ALEXANDER DUGIN

por Alexander Dugin – Sudalternativa  – Ya es tiempo de llamar a las cosas por su nombre, sin prestar atención a la corrección estilística y a las connotaciones académicas. Está claro, en cualquier caso, que nadie nos va a entender ni nos va a recibir. Así que no tiene sentido darle al discurso matices de estilo. No jugamos al ajedrez en el final del Kali-Yuga. Todos deberían tener en claro que queremos, y que queremos de cada uno personalmente. La pregunta es acerca del sentido de la vida. Una pregunta típica. Durante los momentos de cambio queremos enfrentarla sin risas ni escapándonos por las ramas. Nuestra meta tiene diversos niveles.

1. Primer Nivel. Uno debe entender el curso de la historia

Sin esto, muchas cosas quedan sin entenderse: el contexto en que nos encontramos, el lenguaje que hablamos, el entorno en que nos manejamos. Quien no comprende el curso de la historia y sus modelos es completamente inútil. Resulta vulnerable a fuerzas externas, y sus capacidades intelectuales son mínimas. Cada idiota debería tener al menos alguna idea del curso de la historia. Antes la gente no se animaba a aparecer en público sin tener alguna idea clara acerca del curso de  la historia. Hoy la pregunta misma parece ser demasiado abstracta para filósofos profesionales, historiadores y presidentes. La grasa y la televisión son la prótesis cerebral de la nación. Alguien está hablando de algo – posiblemente haciendo una broma, o contando una historia de cómo recientemente salió de prisión. ¿Podría esto ser sólo una coincidencia?

2. Segundo Nivel. Uno tiene que tomar parte en el curso de la historia.

Pero sólo después de entenderla al menos aproximadamente. De otro modo nos encontramos en una situación paralela a que un desconocido nos taladre los dientes. Una vez que obtuvimos algún tipo de modelo del curso de la historia, tomar parte en ella se vuelve más apropiado. Ahora bien, el proceso de la historia tiene muchos matices repugnantes. Las primeras diferenciaciones aparecen. Las primeras experiencias existenciales y gnoseológicas tienen lugar. Algo y alguien se van a  oponer a tus esfuerzos, y algo y alguien te van a  apoyar. La vida cobra un nuevo sentido, concreción vectorial. Tomar parte no implica hacer todo en grande. A veces las pequeñas cosas alcanzan, cosas de todos los días. Por ejemplo puedes recordar que estás viviendo al final de la historia. Como resultado tomas tu café o das un paseo o le pegas a alguien – pero no es tan simple, porque estás actuando como un ser que trabaja al final de la historia. Cada uno de tus movimientos, tus condiciones, tus emociones, toman nuevas dimensiones. Por supuesto, es casi imposible mantenerlo en el nivel cotidiano, sin tratar de socializar tu propia experiencia. Por esta razón, vamos al tercer nivel, sea que quieras o no.

3. Tercer nivel. Uno debe cambiar el curso de la historia.

Esta es la consecuencia lógica del Segundo nivel. Si tu rol en el curso de la historia no se ve en sus cambios, así sea en los cambios más pequeños, tu rol es ficticio. Esto es claro. Intentando cambiar las partículas más pequeñas dentro del curso de la historia estás poniendo a prueba tu propio ser histórico. Es un camino peligroso, y tiene muchas trampas y posibles caídas. Aquí vas a aprender a distinguir entre diversos espíritus. Primero el demonio de la vanidad, que ríe, tu gemelo malvado, aparecerá. El querrá persuadirte de entrar a un embudo como un torbellino oscuro, en el que te parecerá que maduras y dejas marcas en grandes porciones del tiempo. Pero en realidad estás dando vueltas sobre tu propio eje. Pseudodandismo. Puedes usar eso para impresionar mujeres en algún museo. El cambio real en el curso de la historia – aunque sea en un grado – es un Logro. Esto es una gran diferencia, en caso que hayas atravesado los primeros dos niveles. Caso contrario, todo esto son alucinaciones.

4. Cuarto nivel. Uno tiene que cambiar el curso de la historia 180 grados.

Una movida no anticipada. Shhhh, silencio, aquí comenzamos a revelar la esencia de nuestros pensamientos secretos. Este es el nivel más alto del cambio histórico. Si consigues voltear el curso de la historia por completo, eres igual a la historia misma, eres su doppelgänger - hombre-tiempo. Esto significa que estás adentro, no afuera. Y el ciclo de los eventos se mueve alrededor tuyo. Pero solamente los héroes y los santos pueden hacer esto. ¿Pero quien dijo que cerdos de dos piernas son tolerados por la ontología? Quienquiera que tenga forma humana debería ser humano o ser castigado. Pero no existe razón para extraviarnos a nosotros mismos o a los demás. Nuestra forma no existe sin la transgresión. Nuestra esencia es no tener una definición final, la base final. Nunca podemos decir con total seriedad “Humano – eso es algo!” Siempre hay lugar para alguien que debate, en especial si es convincente y claro. Estamos perdiendo terreno…alguien es destruido, alguien finalmente aprende como bañarse en las regiones de fuego. Tomando la semilla perdida dentro de uno mismo, clavando la palabra dicha nuevamente dentro de la propia garganta. Cuando alguien te dice que algo es IN, algo es el tema del día, y finalmente que algo está “aquí y ahora” – responde con una risa maligna, parpadeando, silbando y bailando en círculo. No hay nada que sea así, nada es, nada es contemporáneo. Pruébalo, una vez que hayas alcanzado todo y tíralo a la basura. Las modelos top son las víctimas ontológicas de los francotiradores metafísicos. En el infierno, Naomí Campbell muerta toca un tambor hecho con los huesos de Yakubovich. El nuevo “Campo de los Milagros” Nacional-Bolchevique. Vlad, estaba vivo hace un minuto… Nunca te olvidaremos… ¿Que quieres decir con “nunca te olvidaremos”? Tenemos que tomar decisiones razonables con este Tiempo y pasado.

5. Quinto nivel. El último. Uno debe detener el curso de la historia.

Esto ya se entiende (oh, por favor…). Si somos capaces de revertir el curso de la historia, nos encontramos en un mundo en donde nada es como ayer, ni como hoy, ni mañana. ¿Habrá historia después de que cambió 180 grados? ¿Podríamos llamarle Jordán, donde Nuestro Salvador entró, al río que dejó de fluir por puro terror? ¿O a las aguas divididas del Mar Rojo, donde caminó Moisés, “por el mar”?

¿Podrían llamarnos “un partido”? Una sutil diferencia se mantiene todo este tiempo. Yendo hacia atrás o aún sin curso en absoluto… parece un horizonte lejano, pero no es una discusión estéril.

Tendremos que resolver este problema importante desde nuestro cuerpo. El cuerpo será, por supuesto algo diferente, con más azúcar, pero un cuerpo de todas formas. ¿Hacia atrás o a ninguna parte? Para ser lo más claro posible, contestaremos sinceramente: Nosotros tendremos que detenerlo, aunque algunas fuerzas de este mundo no estén de acuerdo. Es un drama insoportable en su posición estática, una dinámica inamovible de un problema colosal.

Pero lo tendremos que parar…

Fuente: Sudalternativa

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