmula acuñada es “Puesto de chusma somos, como tal actuamos”.

Partamos de unos primeros hechos evidentes: los amotinados no eran, en todo el país, más de 3000. Nada pues de movimiento masivo. Con la excepción de los menores de edad de los cuales 89% nunca habían tenido problemas con la justicia, los demás, hasta una proporción del 80% eran viejos “conocidos” de la policía. Su origen étnico no es árabe[1] sino muy mayoritariamente negro: las estadísticas policiales “y todos los testimonios coinciden: son los jóvenes negros de los suburbios, al menos los de origen africano, los que han sido la punta de flecha de los motines…. mayoritariamente: representan ya la mayoría de los habitantes de muchos barrios[2],…. padecen cumulativamente los problemas sociales….: pobreza extrema, segregación, discriminación, racismo más afirmado hacia ellos, des-socialización familiar,…. dificultades escolares, desestabilización cultural, consumo acusado de alcohol y drogas…. Tampoco tienen que ver ni el Islam ni el fundamentalismo islámico, sino más bien al revés”, como veremos[3]. Por cierto que los amotinados son franceses, no de primera generación. Sino de segunda, y tercera. Los amotinados detectados en las acciones de calle son muy minoritariamente inmigrantes ilegales…. Se trata por lo tanto de un motín escenificado por franceses, como las rebeliones que, en frío (con ocasión de huelgas o/y de votaciones cada vez más intensas en pro de anti-sistemas), se están produciendo en Francia ya con cierta regularidad[4]. Y que los bisabuelos, abuelos y padres procedan de la inmigración africana no cambia esta evidencia.

¿Problema de integración? Si y no; o ¿un fracaso del modelo francés de integración? No y si. Porque estos jóvenes (la inmensa mayoría de los amotinados son jóvenes, la mitad menores de edad) están parcialmente integrados. Han pasado por la escuela y una minoría cada vez más numerosa, sobre todo por el lado de las jóvenes, lo han hecho con bastante éxito por cierto[5]; hablan perfectamente la lengua de su país, y ha interiorizado los valores republicanos: libertad, igualdad, fraternidad, sin duda. Pero también exigencia de justicia, aspiración al progreso, y meritocracia[6]. Todo lo cual nos lleva a dos consideraciones: la primera es que son tan franceses que no les pasa por la cabeza volver al país de origen de sus antepasados, en donde nadie les espera ya; ni hallan en dichos países ningún modelo ni modo de vida que les atraiga. Más bien lo contrario…. Ciertamente menos fracaso escolar, el mantenimiento del servicio militar obligatorio u algo similar[7], y mayor estabilidad familiar (lo cual plantea la cuestión de la poligamia) hubieran permitido aún más integración. Pero integrados, culturalmente hablando, la inmensa mayoría de estos amotinados, en acción, a la espera o/y en potencia lo está. Regis Debray, según reza en un artículo publicado en el “Diario el País”[8] añade a las causas del motín un alto grado de desconocimiento y/o de desidentificación con la France “grande” del Imperio y sus victorias militares. Pero esto viene compensado por el rango de gran potencia (además nuclear) del país, y por una política exterior a la vez independiente frente a Washington, y constructiva, casi de hermanamiento, con Berlín.

Sin embargo, a la vez, se trata de una integración fracasada. Porque está el tema del racismo, que es fruto, primero, de una larga tradición intelectual de dicho país (recuérdese que, de los grandes teóricos del racismo, Arthur de Gobineau, Vacher de Lapouge, Edouard Drumont y G. Montandon fueron franceses; y tan sólo H. S. Chamberlain británico, y A Rosenberg, alemán y del Báltico), de precedentes históricos (por ejemplo cuando Napoleón Bonaparte restableció la esclavitud; o cuando el régimen de Vichy aprovechó la Alianza con Alemania para una depuración étnico-religiosa severa; o con ocasión de las masacres coloniales en África), y también hay que decirlo, de cifras elevadas de inmigración africana (hay actualmente en los países europeos 24.190.980 extranjeros –tirando bastante por lo bajo- pues sólo se computan los legalmente residentes, y en Francia concretamente 3.263.186 –tirando muy muy por lo bajo-) sensación aumentada por su concentración en determinadas zonas y, dentro de éstas, en determinados suburbios de las grandes ciudades. Ciertamente Alemania tiene el doble de extranjeros– aunque su población es sólo un tercio mayor que la de Francia, pero, como señalaba Michels, “no importa que un hecho sea falso; si es considerado cierto, es cierto en sus efectos”. Máxime cuando existe un silencio espeso sobre las cifras étnicas ya que “la ley prohibe a cualquier organismo, público o privado, utilizar datos étnicos, excepto la nacionalidad”[9]. Pero eso permite que se disparen al alza las especulaciones sobre la cifra de franceses no de origen…[10].

Dos factores además pueden explicar la diferencia entre Francia y Alemania: el primero, la existencia en Francia de un fuerte partido etno-populista, el Frente Nacional, a la vez producto de esa sensación de un excesivo número de extranjeros, y causa de que se llame mucho la atención sobre dicho excesivo número; y segundo el que una parte considerable de la inmigración hacia Francia sea de origen sub-sahariano (término por cierto muy “cool” políticamente, destinado a sustituir la palabra “negros” pero, por cierto, inexacto, pues al sur del Sahara hay fuertes núcleos de población caucásica –por ejemplo, en África del sur-), lo que no ocurre en Alemania. De hecho, en Francia, en la famosa ecuación Blancs-Blacks-Beurs[11], la identificación por la fisonomía de los Beurs se limita generalmente a la parte de los mismos (no mayoritaria) con rasgos negroides –recuérdese que los árabes y los hebreos son muy mayoritariamente caucásicos y no fácilmente distinguibles de grandes partes de las poblaciones como la española, italiana, griega, portuguesa, rumana, etc-. Hay en todo caso, un cierto fracaso del modelo de integración a causa de esta cuestión racial y no hay más que ver cuantos puestos de trabajo, y cuantos alquileres de viviendas son denegados en virtud de los apellidos o/y de la fisonomía….

Ahora bien, tampoco aquí reside el meollo del asunto: la realidad es que los antepasados de éstos “nuevos franceses” fueron llamados a Francia en épocas del pleno empleo (por ejemplo para las reconstrucciones en 1918 y 1945, y durante el Keynesianismo de los “30 gloriosos años”) y, actualmente, la situación ya no es tal, ni tiene aspecto de volver a ser tal, dado que nos hallamos, excepto cortos periodos de tiempo, en fase de recesiones económicas en serie y que no existe voluntad económica de instaurar un neokeynesianismo. Por otra parte, llegaban a Francia dichos antepasados con unas expectativas dadas, habitualmente mayores que las que el Sistema estaba dispuesto a satisfacerles; pero sus países de origen las satisfacían aún menos. “Privación Relativa” (o sea la distancia entre las expectativas y las satisfacciones; o si se desea la frustración social) existente pues, pero poco exteriorizada por el hecho de que eran extranjeros en el país y que menos daba una piedra. El problema, lógicamente, se complica cuando nacen en Francia sus hijos y nietos y bisnietos que, en virtud de un derecho de nacionalidad que combina, alterna y simultáneamente, “ius soli” y “ius sanguinii”, y que es demasiado laxo, son ya de nacionalidad francesa y que, a través de la socialización escolar, mediática y ambiental en general, interiorizan los valores y exigencias de la sociedad francesa. Por ello, suben de manera importante sus expectativas individuales y grupales. Sin embargo, no hallan posibilidades equivalentes de ascenso social (o sea que el Sistema no satisface a la misma velocidad que crecen las expectativas) entre otras cosas porque se ha pasado ya del “Estado de Bienestar” al “Estado de malestar”. Resultado: una privación relativa que se ha disparado. Traducido: los hijos, nietos y bisnietos de inmigrantes viven en los mismos barrios mugrientos en los que se hospedaban los padres, abuelos y bisabuelos. Muchos de ellos, o son pobres, o ven el “ascensor social” bloqueado. Es decir, ya no son argelinos o marroquíes o senegaleses, son franceses; pero no son franceses como los son los franceses, es decir, con una posición socio-económica más sólida. El resultado es la aparición de una situación prerevolucionaria.

Y este último escenario, explican Bouthoul y Carrere, “describe una situación típicamente revolucionaria”. Añadía yo que “este fue el caso de la Revolución Francesa, cuando varias malas cosechas y un colapso económico y del subsistema distributivo siguieron a un periodo de crecimiento ininterrumpido del bienestar durante 30 años; o el de la Rusia zarista, en 1917, donde el inicio del <> (como diría W. W. Rostow) acompañado por un incremento de las expectativas, no pudo finalmente satisfacerlas….; o el caso mismo de la antigua URSS cuando… un sistema productivo que después de décadas de crecimiento dio muestras de agotamiento y de no poder satisfacer…. las expectativas cada vez más crecientes de la población[12]. Y es el caso de Francia hoy y la causa de estos motines o de estas rebeliones, “frías” o “calientes”.

No se trata de hacer tremendismo. Primero porque no es cierta totalmente la afirmación según la cual en el mundo hay cada vez más pobres. Así la Europa del Este contaba 102 millones de pobres en 1998, 20% de la población, y la cibra bajo a 61 millones en el 2003, 12%; eso si se trata de pobreza absoluta (y no relativa) y el criterio utilizado es el de contabilizar cuantas personas viven con menos de 2 dolates diarios[13]. Pero alguién dirá, con razón, que se trata de Europa, y que no puede darse lo mismo en otras partes del mundo (incluido los USA); y que, además, se trata de “pobreza absoluta” y no “relativa”, lo cual no es mera cuestión semántica. Porque el problema en cuestión reside en el aumento de la última, habida cuenta que se han disparado las desigualdades comparativas tanto de Renta como de Patrimonio. Asunto tanto más grave cuando que como ha explicado recientemente Lionel Jospin, exPrimer Ministro francés “una nueva casta dominante…. que emerge a partir de una alianza implícita entre grandes dirigentes empresariales financieros, cuadros altos de la industria y de los servicios, determinados altos funcionarios del Estado y de privelegiados de los medios de comunicación, [constituye un grupo] que le pide a las demás categorías sociales hacer sacrificios en el nombre de la competitividad o del equilibrio económico, pero que no consiente para sí mismo ningún esfuerzo de renuncia y ni concibe siquiera que ello pueda ser planteado… Comportamientos y privilegios escandalosos que comienza a provocar la colera” en los demás. Añade E. Le Boucher que se trata de una “élite mundializada que se ha divorciado de su tierra natal” [14].

Peor áun: dicha élite ha aplicado, oidos sordos, políticas ultraliberales desde hace décadas con los con sabidos resultados sociales. Volvamos a J. F. Kahn: “¿Es que no hay relación entre la explosión de los alquileres y la de los suburbios; o entre el abandono del mantenimiento de las viviendas sociales por una parte y el surguimiento masivo de residencias nuevas y de lujo por otra; o entre aquí 50% de paro y de la de los récords bursátiles de las grandes empresas; o entre la Renta Mínima de Inserción como única perspectiva en la periferia y las remuneraciones de oro macizo en el centro; o entre el culto o la maximización del beneficio especulativo arriba y la búsqueda frenética del enriquecimiento vía el tráfico de droga abajo; o entre el alud de emisiones de televisión deliberadamente debilitantes mentalmente y la desculturalización total de una generación pegada a los reality-shows de televisión? Y mientras la explosión amenazaba, los ultraliberales se movilizaban a favor de la supresión del impuesto sobre las grandes fortunas, ¿ninguna relación? Se ha liquidado cualquier política de planificación; se ha dado campo libre a una dinámica ultra capitalista que… ha exacerbado un proceso de marginalización de los más débiles, de pauperizacción absoluta de las poblaciones periféricas rechazadas hacia espacios condenados a una arquitectura y un urbanismo de acompañamiento de la miseria, de exclusión y de precarización de todos aquellos que no procedían de buenas escuelas, y de Getöización social y étnica engendradora de un ultracomunitarismo autoprotector y a veces alentado por los poderes locales; y una desinversión en las zonas calificables de desfavorecidas…” [15].

II. El Crujido.

No es pues de extrañar que el Sistema se este colapsado lentamente, y que sus costuras revienten, con crujidos cada vez más sonoros. Por eso pierden sus más fieles defensores elección tras elección. En Polonia, los liberales han perdido, una tras otra las últimas elecciones legislativas y presidenciales. ¡Vaya victoria pírrica la de Angela Merkel, con, además, los liberales excluidos de la coalición que va a gobernar!. En el Partido Conservador británico, el candidato a su jefatura de ideología más liberal David Davis lo tiene muy dificil frente a David Cameron, coservador partidario de la potenciación de la empresa… ¡pública! Charles Kennedy, líder del Partido Liberal Demócrata reclama un programa “socialmente progresista” para su formación política. Hasta Blair “en su contribución al debate sobre el modelo social europeo cita como uno de los valores principales comunes a los 25 la importancia del sector público y la calidad de los servicios de interes general”[16]. Incluso Nicolas Sarkozy, en Francia, ha puesto sordina a su ultra-liberalismo mientras Villepin sólo jura por el “patriotismo económico” (traducción: proteccionismo), el “voluntarismo económico” (Traducción: intervencionismo) y la prioridad al empleo y a la política de reactivación vía la demanda (Traducción: Keynesianismo). En Bélgica y en Dinamarca, donde gobiernan, los partidos liberales han dejado de defender la “minimalización del Estado”.

Jaque pues, electoral y en las calles, al liberalismo mundializador, que es derrotado por doquier (añadamos por ejemplo lo que está pasando en Latinoamérica) y que cuando es aplicado lleva al impasse (hasta en ¡Burkina Faso! alumno modelo del FMI) [17]. Pero hay quien incluso añade “Mate”, como lo hace, en el Harper´s Magazine, John Ralston Saul [18]. Para éste analista norteamericano “las grandes teorías económicas raramente duran más de unos decenios […] La teoría del liberalismo salvaje apenas tenía más de 30 años cuando se hundió, en 1929. El comunismo […] consiguió durar 70 años en Rusia y 45 en Europa Central pero no sin un recurso intensivo a la fuerza militar y policial. El Keynesianismo, si se considera no sólo su variante de post-guerra […] sino la forma [...] que revistió durante la Gran Depresión vivió 45 años[19]. La actual mundialización, caracterizada por el determinismo tecnocrático y tecnológico, y por el culto a los mercados, a su vez tiene 30 años. Hoy, a su vez, ha muerto… [y] los síntomas de declive eran claros y se manifestaron desde 1995”. Dicha mundialización era una mezcla “religiosa atrincherada tras certidumbres [tales como que] el Estado Nación iba a declinar en provecho de los mercados mundiales, [que] la economía y no ya la política y las armas forjarían el destino de la humanidad, [que] la liberalización iba rápidamente a conducir a equilibrios internacionales insensibles a las contingencias de los antiguos ciclos [económicos, que] el crecimiento de los intercambios [comerciales] mundiales inflarían las velas de todos los barcos fueran occidentales o de los países en vías de desarrollo, [que] la prosperidad de los mercados transformaría las dictaduras en democracias, [que] todo en esta evolución iba a frenar al nacionalismo irresponsable, y al racismo y a la violencia política, [que] la economía mundialización crearía la estabilidad merced a empresas cada mayores y por ende inmunizadas frente a las quiebras, [que] de dichas multinacionales emanaría un nuevo liderazgo internacional liberado de todos los apriorismos políticos localistas, [que] el surgimiento del poder de los mercados y el declive de la política nacional acabaría con el endeudamiento público, [que] con Estados ya nunca deficitarios nuestras sociedades conseguirían una definitiva estabilidad, [que] en definitiva las fuerzas económicas mundiales, libres para actuar, nos iban a proteger de los errores engendrados por los orgullos locales y aportar a todos prosperidad y felicidad”. Como añade este investigador: “En un mundo durante tanto tiempo dominado por los dogmas cristianos ¿Cómo no quedar seducido ante tales promesas?”.

Dos consecuencias particularmente funestas derivaron de esa nueva “teología de la explotación”, que por cierto, y paradójicamente, han contribuido a la crisis de la misma: Como, dado lo preconizado, todo tenía, forzosamente, que funcionar perfectamente, no se quiso reparar en que, cuando la máquina “jadeaba”, era algo más que una sencilla y corta recesión; resultado: una sucesión sin fin de recesiones que, en lugar de ser globalmente consideradas como la depresión de que se trataba, fueron consideradas (obviando pues respuestas enérgicas para contrarrestarlas) como algo “minimizable, siempre a punto de solución”. Dos: los gobernantes, gobierno y oposición, fueron alcanzados por un síndrome de parálisis; y es que “la nueva ideología integraba una estrategia exhaustiva, llamada, mundialización, con una respuesta para cada problema. ¿Puede haber algo más seductor? Aportaba soluciones simples y radicales y, al igual que todas las religiones […], situaba la responsabilidad última en una entidad invisible e intangible. La mundialización no le pedía pues a nadie ser responsable de algo…. [Por ello] luego vinieron las declaraciones públicas de impotencia de los dirigentes democráticamente elegidos. [Se supuso que] los Estados-Nación ya eran impotentes. [Es decir que] la mundialización se torno para los dirigentes una excusa para no encarar las cuestiones difíciles y no movilizar su poder y sus presupuestos en forma eficaz” [20].

Tres: También cayeron en esta trampa, los oponentes “lights” al Sistema. Así, “los que podrían haber reformado [dicha situación y el Sistema] no se autorizaron tampoco a si mismos a tomar la perspectiva necesaria para estudiar el contexto en su conjunto. Habían perdido la amplitud de miras y la ponderación necesarias. Y poco a poco, también perdieron el derecho a gobernar”. Y es que, más aún: hubo una rendición mental e ideológica de la izquierda: “los reformadores procedieron a un replanteamiento total de su argumentario, retomando las hipótesis de base de sus adversarios. Socialdemócratas y demás progresistas se tornaron ellos también mundializadores, pero de un género más educado, más gentil. [Aceptaron ellos también], como en un acceso de moralismo, que los gobiernos sucesivos renunciaran legalmente a su derecho a endeudarse o crear nuevos impuestos, dos prerrogativas sin embargo esenciales e indispensables para la construcción del Estado y preservar la democracia, y [que] la deuda pública se volviera pecado […] y que los servicios públicos, funcionasen bien o no, fueran privatizados y desregulados” [21].

Y así, el poder económico, sin que nadie, ni gobierno ni oposición lo impidiera, se desnacionalizó (entonces ¿qué más daba sustituir a trabajadores de su propio país por extranjeros más maleables y menos exigentes?), y se dejó que las multinacionales pretendieran sustituir a los Estados como “naciones virtuales”, liberadas de las limitaciones geográficas y nacionales. Apogeo de esta fase: el año 1995, con la sustitución del ATT por la OMG y la comercialización de todo, intercambio cultural incluido.

Pero ahí, paradójicamente se inició el reflujo. Por la sensación de indefensión de los consumidores (vaca loca, recalentamiento climático, déficit medicamentoso en los países en desarrollo, desmejora de los servicios públicos), por el paro crónico agravado por una riada inmigratoria, por la inestabilidad laboral, etc, las gentes volvieron a pensar en el Estado-Nación, máxime cuanto que se vio que el debilitamiento de éste equivalía automáticamente a debilitar la democracia y la expresión de la voluntad general de los nacionales, y que, por lo demás “los recursos naturales se ubican, geográficamente, en Estado-Nación –los consumidores viven en un territorio real, en lugares reales llamados países. Los hombres de negocio y los universitarios, tan disertos sobre las nuevas sociedades–nación virtuales, son a su vez nacionales y consumidores de buenos viejos los Estados-Nación. Un día u otro, los dirigentes electos iban a darse cuenta de que sus gobiernos eran mucho más poderosos que todas las grandes empresas” [22].

III. La Reacción

Cuando se vio que la mundialización tenía mucho de virtual y poco de real, que tan sólo los países que no se plegaban al FMI, como Malasia la primera, escapaban a la crisis (y los otros, seguidores del FMI, no), que de la URSS nacían muchísimos Estados-Nación nuevos, que se hacían guerras para al final parir micro-Estados-Nación muy celosos de su nueva soberanía, que a su vez, el nacionalismo volvía pujante a Nueva Zelanda, y que llegaban Lula, Chávez, Kirtchner, que los propios norteamericanos caían en el unilateralismo, entonces la ruleta volvió a girar con, como consecuencia, una reivindicación mayor del nacionalismo y de la protección de la identidad. La cuestión es hoy si se trata de un mero movimiento de autodefensa frente el caos de la mundialización, con su retahíla de paro y desigualdades crecientes y de flujos inmigratorios descontrolados, y frente al fracaso de la ideología de esta última, o, al contrario, que estamos viendo aparecer un nuevo ciclo político, esta vez bajo el retorno en fuerza del Estado-Nación y del valor identidad, como lo demostraría la letanía de renacionalizaciones: quiebra de la CEI post-soviética e independencia creciente de muchos de sus Estados miembros frente a Moscú, negativa del eje Franco-Alemán a apoyar, en detrimento de sus intereses nacionales, a los USA en Irak, la propia reacción iraki ante la ocupación, el no franco-neerlandés a la Constitución Europea, las últimas elecciones de Irán…., protestas crecientes de los nacionales frente al alud considerado insoportable de trabajadores foráneos.

Y lo cierto es que hasta los propios acontecimientos últimos en Francia apuntan en la misma dirección: los que queman coches quieren ser franceses, íntegramente, tener una identidad clara…. Y quien prospera es frente a la inmigración el Frente Nacional de Le Pen y frente a la desnacionalización del capital el “Patriotismo económico” de Villepin…. Hasta en la izquierda, explica Dominique Reynie [23] (con preocupación excesiva a nuestra opinión) se percibe, en “la izquierda del No […] una mezcla de antiliberalismo muy firme, de exaltación del Estado y de un discurso nacionalista”. Reprocha este analista al PS francés “el haber resbalado hacia la derecha en el plano económico y social al tiempo que se le acusa de una excesiva tolerancia hacia la delincuencia”. ¿Una izquierda “socialista nacional” (según la terminología utilizada en la primera mitad del siglo XX por León Blum)? Puede tratarse, efectivamente de una maniobra táctica. Sumar al voto “no” a la constitución “una mística del Estado permite abrazar la crítica procedente de la extrema izquierda, esperando así hacerse con los asalariados de la función pública, de los que una amplía fracción vota por la extrema izquierda, así como los asalariados del sector privado, de lo que una amplia parte ha apoyado a Le Pen”. Pero lo cierto es que Reynié tiene más razón cuando afirma que para dicha izquierda “las conquistas sociales se han tornado conquistas nacionales, no tanto amenazadas por el envejecimiento demográfico o los déficit financieros como por las directrices europeas”. Lo cierto es que a dicha evolución corresponde un equivalente en lo defendido por O. Lafontaine en las últimas elecciones alemanas… [24]. Sólo que este último, ahora situado a la izquierda de los socialistas, añadió la cuestión del descontrol inmigratorio.

Ciertamente, se intenta reaccionar ante el vacío creado por la defunción de la ideología mundializadora, y para poner remedios a sus desaguisados. A corto plazo, casi de inmediato están las medidas destinadas a relanzar el crecimiento económico, tanto más urgentes cuanto que si no se aplican pronto, estallidos como el francés se van a producir en cascada. Sin duda, poner en vereda el Banco Central Europeo, obligándole a tomar como objetivo el crecimiento económico a través de la creación de empleo. Segundo: lanzar de una vez un “Tratado Social para la CE”. Nos habían impuesto déficit inferior al 3% y deuda inferior al 60%: hay que exigir, a cambio unas tasas de paro y de pobreza inferiores al 5%, unas tasas de malas viviendas y de analfabetismo del 3% [25].

¿Cómo mantener esos objetivos sin disparar la inflación y sin rebasar los famosos ya mencionados déficits y endeudamiento, y, al tiempo alcanzar el índice de paro de un máximo de 5%? Pues atacándonos a la cuestión de la inmigración, reduciendo el gasto al respecto. Primero, cerrado las compuertas y suprimiendo la reagrupación familiar para aquellos cabezas de familia que hayan incurrido en delitos o que practiquen la poligamia [26] y endureciendo las condiciones para la concesión de nacionalidad por matrimonio (por ejemplo, exigiendo cuatro años al menos de vida en común y el conocimiento tanto de la lengua española como de las características de la sociedad española). Así se disminuirán los gastos sociales en materia de educación y sanidad (sobre todo en materia de inter-consultas), así como en materia de trasferencias de divisas (por envío de remesas de inmigrantes, sean de su ahorro sea de sus jubilaciones). Aquellos preocupados por nuestra natalidad, veían como, pronto, la endógena aumentaría en función de las pertinentes ayudas, y de la creación y estabilidad de empleos. Segundo: regular la inmigración limitándola, según las necesidades aunque también en base a nuestra capacidad comunitaria de absorción correcta (integración exitosa incluida), y también en base a dos objetivos estratégicos: África del Norte y la Europa del Este y Central que son nuestros patios traseros, y, como tal, deben ser privilegiados [27]. En la misma óptica, devolución a sus países de origen de todos los ilegales, así como de los legalizados implicados en hechos delictivos. Y si los ahorros en gastos sociales no se comprimen suficientemente, se establecería que las empresas que contraten a trabajadores inmigrantes no comunitarios participen de sus gastos de viaje y asuman la totalidad o parte de sus gastos sanitarios y de vivienda. Para tirar del consumo (forma esencial de reactivación económica), acercase al pleno empleo, y poder financiar el Tratado Social antes citado, la CE emitirá una moneda especial de consumo en función del grado de utilización del aparato productivo, sin rebasar su capacidad máxima de manera a no disparar la inflación [28].

En cuanto al consabido argumento según el cual los inmigrantes vienen a desempeñar los oficios que ya los europeos no aceptan desempeñar, se trata parcialmente de una falacia: en unas sociedades en la que el status social ya no viene determinado por la función que uno desempeña sino por la remuneración percibida por la misma (“el tanto tienes tanto vales”), una cantidad considerable de empleo volvería a ser desempeñada por los europeos, siempre y cuando fueran correctamente remunerados. Es lo cierto que a quien beneficia la inmigración es al capital, mediano y grande. Y que inmigración más deslocalizaciones equivale hacer competir al trabajador europeo no ya con un cinturón nacional o continental de parados, sino con uno mundial, para gran satisfacción del patronato y desgracia de las clases trabajadores. Es por ello por lo que nunca se ha visto a una patronal quejarse de las deslocalizaciones pero tampoco de la inmigración masiva, y menos aún de la ilegal…

IV. Del “patriotismo económico” al “desarrollo regional autocentrado”.

La alternativa de un neoproteccionismo, incluso frente a la inmigración, se está haciendo cada vez más evidente. Hemos visto como J. R. Saul rehabilita la realidad del Estado-Nación y su importancia económica e identitaria. Lo mismo afirman Frederic Lemaître: “Una ilusión está caducando: la mundialización de la economía ni significa que las empresas se han tornado apatridas, ni que los Estados ya no tiene papel alguno para defenderlas [….]. Las empresas tienen en efecto una nacionalidad, y cada país tiene interés en defender las suyas, inclusive aplicando una política industrial”[29]. Y lo mismo afirma Elie Cohen: “las empresas están enraizadas en su territorio nacional; están insertas en las mallas de los sistemas de regulación locales; tienen una relación históricamente construida con su asalariado [….] la multinacional no es [….] apatrida”[30].

La cuestión esencial reside sin embargo en si se va hacia un mero patriotismo económico, o no; tachar éste último, en definitiva una forma de proteccionismo nacional, de potencial impulsor de la guerra económica constituye una estupidez. Primero porque lo que actualmente vivimos, como mundialización, si que constituye una guerra económica encarnizada. Segundo porque per sé, el proteccionismo es pacifista: de lo que se trata, llevado su extremo, que es la economía autárquica, es precisamente de no depender de los demás, ni para las materias primas y demás importaciones, ni de mercados exteriores y demás exportaciones, ni de la mano de la obra de otros. Proteccionismo es pues paz. Entonces ¿cómo es posible que países ultraproteccionistas como Alemania, Japón e Italia en los años 30 fuesen particularmente belicosos, y no lo fuera la URSS igualmente proteccionista? Pues la respuesta es clara: cuestión de tamaño. En sí, por separado ninguno de los tres primeros países poseía las materias primas en cantidad y en variedad suficientes ni un mercado interior propio lo suficientemente amplio. Una “solución” ya se vislumbró durante la IGM con la idea de la “mitteleuropa” que incluía, además del II Reich y del Osterreich, a Francia, Italia, Polonia, y al Benelux, y, de hecho, en eso residían entonces los objetivos de guerra de Alemania. Hitler, en un clima de nacionalismo exacerbado, va a optar por la misma opción, pero también con los mismos métodos empleados en 1914-18: la conquista. Más aún: extender la idea de Nuevo Orden Europeo hasta la Península Ibérica, los Balcanes, y la Europa oriental hacia los Urales. ¿Hubiera podido optar por una propuesta asociativa? Ni la mentalidad de la época, ni la del dictador lo permitían. Se necesitó pues otra Guerra Mundial para que la opción asociativa se impusiera. Y así nació el Mercado Común. En cambio, la URSS per sé, constituía todo un planeta, (máxime cuando extendía su influencia hasta el Elba), lo cual fue uno de los motivos de que tras la II GM no llevará acabo expansiones territoriales.

No otra cosa afirma, por cierto, J. Greau cuando arranca de unas evidencias: la mundialización ha irracionalizado al capitalismo, y, además esta provocando, vía el librecambio, “un riesgo mortal de declive industrial” y vía las desigualdades y la inmigración descontrolada, un cáncer social. Solución: “grandes zonas de libre cambio [pero] económicamente integradas y comercialmente protegidas [porque ahí es donde] puede desarrollarse el potencial que constituye la mundialización para las empresas; es en el seno de aquellas zonas donde las condiciones de una concurrencia equitativa podrían establecerse en lugar de estas razzias hacia los lugares de producción más baratos a los que nos incitan los partidarios del librecambio integral. Pero es también a partir de dichas zonas como podremos sentar, por etapas, las bases y los primeros elementos de un sistema monetario internacional que permita a los inversores configurar proyectos a largo plazo sin miedo a padecer los efectos, siempre perturbadores y a veces devastadores, de las grandes fluctuaciones de divisas”[31].

Amén de que, como hemos demostrado en otros escritos, en la historia económica, el proteccionismo ha sido consustancial al, y causa del, crecimiento económico, y que “el librecambismo internacional o mundial ni es una condición previa, ni un horizonte natural del proceso capitalista”. Es verdad también que, constatando lo esencial de una “protección comercial del espacio nacional […], la nación, si hay que evitar en todo caso renegar políticamente de ella, ya no puede definir un espacio pertinente de mercado” dada la estrechez del mismo. Ahora bien “las grandes naciones o las grandes regiones económicas del mundo pueden [y deben] protegerse sin que la concurrencia quede sensiblemente alterada”. Por ello, es correcto “defender la tesis de un neoproteccionismo que no busque ni dificultar la concurrencia, ni a cerrar territorios a las empresas originarias de otros territorios: Las grandes naciones o las grandes regiones económicas del mundo pueden protegerse sin que la concurrencia quede sensiblemente alterada. Al contrario, es infinitamente más probable que la concurrencia muestre entonces su mejor aspecto cuando las empresas que intenten vender en los grandes mercados nacionales o regionales se verán obligadas a producir en ellos respetando a la vez las condiciones del mercado laboral y ambientales en vigor”[32].

Solución: formar múltiples mercados comunes continentales o regionales, sobre la base de la proximidad geográfica (lo cual por cierto abarata los gastos de transporte) que “estimularía duraderamente las relaciones comerciales, estrechando los lazos de intercambios sobre una base territorial. Alentaría decisivamente las empresas de otras regiones del planeta a venir implantarse en el seno de la zona comercial protegida para llevar a cabo sus producciones”.

Modelo: el Mercado Común de inicios de los años 60, en el que “apertura interior y protección exterior era indisociables, […] Lo que la Europa consciente y responsable de la post-guerra supo realizar constituye el modelo de lo que cada gran región económica del mundo puede a su vez iniciar [….]”. Ahí esta otra solución al problema de la estampida emigratoria, empobrecedora para los países emisores, y peligrosa para el receptor rebasadas determinadas proporciones demográficas y económicas….

En todo caso, a raíz de los acontecimientos franceses, de moda se está volviendo reclamar a Europa, para África, un plan Marshall. Por dos razones: la primera porque África es responsabilidad de Europa (pero también lo es Eurasia y Oriente Medio); la segunda: porque nuestro problema inmigratorio (España en parte excluida) procede de dicho continente. Nadie discute dicha propuesta. Pero a medio plazo, no existe otra alternativa duradera que no sea la que acabamos de describir. En su día, Samir Amin expuso su “teoría de la desconexión” en la que preconizaba grandes conjuntos regionales que comercial y monetariamente se desconectarán de la “Triada” (CE, USA, Japón). André Grjebine planteó algo más pragmático: no desconexión monetaria pero si proteccionismo basado en que cada conjunto basaría su crecimiento en el sector exterior tan sólo en una proporción variable entre el 12 y el 15% del PN. Greau concreta más, y refiriéndose a África enuncia: que en esta, “por una parte la producción local de productos manufacturados o de servicios es aún poco eficaz según los criterios de las grandes economías ricas. Por otra parte, prácticamente ninguna nación de dicho continente dispone de mercados suficientes para edificar esos tejidos de relaciones económicas a partir de las cuales se efectúa el despegue económico. Se impone pues la apertura hacia las naciones vecinas; pero también, en sentido inverso, la necesidad de proteger a los productores locales que fabrican productos que se importan desde países muchos más avanzados, pues dichas importaciones podrían impedir el surgimiento de producciones autóctonas análogas. Lo que equivale a aceptar como bueno que determinados bienes y servicios sean realizados in situ aunque en forma menos eficaz que lo que son los productos importados. Pero se trata del precio a pagar por la constitución de economías locales coherentes. Poco importa que los productores locales no ofrezcan de entrada el grado de eficiencia y de calidad de los productos de las grandes empresas de occidente o del Asia emergente”. En definitiva: África no saldrá de su retraso y de la sangría emigratoria “lanzándose a la competición mundial o mendigando mercados para sus productos para malvenderlos en los mercados internacionales, sino construyendo, pacientemente, con los medios de a bordo, economías aptas para proveer a las necesidades elementales de sus poblaciones, antes de operar los progresos ulteriores de la marcha hacia la madurez “industrial”. Pero eso excluye “dejar entrar una riada, incondicional, de productos del resto del mundo”[33]. Proteccionismo inteligente, que nadie defendía hace 10 años, pero que se esta imponiendo, arriba y abajo del Ecuador, por obvio; y que, desde esta revista, algunos vienen defendiendo desde hace años.

En cuanto a la izquierda, o renuncia al romanticismo beatifico y angelical en materia de flujos migratorios (que la convierte en aliada objetiva del gran, mediano y pequeño capital siempre al acecho de la carne de trabajo maleable y servil), y se dedica de verdad a la función tribunica de defender a los que lo necesitan, (sobre todo frente al capital y a sus exigencias de carne de cañón laboral barata y sumisa) pero, prioritariamente lo hace para con sus compatriotas y demás comunitarios; o pasará, como ha explicado con tristeza, Domique Andolfatto, “de la mutación a la liquidación”[34]. Y la fraternidad será sustituida por la obsesión de la identidad y el nacionalismo estrecho a ultranza.

Epilogo.

Hace unos meses, Nicolas Sarkozi estaba políticamente muerto. Tras la rebelión lleva el viento en popa; ello porque es verdad que ya había zonas en Francia en las que la ley ya no era la de la República. Hubo, en los acontecimientos, quienes protestaban legítimamente contra el Sistema, quienes quemaban sus propios coches para cobrar el seguro o la indemnización (pero quien roba a un ladrón tiene 100 años de perdón)[35], y para que negarlo, también otros, chusma, que se creyeron más fuertes que la República. Hoy, los últimos han perdido la batalla: el Estado es más fuerte. La pregunta siguiente es que será de los primeros, los antisistemas, cuando la represión se acentúe, algo que va ocurrir sin duda.

[1] Dossier de “Marianne” del 25-11-05: “Posons les questions, osons les reponses”.

[2] De donde, por cierto, hace tiempo que los magrebíes, mayoritariamente, han huido…. Igualmente como en Marsella y en la mayoría de los lugares afectados “los barrios de muy fuerte implantación magrebí, globalmente se han movido menos que los que contienen una población, llegada más recientemente, del África negra” (Marianne, op. cit).

[3] “Donde hay fundamentalistas y mezquitas no hay problemas…. El Islam y los islamistas con su peso de tradiciones y prohibiciones han contribuido al mantenimiento del orden social” (Marianne, op. cit.)

[4] Para Emmanuel Todd (en “Rien ne separe les enfants d´inmigres du reste de la societe”, Le Monde, 14-11-05) “la vida política francesa, en los últimos años, no ha sido sino una serie de catástrofes que dejan a los observadores extranjeros irónicamente estupefactos. La primera catástrofe fueron las presidenciales del 2002, con una primera vuelta que conduce a la extrema derecha en el duo de cabecera y, con una segunda vuelta en la que Chirac es elegido con más del 80% de los votos. La segunda catástrofe, visto desde la perspectiva de las clases dirigentes es el referéndum sobre Europa [y] cuando las clases dirigentes se están empezando a volver a dormir, intentando persuadirse de que la sociedad ha retornado a la estabilidad, sobreviene la tercera catástrofe [que es] el incendio de los suburbios. [Y] cada una de dichas catástrofes tienen su protagonista: [la primera la provocó] el viejo mundo francés que constituye el núcleo del FN. El “no” en el referéndum constituye la entrada en escena de una parte de las clases medias, ligadas a la función pública… [La tercera] pone en escena… los jóvenes nacidos de la inmigración… Los tres grupos [...] tienen en común un antagonismo frente al sistema y las clases dirigentes”.

[5] Indica M. B. Baudet (en “Portrait deseunes français”, Le Monde, 15-11-05) que “haber heredado un origen no europeo constituye un handicap en el mercado laboral que la obtención de la nacionalidad francesa no borra…. No obstante, entre las personas de más edad, la educación parece desempeñar mejor su papel protector: en la clase de edad comprendida entre los 36 y los 50 años, cuando 15,4% de los franceses de origen magrebi y sin calificación están en el paro, la proporción baja al 2,3% para los que han realizado estudios superiores”.

[6] Volvamos a E. Todd (op. cit): “No veo nada en los acontecimientos mismos que separe radicalmente a los hijos de los inmigrantes del resto de la sociedad francesa. Incluso veo exactamente lo contrario. Interpreto los acontecimientos como un rechazo a la marginalización. Todo esto no hubiera podido producirse si esos hijos de inmigrantes no hubiesen interiorizado algunos de los valores fundamentales de la sociedad francesa, entre los cuales por ejemplo, el tándem libertad-igualdad… Los jóvenes se rebelan porque han integrado el modelo republicano y sienten que no funciona… Veo su rebelión como una aspiración a la igualdad… [Incluso] los jóvenes étnicamente mezclados de Seine-Saint-Denis se inscriben en una tradición de sublevación social omnipresente en la historia de Francia…. Las segunda y las terceras generaciones de hijos de inmigrantes se integran relativamente bien en las clases populares francesas, y algunos alcanzan las clases medias o superiores”.

[7] Servicio militar o cívico que, en contra de lo que afirma Chirac no puede ser voluntario. Como afirma J. F. Kahn (en “Les vrais incediaires, Marianne 25-11-05), la propuesta de Chirac “es absurda. Como fue absurda la pura y simple supresión del antiguo servicio militar sin sustituirlo por una movilización alternativa. De hecho lo que si forma parte del modelo republicano…. es un servicio civil obligatorio que un plazo corto de tiempo pero significativamente permitiría mezclar poblaciones de medios y orígenes radicalmente diferentes, llevarles a realizar acciones de interés colectivo y darles algunos a la vez, una enseñanza técnica…. y una recuperación de cultura general”.

[8] Javier Cuartas: “Los valores republicanos en crisis”, el 11-11-2005.

[9] Ver, de A. Reverchon “Un trou enorme dans la statistique nationale”, en Le Monde del 15-11-05.

[10] Escribe J. F. Kahn (en “L´embrasement des cites: les vrais responbles”, Marianne del 18-11-05): “no querer ver, no decir: los diarios bien pensantes nos explicaban que, en porcentaje, las personas procedentes de la inmigración no eran más numerosas que antes de la II GM – y por lo tanto ¡no hay problema! – y que las poblaciones de cultura musulmana, viniesen de Turquía, de África negra, o de países árabes o asiáticos, no rebasaban los tres millones. De hecho, la ceguera y la imprevisión fueron totales”.

[11] Es decir “Blancos-Negros-Magrebis”.

[12] Op. cit. págs. 31, 32, 43 y 44.

[13] P. A. Delhommais “Dossiers et Documents”, en Le Monde, Noviembre de 2005.

[14] En “La question de l´emergence d´une <> mondialisee”, Le Monde del 31-10-05.

[15] Op. cit.

[16] Ver, de Thomas Ferenczi “Echec au liberalisme”, Le Monde del 28-10-05.

[17] Ver de Alain Faujas: “Malgré une politique économique modèle, Burkina Faso ne sort pas de la misère”, en Le Monde, 28-10-05.

[18] En “La mondialisation: vie et mort d´une idéologie”. Courrier International del 12-10-05.

[19] De hecho “formas” variadas tan Keynesianos fueron el “New Deal” norteamericano como el nacional-socialismo alemán y el fascismo italiano….

[20] Op. cit.

[21] Op. cit.

[22] Op. cit.

[23] En “Le vertige social-nationaliste”, Paris 2005.

[24] Afirma Raphaëlle Bacqué (en “Voyage dans la gauche du non”, Le Monde, 12-11-05) que condenar el que la “izquierda del No” recoja argumentos de este tipo debería llevarnos a “preguntarnos ¿porque dichos argumentos han hallado tanto eco en los franceses? ¿Y porque, frente a éste desafío nacido en su propio seno, se halla <> tan sin replicas?”.

[25] Ver, de Vincent Peillon y P. Larrouturou: “ Europe: vite un traité social ”, en Marianne 11-11-05.

[26] Atención a la cuestión de la poligamia practicada generalmente por los inmigrantes que vienen de más abajo del Sahara y cuyas familias, en ¡un 90%! son polígamas. Esta claro que dicha práctica, por cuanto multiplica, amén de los gastos derivados de reagrupaciones digamos “múltiples”, la cifra de menores sin atención paterna. Como ha explicado Pierre Cardo, diputado UPM-Gaullista, “los jóvenes delincuentes más duros con frecuencia proceden de familias polígamas [que] en Francia son 30.000, que a diez hijos por familia representan 300.000 jóvenes”. En 1995, el Institut National d´Etudes Demographiques francés precisaba que “dicha práctica [de la poligamia] sólo existía en Francia en las mujeres de étnica africana negra”. Ver “La polygamie et le regroupement familial au centre de la polemique, Le Monde del 18-11-05. A su vez para el Presidente del Grupo UMP de la Asamblea Nacional francesa: “si se desea integrar, hay que ralentizar significativamente los flujos migratorios [siendo] dos las causas de la llegada masiva de nuevos inmigrantes: la reagrupación familiar y la poligamia” (Op. cit). Para Sarkozy, Ministro francés del Interior “el reagrupamiento familiar constituye una nueva vía de inmigración”. La poligamia para Marianne (25-11-05): “plantea un problema enorme para los hijos las familias polígamas generan una violencia en sus hijos dado que ellos mismos son víctimas de violencia: pagan el precio del celo entre las esposas que con frecuencia ajustan cuentas a través de ellos. Esos chicos todo el mundo lo constata tienen más problemas escolares y caen más fácilmente en la delincuencia”.

[27] Como señala el analista Philippe Bernard (en “Banlieues: la provocation coloniale”, Le Monde, 19-11-05) “el incendio generalizado de los suburbios corresponde…. a los inicios de una especie de relevo migratorio: los hijos de la inmigración subsahariana de los años 80 y 90 entran masivamente en la escena incandescente de los barrios populares, justo además en el momento en el que los hijos de los maghrebíes, en parte integrados en la clase media, se ven a sí mismos como las víctimas de dichas violencias y suscriben el discurso sobre el restablecimiento del orden”. Recalcar también las declaraciones apaciguadoras de autoridades religiosas musulmanas magrebíes y que a “diferencia de los jóvenes de origen magrebi, muchos jóvenes negros de origen africano se hallan mucho menos integrados cultural y políticamente” (Marianne, 25-11-05).

[28] Ver J. Verstrynge, en “Elogios” (Barcelona, 1998), el capítulo “Elogio de la inflación I”, y en “Sobre el poder del pueblo” (Barcelona, 2000), el capítulo titulado “Elogio de la inflación II”.

[29] En “La mondialisation du patriotisme économique”, Le Monde, 13-08-05.

[30] En “La tentation hexagonale”, Paris 1996. Nos hallamos pues ya muy lejos de lo que, en 1991, escribía Robert Reich (en “L´économie modialisée”): pronto “no había ya tecnologías ni productos nacionales. Tan solo un elemento permanecerá enraizado en el interior de las fronteras del país: los individuos que constituyen la nación”. Con la inmigración, ni eso.

[31] En “L´avenir du capitalisme”, París 2005.

[32] Ver, de E. Todd “La ilusion économie”, Paris 1998; y de Verstrynge “E. Todd y la ilusión económica”, en “Sobre el poder del pueblo”, ya citada.

[33] Op. cit. pág. 213 y ss.

[34] “PCF: de la mutation a la liquidation”, París 2005.

[35] Según Marianne (25-11-05): “las compañías de seguros han decidido ser generosas. Los propietarios de coches incendiados serán rápidamente indemnizados sin franquicia, y cuales quieras sean las cláusulas de los contratos suscritos… condiciones tanto más interesantes cuanto que la mayoría de dichos coches ya están fueran de valoración y, por ello, carecen de valor mercantil. Tan sólo tienen valor de uso. Según nuestras informaciones algunos… intentan presentar sus viejísimos y deteriorados autos como coches incendiados. Incluso…. Han pagado a amotinados… para que el coche ardiera”.

Jorge Verstrynge – Ciudadano.eu.

Extraído de: Red Tercera Vía.

por Santiago Niño Becerra

El Señor Pedro Solbes (¿por qué, bastantes, ahora le echan de menos?) dijo en una ocasión que las previsiones, a la que se hacen públicas, ya son viejas, lo que es muy cierto: la realidad siempre está en movimiento. Pero las previsiones suponen un algo fundamental: son la consecuencia de una tendencia en función de lo que se está considerando y suponiendo. A continuación las últimas que he elaborado referentes al reino: a 30 de Septiembre (si quieren comparar, las anteriores las publiqué en lacartadelabolsa el 15 de Marzo). De entrada, una aclaración (pienso que tal y como están las cosas es necesaria): estoy suponiendo que no va a producirse ningún cambio en el sistema de cálculo ni de registro de los macroagregados comúnmente utilizados, tampoco ninguna modificación en su composición; lo digo porque las intenciones de cambiar y de alterar cosas van a ser crecientes.

Previsiones S. Niño Becerra

Bien, ¿qué es lo nuevo en relación a seis meses atrás?. Tres cosas. Una: los efectos animadores del Plan E y similares; otra: el descenso del euribor que, como ese anuncio de la tele, ha metido un poco de dinero en el bolsillo de bastantes españolas y de bastantes españoles y que ha generado, en estas y estos, la ilusión de `tener más’; otra más: el deseo de la población de que las cosas se arreglen es, si cabe, más fuerte que en Marzo, lo que hace que, aunque la calle esté cada vez menos limpia, la esperanza en EL milagro que todo lo arreglará siga siendo casi tan fuerte como en Marzo.

Y a partir de ahora, ¿qué?

El problema de los impulsos (de cualquier impulso) es que llega un momento en que se agota; además, los impulsos (todos los impulsos) pueden tener dos consecuencias nefastas: 1) generar una falsa sensación de euforia (efecto anfetamina), y 2) crear acostumbramiento: expectativas de que nuevos estímulos serán arbitrados cuando los actuales pierdan consistencia (efecto supervivencia asistida). Ambos, pienso, se han dado y, de momento se continúan dando (en todo el planeta), pero una situación como esa tiene fecha de caducidad: viene dada por su insostenibilidad física: llega un momento en que el montaje, cualquiera que este sea, no da más de si.

En España, y desde la oferta, las fuentes generadoras de PIB, y debido a lo anterior, acelerarán su caída: construcción, turismo automóvil, manufacturas; desde la demanda, progresivo hundimiento del consumo privado y de la inversión, así como del consumo de un Estado crecientemente deficitario. El comercio exterior en retroceso: exportaciones: ¿a dónde exportar en un escenario que se cierra sobre si mismo para defender `lo suyo’?, importar: ¿qué, si no puede pagarse y/o no es necesario aquello que se desea?. El símil de esta situación podría ser una reacción nuclear.

Agotado el impulso y agotada la posibilidad de crear nuevos impulsos, la actividad va retrocediendo, y un Estado, crecientemente empobrecido, poco puede hacer por revertir la situación. La actividad se va enlenteciendo, la generación de PIB va retrocediendo y el desempleo del factor trabajo aumentando (en España más debido a su reducida productividad y a la composición de su PIB) de forma acelerada: como si la economía estuviese impulsada por un desmultiplicador que va realimentando el proceso.

La tendencia a lo largo de todo el 2010 será, entiendo, claramente a la baja: decididamente desde Enero (cada vez peor, pero llegaremos a Navidad como sea) y aceleradamente desde mediados de año: cuando la insostenibilidad física referida se pondrá, pienso, totalmente de manifiesto (momento en el que, pienso, mayoritariamente, se dejará de esperar EL milagro, lo que aumentará la degradación del proceso). ¿La inflación?; suavemente negativa como balance final del año en curso, y decididamente negativa en el siguiente, fundamentalmente porque quienes consumen (lo que sea) irán experimentando un paulatino retroceso en su capacidad de ¿compra?.

A partir de mediados del 2010, el derrumbe. Privada de cualquier capacidad compensadora porque ya estará agotada (Estado, crédito, confianza), la situación va entrando en una desaceleración continuada que se manifiesta con toda su virulencia durante el 2011 (en España más debido a su nivel demográfico y a su modelo productivo). En un escenario como ese pueden imaginarse de que tipo serán las expectativas.

Como consecuencia de esta situación, es previsible que se produzca una expansión de la economía sumergida: la única posibilidad, y una generalización de las situaciones de subempleo y de desempleo encubierto del factor trabajo. El consumo (de todo) es asumible que caerá, por lo que gran número de bienes y servicios dejarán de producirse y de prestarse, lo que abocará a caídas de precios y a que los índices de precios pasen a ser muy poco significativos (como la mayoría de los datos económicos y sociales que sean publicados).

Un panorama de crisis sistémica, en definitiva.

Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

Extraído de: La Carta de la Bolsa

por Roger Garaudy

«Todo esto esconde la realidad central y el drama de nuestro tiempo: vivimos una despiadada guerra de religión.
No entre católicos y protestantes, ni entre musulmanes y cristianos, sino entre una religión que no se atreve a decir su nombre y que reina de hecho en todas las relaciones sociales y en las relaciones internacionales: el monoteísmo del mercado que cubre varias idolatrías.»

«Es en la conciencia de los hombres donde comienzan todas las grandes transformaciones de la humanidad.»

¿Tiene el mundo un alma, es decir, unidad y sentido?
Vivimos en un mundo dividido entre el Norte y el Sur, entre aquellos que tienen y los que no tienen.
80% de los recursos naturales del mundo son controlados y consumidos por el 20% de su población. El 20% de los más ricos del planeta, dispone del 83% del ingreso mundial y el 20 % de los más pobres de 1,4 % (PNUD 1992).
El resultado de esta fractura significa que 40 000 personas mueren cada día de desnutrición o hambre.
El modelo de crecimiento occidental le cuesta al Sur el equivalente de un Hiroshima cada dos días.
Y este foso aumenta con los años: en el curso de los últimos treinta años la diferencia entre países pobres y ricos ha pasado de una proporción de 1 a 30, a una proporción de 1 a 150.
Esta fractura es el origen de nuestros problemas. Tres dramas mayores nos acosan: el hambre, la cesantía y la emigración de poblaciones enteras.
Se trata de un problema que arranca de la explotación de los cuatro quintos del mundo. Al mismo tiempo, además de las centenas de millones de cesantes del Tercer Mundo de los cuales no se habla jamás en el G7, hay en los países industrializados, 44 millones de cesantes.
Y sin embargo se habla de exceso de producción, pero ¿exceso de producción en relación a qué?
Al único mercado solvente, con capacidad de poder adquisitivo suficiente, cuando en realidad hay tres mil millones de seres humanos sobre cinco mil millones, que han sido transformados en insolventes por la colonización y luego por la política neocolonial de los dirigentes de los países industrializados, el G7, el FMI, el Banco Mundial, que especulan gracias a la deuda. Una deuda nacida porque las economías de los países dependientes fue desestructurada por el colonialismo. Se les impuso la monocultura y de la monoproducción, transformándolos en apéndices de las economías de las metrópolis, luego con el FMI, de recolectadores de divisas para poder pagar sus deudas.
Los países pobres conocen además el fenómeno de la emigración, que obliga a aquellos que no pueden ya más vivir en la tierra de sus ancestros, a abandonar la zona del hambre para ingresar a la zona de la cesantía.
Los Estados y los partidos políticos de los países occidentales, no abordan nunca estos problemas, puesto que están obsesionados desde hace cinco siglos por el fantasma del crecimiento. Este consiste en producir cualquier cosa de más en más y cada vez más rápido: lo útil, lo inútil o dañino, e incluso lo que es mortal, como la droga o las armas.
En esta perspectiva, el hombre no puede tener otra cosa que una felicidad de supermercado, es decir, ser productor (cuando no está cesante) para poder consumir cada vez más.
Este crecimiento es presentado por los políticos y los medios de comunicación como la panacea para salir de la crisis, en circunstancias que desde 1975 el crecimiento obtenido por un aumento de la productividad -gracias al desarrollo de la ciencia y la técnica- no crea más empleos, sino que por el contrario, los destruye al reemplazar de manera creciente al hombre por la máquina.
El trabajo humano es de esta manera reemplazado por el desarrollo de la informática y por las nuevas tecnologías.
Sería sin embargo absurdo acusar a la ciencia. El problema, es el uso que de ella se hace.
El problema de la cesantía no podrá ser resuelto sólo en el marco de Occidente, sino que considerando las necesidades fundamentales del Tercer Mundo, es decir, los dos tercios del mundo. La satisfacción de sus necesidades puede crear un mercado capaz de reabsorber la cesantía de unos y el hambre de otros. Desde las limitaciones ideológicas del “mercado”, la única solución posible es volver a hacer solventes a aquellos que no lo son.
El problema no puede ser planteado de esta manera, encerrándose en la lógica de una “economía de mercado”. No obstante, la crítica a ésta no significa que haya que suprimir el mercado por una planificación omnipotente del Estado.
Lo que hoy se llama “economía de mercado”, no es una economía en la cual las necesidades surjan en el mercado, tampoco donde la iniciativa individual se oriente a satisfacer estas necesidades. Si así fuera, serían funciones sanas y necesarias.
En su forma actual, la “economía de mercado” es una economía en la cual el mercado es el único regulador de las relaciones sociales, donde todo se compra y se vende, incluso el hombre y su trabajo. Se produce entonces lo que Galbraith llamaba “la inversión de la cadena”: no se produce para satisfacer necesidades, sino que éstas se crean (necesidades artificiales o perversas) para lograr una producción en expansión constante.
Una economía como ésta reposa sobre una concepción del hombre considerado únicamente como productor y consumidor. Cada hombre es el rival de su semejante. Durante el período ascendiente del capitalismo, el filósofo inglés Thomas Hobbes dió esta definición lapidaria: “el hombre es el lobo del hombre”.
La cuestión decisiva, esencial, aquella de las finalidades últimas del hombre, no puede ser planteada por economistas ni políticos que acepten el postulado de Hobbes, fuente de violencias entre los individuos y las naciones.

Estos problemas -económicos y políticos- reposan en definitiva en un asunto de finalidad, es decir, en un problema religioso.
¿Por qué entonces las religiones institucionales no pueden aportar una respuesta adecuada?
Porque son aliadas del poder y de la riqueza y no cuestionan este estado de cosas.
Han secretado desde hace siglos una teología de la dominación, presentando a Dios como un poder exterior y superior, creando de una vez por todas al hombre, al mundo y a los reyes que deben reinar.
“Toda autoridad ha sido instituida por Dios. Rebelarse contra ella es rebelarse contra Dios”, escribía San Pablo (Romanos, 13,1) algunos años después de la muerte de Jesús, en circunstancias que éste había cuestionado el orden establecido.
Igualmente, luego de la muerte del profeta Mahoma, los príncipes omeyas usaron y abusaron del poder y la riqueza. Cuando los musulmanes piadosos protestaban contra esta corrupción del mensaje, la autoridad respondía: “Si tenéis este príncipe es porque Dios lo ha querido. Debéis obedecerle”.
A pesar de esta “teología de la dominación”, millones de cristianos han vivido como San Francisco de Asís o de acuerdo a las actuales “teologías de la liberación”, el mensaje liberador de Jesús anunciado su opción prioritaria por los pobres.
Con Juan XXIII y el concilio Vaticano II se produjo una gran esperanza: una Iglesia abierta al mundo y a sus angustias, un diálogo con todos los hombres de fe.
Pero el peso de la tradición imperial romana cerró rápidamente este paréntesis restaurando el integrismo tradicional de la teología de la dominación. Condenando sólo de palabra las “idolatrías” del poder y del dinero y pactando en la práctica con gobiernos criminales, como el de Pinochet (El 30 de marzo de 1994, el Papa Juan Pablo II, le envió a Pinochet una “bendición apostólica especial”), y otras dictaduras como la junta militar haitiana que se opuso al Padre Aristide, convicto de simpatías por la teología de la liberación.
La misma connivencia con el poder se manifestó en el Islam durante siglos, hasta nuestros días. Desde la época de los omeyas hasta la actual y corrupta feudalidad saudí, que pretende ser la “protectora de los Santos Lugares” y no trepidó en llamar y pagar a una coalición colonialista dirigida por Estados Unidos, la ocupación de los “lugares Santos” durante la guerra del Golfo. Política característica de un Estado que diciéndose musulmán, guarda miles de millones de dólares en los bancos norteamericanos, cometiendo así una falta que el Corán denuncia: el riba, es decir la ganancia sin trabajar.
Todo esto esconde la realidad central y el drama de nuestro tiempo: vivimos una despiadada guerra de religión.

No entre católicos y protestantes, ni entre musulmanes y cristianos, sino entre una religión que no se atreve a decir su nombre y que reina de hecho en todas las relaciones sociales y en las relaciones internacionales: el monoteísmo del mercado que cubre varias idolatrías.
Esta nueva religión tiene un credo: producir cada vez más cualquier cosa y siempre más de prisa. No importa que lo producido sea útil o inútil, dañino o mortal. Esta nueva religión tiene dogmas definidos por sus grandes sacerdotes, los tecnócratas “ordenántropos”, cuya técnica puede supuestamente dar respuesta a todas las preguntas y satisfacer todos los deseos. Todo lo que es técnicamente posible sería entonces necesario y deseable. Tiene su liturgia, la publicidad y el márketing, condicionando a los pueblos a encontrar su felicidad y su salvación en esta acumulación… Esta nueva religión –el monoteísmo del mercado- domina hoy el mundo y tiene un dios cruel que exige sacrificios humanos.
Nuestra época no es una época atea, es politeísta.
El monoteísmo del mercado engendra el culto a varias ídolos: al dinero, al poder, al nacionalismo, al integrismo.
Contra este monoteísmo hoy en día todopoderoso, la tarea más urgente es reagrupar a todos aquellos para los cuales la vida tiene un sentido y que tienen conciencia de ser personalmente responsables en descubrirlo y cumplirlo.
Un sentido diferente de aquel destinado únicamente a producir y consumir.
Vivimos lo que los teólogos llaman un ‘kairos’, es decir, un momento histórico de crisis, de cuestionamiento y de decisiones impostergables.
Tenemos que terminar con esta unidad hegemónica, imperial de dominación. Se trata de construir una unidad sinfónica a la cual cada pueblo debe aportar su contribución, con su trabajo, cultura y fe, de modo que cada niño en el mundo disponga de todas las posibilidades económicas, políticas y espirituales para desarrollar plenamente todas las posibilidades que lleva en sí.
El principal obstáculo para alcanzar este objetivo lo constituye la impostura del “liberalismo económico”, pretendiendo establecer una identidad entre libertad humana y democracia.
En nombre del liberalismo, identificándolo con la libertad, se cometen cada día las peores atrocidades.
En la época del auge del capitalismo industrial, el Padre Lacordaire ya lo señalaba: ” Entre el fuerte y el débil, es la libertad la que oprime”.
Es este tipo de libertad que los dirigentes de Estados Unidos quieren extender por todo el planeta. Así lo expresaba el padre del Bush actual:”Hay que crear un mercado único de Alaska a Tierra del Fuego”. Y su secretario de estado agregaba: “Un mercado único entre Vancouver y Vladivostock”.

Se trata de un problema económico, político y religioso.
¿Dejaremos crucificar a la humanidad en esta cruz de oro?
Tal es el debate del siglo.

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Los provisorios amos del mundo, mediante una formidable campaña de propagandística han querido imponer como una evidencia, la idea que la implosión de la URSS significa el fracaso del “marxismo”, con el fin de hacer creer que la única salida para escapar al gulag, es retornar a la jungla.
Por el contrario, lo que aparece como evidente es que la restauración del capitalismo en Rusia, comenzada desde algunos años, transformó a la ex URSS en un país del Tercer Mundo, es decir, sometida a las órdenes del FMI.
La intervención extranjera en todos los campos, -economía y cultura- ha tenido como resultado el nacimiento de una mafia de especuladores cuyas fortunas crecen como hongos venenosos. Grandes sectores del pueblo ruso se encuentran postrados en la miseria, con su corolario de mendicidad, hambre y prostitución. En el ámbito de la cultura -o de la anticultura podríamos decir- Rusia ha llegado a ser una simple imitación de Estados Unidos, un país donde impera la droga y la corrupción.
Este inmenso despilfarro, ocurrido en el país que fue la segunda potencia del mundo -cuyos ex apparatchiks son ahora los ejecutantes de la voluntad de Estados Unidos y del FMI- no es otra cosa que la restauración del capitalismo.
Igual ocurrió durante la « restauración de la monarquía » en Francia en 1815.
La Revolución francesa cometió crímenes: el terror jacobino, la corrupción thermidoriana, la dictadura de Napoleón. Pero la monarquía restaurada no se contentó con derribar las estatuas de Napoleón y de Robespierre, sino también aquellas de Rousseau, Voltaire y Diderot. Quiso borrar de la memoria de los franceses del Siglo de las Luces, todos los aspectos positivos de la Revolución , como en Rusia, donde no sólo se ha querido derribar las estatuas representativas del estalinismo, sino también las de Marx y de los fundadores del socialismo.
Tratan de hacer olvidar las viejas orgías del capitalismo, la tiranía zarista -la prisión de pueblos-, que perseguía a las numerosas minorías étnicas.

Tratar de borrar de la conciencia de un pueblo su memoria, es la condición necesaria de toda regresión histórica.
De esta manera se manipulan los manuales escolares y las enciclopedias, para crear una generación de jóvenes educados en el tráfico de drogas, los negocios mafiosos o el fanatismo nacionalista y las aventuras místico-religiosas. Tratan que olviden a la Rusia de san Sergio y de Rublev, de Dostoiesvski y de Tolstoi, teniendo como modelos a Rastiñac y Rasputín.
Quieren que se olviden incluso del origen del socialismo.
Sin embargo, no fue Marx el primero en denunciar al Capital.
Ya desde junio de 1791, Graccus Babeuf atacaba la ley de La Chapelier que durante 75 años prohibiría la formación de sindicatos obreros en Francia, calificándola de «ley bárbara del Capital».
No fue Marx quien inventó «la lucha de clases». Pierre Leroux escribía en 1833: «La lucha de los proletarios contra la burguesía es la lucha de aquellos que no disponen de medios de producción contra aquellos que son sus propietarios».
No fue Marx el primero en desmitificar las mentiras sobre la libertad.
El Padre Lacordaire escribía en 1838: «Entre el fuerte y el débil, es la libertad la que oprime y la ley la que libera».
Históricamente el socialismo nació en el siglo XIX en sociedades feudales basadas en una rígida jerarquía establecida por el nacimiento, la cual fue reemplazada con la victoria de la burguesía por la jerarquía del dinero. Nació entonces la idea de otro regulador económico y social -el plan- destinado según Marx « a dar a cada uno todos los medios económicos, políticos y culturales capaces de desarrollar plenamente todas sus posibilidades ». Se trataba de una definición del socialismo de acuerdo a sus fines, a sus objetivos. La socialización de los medios de producción no era más que un medio.
En realidad, el pensamiento de Marx se parece muy poco a lo que en general se llama «marxismo».
No buscaba construir un sistema a la manera de los utopistas, «No fabrico recetas para el futuro», decía. Marx analizó la estructura y las leyes del crecimiento de la sociedad capitalista más desarrollada de su época, Inglaterra.
Señalando sus características esenciales: en una economía de mercado, es decir, en una sociedad en la que todo es mercancía -incluso el trabajo humano-, se instaura una jungla sin una finalidad específicamente humana.
A través del estudio de las leyes del desarrollo de la economía inglesa del siglo XIX, concibió el socialismo como la superación de las contradicciones de un capitalismo que ya hubiera alcanzado su plena madurez.
Para Marx, la clase obrera en pleno ascenso debido a la industrialización de Europa, -sobre todo en Inglaterra y Francia- era la clase que tenía la misión de armonizar las estructuras políticas y sociales con la realidad económica.
Pero la primera revolución no se desarrolló en las condiciones previstas por Marx. A diferencia de Inglaterra, en 1917, Rusia era un país tan poco industrializado que la clase obrera representaba sólo el 4 % de la población activa. No podía tomar el relevo de la burguesía -igualmente débil- que no había podido hacer una revolución contra las supervivencias feudales del régimen zarista.
Una revolución en esas condiciones no podía ser engendrada por la simple maduración de lascontradicciones del capitalismo. Debía ser necesariamente coyuntural.
Coyuntural y al mismo tiempo puntual, es decir, realizándose no como lo había sugerido Marx y Engels, gracias a un largo proceso de maduración sino mediante un acto fulgurante, puesto que se trataba de aprovechar el momento donde se conjugaban diversas contradicciones heterogéneas.
El esquema revolucionario concebido por Marx, fue invertido por Lenin. En lugar que la clase económicamente dominante armonizara las instituciones políticas y sociales de acuerdo a su hegemonía económica real, trató por el contrario, partiendo de una coyuntura histórica favorable, apoderarse del poder político para enseguida, gracias a este poder, crear las condiciones económicas de desarrollo del socialismo.
La paradoja fue de querer hacer una revolución « proletaria » sin proletariado, o al menos con un proletariado embrionario.
Las consecuencias serán terribles. Como lo señaló Troski: el partido comenzó a hablar en nombre de la clase, el aparato en nombre del partido, los dirigentes en nombre del aparato y finalmente uno solo hablará y pensará en nombre de todos.
Muy pronto Lenin comprendió que su obra estaba condenada al fracaso: « Nuestros soviets -escribió en 1920- en las condiciones en las cuales funcionan actualmente, es decir sin una participación real en la toma de decisiones por parte de las masas, sino que bajo la dirección de algunos de nuestros mejores cuadros, pueden construir el socialismo por el pueblo, en nombre del pueblo, pero no lo construirán para el pueblo ».
Luego la necesidad de resistir a la presión externa y crear una fuerza capaz de hacer frente a los enemigos de la URSS , condujo a dar una prioridad absoluta a la industrialización, en un país en el que ésta aún no se había desarrollado. La socialización de los medios de producción no fue concebida bajo la forma de una red de cooperativas de autogestión, sino que simplemente se procedió a una simple estatización.
Por otra parte, todas las expresiones humanas de la vida social fueron aplastadas o desfiguradas. La fe fue considerada como una « ideología » de resignación y el ateísmo como religión de estado, en circunstancias que Marx en la Introducción a la crítica a la filosofía del derecho de Hegel, cuando atacaba calificando de « opio del pueblo » el espíritu de la Santa Alianza dirigida contra los pueblos, veía en la religión, en la misma página y en el mismo movimiento del pensamiento, « una expresión del desamparo humano y también una protesta contra este desamparo ».
La exportación de esta teología sin Dios, que consideraba al sistema soviético como el modelo único e inmutable del socialismo, condujo a los partidos comunistas de Europa y del Tercer Mundo a un rotundo fracaso.
Lo peor que había en el desarrollo de este « socialismo », fue hacer suyos los postulados de base del capitalismo, la creencia occidental en un modelo único de desarrollo, asimilado al crecimiento cuantitativo asegurado por la ciencia y la técnica occidentales.
Tres perversiones fundamentales se desarrollaron rápidamente en la URSS.
Marx había enunciado las leyes de crecimiento óptimo del capitalismo inglés, estableciendo una relación algebraica entre las inversiones destinadas a la producción de los instrumentos de producción y aquellas destinados a la producción de bienes de consumo.
Sus discípulos dogmáticos hicieron de esta ley descriptiva del desarrollo del capitalismo inglés del siglo XIX, una ley normativa del socialismo ruso del siglo XX. Error fatal que impidió desde entonces pensar el socialismo en función de sus fines, estableciendo como dogma, la prioridad absoluta acordada a la industria pesada.
La segunda perversión consistió en confundir socialización y estatización.
El propio Marx se burlaba de aquellos que definían el socialismo de acuerdo a las nacionalizaciones.
En la URSS , la concepción del papel del Estado estaba en contradicción abierta con aquella de Marx.
Éste consideraba a la Comuna de París como ejemplo de la « forma finalmente encontrada » de un Estado socialista, lo contrario del Estado soviético.
La Comuna fue en efecto un tipo de organización embrionario, autogestionado, federativo y no centralizado, sin partido único, donde los proudhonianos disponían de la mayoría absoluta frente a los blanquistas. Había un sólo marxista.
La tercera perversión mayor fue confundir la planificación -que debe tener un papel de orientación- con un método de gestión « por arriba », determinado los precios, las normas de producción y la distribución comercial mediante una burocracia estatal centralizada.
Uno de los más grandes errores de los partidos comunistas es el haber tomado como modelo de organización, bajo el nombre de « centralismo democrático », la obra de Lenin ¿Qué hacer? , donde éste preconizaba una organización de partido de tipo militar. Sus discípulos olvidaron que la había concebido para la lucha clandestina contra la feroz represión zarista. Mantener ese « comunismo de guerra » en tiempos de paz no podía conducir nada más que al fracaso.
Lo que murió con la URSS no fue el marxismo sino su trágica caricatura.
Por el contrario, jamás la prospectiva formulada por Marx se ha verificado con más evidencia que hoy en día.
Dos grandes teóricos del capitalismo pronosticaron el futuro del sistema: Adam Smith y Carlos Marx.
La tesis principal del primero es que si cada uno está guiado por un interés o beneficio personal, el interés general se verá de este modo realizado. La mano « invisible » del mercado aseguraría la armonía.
Marx, partiendo de un análisis profundo de la obra de Adam Smith, reconoce que el capitalismo creará grandes riquezas y estimulará el desarrollo tecnológico (en El Capital no escatima su admiración por dicho dinamismo del sistema), pero creará al mismo tiempo una gran miseria y desigualdad.
En nuestros días se verifica la polarización creciente de la riqueza en manos de una minoría, mientras que el desamparo y la angustia aumentan a escala nacional y mundial.
Hoy, cuando el « liberalismo » reina sin contrapeso en el mundo podemos preguntarnos, ¿quién dió la previsión más acertada sobre el porvenir del capitalismo, Adam Smith que afirmaba que si cada uno seguía su interés personal el interés general sería alcanzado o Marx, quien analizando sus mecanismos previó la acumulación de la riqueza en un polo y el aumento de la pobreza en el otro?
Nunca como hoy hemos estado ante la disyuntiva entre « el socialismo y barbarie ». Barbarie que engendra la exclusión, o el socialismo que no es otra cosa que la búsqueda de los medios para impedir dicha polarización, dando la prioridad a la unidad humana y al florecimiento en cada hombre de una humanidad plena.

Pero el advenimiento del socialismo no es ineluctable. El determinismo existe solamente para los hombres alienados por el capitalismo.
Marx pensaba que al contrario, el aumento de la alienación no era nunca tal que excluía la posibilidad de luchar contra ella. Lo que no es otra cosa que el afloramiento de la trascendencia del hombre en relación al determinismo sectorial de la naturaleza.
El futuro no es lo que será, sino lo que nosotros mismos forjemos.

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¿Guerra entre el monoteísmo del mercado y el sentido?
Jesús por su parte nunca definió un programa político ni doctrina social que se impondría a todos los pueblos en todos los tiempos.
No se trata de sacralizar en nombre de la fe la obligación de ser de derecha o de izquierda. Pero debemos clamar con todas nuestras fuerzas que es en nombre de la fe, que no se puede tolerar la división actual del mundo entre el Norte y el Sur, la acumulación de la riqueza por un lado y la miseria del otro.
Nuestra tarea es reagrupar a todos los hombres de fe -sea cual sea esta fe- contra el mundo actual donde impera la ausencia de sentido de la vida. Hay que crear núcleos de resistencia denunciando y combatiendo todo lo que esté en contra la unidad sinfónica del mundo, en la cual cada pueblo, cada cultura, cada fe, pueda aportar su contribución a esta recíproca y fecundadora unidad.
Una tarea de tal envergadura supone en primer lugar, eliminar las instituciones que han fundado el monoteísmo del mercado y que actualmente constituyen el brazo secular de los amos del mundo: Estados Unidos, sus vasallos y cómplices del G7, la OMC , el FMI y el Banco Mundial, todos, instrumentos que en nombre de una supuesta libertad imponen la idolatría del dinero.
Para justificar esta integración al sistema del mercado mundial bajo dominación norteamericana, se inculca por vía de los medios de comunicación la idea de « necesidad », como si la economía fuera una ciencia de las cosas y no una organización voluntaria decidida por hombres. Se trata por ejemplo de hacernos creer que la única alternativa frente la OMC es el repliegue nacionalista y proteccionista.
Sin embargo, un cambio radical de las relaciones con el Tercer Mundo, abriría un « mercado » infinitamente más vasto que el de la « tríade » (Estados Unidos, Europa y Japón).
Los Estados Unidos exigen que los otros países apliquen una desrreglamentación total de sus economías con el fin de que no puedan oponer ningún obstáculo a su expansión, mientras ellos continúan aplicando el proteccionismo.
El artículo 301 de una ley norteamericana permite sancionar a cualquier país que pretendiera limitar las importaciones y exportaciones de EEUU. De esta manera han sido colonizadas, nuestra agricultura obligando a dejar una gran cantidad de tierras en barbecho; pero también el cine, el acero, la informática, la industria aeronáutica, etc.
Es en la conciencia de los hombres donde comienzan todas las grandes transformaciones de la humanidad. Así lo demuestran las grandes aventuras espirituales, como el budismo, el cristianismo, el Islam y la Reforma. También las grandes revoluciones: la Revolución francesa preparada por el siglo de las Luces y los Enciclopedistas. Más cerca nuestro, la liberación de India con Gandhi y las fuentes del Vedanta, o la revolución iraní que surgió como reacción contra una «modernidad» importada.
Para preparar la resistencia a la manipulación y a la uniformización de las conciencias, hay quecombatir en primer lugar a la TV.
Tres sectores constituyen los principales puntos de sustentación de ésta: la información, el entretenimiento y la educación.
La ley del mercado que rige la TV está en función del rating, que a su vez determina la publicidad. Los televidentes no son más que clientes.
La información, las imágenes como los « hechos » se venden como una vulgar mercancía y son difundidas y seleccionadas sólo por unas cuantas agencias de prensa.
El entretenimiento es la segunda función de la TV. Las emisiones difundidas obedecen a las mismas leyes del mercado y en este campo, se explotan los más bajos instintos, con una profusión de sangre y sexo.
Ya en la Antigüedad , Sócrates se había percatado que ante las golosinas y dulces de un pastelero, como frente a las drogas de un médico, la elección de un niño era evidente.
Es así como pululan en las pantallas de la TV del mundo, estrellas de lo que podríamos llamar «telebasura», compuestas por las peores producciones norteamericanas. Pasando desde Madonna a los héroes exterminadores, para quienes las relaciones humanas se realizan mediante las armas o como en la serie Dallas, mediante el dólar.
Quedan los juegos, tara que consiste en dar una idea perversa de la cultura, identificando a ésta con la memoria de cualquier cosa, desde el primer campeonato de palitroque a la longitud del Orinoco.
Además están los juegos de azar, loterías y otros como «el millonario» y «el gran hermano». Para ellos se inventó un eslogan inolvidable: «Es muy fácil y usted pude ganar mucho!», resumiendo así la moral de un sistema que representa una ilusoria esperanza para aquellos que no tienen nada.
Contra esta «ocupación cultural», la resistencia debe comenzar por una clarificación tendiente a desenmascarar los pretextos ideológicos detrás los cuales está el imperio estadounidense, vanguardia de la decadencia occidental. Enseguida, hay que desarrollar el boicot a las exportaciones más simbólicas de la llamada «cultura» norteamericana.
El boicot cambia radicalmente el estilo de la acción política. En primer lugar no implica estar sometido a una dirección política que decide por uno. No hay delegación de poder, sino que por el contrario, responsabilidad y compromiso personal que implican sacrificios -aquellos de nuestras preferencias y gustos cotidianos- cambiando nuestro modo de vida, ya bastante norteamericanizado.
Pero también, para trabajar en función de la unidad del mundo contra el monoteísmo del mercado imperante, una de las primeras medidas tiene que ser la abolición de la deuda externa del Tercer Mundo, puesto que no tiene fundamento histórico ni justificación.
Por otra parte, los préstamos e inversiones a los países pobres deberían:

1º. No pasar por las manos de los gobiernos, sino que directamente a las asociaciones de productores, cooperativas, sindicatos y comunidades de base.
2º. Deben ser acordados para la realización de proyectos precisos de utilidad pública: irrigación, transporte, infraestructura, agricultura. El pago de estos préstamos debería hacerse en moneda local con el fin de ayudar a la reinversión en los países del Sur. De este modo sería posible multiplicar el intercambio Sur-Sur, en lugar que los pobres del Sur paguen como ocurre hoy, el lujo y bienestar de los privilegiados del Norte.
3º. Debería introducirse el trueque para no depender exclusivamente del dólar y de las especulaciones monetarias.
4º. Se debe revalorizar el precio de las exportaciones de los países del Sur, poniendo fin al intercambio desigual.

Todas estas medidas apuntan a un cambio fundamental en las relaciones de las naciones ricas con los países pobres del Sur, medidas tendientes a liberarlos de la servidumbre del mercado mundial integrado, del cual son sus principales víctimas.
Por otra parte, «el crecimiento» en su acepción occidental, es la creación de nuevas necesidades, aun si éstas son artificiales o degradantes.
Un ejemplo típico de este despilfarro es la profusión de artículos de entretenimientos electrónicos. ¿Qué tiene que ver el progreso humano con la existencia de más de 400 canales internacionales de TV? ¿O ofrecer a nuestros niños juguetes electrónicos «interactivos», aún más sofisticados que Nintendo, donde pueden tranquilamente participar en una guerra o en una violación colectiva?
Poner al mundo con la cabeza arriba, de pie, significa en primer lugar entregarle al mercado su verdadera función: es decir, el lugar donde surgen y se satisfacen las necesidades materiales y espirituales auténticamente humanas.
De esta forma, la economía de mercado ha creado un nuevo poder «mediacrático». Se trata de la «trinidad» compuesta por los propietarios de los medios de comunicación, los deciders de la TV y los políticos.
Esta trinidad constituye la máscara y seudónimo político del monoteísmo del mercado.
El triunfo del ateísmo radical, aquel del monoteísmo del mercado y de los ídolos que éste engendra (dinero, nación y mundialización de la carencia de sentido de la vida), ilustran la intuición de André Malraux cuando dijo: «El siglo XXI será espiritual o no será».
Pero la religión que podrá salvarlo de la muerte no es el cristianismo ni el Islam. Ni la religión dominante de los dominantes, ni la religión dominante de los dominados.
En Occidente fue donde nacieron las creencias en Dioses todopoderosos y parciales, exteriores al hombre, dirigiendo desde los cielos su destino. Dioses que engendraron las teologías de la dominación.
Y Occidente se ha lanzado en una carrera alucinante por el poder, blandiendo la promesa mítica de su progreso de pueblo predestinado.
En el Oriente milenario los hombres han proclamado que la inmortalidad no es la negación de la muerte, sino la afirmación de la vida eterna y creadora.
La chispa divina de la unidad viviente de dos mundos, -Oriente y Occidente-, el sol se levanta, el sol se pone y renacerá mañana en el horizonte del otro si el hombre quiere ayudarlo, para ser como decía Zaratustra, el primer profeta de la unidad dual, «aquellos que desde el amanecer trabajan por el ensanchamiento del día».
Luego nació el Dios sin nombre de Heráclito de Efeso, también anunciador de la unidad dual, para quien el mundo era “un fuego eternamente vivo que se enciende y se apaga según leyes determinadas”.
Sobre esa tierra de mensajes divinos, de fecundación de lejanas espiritualidades, Oriente y Occidente se unieron encarnándose en un hombre: Jesús. Jesús enseñó que los mismos Dioses mueren y que su muerte no está separada de la vida en sus incesantes resurrecciones.
En esa bisagra constituida por el Cercano Oriente, los Padres de la Iglesia nos dieron el verdadero sentido de la «buena nueva» de esta encarnación: Dios se hizo hombre para que el hombre pudiera llegar a ser Dios.
La epopeya humana pudo comenzar y el hombre avanzó duramente, golpe a golpe.
Hubo Dioses celosos y crueles, aquellos de las leyendas antiguas, que con san Pablo instalaron rápidamente a Jesús en el derecho común, con sus «guerras santas», sus Cruzadas, inquisiciones y «santas alianzas».
Otros , como Mahoma y los sufíes del Islam, recordaron la unidad de la fe, la de Abraham y Jesús, la de los Uspanishad y del Zend Avesta.
San Francisco de Asís, luchó contra el poderío y la riqueza, combatiendo porque viviera la llama encendida por Jesús.
Raimón Llul e Ibn Tofayl, mantuvieron la fe primera y fraternal en plena Cruzada.
Y el Cardenal de Cues, soñaba en su libro Paz de la fe, con un concilio mundial de religiones en el momento (1453) en que los turcos entraban en Constantinopla.
Como el Concilio Vaticano II, bajo el Papa Juan XXIII y tantos teólogos de la liberación de la India musulmana hasta el Occidente cristiano. Como el padre Montchanin y Pannikar. El padre Gutiérrez e Ignacio Ellacuría, que hicieron frente con entereza a los escuadrones de la muerte. Como Leonardo Boff, frente a los inquisidores.
La fe -en medio del provisorio reino del monoteísmo del mercado- tiene necesidad de un «río de fuego» (Feurbach), para prevenirnos contra la tentación de proyectar en un Dios o en varios Dioses, la voluntad de poderío del hombre ; ese «río de fuego», que Marx y Nietzsche nos llamaron a atravesar para alcanzar la fe más allá de las alienaciones religiosas.
Ojalá Occidente pueda recordar que con él no termina la historia.

Extraído de Blog Antagonistas

Gema Sánchez Medero

La crisis económica no tiene un origen laboral. No obstante, España está sufriendo una destrucción de empleo muy superior a la observada en la mayoría de los países desarrollados. Con una tasa de paro cercana al 15%, y que podría alcanzar el 20% durante los próximos meses, es urgente atacar las causas que generan una destrucción de empleo tan intensa. Para ello, los empresarios abogan por una mayor flexibilidad del mercado laboral y, por tanto, apuesta por una nueva reforma laboral. Pero está, como veremos, más que poner una solución al problema han supuesto nuevas prebendas para la patronal en perjuicio de los trabajadores.

Las reformas labores en España: Un recorte de derechos y un incremento de la temporalidad.

Las reformas labores que se han producido en España parecen que siempre están orientadas hacia el capital y, a la larga, en contra del trabajo y del trabajador. Si analizamos las medidas gubernamentales que se han tomado desde el franquismo hasta la actualidad podríamos comprobar como paulatinamente los derechos de los trabajadores se han visto recortados reforma tras reforma, por eso va ser este punto donde vamos a centrar ahora nuestro análisis.

Durante el régimen franquista la reglamentación de trabajo y la jurisprudencia abogaron por el principio de estabilidad en el empleo, es decir, por el “trabajo fijo”. Esto no quiere decir que los contratos eventuales y el despido libre no existiera, pero no como se conoce hoy en día. En primer lugar, los contratos eventuales eran considerados como excepcionales. Y en segundo lugar, el despido libre debía ser casualizado y el despido improcedente estaba sujeto a la indemnización fijada por la Magistratura de Trabajo y era susceptible de ser pactado mediante el trámite conciliatorio en el sindicato vertical, es más incluso se obligaba a los empresarios a la readmisión. En definitiva, las reglamentaciones de trabajo franquista y la “famosa” Ley de Relaciones Laborales de abril de 1976 fomentaron la estabilización y la protección del trabajador, sin suponer por ello, una menor productividad, sino más bien todo lo contrario. Si nos fijamos en los números de esta época, se podría señalar que el PIB creció a una tasa media anual del 6´6, la productividad per capita lo hizo al 5´4 y el paro oficial registrado se redujo en 2´1 . También es cierto, como algunos han afirmado, que el descenso del paro fue consecuencia de la inmigración y de la menor incorporación de las mujeres al mercado laboral. No obstante, habría que decir que estas dos causas no podrían explicar el aumento que experimentó la productividad durante estos años. Es cierto, que está podía deberse a que durante la guerra civil, las cuotas de productividad habían sido muy bajas como consecuencia de una, prácticamente, inexistente economía productiva, situación que se revirtió con la entrada de los tecnócratas en el gobierno y el despegue industria de España, pero también a que las mejores condiciones labores de los trabajadores y las expectativas de carrera profesional contribuyeron a este hecho.

El problema fue que la patronal pronto se percato de las rigideces que presentaba esta legislación, y nada más instaurarse el primer gobierno de Adolfo Suárez presionó para introducir las primeras reformas a esta normativa. Así, lograron que en los Pactos de la Moncloa (octubre de 1977) se contemplara por primera vez medidas tales como la subordinación de los aumentos salariales a la inflación prevista por el gobierno, en lugar de hacerlo sobre la inflación pasada, o la contratación temporal de los acogidos al subsidio de desempleo y los jóvenes, con bonificaciones en ambos casos del 50% de las cuotas empresariales a la Seguridad Social, además, después el Real Decreto Ley 43/1997 de 25 de noviembre, planteó la contratación temporal en términos coyunturales. Mientras tanto los partidos obreros y los sindicatos resultaron ser unos grandes defensores de estos pactos en nombre de la democratización del sistema político.

Posteriormente, las Cortes aprobarían el Estatuto de los Trabajadores (ET) que reconoció a las organizaciones sindicales fuera de la “verticalidad”, se establecieron dos vías para la contratación temporal, la ordinaria y la coyuntural, además de fijar un número de trabajadores temporales por organización. La cuestión fue que el desarrollo de este estatuto coincidió con la suscripción y firma de una serie de pactos que, al margen de su carácter social o político, marcó la fase ascendente del ciclo neocorporativo en España, que se inicia en enero de 1980, con el Acuerdo Marco Interconfederal (AMI), prosigue con el Acuerdo Nacional de Empleo (ANE) y el Acuerdo Interconfederal (AI) y ha de concluir en sus resultados prácticos con el Acuerdo Económico y Social (AES) . Pero la culminación de este proceso no fue otra que la primera reforma parcial del ET por la Ley 32/1984, que el gobierno socialista abordo con la moraleja de que “más valía tener un empleo con menos o ningún derecho que estar en paro”. De esta forma, se adoptaron medidas desreguladoras del mercado de trabajo, tales como descausalización del despido, la ampliación de la catalogación de la contratación temporal y con ello el surgimiento, por ejemplo, del contrato basura, el alargamiento de los contratos en prácticas y para la formación de 1 a 3 años, la generalización del contrato temporal para el fomento de empleo, cuya duración máxima se fijó en tres años, el endurecimiento de los requisitos exigidos para la percepción de las pensiones de jubilación, etc. El resultado de esta reforma laboral fue el incremento de la contratación temporal, hasta tal punto que en 1985 el 91,24% de los contratos que se realizaron fueron temporales y sólo el 8,76% tuvieron un carácter indefinido . Es más, se podría decir que entre 1985-1993 los contratos indefinidos no sólo no aumentaron sino que disminuyeron tanto en términos porcentuales como en absolutos.

Además, aprovechando la recesión económica de 1992, el gobierno lanzó una tercera reforma laboral mediante la promulgación del Decreto-Ley 1/1992, de 3 de abril, de Medidas Urgentes del Fomento del Empleo y Protección por Desempleo. De esta manera ante el presumible abuso del sistema de protección por el desempleo, se recortaron las prestaciones del seguro del paro y se dictó una serie de medidas de control de la contratación temporal. Con ello, se disminuyó los parados con derecho a la prestación, la cuantía y el periodo de percepción de las prestaciones, pero también se elevó la duración mínima de los contratos temporales de fomento de empleo, de 6 a 12 meses y se incrementó el periodo mínimo de cotización para acceder a las prestaciones contributivas por desempleo. Poco después vendrían las “Medidas del Gobierno para un Acuerdo Social” (1993), como un intento del ejecutivo para lograr la reactivación económica y la creación de empleo. Y para ello, apostó por la negociación de dos grandes acuerdos, de un lado, el Acuerdo Social sobre Políticas de Rentas, y de otro, el Acuerdo Interconfederal. Al final, el resultado fue una revisión profunda del ET, al ocuparse tanto de la entrada en el mercado de trabajo como de las estancias (condiciones de trabajo y salario). Pero tal vez, de todas las medidas que se adoptaron la más importante y la que más efecto generó fue la creación del las Empresas Temporales de Empleo (ETTs) (Ley 14/1994). De esta forma, junto a la contratación temporal realizada directamente por los empresarios, se unió a partir de entonces la que facilita las ETTs, gracias al nuevo contrato de puesta a disposición.

La Ley 11/1994 no hizo más que aumentar los márgenes del poder empresarial, ya que alteró el orden de los despidos, incorporó el despido económico, la movilidad funcional y geográfica, la polivalencia de los puestos de trabajo, la jornada laboral, vacaciones y descansos, la regulación de la negociación colectiva, etc. La consecuencia más inmediata e importante fue la precarización del trabajo, ahora las empresas podían disponer de trabajadores para cubrir sus necesidades de forma más barata y sin complicaciones ni problemas. Los trabajadores de las ETTs prestaban sus servicios a otras empresas, sin prácticamente derecho alguno y con salarios más bajos, eso sí, tenían trabajo, aunque fuera bajo la precarización máxima. Las empresas, por el contrario, disponían de trabajadores baratos, con plena disponibilidad, sin tener que concederles derechos y fácilmente reemplazables. El efecto fue que la contratación temporal continuó creciendo de manera imparable, de manera que cada año se realizaban más contratos temporales que el anterior, incrementándose en una media de más de medio millón de contratos de este tipo por año, pasando de 5.836.314 millones en 1994 a 9.386.140 millones en 1997 , lo que supuso un crecimiento del 60,80%.

La siguiente reforma del ET se produjo en 1997 con el Acuerdo Interconfederal para la Estabilidad en el Empleo (AIEE), que terminaría desembocando poco después en la promulgación del Real Decreto-Ley 8/1997 y la Ley 64/1997 de 26 de diciembre. En todo caso, esta reforma parcial y limitada del ET, acordada tanto por sindicatos, patronal y gobierno, se situó en una línea de continuidad respecto a la llevada en 1994. Por ello, se creó un nuevo contrato de fomento de la contratación indefinida, también llamado “fijo barato”, que consiste en el abaratamiento del despido, al pasar de 45 a 33 días de salario por año de servicio con un límite de 24 mensualidades; se rebajaron las cuotas empresariales a la Seguridad Social, de un orden del 40-60 por ciento; se eliminaron los incentivos a la contratación temporal, etc. Pero pese a estas medidas, la contratación temporal siguió creciendo, suponiendo un aumento del 19,3% entre 1997 y 2001. Eso significa que pese a continuar ampliándose el número de contratos temporales, lo hizo en menor medida que en la etapa anterior, por el contrario, el porcentaje de contratos indefinidos pasó de ser el 7% en 1997 a 9,3% en 2001.

Pero al finalizar el Acuerdo Interconfederal para la Estabilidad en Empleo (AIEE) se efectuó otra reforma laboral a través de un Real Decreto, más tarde convalidado por la Ley 12/2001, de 9 de julio. El objetivo era ampliar el tiempo de las medidas acordadas en la última reforma popular, pero también se adoptaron nuevas medidas como la limitación máxima convencional de los contratos eventuales que pasaron de 13 meses y medio a 12, se dio vigencia permanente a los contratos indefinidos de fomento, se amplió los colectivos de trabajadores que podían acogerse a ellos y se creó los contratos de inserción laboral. Luego los dos sindicatos y la patronal firmarían el Acuerdo Interconfederal de la Negociación Colectiva, el 20 de diciembre de 2001, mediante el cual se apostó por la moderación salarial y un sistema de relaciones labores centrado en la subordinación completa a la flexibilización continua y a la competividad de las empresas. Al año siguiente, el PP dispuso otra reforma laboral por decreto, del 25 de mayo de 2002, con el fin de modificar una vez más la normativa de prestaciones por desempleo y del abaratamiento del despido, y que pasó a ser la Ley 45/2002, de 12 de diciembre. De nuevo, volvió a aumentar en casi tres millones, es decir, en mayor medida que en la época anterior, aunque también se incrementó los contratos de interinidad pero en menor medida.

La última reforma laboral se llevó a cabo en mayo de 2006 con el objetivo de impulsar la contratación indefinida, perfeccionar la contratación temporal y mejorar la protección por desempleos. De esta manera, se bonificó y estimuló los nuevos contratos indefinidos, reducido las cotizaciones empresariales al Fondo de Garantía Salarial y por desempleo, pero únicamente afectaría a los contratos celebrados con anterioridad al 1 de junio de 2006; limitar la utilización de los contratos temporales; y fomentar las actuaciones del Sistema Nacional de Empleo. Pero el resultado no ha sido el esperado, tal vez porque no aborde los problemas estructurales que han conducido a la realidad actual de nuestro mercado laboral, ahora agravado por la entrada masiva de inmigrantes. En cualquier caso, como hemos podido comprobar, las reformas laborales que se han producido en nuestro país no sólo no han resuelto los problemas del mercado laboral, sino que han venido a empeorar las condiciones labores y los derechos de los trabajadores. Por tanto, no es de extrañar la revuelta y el pánico que levantan estas palabras, “reforma laboral”, entre una buena parte de los ciudadanos, entre los que no se encuentran los políticos, empresarios, pero tampoco los sindicatos.

El por qué de una nueva reforma laboral.

La destrucción de empleo y el consiguiente aumento del paro se han convertido en los indicadores más importes de la crisis económica por la que estamos atravesando, y esto a su vez ha vuelto abrir la puerta a una nueva reforma laboral para reactivar el mercado laboral. Ahora se trata de discutir, desde todas las perspectivas (Aznar, Almunia, González, Trichet, Bruselas, Círculo de Economía, etc) si el mercado laboral en España es flexible o no, pero sobre todo de tomar nuevas medidas para facilitar una mayor flexibilización, que los salarios se vinculen más estrechamente a la evolución de la productividad, que se mejoren la eficacia de las inversiones en Investigación y Desarrollo (I+D), que se reduzca la carga tributaria para las pequeñas y medianas empresas, o que se busquen nuevos sectores productivos para abandonar la construcción y dejar de depender del turismo.

¿Quiénes se benefician de esta situación?

Los empresarios alegan que el mercado laboral en España es muy rígido, y que esto está suponiendo una barrera para nuevas contrataciones por lo costoso, con el peligro que supone en una situación económica como la actual. Son muchos los que sostienen que el mercado laboral español es flexible en cuanto a contratos temporales se refiere, pero que sin embargo es muy rígido para las contrataciones indefinidas. Y así lo demuestra que en los últimos tiempos se haya perdido un millón de puestos de trabajo temporales, no olvidemos que éstos tiene un coste bajo o prácticamente nulo para las empresas, ya que cuando se acaba el contrato se acaba la relación y no hay indemnización, a no ser que los tribunales decidieran lo contario al haber existido algún tipo de ilegalidad. Sólo cuando la empresa despide a un trabajador temporal con contrato en vigor debe pagarle una indemnización que sería de 8 días de salario por año trabajado. Si esto por si sólo no fuera suficiente incentivo para las empresas, este tipo de contratos pueden ser aplicados a cualquier tipo de actividad (temporales o no) y tiene una serie de beneficios fiscales para las empresas, y por tanto, menos problemas y complicaciones.

Es cierto que la ley impone que los contratos temporales no pueden ser renovados con el mismo tipo de contrato por la misma empresa a partir de un límite de 2 años, pero no ofrece ningún incentivo para la conversión en contratos ordinarios, lo cual explica que se observe un elevado número de trabajadores que pasan a través de una secuencia de trabajos temporales, alternando durante muchos años períodos de paro y de empleo. Además, hay que tener en cuenta otra cuestión, que pese a la limitación de estos contratos, un mismo trabajador puede estar vinculado a una empresa durante años sin conseguir un contrato estable. Sólo es necesario que la empresa justifique que los trabajadores son contratados en función de distintos contratos de obra y servicio. Esto hace que en un número elevado de veces un trabajador cambie de situación laboral, que es lo que se conoce como “rotación”, dando una idea del nivel de inseguridad, inestabilidad o precariedad en el trabajo, situándose incluso entre una de las más altas entre los países avanzados . Téngase en cuenta que España tiene casi un cuarto de todos los contratos temporales que se hacen en estos 25 Estados.

Tampoco es de extrañar, este tipo de contratos ha proporcionado a los empresarios españoles un instrumento para contratar trabajadores a bajo coste y sin vínculos a largo plazo. Además, hay que tener en cuenta que en España las tornas han cambiado, anteriormente eran los trabajadores temporales los que disfrutaban de los sueldos más altos y, normalmente, se acudía a ellos para cuestiones puntales o que requerían alta cualificación. Ahora sucede todo lo contrario, sus salarios suele ser más bajos que los de sus homólogos indefinidos o fijos, con el perjuicio de tener horarios más flexibles y ser contratados no para resolver cuestiones puntales de necesidad de las empresas sino para desarrollar el mismo o más trabajo que los trabajadores permanentes. En Europa es diferente, el trabajo temporal es una opción para muchos de entrar en el mundo laboral o en un determinado sector, para diversificar y ganar en profesionalización de su curriculum, o simplemente para no sentirse atado a una empresa y obtener mayores cotas de flexibilidad personal y profesional y ganar más dinero. Además, en países como Italia, muchos de los trabajadores temporales que entran en una empresa terminan siendo trabajadores indefinidos de las mismas, gracias a los incentivos que el Estado les proporciona. Todo lo contario que en nuestro país, porque los empresarios españoles han encontrado la panacea en esta forma de contratar, al conseguir trabajadores baratos y sin prácticamente derechos (no tienen posibilidad de promoción, ni mejoras en el salario por antigüedad, etc).

Y por si esto fuera poco, la aparición de las ETT han venido a rematar la cuestión. Si antes las empresas cuando tenían la necesidad de un trabajador temporal para un puesto intermitente, sólo tenían que recurrir al mercado laboral, pero eso sí, debían abonarles salarios superiores a los de los trabajadores fijos y garantizarles los mismos derechos (enfermedad, beneficios sociales, pagas, seguridad social, etc.), ahora, en cambio, cuando se encuentran ante esta situación de temporalidad sólo tienen que recurrir a una de estas empresas de trabajo temporal para que les proporcione un trabajador por el que sólo abona a la empresa el coste del servicio sin ninguna implicación más, además, si el trabajador sufriera algún percance la ETT le sustituiría y la empresa ni si quiera debería correr con la protección ni con los gastos que le ocasionaría. Entonces no cabe duda, es una herramienta perfecta para los empresarios, que consiguen un trabajador todavía más barato que con otra de las modalidades de contrato temporal. Pero ¿cuál es el beneficio de la ETT? Pues la cuota que grava sobre el sueldo que obtiene de la empresa para pagar al trabajador, por tanto, de nuevo el perjudicado resulta ser el trabajador contratado por este medio, que consigue eso sí un puesto a cambio de un salario mínimo y ningún derecho.

Ante este panorama, como los empresarios pretenden incrementar la productividad o reactivar el consumo, entre otras muchas cosas, las empresas no se dan cuenta, o no quieren hacerlo, que con esta estrategia difícilmente los trabajadores se pueden comprometer con la organización para la que trabajan. Ya que son conscientes de que por muy bien que realicen su trabajo o por muy productivos que sean, en la mayoría de las ocasiones su vida en la misma quedará reducida al tiempo que marque su contrato temporal, o en el mejor de los casos, será despedido y de nuevo contratado meses después en las mismas condiciones, o renovado en función de otra obra y servicio pero con la misma precariedad e inestabilidad. De esta forma, la mayoría de los trabajadores se limitan a cumplir con sus obligaciones dentro de la empresa, pero sin entusiasmo ni compromiso, tampoco se les puede pedir otra cosa. Por no hablar, que con este método, las empresas no están apostando por tener equipos de trabajo estables que proporcionen experiencia y profesionalización, y por tanto, favorezcan la competividad, sino más bien todo lo contrario, esta estrategia empeora la calidad de la prestación del servicio, incrementa la siniestralidad laboral, etc. Al mismo tiempo, hace que este tipo de trabajadores nunca pueden hacer planes a largo plazo, como por ejemplo, pensar comprar algo de elevado valor o a largo plazo, o hacer reformas en su casa, o disfrutar de vacaciones, etc, con lo cual, no contribuye a la circulación de dinero sino que potencia el ahorro.

Además, si quieres trabajar, tienes que obedecer y callar aun a sabiendas de que existe un Estatuto de los Trabajadores y una legislación en la que se establecen cuáles son los derechos de los trabajadores. Pero qué trabajador demanda a su empresario sabiendo que la consecuencia inmediata o a medio plazo será verse en la calle. Esa es la realidad, pero tanto para un trabajador temporal como para uno indefinido, ya que en ambos casos los trabajadores se encuentran a la merced de los empresarios. Así, cuando al jefe no le interesa un empleado, éste pasará a engrosar las listas del INEM, existan o no motivos para el despido, es decir, sea procedente o improcedente. Pero también se encuentran sujetos a los propios intereses económicos de la empresa.

En España hay que tener en consideración una cuestión, cuando una empresa no obtiene los mismos o más beneficios que en el ejercicio anterior, considera que ha incurrido en pérdidas, y entonces se inicia una política de reestructuración y austeridad que conlleva siempre pareja despidos y mayor carga de trabajo para los que se mantienen en la misma . El tema es que cuesta más despedir a los trabajadores indefinidos que a los temporales, pero en lo demás ambas clases de empleados atraviesan por la misma situación, porque las empresas no sólo despiden a los temporales sino también a los indefinidos, para contratar luego en su lugar a trabajadores que sean menos costosos para las empresas, o lo que todavía es mejor, cerrar las empresas e instalar sus fábricas en países de mano de obra aún más barata.

Por eso la CEOE está proponiendo un nuevo contrato “indefinido pero no fijo” con una duración de dos años y una indemnización por despido de ochos días como forma de fomentar el empleo, eso sí, una vez transcurrido el tiempo del contrato, el empresario podrá optar por la extinción del contrato o bien convertirlo en “indefinido fijo”. Este es el tipo de empleo que pretende impulsar el empresario español, temporal y precario ¿O es que en esta ocasión se iba a producir una situación distinta que en las anteriores reformas laborales? Por qué nos íbamos a creer que después de finalizar el periodo de dos años, un empresario iba apostar por la contratación indefinida fija que le supondría mayores costes económicos y sociales, cuando podría volver a cogerse a esta contratación temporal, por mucho que quieran llamarlo indefinido pero no fijo. No obviemos que nuestro país es uno donde los trabajadores fijos tienen menos garantías de protección. Sólo hay que fijarse en una reciente investigación del Banco Mundial que contemplaba un buen número de variables, entre ellas el nivel de protección al empleo fijo. Según este estudio, España ocupa el vigésimo séptimo lugar entre 83 países, con un grado de protección al empleo de 0,32 en una escala donde 1 es el máximo nivel de protección y 0 es el mínimo . Sólo, entre los países industrializados, por delante de Estados Unidos, Reino Unido y Canadá, y por detrás de países como Italia, Francia, Suecia, Alemania o Portugal. Por ende, España era uno de los países de entre todos los desarrollados en el que más se ha reducido la protección de los trabajadores fijos en los últimos quince años. Y encima, la reducción de la protección contra el despido de los trabajadores indefinidos ha ido acompañada de un salto en la tasa de temporalidad. Con lo cual no es cierto lo que aducen los empresarios españoles para explicar la alta tasa de temporalidad (que la contratación indefinida está muy regulada y es muy difícil despedir a los trabajadores). Lo que busca la patronal es mano de obra barata y que se encuentre sometida a la presión de la temporalidad para que los trabajadores se sometan a la voluntad de sus jefes y de los intereses de las empresas. El sueño de los empresarios es el despido gratis como en Suecia, pero sin las prestaciones que reciben los trabajadores suecos . Y eso que ahora tienen el tan de moda “ERE” temporal o permanente, que se está utilizando bajo cualquier excusa, ya que su coste lo pagamos otros, los ciudadanos de a pie . Sólo cabría preguntarse si la esclavitud no fue ya abolida…

Pero la culpa de esta situación no la tienen sólo los empresarios sino también los políticos y sindicatos. No cabe duda de que si hoy se hacen tantos contratos temporales y se ha precarizado el trabajo es porque las leyes conceden un alto margen para utilizar este tipo de contratación que no hace más que beneficiar a la patronal en perjuicio de los trabajadores. Y ¿quienes hacen las leyes y las aprueban en el Congreso? Los políticos, sí, pero los sindicatos tampoco hacen nada para impedirlo ni presentan grandes resistencias. Tal vez, porque los sindicatos logran su financiación a través del erario público, bien sea a través de su representatividad, o a través de subvenciones para el desarrollo de ciertas actividades como educativas, sociales, etc. No obviemos que en nuestro país los grandes beneficiarios, junto a las universidades, de las licitaciones tanto de formación continua como ocupacional son los sindicatos. Por ejemplo, sólo en la Comunidad de Madrid por acciones específicas de formación perciben la nada despreciable cifra de 9.192.611,15 € , por no mencionar lo que obtienen en virtud de otras modalidades. Pero también porque los principales sindicatos de nuestro país ha probado la fórmula de contratos temporales para emplear a sus trabajadores y se han apuntado a ella. Por ejemplo, somos conocedores que FOREM, la Fundación de Formación y Empleo de Comisiones Obreras, contrata a sus Técnicos de Empleo por un periodo de ochos meses, que suele ser de marzo-octubre, coincidiendo precisamente con el período en el que suele estar programada la formación, para así poder dar por finalizada la relación laboral hasta marzo-abril del próximo año, y a sucesivamente año tras año . Pero no es el único caso, la Administración también se está valiendo de este tipo de contratación. Y los políticos no están estableciendo ninguna medida que contribuya a controlar y sancionar este tipo de situaciones que no se encuentran ocultas, sino que son conocidas por todos, y por tanto, están siendo permitidas. Pero, como piensan una buena parte de nuestros políticos, es mejor tener un trabajo aunque sea temporal y precario que no tener ninguno. Así, evitan la conflictividad social y logran contribuciones para las arcas del Estado, en vez de causarles gastos. Entonces, no cabe duda, todos se están beneficiando de este sistema.

Alternativas a la situación de precariedad actual.

Las tres cuartas partes de la sociedad española consideran que el empleo sigue siendo precario, que existe explotación empresarial, que hay un constante incumplimiento de las obligaciones por parte de los empresarios, que los sueldos que se pagan son muy bajos, etc. Por eso, ya que estamos en equiparar los costes del despido al resto de Europa, por qué no se proponen, por ejemplo, otro tipo de cuestiones que ya existen en nuestros países vecinos, sólo por citar algunas: 1º. La creación de un sistema similar al que se lleva a cabo en Austria, que consiste en reservar un tanto por ciento de las cotizaciones de los trabajadores para ingresarlo en un “fondo de ahorro” sobre el cual los trabajadores nunca pierden sus derechos, ya que tendrían derecho a él aunque no hayan acumulado el tiempo mínimo para cobrar el desempleo; 2º. Una equiparación de sueldos entre los profesionales españoles y sus homólogos en países como Austria, Alemania, Francia o Reino Unido. Porque, por ejemplo, un Profesor Titular universitario en España cobra más o menos unos 32.000€ anuales (sin antigüedad, sexenios de investigación y complementos retributivos) mientras que en Italia, en las mismas condiciones, su remuneración media se sitúa en 66.000€ o en el Reino Unido en 55.000€. O por qué, por ejemplo, en Austria el sueldo mínimo es 1.000€ por 14 pagas, lo que supone un sueldo bruto mensual de 1.167€, o en Francia de 1.280€, mientras que en España es de 624€; 3º. Incrementar las percepciones por hijos. Por ejemplo, mientras en Austria la cantidad que se cobra por hijo puede ser de hasta 145,45€ por mes, en España la desgravación que se puede realizar por hijo en la declaración de la renta puede ser algo superior a 100€ en un año fiscal; 4º. Imponer ayudas si estás buscando trabajo. Por ejemplo, en el Reino Unido tienes derecho al “jobseekers allowance” si estás buscando trabajando, o si tú o tu pareja estáis trabajando menos de 16 horas a la semana; 5º. Ayudas para las madres embarazadas. Como en el Reino Unido, donde las madres que esperan un niño y dejan su trabajo reciben el “maternity allowance”, o si necesitas ayudas para los gastos del recién nacido y tienes ingresos bajos percibes el “sure start maternity grants”; 6º. Ayudas para el gasto de alquiler. En el Reino Unido si estas pagando un alquiler puedes percibir el “Housing Benedit”; 7º. Reducir los trámites y requisitos burocráticos para abrir un negocio, ya que según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, España es el cuarto país más difícil para abrir un negocio; y 8º. Instaurar el sistema de guarderías públicas como en Finlandia.

Esto es, por qué sólo nos fijamos en Europa para temas como el despido libre, y no copiamos también todo lo bueno de los derechos y prestaciones que tienen los trabajadores de otros países europeos. Y por qué no, además de apostar por una mayor inversión en I+D y una formación más especializada por parte de las empresas, no buscamos también nuevos sectores en los que vertebrar la industria española, sin por ello tener que dejar de lado el turismo, incluso la construcción, pero que sin que dependamos al 100% de ellos. Pero a esta nueva estrategia también se le tendrá que unir la introducción de una serie de medidas que sigan la línea de las anteriormente citadas, con el fin de mejorar las condiciones labores y las prestaciones sociales de los trabajadores. Todo ello, sin excepción, propiciará una mejora en la competitividad y productividad de las empresas españolas.

¿Hacia dónde vamos?

Hacia una precarización del trabajo sin límite ante una generación de jóvenes españoles que pueden presumir de tener la mejor preparación de la historia del país. Pero sólo eso, presumir. Porque cuando se incorporen al mercado laboral, si es que logran hacerlo dada las altas tasas de desempleo por las que atraviesa España, las más elevadas de la Unión Europea, se encontraran con empleos como teleoperadoras con experiencia por 600€ y 7 horas de trabajo , o dependiente de tienda de ropa por 900€ con disponibilidad de horarios , o un administrador de programas informáticos por 1400€, o consultores senior por 2100€; es decir, con empleos que requieren experiencia, cualificación, compromiso, dedicación y, eso si, con unos sueldos que parecen estancados en el pasado. Ante situación sólo cabe preguntarse ¿cuánto van a aguantar nuestros jóvenes ante más precariedad y temporalidad? No olvidemos que esta situación ha empezado a afectar a los padres mantenedores que empiezan a sufrir en sus carnes el cierre de sus empresas o del despido y además encuentran grandes dificultades, más incluso que los jóvenes, para encontrar trabajo. Curiosamente la experiencia y la edad juegan en su contra, pero también porque son más difíciles de ningunear. Una prueba más de que los empresarios no buscan realmente aumentar la competitividad porque si no, este tipo de mano de obra no tendría esas dificultades para reincorporarse al mundo laboral. Así que ahora, papá no podrá mantener sólo la economía de la casa y tendrá que empezar a contribuir con sus trabajos y sueldos precarios. Entonces, inevitablemente, sólo habrá espacio para la revuelta social.

En países como Grecia y Francia ya ha empezado la “revolución social” saliendo a la calle miles de jóvenes preocupados por su futuro laboral y reclamando medidas que palien la alta tasa de desempleo juvenil y la precariedad de los mismos . Pero en España ¿cuánto tiempo tardará en saltar la liebre? ¿o es que no vamos a tener nuestro mayo francés y vamos a seguir preocupados por Ronaldo, Kaka, los funerales de Michael Jackson, etc, como la única forma que tienen los pobres de evadirse y encontrar la felicidad? Y si se produce esta “revolución social” por las altas tasas de paro (que crecerá más después del verano), por los impagos de las hipotecas y créditos, por la mayor precariedad del trabajo (porque las medidas que pretende la OCDE se terminarán aprobando), por la imposibilidad de conseguir un trabajo, y porque más tarde que temprano el millón de familias donde todos sus miembros se encuentran en paro dejarán de cobrar las prestaciones por desempleo, ¿quién podrá ponerla freno? No seamos ilusos. Ni políticos, ni sindicatos, ni empresarios, ni policía estarían preparados para tal fenómeno. Por eso, sería mejor intentar empezar a remediar esta posible situación, e indudablemente la solución no sólo pasa porque cedan siempre los mismos, los trabajadores, sino que en esta ocasión todos debemos arrimar el hombro, si no, la ruptura entre unos y otros será total.

(1) RUIZ GALACHO, E. (2006) “Las reformas labores en España (1977-2002)”, en Laberinto, nº 20, Primer Cuatrimestre, pp.7/22.
(2) VALDÉS DAL-RÉ, F. (2005) “Estudio Introductorio: Veinticinco años de vigencia y de cambios”, en Estatuto de los Trabajadores. Edición conmemorativa del 25 aniversario. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Madrid, pp. 13/83.
En: http://lnx.fantasticimages.net/drupal/sites/default/files/Estatuto_Trabajadores_1.pdf
(3) Anuario de Estadísticas Labores, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.
(4) Op. cit.
(5) Los contratos temporales en España supone un 32,5% mientras que en la zona euro la media se sitúa en el 12,8%.
(6) Informe de la Escuela de Negocios de ESADE.
(7) Banesto ha despedido 100 trabajadores y 103 oficinas, y eso que en el 2008 obtuvo unos beneficios de 779,8 millones de euros y en el primer trimestre de 2009 ha ganado 210,85 millones de euros. En: http://209.85.229.132/search?q=cache:SaBvFWc-AiQJ:www.que.es/caceres/200906151304-delegados-sindicales-fes-ugt-concentrancierre.html+cierre+y+despidos+en+espa%C3%B1a&cd=56&hl=es&ct=clnk&gl=es
(8) GAËLLE, P y SCARPETTA, S. (2004) Employment regulations through the eyes of employens: Do they matter and how do firms respond to them? World Bank, Washington, pp. 10/12.
(9) Pero los obreros suecos tienen una protección social que dura todo el tiempo que la persona está desempleada.
(10) El número de parados proveniente de un ERE de suspensión temporal creció, en el primer trimestre de 2009, un 4.779%, es decir, el colectivo aumentó desde los 3.200 desempleados que se registraron en los primeros tres meses de 2008, a los más de 157.800 parados apuntados en el mismo periodo de este año. Además, el Ministerio de Trabajo garantizaba al futuro parado que, si tras el periodo de suspensión no volvía a ser readmitido en la empresa, tendría 90 días más de cobertura por desempleo para que no se quedara en paro y sin prestación por haberla consumido en ese periodo. Pero la cuestión es que son personas que cobran el desempleo pero que no están registrados en las listas de parados, por tanto, no contabilizan como tal.
(11) Datos obtenidos del Proyecto I+D: “Modelo de gestión de la política activa de empleo de la Comunidad de Madrid. Las redes externas de la gestión de una política pública” (ref: 06/0052/2002).
(12) Testimonio de un Técnico de Formación de FOREM.
(13) En: http://www.segundamano.es/madrid/necesitamos-3-teleoperadoras-trabajo-estable/a16043690/?ca=28_s
(14) En: http://www.segundamano.es/madrid/dependientes-de-tiendas-de-ropa-y-joyeria/a15966557/?ca=28_s
(15) No olvidemos que España es uno de los países donde los jóvenes se mantienen en la casa familiar hasta edades cercanas a los 40 años, es más, casi la mitad de los jóvenes siguen residiendo en la casa familiar una vez cumplidos los treinta. En: http://www.20minutos.es/data/adj/2006/06/15/208.pdf
(16) Ver artículo: http://www.copenoa.com.ar/LA-REVUELTA-JUVENIL-EN-GRECIA.html
Pero también: http://www.elpais.com/articulo/internacional/revuelta/estudiantil/Francia/extiende/medio/centenar/universidades/elpporint/20060314elpepiint_11/Tes

Artículo publicado en la revista El Viejo Topo nº 260, Septiembre 2009.

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